<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543</id><updated>2011-04-22T00:18:18.448+02:00</updated><title type='text'>Joseph Seewool</title><subtitle type='html'>NARRATIVA. Aquí el lector encontrará: 
...
I.- Un relato, EL CAPITAN RICHARD, en Diez Episodios;...

II.-Una novela negra por entregas: EL TUERTO;...

-Sugiero comenzar por los episodios más antiguos-...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>104</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2177816001108279914</id><published>2009-02-08T22:07:00.002+01:00</published><updated>2009-02-08T22:11:09.063+01:00</updated><title type='text'>El tuerto 94: El inspector Otero.</title><content type='html'>La noche antes de mi regreso a Tenerife, a dar la cara ante la policía, Rosita me ofreció –sin que yo le hubiese vuelto a insistir- una explicación de todo lo que pasaba por su mente. Fue después de hacer el amor como nunca, me sonó a despedida. Resultó una explicación muy razonable, convincente. Tal vez incluso demasiado razonable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira, querido, necesito aclarar qué es lo que nos une, y quizá sobre todo averiguar qué clase de efecto produces tú en mí. Tengo la sensación de que has hecho aflorar una parte siniestra que había en mi interior y que yo misma desconocía, ni imaginaba que existiera. La verdad, lo del Guti aún no acabo de asimilarlo, es como si lo hubiera hecho otra persona, otra Rosita.&lt;br /&gt;-Claro, en realidad lo hizo Flor Izaguirre.&lt;br /&gt;-Estoy hablando en serio.&lt;br /&gt;-Yo también, creo que todos albergamos varios personajes de diferente calaña pugnando por salir a escena. Fíjate, sin ir más lejos, que llevo varios días pensando hacer un sustancioso donativo a alguna entidad benéfica. Sólo que no consigo elegir a cuál.&lt;br /&gt;-Ya, pero no me cambies de conversación, ahora que estoy intentando explicarte. Lo que quería decir es que tú y yo por separados somos de una forma, y juntos parece que nos transformamos. Volviendo a lo del Guti, porque eso me ha marcado. Creo que por una parte me lo tomé como un reto, quería emularte, conseguir tu admiración o algo así. Pero sólo conseguí que te pusieras receloso. –Abrí la boca para intentar rebatirla, pero no me dejó.- No, escúchame, no me interrumpas ahora que estoy lanzada. Que no te estoy reprochando nada. Y en el fondo, confieso que no fue sólo por emularte, la verdad es que me gustó hacerlo, y aún no he encontrado las palabras exactas para definirlo. Fue como un acto de liberación, de resentimiento y rencor hacia la humanidad en general, por todas las humillaciones que he sufrido, no sólo por parte de mi madre, sino de mis propias amigas, a las que yo consideraba amigas, y al final sólo una puedo decir que verdaderamente lo sea. Y de algunos chicos, peor aún que su desprecio era su compasión, maldita sea, no quiero compasión. Y también disfruté porque ese Guti era un sujeto asqueroso, en todos los sentidos, físicos y morales. Disfruté y eso hace que me sienta aún más extraña. Una cosa es haberle matado, que se lo merecía, y otra muy distinta disfrutar con ello. Si lo hubiera hecho sólo como un acto justicia, de venganza incluso, no me hubiera asustado tanto de mí misma. Pero ahora tengo miedo, y necesito saber quién soy yo en realidad. ¿La que vivía apocada, sometida a su madre, o la asesina que disfrutó quitando la vida? En realidad te estoy muy agradecida, contigo he descubierto la libertad. Pero compréndeme…tanta libertad me da miedo.&lt;br /&gt;-Te comprendo perfectamente. Pero dime una cosa, ¿y esa repentina pasión tuya por las joyas, por el lujo, de dónde te viene?&lt;br /&gt;-Pero si hasta en eso la culpa la tienes tú, que me iniciaste. ¿No te acuerdas cuando me regalaste la tobillera de diamantes?  &lt;br /&gt;-Claro que me acuerdo.&lt;br /&gt;-Pues fue el comienzo. Descubrí que me gustaba, y mucho. En realidad me fascinaba y sentía vergüenza a la vez, lo cual crea en mi una espiral que se retroalimenta, pues cada vez que me pongo una joya no sólo me recreo con algo hermoso, y créeme que me encanta, sino que también estoy venciendo esa parte pusilánime que había en mí. Así que me causa un doble placer. Puede que sea infantil, pero no quiero evitarlo. Me gusta sentirme admirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente me acompañó al aeropuerto y se despidió, algo más efusiva de lo habitual. Nada más aterrizar en Tenerife, sin pasar siquiera por mi casa, fui directo a hablar con Luis Tosco. Me contó con algo más de detalle lo que ya me había anticipado por teléfono; que habían estado dos inspectores de policía preguntando por Charlie, por su paradero y por su vinculación con la empresa, que habían hablado con los empleados y con el abogado Jesús, pero que nadie había podido decir gran cosa  porque nada sabía en realidad, excepto que era un socio que había sido presentado por mi. De ahí el interés de la policía en hablar conmigo.&lt;br /&gt;-¿Te han dejado algún teléfono, con quién debo hablar, o algo?&lt;br /&gt;-Si, con el inspector Simón Otero, de la Brigada de Homicidios. Aquí está su tarjeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechando que me había tomado un ansiolítico extra en los lavabos del aeropuerto, y me encontraba muy relajado, sin más dilación le llamé, allí mismo, desde el teléfono de la inmobiliaria, delante de don Luis, aparentando la mayor soltura e indiferencia. Hay que coger el toro por los cuernos, como dicen los españoles. Conseguí que me pasaran con el inspector, me identifiqué.&lt;br /&gt;-Me han dicho que quería hablar conmigo.&lt;br /&gt;-Sí, es sobre su amigo Charles.&lt;br /&gt;-Mi socio más bien. &lt;br /&gt;-Bueno, su socio. ¿Cuándo podría pasarse por la comisaría?&lt;br /&gt;-Ahora mismo, si quiere.&lt;br /&gt;-Perfecto, le espero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así llegué a la comisaría pregunté en el control por el inspector y le pasaron el aviso de mi llegada. Esperé unos minutos en la salita, hasta que bajó el propio inspector en persona a recibirme. Era alto, fuerte, con acento peninsular. Le acompañé hasta su despacho, era un cuarto bien iluminado, a través de los estores de la ventana se filtraba la luz del sol, nada que ver con la escena de un tercer grado. Nos sentamos frente a frente, me ofreció un cigarrillo.&lt;br /&gt;-Gracias, no fumo.&lt;br /&gt;-¿Le importa que grabe la conversación?&lt;br /&gt;-En absoluto.&lt;br /&gt;-Bien, así que ha estado usted de viaje.&lt;br /&gt;-Sí, en Lisboa y en Madrid.&lt;br /&gt;-¿Por negocios?&lt;br /&gt;-Sí, en Portugal estoy buscando zonas para expandir nuestra actividad promotora e inmobiliaria, ya sabe, todavía hay buenos precios, en comparación con España, y las posibilidades son buenas.&lt;br /&gt;-¿Y ha encontrado lo que buscaba?&lt;br /&gt;-Bueno, he visto varios terrenos. Tengo que estudiarlo más a fondo y por supuesto consultarlo con mis socios. Si le interesa invertir puedo mandarle un informe por escrito dentro de unos días.&lt;br /&gt;-Oh, no, el motivo de esta conversación es muy otro. Aunque es posible que necesite un nuevo socio…&lt;br /&gt;-¿Y eso?&lt;br /&gt;-No encontramos a su amigo Charles, parece que se ha esfumado. ¿Sabe usted algo de su paradero? –Me disparó a bocajarro la preguntita, mirándome fijamente, y volvió a insistir en lo de “amigo”. Pero en ésta ya no le corregí. Había decidido que mi estrategia sería colaborar enteramente con la policía, no ponerme formalista ni quisquilloso. Si se les daba motivos para investigarme a fondo podían sacarme muchos trapos sucios, así lo que me interesaba era dar una buena imagen, de ciudadano colaborador.&lt;br /&gt;-Pues no, y se me hace raro, porque en alguna ocasión que se marchó de viaje me dejó las llaves de su apartamento, ya sabe, para que alguien le echara un vistazo, retirara la correspondencia del buzón, etc.&lt;br /&gt;-¿Cuándo le vio por última vez?&lt;br /&gt;-Verle, verle…no me acuerdo, la última conversación fue por teléfono, hará cosa de mes y medio…o dos meses, no recuerdo bien.&lt;br /&gt;-Intente recordar, es importante, si quiere puede consultar este calendario, o su agenda. Necesitamos que sea lo más preciso posible.&lt;br /&gt;-Déjeme pensar…Sí, recuerdo que hablamos por teléfono, yo estaba en Madrid, le conté que la inauguración del hotel se retrasaría, no por las obras sino por las licencias y papeleos de la Consejería de Turismo. Ya sabe.&lt;br /&gt;-Sí, continúe.&lt;br /&gt;-Así que debió de ser en torno a esta semana, -se la señalé en su calendario-. O sea, que hará unos dos meses.&lt;br /&gt;-Ya,  y ¿él no le comentó nada de que pensara ausentarse?&lt;br /&gt;-Quizás por entonces aún no tuviera previsto ir a ninguna parte…&lt;br /&gt;-¿Cuál es su relación con él? ¿Cómo le conoció?&lt;br /&gt;-Vino a nuestra inmobiliaria, quería comprar un apartamento, pero no para vivir en él, que ya tenía, sino como inversión.  Ahí reconozco que yo le convencí para que en lugar de eso, lo invirtiera en nuestra sociedad. Y pasó a ser socio. También es cierto que yo le presenté como amigo mío, en lugar de como cliente, para así capitalizarlo como un éxito mío y fortalecer mi posición dentro de la sociedad. Yo había empezado como un simple empleado, y  necesitaba ascender. Dado que los dos éramos británicos, todo el mundo dio por hecho que era así, y en realidad todo el mundo contento, Charles tiene unas acciones que valen más de lo que valdría ese apartamento que pretendía comprar, y la sociedad consiguió una ampliación de capital en un momento muy oportuno.&lt;br /&gt;-Ya, y usted llegó a ser consejero delegado…&lt;br /&gt;-Sí, pero eso no hacía daño a nadie, al contrario, la inmobiliaria estaba vegetando, y yo la reactivé hasta el punto que hemos construido un hotel.&lt;br /&gt;-Le felicito, pero dígame, ¿Su…socio Charles tiene algún teléfono móvil?&lt;br /&gt;-No que yo sepa.&lt;br /&gt;-¿Y usted?&lt;br /&gt;-De vez en cuando lo uso, pero siempre me olvido de cargar la batería. Y el último no sé qué pasó que lo he extraviado, o me lo han sustraído.&lt;br /&gt;-¿Y lo ha denunciado?&lt;br /&gt;-No, porque estaba apagado, así que nadie podía hacer uso.&lt;br /&gt;-De todas maneras debería denunciarlo.&lt;br /&gt;-¿Si? Bueno, lo haré.&lt;br /&gt;-Y dígame, ¿Sabe usted el origen del dinero de su amig…digo su socio?&lt;br /&gt;-No nunca se lo pregunté, ni él me lo dijo. Como comprenderá hubiera sido indiscreto por mi parte.&lt;br /&gt;-¿Sabe si…Charles tiene algún familiar?&lt;br /&gt;-Pues…sí, algo me dijo de que tiene una hermana en Inglaterra, creo que está intentando que ella venga a vivir a Tenerife.&lt;br /&gt;-Creo que es todo por ahora. Es posible que le llamen mis compañeros de Las Palmas, que son los que llevan el caso, o tal vez el juez instructor.&lt;br /&gt;-Entonces hay un caso. ¿Puede decirme de qué se trata? ¿Por qué le están buscando?&lt;br /&gt;-Lo lamento, pero por ahora no puedo decirle nada más. Simplemente eso, que le estamos buscando, y que ha desaparecido misteriosamente. Gracias por su colaboración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estrechó la mano. Yo salí de la comisaría como un zombi, pensando en todo el interrogatorio, intentando deducir de sus preguntas hasta dónde podían saber, estrujando mi cerebro para detectar grietas, trampas. El dinero, los teléfonos móviles, la hermana…Sabiendo que volverían a llamarme, que ahora mismo tendrían pinchados mis teléfonos, por si acaso, que no pararían hasta encontrar lo que buscaban, o algo les hiciera descartarme, o algo más importante recabase su atención…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2177816001108279914?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2177816001108279914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2177816001108279914&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2177816001108279914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2177816001108279914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2009/02/el-tuerto-94-el-inspector-otero.html' title='El tuerto 94: El inspector Otero.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6565208342116144740</id><published>2009-01-31T23:42:00.004+01:00</published><updated>2009-02-01T01:20:39.422+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 93: Caronte acecha.</title><content type='html'>No era buena idea quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio. Así que a pesar de que me encontraba muy a gusto en aquella tranquila mansión le dije a Rosita que por qué no nos marchábamos al Algarve, como habíamos planeado, y nos confundíamos entre la vorágine de turistas, muchos de ellos británicos como yo. Además, Rosita estaba un poco harta del tráfico de Lisboa, de los atascos y sobre todo de la forma temeraria que tienen de conducir, sin señalizar, cambiando bruscamente de carril, por no hablar de su nulo respeto a los límites de velocidad. Una gente encantadora, pero una vez al volante se transforman en furiosos kamikazes. Y yo con mi brazo manco, apenas un adorno, y con los reflejos embotados por las pastillas, ni de lejos podía soñar, ni apetecer, darle relevo en el volante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita estaba rara, afectuosamente apasionada, como siempre, pero se quedaba pensativa más a menudo de lo habitual, como si su mente volviera a Madrid. También debo confesar que yo no era un acompañante demasiado alegre en aquellas circunstancias.&lt;br /&gt;-¿Te preocupa algo? -Le preguntaba, irónicamente, ya que quien debía estar preocupado era yo, pero las pastillitas me proporcionaban un efecto sedante que alejaba la preocupación y me hacía contemplar todo como en la distancia.&lt;br /&gt;-No, es sólo que estaba pensando en todo lo que tengo pendiente de la joyería.&lt;br /&gt;-Olvida la joyería, deja que Yasmín se ocupe.&lt;br /&gt;-También tengo que reincorporarme al colegio.&lt;br /&gt;-Pues si quieres regresamos a Madrid.- Propuse, y ella aceptó. Al fin y al cabo me daba igual un sitio que otro, Madrid era un sitio tan bueno como cualquiera para pasar desapercibido mientras me reponía, lenta, demasiado lentamente para mi gusto. Y así fue como el proyectado viaje por el sur de Portugal se quedó en palabras. Me dejé llevar, pasivo y dócil, de regreso a Madrid. Poco importaba el sitio, lo único que deseaba era descansar tranquilo y reponer mi brazo, al menos para poder mover y flexionar con moderada agilidad, pues ya asumía que ese brazo ya nunca sería el mismo. De hecho hice todo el viaje medio adormilado por las pastillas, y ambientado por la suave música Rosita sintonizaba para distraerse durante aquel monótono trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el piso de la calle Velázquez disfruté unos días de calma externa y sosiego interno. Rosita y Yasmín salían por la mañana temprano, una al colegio, la otra a la joyería, y yo me quedaba plácidamente durmiendo hasta media mañana. Sobrecogido por extrañas pesadillas de las que me despertaba intrigado, y a las que daba vueltas mientras desayunaba un zumo, un café, una tostada, invariablemente y por ese orden. Después salía a la calle, a estirar las piernas, en un deambular que a veces me conducía hasta el parque del Retiro, a sentarme a tomar el sol en algún banco, imitando a los ancianos. Mañanas de jubilado, me decía a mí mismo, mientras me preguntaba, ¿qué pensarán de mi estos viejitos, qué se imaginarán que soy? Porque evidentemente son cotillos, me miraban con atención, alguno se atrevía a sentarse a mi lado, e intentaba entablar conversación.&lt;br /&gt;-Hace buen día, ¿eh?&lt;br /&gt;-Sorry, I don´t understand.- Le respondía yo indefectiblemente, con mi más cerrado acento londinense, rogando porque el viejo, o la vieja, no fuese angloparlante. Y me dio buen resultado. Pero al final opté por cambiar de itinerario. Y un buen día, contemplando los nuevos cuadros que había pintado Yasmín en sus ratos libres, elegantes paisajes que yo le había comprado para la decoración de mi hotel de Puerto Mogán, se me ocurrió visitar el paseo del Prado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad, hasta entonces no había sido yo muy dado a la pintura, dejando aparte aquel episodio de los cuadros que robamos y finalmente devolvimos por imposibilidad de darles salida. No me parecía útil, ni le encontraba el encanto, más allá de un ligero recreo para la vista, y en mi caso incluso   eso estaba mermado, sería más exacto decir un medio recreo para mi media vista. Sin embargo, tal vez mi predisposición había cambiado por las circunstancias, porque en aquella primera visita y en las sucesivas hubo muchos cuadros que me impresionaron, algunos de manera especialmente fascinadora. “El paso de la laguna Estigia”, de Joachim Patinir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llamó la atención muy a pesar de su pequeño tamaño, apenas un metro. Pensé que sería un buen paisaje para que lo recreara Yasmín, ese contraste de elementos y colores, el azul oscuro del agua,  el blanco algodonoso de las nubes, los matices verdes en ambas orillas…y el fuego en expansión. Pero al leer el título,  recordé la mitología griega y de golpe comprendí la metáfora de la muerte que encerraba el cuadro. El barquero no era otro que Caronte, y el fuego…sin duda el fuego del Averno. Sentí una profunda emoción. Ese cuadro era un “memento mori”, y yo realmente había presenciado muy de cerca la crudeza de la muerte, yo mismo a punto de morir, salvado por un maletín “Samsonite”. Pero, ¿porqué Caronte va casi desnudo?, me preguntaba, mirando como hechizado el óleo. Ese detalle me desconcertaba. Tuve que sentarme al caer en la cuenta de lo que significaba. Desnudo irás a la otra orilla. En la muerte ninguna de tus pertenencias te protegerá, ninguna de tus riquezas te aliviará, y ni siquiera tus vestidos impedirán que los gusanos den buena cuenta de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿por qué me impresionaba precisamente ese pequeño cuadro y no tanto otros que trataban de la muerte de manera más espectacular y cruenta? Sin ir más lejos el de Pieter Bruegel, con título bien explícito, “El triunfo de la muerte”, e imágenes espectaculares, apocalípticas, montañas de cadáveres.&lt;br /&gt;Después de reflexionar, llegué a la conclusión nítida: lo que me asusta no es la muerte en sí misma, sino lo que viene después. Ya sea el infierno, o simplemente el vacío, la nada, la inexistencia, el sinsentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté ahuyentar mis pensamientos contemplando otras pinturas de contenido más alegre, pero fue inútil, ni las majas desnudas, ni las venus, ni las bacanales pudieron cambiar mi estado de ánimo. Tan sólo otro paisaje, el “Embarco en Ostia de santa Paula Romana”, de Claudio de Lorena, con su majestuosa monumentalidad, consiguió que mi vista se perdiera en el brillante infinito del horizonte. Y tal vez esa era otra metáfora de la muerte más tranquilizadora: un horizonte brillante infinito en el que perderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa reflexión sobre la esterilidad de nuestros afanes me hizo intentar lo único que podía darme un poco de calor en medio de esa fría negrura que invadía mi mente: acercarme un poco más a Rosita, tratar de hablar con ella, saber qué era lo que le inquietaba. Así lo hice, y el resultado, tras bastante insistir por mi parte, fue que me pidió que nos diéramos un tiempo de separación, para aclararse, que por supuesto seguiríamos siendo socios, y podríamos vernos, pero que necesitaba su espacio y su tiempo. No sé si también consideraba –porque no lo dijo, pero yo sí lo pensé-  que era conveniente que estuviéramos un tiempo separados hasta que se enfriara la investigación por el tiroteo y los cuatro muertos.  En cualquier caso no tuve tiempo para muchas disquisiciones, porque a los pocos días recibí una llamada de Luis Tosco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Verás, es que ha estado aquí la policía, preguntando por tu amigo, Charles, querían saber si conocíamos su paradero. Y después han preguntado por ti, les he dicho que estabas de viaje, pero han insistido en saber dónde, y cuándo regresarías. ¿Qué les digo?&lt;br /&gt;-Pues que estoy en Madrid y que regreso dentro de cuatro o cinco días.&lt;br /&gt;-¿Qué está pasando? –Me preguntó.&lt;br /&gt;-No tengo ni idea, pero no te preocupes, no creo que tenga nada que ver con nosotros; de todas formas en cuanto llegue, antes de ir a hablar con la policía, me reuniré contigo para que me cuentes los detalles, por si acaso podemos deducir de qué se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando colgué el teléfono debo confesar que no estaba sorprendido. En realidad era lo lógico. Casi hasta podía reconstruir los pasos por los que habían llegado hasta mí. Lo primero, al ver la droga en la furgoneta, y a poco que identificaran a alguno de los colombianos, habrían deducido fácilmente el tipo de negocio que condujo al fatal desenlace. Supongo que hicieron un peinado entre todos los posibles camellos y traficantes de Gran Canaria. Eso les habría llevado su tiempo, un tiempo precioso para mí, primero para curarme la herida, después para restablecerme. Tuvieron que interrogar a confidentes, consumidores y pequeños camellos, uno por uno. Al ver que en toda la isla no encontraban ninguna pista,  extendieron el  radio de investigación a las otras, empezando por Tenerife. En algún momento alguien le susurró a la policía el nombre de Charlie. Le buscaron infructuosamente, fueron a su casa, al no encontrarle solicitaron una orden judicial de entrada y registro en su domicilio. Entre sus papeles seguramente encontraron la compra de acciones de “Paradise Real State, S.A.” Tal vez incluso algo de la primera compra del terreno en el que ahora se levantaba mi hotel. En fin, nada serio, nada que no pudiera taponar con una buena y sincera explicación a la policía, que justificase mi relación y mis negocios inmobiliarios con él. Por fortuna, y a pesar de que él insistió muchas veces, yo nunca había frecuentado sus ambientes. No tenían ninguna prueba, de lo contrario no habrían ido a preguntar cuándo vuelvo, habrían venido a detenerme. Todo eso y más me decía a mí mismo para tranquilizarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé por qué extraña asociación de ideas, esa misma tarde de la llamada telefónica, se me antojó comprarme una Biblia, y así como antaño en cierta ocasión me dio por leer en voz alta la “Crítica de la razón pura” en alemán, ahora me dio por recitar Salmos con toda solemnidad:  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tu mano derrotará a todos tus enemigos,&lt;br /&gt;tu diestra destruirá a tus adversarios:&lt;br /&gt;los convertirás en horno de fuego…&lt;br /&gt;…pues han tramado hacerte daño,&lt;br /&gt;han urdido intrigas, pero han fracasado;&lt;br /&gt;tú los pondrás en fuga&lt;br /&gt;en cuanto los apuntes con tu arco”. (Salmos, 21,9)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en verdad que esas palabras calmaban mi angustia, me proporcionaban la fuerza, el coraje, la serenidad, para enfrentarme a esos esbirros del poder que venían a molestarme por unos asesinos que habían fracasado y lo habían pagado con su vida, merecidamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6565208342116144740?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6565208342116144740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6565208342116144740&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6565208342116144740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6565208342116144740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2009/01/el-tuerto-93-caronte-acecha.html' title='El tuerto. 93: Caronte acecha.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5980942728394263021</id><published>2009-01-18T14:19:00.002+01:00</published><updated>2009-02-01T01:23:44.671+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 92: Intermedio en Lisboa.</title><content type='html'>Al cabo de ocho días la inflamación del codo había bajado, el doctor me dijo que ya no había riesgo de infección, ni de que le herida se reabriese, y me quitó los puntos. Pude prescindir del cabestrillo, al menos para moverme en público, así que estuve listo para marcharme de la isla, y  cuanto antes lo hiciera mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despedí de Chaíd con agradecimiento y una mezcla de pesadumbre por no ser capaz de ayudarle a salir de su situación. Su honrada cabezonería me irritaba, pero al fin y al cabo él había elegido su postura y yo debía respetarlo. De todas maneras le dije que si alguna vez necesitaba cualquier cosa de mi, sólo tenía que dejarme un recado en el hotel, y yo le buscaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Ivo sí le pude ayudar. A través de Blas, le conseguí un servicio peligroso, de los que a él le gustan: proteger a un empresario del país vasco, amenazado por ETA, que había solicitado escolta oficial y se la habían denegado, así que no puso ningún reparo a tenerle sin contrato ni licencia, sobre todo cuando supo las cualidades de su protector. Realmente no le arrendaba la ganancia al que intentase atacar a ese empresario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablé con Rosita por teléfono. No me pareció buena idea reunirnos en la isla, tampoco en Madrid; acordamos que yo volaría directo hasta Lisboa y ella viajaría en coche –dijo que le apetecía conducir su nuevo vehículo, un Mercedes E300 automático- y se reuniría allí conmigo. Después  bajaríamos hasta El Algarve, a pasar unos días  de descanso.  Me encontraba muy débil, sin fuerzas, debido a la pérdida de sangre. Relajarme, tomar el sol, pasear por la playa, tal vez me ayudaría a recuperarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estaba esperando en el aeropuerto, había llegado un par de horas antes que yo. Iba muy elegante, con un vestido de alta firma que no acerté a precisar, un collar de perlas, reloj de oro y brillantes en la muñeca izquierda, pulseras de rubíes en la derecha. Hermosa, sí, pero demasiado llamativa para mi gusto y en mis circunstancias, quizás hubiera preferido algo más discreto.  Me besó fugazmente. Pensé que se mostraba un tanto fría y distante como respuesta por el hecho de que yo la hubiera mantenido apartada de todo el asunto. O tal vez estaba cansada después de siete horas de conducir,   y seguir haciéndolo porque yo no podía relevarla, mi brazo todavía no estaba para hacer ni el más mínimo esfuerzo. Tomó una gran avenida,  Almirante Gago pude leer, toda recta, dejamos un parque a nuestra izquierda. &lt;br /&gt;-Han cambiado un poco los planes. –Por fin habló.&lt;br /&gt;-Ah, ¿sí?&lt;br /&gt;-Vamos a quedarnos unos días en Lisboa; un compañero, profesor de matemáticas en el colegio me ha dejado las llaves de su casa; su mujer es portuguesa.&lt;br /&gt;-Qué amable.&lt;br /&gt;-Sí, el lo hizo para que no gastáramos dinero en hotel, pero yo pensé que tú también preferirías un sitio tranquilo.&lt;br /&gt;-Pues has acertado.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Era una avenida larguísima, siete kilómetros, después cambiaba de nombre,   seguía siendo almirante, aunque no recuerdo cuál.  Con el denso tráfico nos llevó casi una hora recorrerla. Durante el trayecto, y como le había prometido, le conté todo, sin omitir detalles, con especial hincapié en la providencial intervención de Ivo, y la no menos eficaz actuación del doctor Chaíd. A partir de ese momento se comportó más cariñosa conmigo. Me tomó de la mano en un semáforo, me dio un beso largo. Siguió conduciendo hasta la desembocadura del río Tajo, giró a la derecha, tomó otra avenida, 24 de Julio, continuó cosa de un kilómetro más, dejó atrás un edificio con un rótulo que ponía “Escuela superior de marketing e publicidade”, giró de nuevo a la derecha e inmediatamente entró en un estrecho camino  de grava, sin nombre, que iba hasta la verja de un finca. Rosita detuvo el auto sin parar el motor, sacó unas llaves, bajó, abrió la verja, y condujo finalmente el coche hasta una rotonda, al pie de la entrada principal. Recuerdo cada detalle de sus gestos porque estaba asombrado, sorprendido del lugar, una lujosa y sin embargo discreta mansión, toda rodeada de árboles que resguardaban de cualquier mirada curiosa, con jardín y una piscina rectangular. O tal vez fuera que mi mente quería abandonar por completo cuanto había dejado atrás, en la isla, y para ello se aferraba a este nuevo lugar, a cada detalle, a cada matiz del color de las hojas de los árboles, a los reflejos del sol en el azul de la piscina, a la cálida humedad del aire, a la solidez de la construcción a base de piedra y ladrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo has sabido llegar hasta aquí sin consultar ni titubear?&lt;br /&gt;-Mi amigo me hizo un plano para venir desde el aeropuerto, y lo memoricé, en realidad es muy fácil. Entremos a echar un vistazo.&lt;br /&gt;-Pues vaya con la casita de tu amigo…&lt;br /&gt;-¿Te gusta? En realidad era de los suegros, ahora es herencia de su mujer y su cuñado, pero aún no se la han repartido, ni la han vendido; y por lo visto la usan indistintamente.  Creo que mi amigo me la ha prestado también un poco por fastidiar al cuñado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior no desmerecía en absoluto del exterior. Enorme salón, muebles de gruesa madera, sillones de cuero, numerosas habitaciones y cuartos de baño, con grifería antigua pero aún reluciente. Todo vetusto, señorial, que había presenciado con dignidad el paso del tiempo.&lt;br /&gt;-Pues los viejos debieron ser unos cuidadosos perfeccionistas, porque a pesar de los años está todo impecable. Lo único que me pregunto es por qué no vive aquí el cuñado.&lt;br /&gt;-El tipo trabaja en Oporto, así que no puede hacer uso más que una o dos semanas al año.&lt;br /&gt;-Pues qué despilfarro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos instalamos cómodamente. Yo desde luego me sentí desde el primer momento mejor que si estuviera en mi propia casa. Tenía la sensación de seguridad, de que allí nadie que yo no quisiera me encontraría, y al mismo tiempo de libertad, de provisionalidad, de poder abandonar el lugar en cualquier momento.  En ese instante tomé conciencia de que cuando eres dueño de algo, ese algo también se convierte de algún modo en propietario de ti, se te mete dentro, te posee. Me vino a la mente Rosita y su reciente pasión por el lujo; tal vez fueran figuraciones mías, pero se me antojaba que se había metido tanto y tan brillantemente en aquel papel de la caraqueña…que el personaje se le había metido dentro y en cierta forma se había apoderado de ella.  &lt;br /&gt;-A propósito, -le dije- para movernos por Lisboa prefiero que alquilemos un coche más discreto con matrícula portuguesa, y dejemos tu precioso auto descansar a la sombra de estos árboles…-Nada me respondió, lo aceptó calladamente, como si comprendiera lo acertado de mi petición pero le molestara reconocerlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los días siguientes paseamos por lugares emblemáticos pero tranquilos: el Jardín de la Estrella, el Botánico, el Jardín de Ultramar, El Parque del Monsanto. Después, a medida que –gracias a los sabrosos platos de bacalao, cada día en una receta diferente, y gracias al vino verde- fui recobrando mis fuerzas, nos alejamos más y más, hacia la costa, hacia Estoril, Cascais, hacia la luminosidad. Por supuesto visitamos el casino, yo no aposté, me limité a observar y grabarlo todo en mi mente, a aprender para cuando se inaugurara mi pequeño casino de Puerto Mogán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leía los periódicos españoles, que conseguía en el kiosko de un centro comercial. Buscaba, claro está, alguna noticia sobre cómo iba la investigación del caso que a mi me afectaba. No encontré ninguna mención, pero no supe interpretar si eso era bueno o malo. La verdad es que, salvo en los momentos que lograba distraerme con algo (por ejemplo en el casino), y a pesar de que tomaba dosis moderadas de ansiolíticos, mi cerebro trabajaba sin cesar sobre las consecuencias de aquel tiroteo. Imaginaba cuáles serían los pasos de la policía. Tenía claro que un suceso de tal envergadura, con cuatro cadáveres y una furgoneta con droga de pésima calidad, sería objeto de una exhaustiva investigación, no me hacía ilusiones. Lógicamente las pesquisas se orientarían hacia los traficantes de las islas. La cuestión era cuánto tardarían en escuchar el nombre de Charlie, y si después que comprobaran su ausencia perseguirían ese hilo hasta llegar a mi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches tenía pesadillas recurrentes. Los somníferos me inducían un sueño pastoso, enfangado y soporífero, y atenuaban los síntomas físicos de las pesadillas, el sudor, la agitación, el pánico, pero mi mente no descansaba, volvía una y otra vez a los instantes en que me disparaban, y construía imágenes en las que me veía rodeado de policías, detenido, esposado, interrogado, encerrado en un oscuro calabozo, rodeado de criminales entre los que había uno especialmente al que los demás llamaban “Corbacho” con una mezcla de respeto y temor reverencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente llegué a intuir, más aún, a comprender, porqué hay tantos criminales que prefieren entregarse a la policía, a la justicia, confesar, sufrir el castigo y así terminar con la ansiedad, el temor y la incertidumbre. Yo mismo, creo que si una de esas noches se hubiera presentado un policía en mi cuarto, grabadora en mano, le hubiera regalado una confesión completa con tal de volverme a dormir libre de inquietud. Sí, a veces es preferible la certeza del castigo que la incertidumbre de la huida perpetua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los mejores momentos eran por las mañanas, desayunando en el jardín,  contemplando el suave agitarse de las hojas de los árboles a plena luz del sol. Cuando mi cuerpo todavía experimentaba la relajación del somnífero, y mi mente disfrutaba del alivio de sentir que las pesadillas habían quedado atrás, sepultadas en la oscuridad de la noche. Entonces encontraba la serenidad suficiente para decirme a mí mismo, como esos drogadictos en fase de rehabilitación: aguanta un poco más, sólo un día más, y la angustia irá disminuyendo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5980942728394263021?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5980942728394263021/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5980942728394263021&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5980942728394263021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5980942728394263021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2009/01/el-tuerto-92-intermedio-en-lisboa.html' title='El tuerto. 92: Intermedio en Lisboa.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6210662168053378997</id><published>2009-01-09T19:03:00.001+01:00</published><updated>2009-01-09T19:04:56.679+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 91: situación kafkiana.</title><content type='html'>Me encontraba muy quebrantado, de cuerpo y espíritu. Se había disipado la euforia tras el éxito de la operación, y en su lugar había dejado una especie de resaca en mi cabeza. El brazo me dolía como si el diablo se hubiera hecho cargo de él, en prenda o a cuenta de sus futuros derechos sobre mi alma o mi cuerpo,  lo que fuese que debía sufrir el castigo por mis muchos errores. En el pecado –dicen- está la penitencia. Ese era, ni más ni menos, mi caso. Triste por la pérdida lamentable de Charlie, mi último amigo de los viejos tiempos, cómplice de fechorías desde la adolescencia, fiel y leal compañero. Sin embargo, su empeño en subir por encima de sus posibilidades le acababa de costar la vida en un estúpido incidente. Eso me llevó a una reflexión sumaria, y me prometí a mí mismo que jamás intentaría navegar en aguas demasiado profundas y procelosas para la envergadura de mis naves. Pero los propósitos son unos, siempre los mejores, y los hechos al fin son los que son.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé un par de cápsulas de “adolonta” y al cabo de un rato el calvario se transformó en una molestia permanente pero soportable. Mi cabeza empezó a funcionar, tuve claro que Charlie debía seguir los pasos de Philip, es decir, se reuniría con él en las profundidades del Atlántico. Instruí a Dimitri sobre cómo debía proceder y lo que debía comprar, especialmente los cinturones de pesas. Alquiló dos vehículos (no quise tener ningún contratiempo más de movilidad), una furgoneta para trasladar el cadáver, y un turismo para los desplazamientos que necesitáramos. También alquiló una barca con motor en el puerto de pescadores. El dueño, un viejo y curtido pescador que al parecer complementaba sus exiguas capturas marinas con el subsidio de desempleo hasta su ya cercana jubilación, no hizo ninguna pregunta, se limitó a recibir de buen grado los billetes que le permitirían regalarse una alegría extra.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mitad de la noche trasladaron a la barca el cadáver envuelto en una manta del hotel, junto con los dos subfusiles y los dos revólveres que se habían utilizado y por tanto era imprescindible hacer desaparecer. Tan sólo nos quedamos con mi revólver, la pistola de Charlie (ambos pasaron a poder de Ivo), y el fusil de precisión que fue guardado en un armario con doble fondo en el cuarto del gerente del hotel, del que por ahora sólo yo tenía llave. Con las primeras luces del alba Marco y Dimitri se hicieron a la mar. Me hubiera gustado acompañarles  y en honor a Charlie  disparar algunas salvas antes de sepultarle, hacer que pareciera un acto solemne. Pero Ivo salió a buscar al doctor y yo debía quedarme a esperar su visita y recibir la cura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La herida evolucionaba normalmente a pesar del dolor, no había infección, no había fiebre. Tan pronto regresaran Marco y Dimitri de su expedición marina, les ordenaría que regresaran a Madrid en el primer avión y se reincorporaran a su trabajo en Esparta, S.A. De Ivo no podía prescindir porque necesitaba un chofer. El serbo bosnio había demostrado ser un hombre de recursos muy variados y eficaces para todo tipo de situaciones, y además no tenía que reincorporarse a ningún destino, puesto que no figuraba de alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita me llamó para saber cómo iba todo, y se ofreció a volar hasta Las Palmas para hacerme compañía, pero yo rehusé por el momento. Las cosas no estaban en absoluto calmadas y no necesitaba más gente, sino menos, en el hotel. Ya de hecho nos habíamos trasladado a la última planta, a las habitaciones del fondo, para hacer que nuestra presencia fuera lo más discreta posible. Y desde luego, mientras estuviera acompañado por alguno de los hombres no permitiría que Rosita se reuniera conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Chaíd desinfectó y volvió a vendar la herida. Era muy hábil y cuidadoso en todo lo que hacía.  Me sentí muy agradecido hacia él, de modo que quise saber cuáles eran esos problemas que tenía con su documentación, por si acaso podía devolverle el favor. Me extrañaba que siendo médico, y a su edad, viviera sólo en una pensión muy modesta. Lo que pude comprender y entresacar de su historia, teniendo en cuenta su extraña forma de narrar, sus circunloquios, sus elipsis, y mi desconocimiento del contexto histórico-político al que se refería, es lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había nacido,  vivido y trabajado de médico en El Aaiun,  capital del Sáhara Occidental, cuando ese territorio estaba bajo mandato español, para ser exactos no era una colonia, sino  una provincia española más,  y sus habitantes gozaban de los mismos derechos. “Yo tenía mi pasaporte y mi documento nacional de identidad español”, me subrayó, e insistió: “soy español, y mis hijos son españoles”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1976, meses después de que Marruecos invadiera el Sáhara, Chaíd se desplazó al desierto para ayudar como médico en los campos de refugiados saharauis. Su mujer y sus hijos salieron hacia las islas Canarias. Pasó un año con los refugiados. Al final, no pudiendo resistir la nostalgia de su familia, terminó marchándose también a Canarias, donde algunos años viviendo y trabajando como médico,  siempre con su documentación española.&lt;br /&gt;En 1980, al ir a renovar el documento nacional la policía se lo confiscó. Le dijeron que tenía que presentar un certificado de nacimiento. Lo solicitó al Registro Central, pero sus datos no aparecían. Las autoridades españolas, al abandonar el Sáhara, se supone que  habían traído consigo los libros de registro civil. Sin embargo su certificado no existía, o no lo encontraban,  o había sido destruido. Intentó presentar certificados de su matrimonio, y de nacimiento de sus hijos, pero no se lo admitieron como prueba de su nacionalidad de origen. Más tarde al ir a renovar su tarjeta de la seguridad social, le ocurrió exactamente lo mismo, sus datos también habían sido borrados. Asustado, contempló el último documento que le quedaba, su antiguo carné de médico. Acongojado, se dirigió al Colegio Oficial de Médicos, para verificar sus datos, y descubrió horrorizado que tampoco allí tenían noticia alguna de su existencia. Poco después, en el hospital donde trabajaba, se enteraron de su irregular situación, y le amenazaron que o pedía la baja del servicio, o le denunciarían por delito de intrusismo profesional. En una sus múltiples gestiones ante la policía, uno de los funcionarios, tal vez por compasión, o acaso por quitarse el problema de encima, le aconsejó que legalizara su situación pidiendo un permiso de residencia…como inmigrante marroquí en España. Chaíd rechazó indignado la sugerencia. “Eso supondría reconocer que no soy español”, apostilló. Más tarde, su mujer,  cansada de la penosa situación que arrastraban, y enfadada con Chaíd por haber rechazado la humillante salida que le ofrecían, se separó de él. Se vio entonces sin pasaporte, sin documento nacional, sin titulo de médico, sin esposa, sin hijos. Lo había perdido todo…menos la dignidad, según él. Intentó entonces contratar un abogado que planteara su caso ante los tribunales, pero al no tener dinero, ningún picapleitos aceptaba el difícil encargo. Cuando por fin tuvo la inmensa suerte de tropezar con un letrado que de forma altruista se ofreció a representarle, se encontró con otro problema: para que el profesional le representara tenía que otorgar un poder, bien ante notario, bien ante el propio juzgado, pero para eso necesitaba un documento que acreditase su identidad, ya fuese pasaporte, documento nacional, permiso de residencia o permiso de conducir. Nada de eso tenía Chaíd, así que se quedó con abogado pero sin pleito que rascar. Era la pescadilla que se muerde la cola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así estaba, dolido, resentido, dispuesto a morir de hambre o de miseria y que la culpa de la infamia cayera sobre las autoridades españolas. De vez en cuando hacía chapuzas en la economía sumergida, para sobrevivir malamente. La verdad, a mi me costaba mucho trabajo creer la historia,  no tanto que el gobierno español hubiera sido capaz de tamaña injusticia, ya que mi desconfianza hacia los poderes públicos es innata, sino más bien   me costaba comprender la cabezonería de Chaíd al no aceptar aquel permiso de residencia que le ofrecían. Por un instante incluso pasó por mi mente si todo aquello no sería la fantasía de su mente paranoica, traumatizada por la guerra del Sáhara. Supongo que algo de mis pensamientos intuyó Chaíd, ya que sacó su cartera y me mostró un viejo y gastado carné del Colegio Oficial de Médicos, con una fotografía desvaída pero en la que aún se podía reconocer un Chaíd  joven, inteligente, vital, dinámico, ilusionado y brillante. En ese momento ya no tuve ninguna duda de la total y brutal exactitud de su historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me gustaría ayudarte, Chaíd.- Le dije. –Pero no sé cómo. Lo único que podría ofrecerte es un pasaporte falso…español, por supuesto. Pero me temo que eso no lo aceptarás. – Y por primera vez en aquella tarde noche, le vi sonreír abiertamente, supongo que gozando de manera efímera de la superioridad moral que poseía frente a mí. En ese momento entró Ivo en la habitación.&lt;br /&gt;-Han regresado los pescadores.&lt;br /&gt;-¿Ha ido bien la pesca? –Pregunté.&lt;br /&gt;-La mar en calma y el viento favorable.&lt;br /&gt;-Magnífico, ¿llevas al doctor donde él te pida?&lt;br /&gt;-Con mucho gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando subieron Marco y Dimitri, confirmándome lo que me había anticipado Ivo, les comuniqué mi decisión de que abandonaran la isla y regresaran a Madrid. Pero de uno en uno, por si acaso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6210662168053378997?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6210662168053378997/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6210662168053378997&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6210662168053378997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6210662168053378997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2009/01/el-tuerto-91-situacin-kafkiana.html' title='El tuerto. 91: situación kafkiana.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-9111202788200056369</id><published>2008-12-31T19:30:00.010+01:00</published><updated>2009-01-01T21:48:46.410+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 90: Doctor Chaid.</title><content type='html'>-¿A dónde vamos? –Preguntó Ivo.&lt;br /&gt;-Al hotel.&lt;br /&gt;-Pero tenemos que llevarte a un hospital.-Protestó Marco.&lt;br /&gt;-Nada de hospital. ¿Qué pretendes, que me lleven a la cárcel? Dame el teléfono móvil. –Llamé a Rosita. Por la hora deduje que ya debía haber llegado a casa. Me atendió Yasmín. Traté de aparentar normalidad, pero me dolía mucho el brazo, creo que no pude evitar que mi voz sonara débil, contenida, tratando de no gemir por el sufrimiento. Me pasó con Rosa.&lt;br /&gt;-Hola cariño, ¿cómo estás?&lt;br /&gt;-Bueno, más o menos bien. Escucha, necesito que me hagas un favor.&lt;br /&gt;-¿Qué ha ocurrido?&lt;br /&gt;-Ahora no puedo contarte, y menos por teléfono, pero no te preocupes, nada grave. Sólo que necesitamos un médico, ¿me entiendes? Uno que no haga preguntas. No podemos ir al hospital. Había pensado que tu amiga la enfermera debe conocer alguno que esté dispuesto a hacernos ese favor y que viva aquí, en Gran Canaria. Por supuesto se le pagaría bien…&lt;br /&gt;-Pero Gaby ahora vive en Tenerife.&lt;br /&gt;-Ya lo sé, ¿pero no me dijiste que antes había trabajado en Las Palmas?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Pues entonces seguro que conoce a algún médico de aquí.&lt;br /&gt;-Vale, la llamaré ahora mismo. –Y colgó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dimitri conducía con prudencia el Ford Escort, sin hacer maniobras bruscas ni peligrosas, pero a buena velocidad. Estábamos ya en las afueras de Las Palmas. Mi dolor iba en aumento, era ya insoportable. Sentí miedo, de perder el conocimiento, no de morir, pues sabía que la herida no era mortal. Estaba empapado de sudor, un sudor frío.&lt;br /&gt;-Necesito algo para este dolor, así no puedo ni pensar.&lt;br /&gt;-Para en una farmacia.-Dijo Ivo.&lt;br /&gt;-¿Qué vas a hacer?&lt;br /&gt;-Tú tranquilo. Esperadme con el coche a la vuelta de la esquina, no tardaré.&lt;br /&gt;- Este tío va a atracar la farmacia.- Dijo Marco. Yo no tenía fuerzas para decir nada, mucho menos para oponerme. A los dos minutos volvió con una bolsa de plástico llena de medicamentos.&lt;br /&gt;-Arranca.-Dimitri salió a buena velocidad, pero siempre sin estrépito, sin llamar la atención, y volvió a girar en la primera esquina. Ivo sacó dos cajas de la bolsa de plástico. Una contenía ampollas, la otra jeringuillas desechables.&lt;br /&gt;-¿Qué es eso?&lt;br /&gt;-Morfina. Dimitri, cuando puedas paras en un sitio discreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dimitri se salió por una vía de servicio y paró en una gasolinera tipo autoservicio. Mientras él repostaba, Ivo cargó una jeringuilla y me inyectó la morfina en el brazo. A los pocos segundos experimenté un inmenso alivio. Por lo menos ya podía pensar con serenidad&lt;br /&gt;-¿Dónde has aprendido esto?&lt;br /&gt;-Joder, en la guerra…&lt;br /&gt;Seguimos viajando en dirección a Puerto Mogán. El teléfono tardaba en sonar. Pasó una media hora, después otra media más. Llegamos al hotel. Afortunadamente por la noche no había absolutamente nadie. Por el día venían distintos empleados, a terminar los últimos retoques, a realizar limpieza, o aprovisionar de víveres y bebidas la despensa y el frigorífico del hotel, para cuando se celebrara la esperada inauguración. Pero por la noche sólo yo, en calidad de dueño, tenía las llaves del hotel. Así que por ese lado no habría problema, tendríamos todo el hotel para nosotros, y toda la tranquilidad y discreción que necesitábamos. Lo primero que hice fue guardar el maletín que me había salvado la vida, conteniendo los cinco millones de dólares, en la caja fuerte del hotel. Aproveché para sacar algo de dinero en pesetas, un par de millones que me guardé en el bolsillo de mi cazadora. Por fin sonó el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siento la tardanza pero a mi amiga le ha costado tiempo localizar a tu médico a estas horas.&lt;br /&gt;-Ya imagino, ¿pero lo ha conseguido?&lt;br /&gt;-Sí, más o menos.&lt;br /&gt;-¿Qué significa eso?&lt;br /&gt;-Pues que el tipo es médico, pero no puede ejercer legalmente, no tiene los papeles en regla. La policía le ha retenido la documentación porque es saharaui, pero el dice que se considera español. Es una larga historia. ¿Te servirá?&lt;br /&gt;-Si sabe medicina me servirá.&lt;br /&gt;-Pues tenéis que ir a buscarle a la pensión donde se aloja, porque tampoco tiene permiso de conducir; la pensión se llama “Tres esquinas” y está en Arucas. Ah, él se llama Chaid.&lt;br /&gt;-Dale las gracias a Gaby, y dile que también habrá una gratificación para ella.&lt;br /&gt;-Vale, cuídate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A ver chicos, hay que ir a recoger al doctor a una pensión de Arucas. El problema es que no podemos usar el Ford. Habrá que deshacerse de él. A estas horas la policía ya está en el lugar del tiroteo. No sabemos si algún testigo ha podido dar la descripción del coche, puede que ya lo estén buscando en los controles de carretera. En cualquier caso, no podemos arriesgarnos a circular con él.&lt;br /&gt;-Yo puedo conseguir otro coche en cualquier momento.- Espetó Ivo con aplomo.&lt;br /&gt;-No lo dudo, pero no me gusta mucho esa opción de viajar en un coche robado. En cualquier control rutinario podrías caer. En fin, me temo que no tenemos otra opción, a estas horas no es posible alquilar uno, y yo no puedo aguantar hasta mañana con la herida.&lt;br /&gt;-No te preocupes, yo sé cómo tengo que actuar si me tropiezo con la policía...-Dijo enigmáticamente. No quise preguntar qué pretendía decir.&lt;br /&gt;-Vale, entonces Ivo traerá al doctor y nosotros nos quedaremos quietecitos.&lt;br /&gt;-Escucha, lo mejor sería aprovechar para deshacernos del Ford. Puedo conducirlo por ejemplo hasta San Bartolomé, en el centro de la isla, dejarlo correctamente aparcado en cualquier calle donde no llame la atención, y unas calles más allá conseguir otro coche.&lt;br /&gt;-De acuerdo, en ese caso hay que sacar el cadáver del maletero. Lo colocáis en una de las habitaciones y mañana ya decidiremos lo que hacer con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperaba al doctor, me quedé medio adormilado. Entré en una especie de semiinconsciencia en la que revivía y analizaba los sucesos acaecidos en forma de sueño, y en la que yo mismo me decía “esto es una pesadilla”. Ignoro lo que significaba, si era el deseo de despertar y descubrir que todo era un simple producto de la actividad onírica, un mal sueño, o si estaba definiendo la realidad con ese abrumador sustantivo, y de algún modo mentalizándome para lo peor. O ambas cosas. Mi mente se iba por todos los derroteros, hacia atrás, analizando lo ocurrido; hacia delante, imaginando caminos, posibilidades, soluciones. Cómo librarnos del cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin abrir los ojos, fui consciente de que alguien manipulaba mi brazo. Sentí un pinchazo, después otro, y un tercero. Más tarde supe que el médico me inyectó antibióticos, anestésicos, antihemorrágicos, antiinflamatorios. Hizo un trabajo de artesanía, como en sus viejos tiempos veinte años atrás en los campamentos del Frente Polisario en el Sáhara. Con una habitación de hotel como improvisado quirófano, sin más ayuda que Ivo, abrió la herida con el bisturí, extrajo el proyectil incrustado entre húmero y radio, reparó el hueso dañado lo mejor que pudo, recolocándolo y quitando las astillas, drenó sangre y líquido sinovial, cerró la herida, suturó con veinte puntos, y finalmente colocó un vendaje. Sentí unas palmaditas en la mejilla y una voz de grave suavidad que me decía:&lt;br /&gt;-Vamos, despierta, ya estás operado amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí los ojos con una sensación de bienestar, de euforia, nada me dolía y sabía que todo había ido bien, al menos razonablemente bien. Por las rendijas de la persiana se filtraba la claridad del día.&lt;br /&gt;-Escúchame amigo, has tenido mucha suerte, ahora estás fuera de peligro. ¿Me comprendes lo que te estoy diciendo?&lt;br /&gt;-Sí doctor.- Asentí con la cabeza. Nos miramos a los ojos. El doctor tenía un rostro venerable, anciano, triste, amable, dulce, depurado por el sufrimiento serenamente aceptado. O no sé si era la morfina la que me hacía percibir todo aquello, pero intuí que era una buena persona y sentí una inmensa gratitud hacia él.&lt;br /&gt;-He podido salvar el brazo, un poco más y hubiera empezado a gangrenarse. También has estado en peligro de morir desangrado, o por la infección. Pero he llegado a tiempo. De todas formas no te hagas ilusiones, has perdido un trocito de hueso, y aunque soldará bien, dudo que puedas mover el brazo como antes, y mucho menos hacer esfuerzos.&lt;br /&gt;-No importa doctor, muchas gracias. Estoy seguro que en un hospital no lo hubieran hecho mejor. Ivo, alcanza mi cazadora y dale al doctor su dinero.&lt;br /&gt;-Gracias, en la mesilla les dejo los medicamentos que tiene que tomar, y la pauta. Dentro de unas horas, cuando le vuelva el dolor, que tome una cápsula de “adolonta”, no le inyectes más morfina, podría enmascarar una complicación, y además acostumbrarse. Vendré mañana por la tarde para desinfectar la herida y cambiar el vendaje. Ahora descansa, amigo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-9111202788200056369?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/9111202788200056369/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=9111202788200056369&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9111202788200056369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9111202788200056369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/12/el-tuerto-90-doctor-chaid.html' title='El tuerto. 90: Doctor Chaid.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2081530389755996033</id><published>2008-12-21T15:32:00.013+01:00</published><updated>2008-12-21T16:55:58.187+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 89: La misión</title><content type='html'>El primer paso era encontrar a los hombres adecuados para encarar el trabajo, mejor dicho: la misión, porque de eso se trataba. La plantilla de Esparta S.A. contaba con numerosos candidatos, entre los que no me fue difícil seleccionar a los mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ivo, un exguerrillero serbo bosnio de treinta años, con una endiablada puntería que ejecutaba en una doble especialidad: era un buen francotirador, que había practicado mucho en Sarajevo, con fusil de larga distancia y mira telescópica; y sobre todo era un excelente tirador instintivo y ambidextro, capaz de disparar dos pistolas a la vez, una en cada mano, y acertar un noventa y cinco por ciento. Con esas cualidades, algún defecto había de tener: estaba loco, era un alcohólico y un psicópata paranoico, un individuo indisciplinado e imprevisible, casi imposible de controlar. Había conseguido huir de Bosnia nada más terminar la guerra. Intentó enrolarse en Francia, en la legión extranjera…Y le habían rechazado precisamente por sus desequilibrios mentales. Viajó a Madrid, donde le habíamos librado de la cárcel, acusado de un delito de agresión. Teo le había reclutado para la empresa, pero no figuraba oficialmente en la nómina, ya que no tenía sus papeles en regla. Probablemente su pasaporte era falso (como el mío, al llegar a España), y sin duda le buscaría la justicia Bosnia, tal vez incluso el Tribunal de La Haya. Así que cobraba su nómina en dinero negro y prestaba sus servicios de escolta de manera disimulada bajo la figura de chofer o simplemente de acompañante. Los clientes, sus protegidos, no solían soportarle mucho tiempo sus excentricidades. En aquel momento no tenía asignado ningún servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguien podía controlar a Ivo ese era Dimitri, un exmilitar ucraniano, de Kiev. Pasaba de los cincuenta, con abundantes entradas y prominente barriga. Sin embargo era el único al que Ivo respetaba, precisamente por ser su polo opuesto. Dimitri era calmado, astuto, prudente, sabía imponer su autoridad con la sola mirada de sus ojos grises, fríos. Había estado en Afganistán en los primeros años ochenta, cuando todavía formaba parte del glorioso ejército soviético. Conocía, pues, todas las tácticas guerrilleras, las había combatido y la prueba de su eficacia es que había sobrevivido. Confiaba en su instinto para el buen fin de la misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marek, un polaco al que todos llamaban Marco, a la española. En realidad no tenía preparación militar ni policial, su profesión en Polonia era ingeniero, pero en España no había encontrado trabajo en su especialidad y se había reconvertido a las tareas de vigilante de seguridad. A pesar de poca experiencia, lo elegí porque en las pruebas de tiro resultó ser también un excelente tirador, sin llegar a la altura de Ivo. Además, tenía buen carácter, era laborioso, leal, muy inteligente, un hombre de recursos. En suma, podía actuar de elemento integrador en el equipo y había demostrado que en un momento necesario podía servir para todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo paso era informarles de la misión a realizar y conseguir que aceptaran. Les dije la verdad desde el principio:&lt;br /&gt;-Chicos, se trata de que nos deis protección a mi amigo y a mi, en una digamos entrevista o reunión que vamos a tener con unos individuos que pueden ser peligrosos. De momento no puedo entrar en detalles, se trata de un trabajo ilegal, no estaréis por cuenta de la empresa, sino mía, por tanto es voluntario. A cambio estará muy bien pagado. Medio millón de pesetas a cada uno por apenas unos cuantos días de preparación, estar disponibles, y una operación que en sí apenas durará unos minutos. Por supuesto no se trata de ningún robo, sino al contrario, de que no nos roben a nosotros, es lo único que os puedo decir. A los que aceptéis se os contarán los detalles con antelación y podréis incluso dar vuestra opinión, sin que ello signifique aceptarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Naturalmente no hubo que hacer ningún esfuerzo para persuadir al loco Ivo, estaba deseoso de acción. De hecho era el aburrimiento lo que le mataba y le hacía consumir alcohol en grandes cantidades. Tan pronto supo de la operación se mantuvo sobrio y concentrado. En cambio el prudente Marco no quería involucrarse en nada ilegal. Tuve que vencer su resistencia doblando la cantidad a percibir por cada uno de ellos, un millón de pesetas. Dimitri, además, como buen militar quería tener el mando operativo.&lt;br /&gt;-Tú estarás al mando de Ivo y Marco,-le respondí- pero la operación es de mi amigo y mía.- Dimitri asintió. De hecho fue de los tres al primero que le conté los detalles de la misión, tan pronto llegamos a las islas Canarias y estábamos instalados discretamente en cinco habitaciones de mi hotel en Puerto Mogán, ya terminado y habitable, si bien todavía no estaba abierto al público por cuestiones de papeles y licencias de apertura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estudie con Dimitri el material necesario y a través de Esparta hicimos la compra: armas, munición, chalecos antibala. Para disparar a dos manos Ivo prefería que fueran revólveres, ya que no precisan montar; en caso contrario tendría que llevar las pistolas ya alimentadas, es decir, el cartucho ya en la recámara, con el riesgo que ello suponía de disparo accidental. Mostró su deseo de llevar dos Colt 45, pero aquí no se encuentran armas de esa marca y calibre, tuvo que conformarse con Astra 38 especial. Yo también escogí un revólver, ya que llevaría la mano izquierda ocupada con el maletín y tampoco podría montar el arma. A Charlie le conseguimos una pistola BUL M5 de 9 mm. Y para Marco y Dimitri, que nos cubrirían desde la retaguardia, conseguimos dos subfusiles HK Calibre 45. Por si acaso, compramos también para Charlie un fusil de precisión, Stoner SR25, con mira telescópica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los chalecos eran de tipo militar, tamaño largo, con protección de cuello, costado y pelvis. Menos mal que era invierno, porque si no nos hubiéramos asado. Por encima, para disimular, usaríamos unas cazadoras de tela impermeable, muy ligeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elegidos los hombres y el material, la tercera parte consistía en elaborar un procedimiento que nos garantizase la seguridad, o al menos que redujese al mínimo los riesgos. Dimitri apuntó que lo esencial era elegir nosotros el sitio donde se efectuaría la entrega, un lugar que pudiéramos vigilar, limpiar previamente, y colocar a los hombres en lugares estratégicos, donde su rendimiento fuera el óptimo, por ejemplo a Ivo, el francotirador, en un emplazamiento elevado, en el cual su eficacia fuera máxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve plenamente de acuerdo, pero fijar el lugar de encuentro supuso una ardua negociación con los colombianos. Ellos pretendían que fuéramos a buscar la mercancía al barco donde la tenían almacenada, el cual estaría navegando a corta distancia de la costa, y cuyas coordenadas nos darían horas antes de la entrega. Nos negamos rotundamente, ni siquiera hubo dudas en ninguno de nosotros, era evidente que de esa forma estaríamos totalmente vendidos, en alta mar, y a merced de un barco que no sabíamos de cuántos hombres y armas dispondría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no tenía prisa en concretar, porque aún estaba gestionando el cambio de divisa, de pesetas a dólares. Propusimos a los narcos que la entrega se hiciera en una nave del polígono industrial “El sebadal”, colindante al Puerto de Las Palmas. Un sitio perfecto para nosotros, ya que podríamos instalar cámaras de vigilancia, controlar los movimientos de los colombianos e inclusive apostar a Ivo de forma que tuviera a tiro tanto el interior como el exterior, a través de una ventana que dominaba la salida.&lt;br /&gt;Pero aquí fueron ellos los que rechazaron sin contemplaciones la propuesta. Si no queríamos ir al mar, dijeron, tendríamos que ir al menos al muelle pantalán, donde fondearía provisionalmente el barco. Podríamos ir con una furgoneta hasta el inicio de la dársena, y allí, con un carrito hacer el trasvase del material.&lt;br /&gt;El Charlie estaba de acuerdo, yo me quedé dudando, pero Dimitri, siempre cauto, se negó. Nada de acercarnos a ese barco, ni siquiera a la dársena, es el lugar ideal para que nos preparen una encerrona, sentenció, y al instante le comprendí. En efecto, un lugar estrecho, con yates y mar a ambos lados, mientras lo transitáramos seríamos un blanco fácil, aparte que podían tener una segunda embarcación desde la que atacarnos por sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si quieren que la saquen ellos del barco y de la dársena. –Le dije a Charlie, para que a su vez se lo transmitiera a los colombianos.- El punto de reunión será un lugar neutral, el recodo del muelle, donde enlaza con la calle Luis Doreste. Allí hay una explanada discreta, con aparcamientos. Que vengan con la furgoneta cargada, una furgoneta de alquiler. Tú, Charlie, compruebas la mercancía, la calidad y la cantidad, ellos nos entregan las llaves de la furgoneta y les damos el dinero. Así no hay que descargar y cargar. Nosotros devolveremos la furgoneta a la empresa de alquiler. Sencillo, ¿no? Es nuestra última propuesta, si no aceptan se terminaron las negociaciones, no hay trato. Ah, y que venga personalmente tu contacto, el representante del cártel. ¿Cómo se llama?&lt;br /&gt;-Corbacho.&lt;br /&gt;Aceptaron.&lt;br /&gt;El día fijado, minutos antes de la hora señalada, llegamos a la explanada en un solo vehículo, un Ford Escort 16 válvulas. Nos situamos en el fondo del recodo, mirando a la entrada; a nuestra izquierda un muro nos separaba de la avenida Bethencourt, se oía el tránsito de coches; a la derecha otro muro, y a nuestra espalda una abertura de unos tres metros que daba a un camino de tierra paralelo al mar, entre el muro y la escollera: nuestra puerta de escape en caso de necesidad. Con el motor en marcha bajamos Charlie y yo. En mi mano izquierda el maletín con el dinero, un “samsonite” de acero, atado con una cadena y un candado a mi muñeca, para evitar que me lo arrebataran. Al volante Marco, su metralleta pasó a reposar en el asiento del copiloto. Detrás permaneció Dimitri, con el subfusil en las rodillas. Ivo, nervioso, salió también a estirar las piernas. La explanada estaba casi vacía, a aquella última hora de la tarde sólo quedaban un par de coches, seguramente de algún rezagado trabajador del muelle. Esperamos cosa de media hora, nos estábamos impacientando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no aparecen en diez minutos nos largamos.-Le dije a Charlie. En ese momento los vimos entrar, delante un Renault 21 con las luces ya encendidas. Detrás la furgoneta. Subimos todos al coche y nos acercamos a ellos, en mitad de la explanada, para no quedar encerrados y no perder de vista la trasera de la furgoneta. Charlie y yo nos adelantamos, Ivo se quedó de pie con la portezuela abierta, los otros dos dentro. Charlie saludó a uno de los tipos y me lo presentó.&lt;br /&gt;-Este es Leocadio, el lugarteniente de Corbacho.&lt;br /&gt;-Yo soy Ralph.- Dije, recurriendo a mi antiguo nombre de guerra. No me gustó el tipo, sonreía demasiado sin venir a cuento, me pareció falso.- ¿Pero dónde está Corbacho? Quedamos en que vendría.&lt;br /&gt;-No ha podido ser, la policía le está siguiendo los pasos y hubiera sido temerario.&lt;br /&gt;-Esto no es lo acordado.&lt;br /&gt;-Lo que importa es que trajimos hasta acá la mercancía, como ustedes querían. Espero que hayan traído la plata.&lt;br /&gt;-Por supuesto, ¿qué cree que tengo si no en el maletín?&lt;br /&gt;-Queremos verla.-Sí, pero antes veamos la mercancía.&lt;br /&gt;-Claro. –Leocadio le hizo seña a uno de sus secuaces y éste se acercó con un paquete. Charlie lo abrió, cogió un pellizco del polvo blanco y lo probó con la lengua. Su cara mostró satisfacción.&lt;br /&gt;-Es superior.&lt;br /&gt;-Ahora la plata.&lt;br /&gt;Con el pulgar derecho introduje la combinación, abrí un poco el maletín y les mostré fugazmente los billetes, saqué un fajo, cerré de nuevo el maletín y desplegué ante sus ojos el dinero.&lt;br /&gt;-Cinco millones de dólares, como ustedes querían.-Recalqué.- No ha sido fácil cambiar tanta divisa. Y ahora si no le importa, mi amigo subirá a la furgoneta y comprobará el resto de la mercancía, como hemos acordado.&lt;br /&gt;-No querrá abrir todos los paquetes…&lt;br /&gt;-Claro que no, sólo unos cuantos.&lt;br /&gt;Charlie subió a la furgoneta, yo desde fuera le acompañé con la mirada y acto seguido giré el cuello hacia atrás y le hice una seña de alerta a Ivo, levantando las cejas. Charlie me hizo un gesto negativo desde la furgoneta, había abierto en total tres paquetes, de diversas cajas al azar, y salió pálido de la furgoneta.&lt;br /&gt;-Esto son polvos de talco.- Dijo. Y fue lo último que dijo. El tal Leocadio de repente empuñaba una pistola y le descerrajó un tiro en la cabeza a Charlie. Yo sólo tuve tiempo de proteger la mía con el maletín de acero. En un segundo me llovieron disparos de todas partes. El maletín me golpeó la cabeza, por la fuerza de los proyectiles, pero resistió. Caí al suelo derribado por los impactos en el pecho. Pero sobre todo sentí un dolor abrasador en el brazo izquierdo, a la altura del codo. De repente cesó el tiroteo, tan bruscamente como había comenzado. Ivo había eliminado a cuatro de ellos. Los otros dos intentaron huir, uno al volante del Renault, y el otro en la furgoneta. Pero Marco y Dimitri, los acribillaron con los subfusiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápidamente Ivo se llegó a mi lado y examinó mi brazo izquierdo herido, que aún portaba el maletín. Con celeridad extrajo su navaja, cortó la manga de mi cazadora y con ella me hizo un torniquete para detener la hemorragia. Al ver la destreza con que manejaba la navaja pensé que era una similitud más entre nosotros dos, y no pude evitar agradecer a la legión francesa su error de no haber admitido a Ivo en sus filas. Mientras, Marco y Dimitri habían depositado a Charlie, el cadáver de Charlie para ser exactos, en el maletero. No podíamos dejarlo allí. De ninguna manera. Me incorporé con la ayuda de Ivo, entramos en la parte posterior del Ford Escort, y escapamos a toda velocidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2081530389755996033?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2081530389755996033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2081530389755996033&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2081530389755996033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2081530389755996033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/12/el-tuerto-89-la-misin.html' title='El tuerto. 89: La misión'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5451214914786140500</id><published>2008-12-11T13:37:00.002+01:00</published><updated>2008-12-11T13:38:00.091+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 88: Buenos “negosios”.</title><content type='html'>Todavía no sé porqué acepté participar en aquel disparate que me propuso Charlie. Es verdad que me lo pidió como un favor, que casi me echó en cara todo lo que él había hecho por mí, y no hacía falta mencionarlo ni entrar en detalles. Cómo podría olvidar que fue él quien me ayudó a establecerme en Tenerife cuando yo no era nada, menos que nada, era un perseguido de la justicia. Gracias a su ayuda conseguí mi permiso de residencia; Charlie me facilitó entrar en aquel primer golpe que me alejó de la miseria cuando ya se me estaban acabando las reservas monetarias; colaboró conmigo en el negocio de las facturas, tuvo que torear con drogadictos; me ayudó a liquidar al Philip, y también estuvo en lo del Guti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabe duda de que además yo le había tenido últimamente un poquito abandonado a su propia suerte. El Charlie no terminaba de encajar en mis negocios. Para operaciones puntuales servía muy bien, pero no podía tener un papel permanente en ninguna empresa, ni en la gestión inmobiliaria, ni en la reciente empresa de seguridad, ni en la futura constructora. En un intento de que sentara la cabeza le ofrecí ser el director del hotel que estábamos a punto de inaugurar, pero lo rechazó con argumentos aplastantes, el no era un gerente, el era un relaciones públicas, un hombre simpático, sociable, lleno de contactos, un intermediario perfecto, pero incapaz de planificar, ni de organizar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único en lo que había sabido encontrar su hueco era el comercio…de la droga. Para eso era perfecto, porque su negocio no requería ningún establecimiento permanente, ni oficina, ni licencias, ni abogados, ni contratos por escrito, ni cotizaciones a la seguridad social, ni contabilidad, ni balances, ni libros de registro, ni nada. Sólo requería lo que él sabía dar mejor que nadie: una pequeña frase amistosa, una palabra deslizada como casualmente, “si quieres algo para pasarlo bien, ya sabes”, y un rápido trueque, así es como empezó. Su clientela fue numerosa, fiel, y hasta ahora nunca le habían traicionado, no sé si por azar o porque había sabido seleccionar. Con el tiempo, y paulatinamente, ascendió de tener una red de clientes a tener una red de camellos. Pasó de manejar unos cientos de gramos, a decenas de kilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en esto se fue de vacaciones a Inglaterra. Allí, además de conocer a Yasmín y traerse a Moon, amplió su agenda de contactos de cara a una ampliación de su negocio. Con esa trayectoria era inevitable que terminaran presentándole al apoderado del cártel de Cali para Europa. Fue en una de esas fiestas a las que él asistía con frecuencia,  invitado por un magnate vicioso. Ya habían oído hablar el uno del otro, por lo que ni siquiera fue sorpresa la frase pronunciada por el caleño.&lt;br /&gt;-Usted y yo podríamos “haser” buenos “negosios”.- Esa fue la frase que a Charlie le impactó, se le quedó grabada como una obsesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También es cierto que intenté convencerle de que desistiera de su plan.&lt;br /&gt;-Mira, Charlie, no te dejes fascinar por  ese mundillo; es difícil entrar, pero salir es imposible. Una vez que te metas nunca dejarán que te marches. ¿No querías casarte con Yasmín y llevar una vida respetable? Pues de ese modo nunca lo conseguirás.&lt;br /&gt;-Sólo quiero hacer una operación y retirarme.&lt;br /&gt;-Eso no te lo crees ni tú. ¿Cómo sabes que no es una trampa? ¿Y si el tipo ese lo que quiere es quedarse con tu dinero y quitarte de en medio? ¿No se te ha ocurrido pensar que cuando empieces a inundar de cocaína todas las islas, las canarias y las británicas, le estarás quitando el negocio a otros, y lógicamente querrán eliminarte?&lt;br /&gt;-Joder, tuerto, para eso es para lo que te necesito a ti y a tus hombres, para protegerme en esta operación. Necesito tu olfato para detectar si algo va mal, y también para que organices todo, ya sabes que yo no sirvo para eso.&lt;br /&gt;-¿Y para financiar la compra?&lt;br /&gt;-En realidad también te necesito. Hay que pagar en dólares y querría que tú hicieras el cambio de divisa. Y…bueno, aún no hemos fijado la cantidad exacta ni el precio, si quieres entrar como socio podemos aumentar la compra; eso reduciría el precio por kilo y aumentaría el beneficio a repartir.&lt;br /&gt;-¿De qué cantidad estamos hablando?&lt;br /&gt;-Yo había pensado comprar trescientos kilos, tres millones de dólares, pero si tú entras podríamos doblar la cantidad, seiscientos kilos nos saldrían por cinco millones. Iríamos a partes iguales, como en los viejos tiempos…&lt;br /&gt;-¿Estás loco?¿Pero dónde piensas colocar tamaña cantidad de coca?&lt;br /&gt;-Tranquilo, tuerto, tú sabes de tu negocio, pero yo conozco bien el mío. Tengo una docena de camellos por todas las islas que venden cada uno entre cincuenta y cien gramos diarios, en total de seis a ocho kilos por semana. La gente consume coca a raudales, todo el mundo la consume, los ejecutivos para tener claridad mental en sus negocios, los políticos para mantenerse despiertos en sus maratonianas reuniones de partido, los estudiantes para divertirse en la discoteca…&lt;br /&gt;-Aún así, tardarías un año en vender 400 kilos.&lt;br /&gt;-Déjame terminar. La realidad, es que ahora mismo la demanda de coca es muy fuerte. Si no vendemos más no es por falta de clientes, sino porque se nos termina la mercancía. Muchos drogadictos tienen que contentarse y engañar el síndrome de abstinencia con sucedáneos,  anfetaminas, tranquilizantes, o cualquier mierda que les trastorne la mente. Estoy seguro de que podríamos ampliar la venta. Y además, tengo un contacto en Londres para enviarle una mula con un par de kilitos a la semana. &lt;br /&gt;-¿Una mula?&lt;br /&gt;-Si, coño, un tipo en avión, un don nadie, un “pringao”, como dicen aquí…Bueno, ¿qué respondes? Ten en cuenta que en ocho o diez meses a lo sumo, habremos triplicado el capital.&lt;br /&gt;-Lo estudiaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siguiente vez que hablamos del tema le solté una batería de objeciones y peligros, pero cuando alguien está decidido a hacer una cosa, al final la hace.&lt;br /&gt;-Mira, Charlie, todos esos drogadictos, esas docenas, cientos de clientes. ¿Quién te dice que alguno de ellos no es chivato de la policía? No digo por gusto, nadie es chivato por gusto, sino porque le han detenido con droga encima y para salvar su culo se pone a dar nombres…&lt;br /&gt;-No te preocupes, sólo podrían dar el nombre de mi camello, hace tiempo que no trato directamente con clientes, excepto unos pocos de mi absoluta confianza.&lt;br /&gt;-Bueno, piensa otra cosa: el tipo al que le estás comprando, si haces esta operación le vas a dejar de comprar, te perderá como cliente, ¿crees que le va a gustar? Tal vez intente joderte…&lt;br /&gt;-Si, ya había pensado en ello. Ese tipo a su vez le compra a los del cártel de Medellín. Creo que lo mejor sería que me dejaras uno de tus hombres como escolta, durante unos meses…&lt;br /&gt;-Ya veremos, todavía no tengo decidido si hacerlo o no. Pero quiero que me prometas que no harás nada por tu cuenta.&lt;br /&gt;-Eso no puedo prometértelo.&lt;br /&gt;-O sea, que de todas maneras lo harás, conmigo o sin mi.&lt;br /&gt;-Es posible.-Dijo, enigmáticamente.- Lo cual, para mi significaba que sí, que de todos modos lo haría. Eso fue lo que me decidió a participar. Pensé  que si yo lo organizaba, al menos tendría una oportunidad de que saliera bien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5451214914786140500?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5451214914786140500/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5451214914786140500&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5451214914786140500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5451214914786140500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/12/el-tuerto-88-buenos-negosios.html' title='El tuerto. 88: Buenos “negosios”.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-221146143895370327</id><published>2008-12-01T15:54:00.006+01:00</published><updated>2008-12-01T16:09:23.198+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 87: La mujer de las diez y diez.</title><content type='html'>El hotel de Puerto Mogán ya estaba casi terminado. Las obras, con la nueva constructora, habían avanzado a buen ritmo y cumpliendo la calidad pactada. Los Toscos estaban más que satisfechos, ilusionados con el negocio que se avecinaba. Cien habitaciones, restaurante, discoteca, piscina y pista de tenis. Las cuatro estrellas estarían aseguradas, y lucharíamos por la quinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, mantuve una conversación con Teo y Blas el día que finalmente constituimos “Esparta, S.A”. Firmamos en la notaría temprano, a las diez y media; Lucía, después de aceptar el cargo de consejera delegada, se marchó a toda prisa al juzgado, tenía que practicar una diligencia en ejecución hipotecaria contra uno de mis deudores. Nosotros tres, Blas, Teo y yo, nos fuimos a tomar un café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa charla me dio la idea de introducir una pequeña modificación de última hora. Al lado del hotel, en la zona destinada a aparcamiento, construiría un casino, y el aparcamiento quedaría subterráneo. No sería un gran casino, ni siquiera mediano, bastaría con uno pequeño para empezar. Tendría una sala de máquinas tragaperras, una sala de bingo, y otra con ruleta, black jack y distintas modalidades de póker. Después, si el negocio funcionaba, ya habría tiempo de ampliar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomando sorbos de su carajillo, Blas me relató su investigación sobre los hurtos en el casino, aquella historia que apenas había empezado a contar en el almuerzo rústico, y que primero yo interrumpí con mi urgencia mingitoria, y finalmente quedó aparcada (pero no olvidada) cuando pasaron a proponerme la empresa de seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El gerente del casino estaba convencido de que había un ladrón, pero yo no lo veía claro. Las cámaras no detectaron nada sospechoso.&lt;br /&gt;-¿Sospechoso como qué?&lt;br /&gt;- Hay muchas maneras de estafar a un casino, por ejemplo, un jugador que obtiene ganancias repetidas y abundantes se convierte en sospechoso de estar haciendo trampas. Se le vigila de cerca, si no se descubre el truco se le invita amablemente a no volver, y si se descubre se le denuncia. Más fácil aún si se tiene la complicidad de un empleado, en ese caso en una mesa determinada se producen demasiadas ganancias por uno o varios jugadores. Nada de esto detectamos. Pasamos entonces a investigar a todos los empleados, uno por uno, sus costumbres, su patrimonio, sus deudas, etc. Y nada, tampoco encontramos nada. Yo, la verdad, empecé a dudar de que realmente existieran los robos. Se lo dije al gerente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“-Mire, me parece que estamos perdiendo el tiempo, ¿Qué le hace estar tan seguro de que alguien roba?&lt;br /&gt;-Los ingresos han disminuido casi un cinco por ciento en los dos últimos años; en cambio las entradas de clientes se han mantenido estables, incluso han subido ligeramente.&lt;br /&gt;-Pero eso puede ser porque los que entran se gastan menos dinero, debido a la crisis.&lt;br /&gt;-No, porque las ventas de cartones de bingo, que están contabilizadas, ya que cada cartón queda inutilizado después de usarlo, se han mantenido. Y la recaudación de las máquinas tragaperras, ha aumentado ligeramente. Las que han bajado han sido las fichas de juego, de ruleta y póker, justamente las que no están controladas, porque son reutilizables.&lt;br /&gt;-Pues entonces ponga un sistema de control de esas fichas.&lt;br /&gt;-Tenemos un control de fichas en caja, de fichas vendidas, de fichas recuperadas, y fichas pagadas, pero es imposible establecer un control exacto de lo que se llama ficha flotante.&lt;br /&gt;-¿Y eso qué es?&lt;br /&gt;-Muy sencillo, las fichas, en cada jornada, parten de la caja, las llamamos fichas en caja. Las que se venden a los clientes son fichas vendidas. Las que el croupier gana para la banca se llaman fichas recuperadas. Pero…-hizo una pausa- las fichas que están en manos del cliente, ni siquiera están en la mesa de apuestas, esas no podemos saber la cantidad exacta en cada momento. De vez en cuando hacemos un control por sorpresa de las fichas en caja, lo llamamos control de ficha flotante, porque si del número total de fichas restamos las que hay en caja, y las que se han recuperado en mesa, obtenemos la cifra de fichas flotantes.&lt;br /&gt;-Puede que el ladrón sea el cajero.- Sugerí.- Es el que más fácil lo tiene. Le bastaría con un solo cómplice, le entregaría más fichas de las realmente vendidas, y luego las anotaría como fichas pagadas.&lt;br /&gt;-Tal vez.- Dijo el gerente.- Pero necesitamos demostrarlo. El cajero es un respetable señor de cincuenta y seis años, lleva trabajando con nosotros más de diez, le falta relativamente poco para jubilarse, no tendría sentido que se arriesgara, y los robos sólo se han empezado a producir hace  año y medio más o menos. Además, por lo que sabemos, este hombre lleva una vida intachable.&lt;br /&gt;-¿Pero porqué no le despiden sin más? Si, los robos dejan de producirse es que era él…&lt;br /&gt;-Mire, no nos gusta dar palos de ciego, y menos aún dejar en la calle a un honrado padre de familia. Aparte que el Juez declararía nulo ese despido y tendríamos que readmitirlo o indemnizarle fuertemente. Esa solución ya la hemos pensado, pero no nos gusta. Le repito que necesitamos pruebas.&lt;br /&gt;-Pues entonces sólo me queda infiltrarme en el casino como un empleado más.&lt;br /&gt;-Haga lo que tenga que hacer”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así que me firmaron un contrato de trabajo, me dieron de alta en la seguridad social, me vi vestido con el smoking y la pajarita, el uniforme del casino. Y ahí empezó lo divertido.&lt;br /&gt;-¿Qué es lo divertido?&lt;br /&gt;-Todo lo que aprendí, de la gente, de sus ingenuas pasiones. Hasta qué punto pueden ser estúpidos. Puedo comprender que alguien vaya al casino una vez, a probar suerte, a saciar su curiosidad. Pero que alguien acuda habitualmente, por hábito, por costumbre, por adicción, sabiendo positivamente que van a perder, porque la estadística no falla, a la larga siempre se pierde. Eso es que no lo entiendo, o no lo entendía, porque después de mi corta experiencia de croupier en la mesa de póker descubierto he intuido que detrás de esa pauta de conducta se esconde un vacío existencial, una búsqueda inútil de algún tipo de sensación, aunque sea sólo la fugaz emoción que experimentan mientras la ruleta está girando. Un casino es un laboratorio de sensaciones y de comportamiento humano, y el póker no es un juego de cartas, es un juego de psicología.&lt;br /&gt;-Caray, estás hecho un filósofo.- Le cortó Teo.&lt;br /&gt;-Pero todos tenemos nuestros agujeros negros, y los intentamos tapar de una manera u otra.- Dije, pensando sobre todo en mí mismo y en cómo satisfacía mi ansia de emoción buscando en los confines de la legalidad.&lt;br /&gt;-Sí, pero no todo fue filosofía, también tuve tiempo de, bueno…me enrollé con una de las camareras, Vicky, eso fue lo mejor…creo. Yo, la verdad es que no tenía ninguna intención de complicarme la vida en medio de aquella investigación, sobre todo porque necesitaba tener los ojos bien abiertos si quería descubrir qué era lo que estaba pasando. Pero supongo que fue esa indiferencia lo que la picó a ella, porque la nena está buenísima, con una carita de muñeca y un cuerpazo de modelo, y no voy a dar más detalles a estas horas. El caso es que empezó a bromear conmigo, tirándome pullas, intentando burlarse de mí, a cuenta de mi supuesta inexperiencia como croupier. Yo le seguí el juego, me hice aún más el gilipollas. Me di cuenta de que la tía era una chula, narcisista, suspicaz y un pelín agresiva, y yo también soy muy chulo. En otro contexto habríamos acabado a hostias, pero allí no me interesaba dar la nota. A Vicky le gusta burlarse de los demás, pero su sentido del humor no le alcanza para reírse de sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi, la verdad, no me interesaban sus aventuras donjuanescas, sino lo otro, la investigación sobre los robos. Estuve tentado de interrumpirle otra vez mediante la técnica de irme al baño, pero luego pensé que podía ocurrir como la anterior ocasión, que me quedé sin saber el final de la historia, y decidí aguantar y seguirle el hilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Empecé a llevarla a su casa en mi coche, al salir del trabajo. Ella vive en Aluche, me pillaba de paso hacia Móstoles. Por el camino me contaba su vida, se había separado recientemente de su novio de toda la vida, el tío le ponía los cuernos con unas y con otras. Yo le seguía la corriente, pero con moderación: “Qué imbécil, mira que no apreciar lo que tenía”…Pero sin caer en mis frases de halago típicas. La elogiaba, pero muy sutilmente. La verdad es que llegué a pensar que sólo me quería para un rollito de amigos, para contarme sus penas, y lo malos que somos los hombres, y lo buena que es ella. Yo sin hacer nada, sin dar un paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo impacientándome, con ganas de preguntarle: “Si, pero ¿qué pasa con los robos?”, y me mordía la lengua, “déjale que termine, porque éste en cualquier momento se larga a ver a un cliente y te quedas con la curiosidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces, una noche, se me echó a llorar, contándome que el ex-novio la estaba puteando, con una casa que habían comprado a medias y en la que él seguía viviendo y se negaba a liquidar, pero la hipoteca la tenían que pagar entre los dos. Yo la abracé para consolarla, pensando que era una faceta más de mis obligaciones como amigo. Pero ella me empezó a besar, primero en las mejillas, luego en los labios, y después…pero no os voy a contar detalles.&lt;br /&gt;-Si, ya sabemos, sobre todo a estas horas.-Corroboró Teo.&lt;br /&gt;-El caso es que me dijo que no quería pasar la noche sola, etc, y yo en lugar de irme a mi casa de Móstoles la llevé a un discreto apartamento en la zona de Nuevos Ministerios, que uso como picadero para mis aventurillas.  En esta ocasión mi doble vida era completa, profesional y personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi todo aquello me parecía una pérdida de tiempo y un derroche de energías, pero Blas estaba tan orgulloso relatando su hazaña que ni Teo ni yo nos atrevíamos a cortarle. Hasta que hizo ademán de mirar el reloj mientras apuraba el último sorbo de su carajillo.&lt;br /&gt;-Ah, no, de aquí no te vas sin antes revelarnos quién era el ladrón.&lt;br /&gt;-Pues en honor a la verdad debo decir que fue una mezcla de casualidad y perseverancia que lo descubriéramos.&lt;br /&gt;-Casualidad y una leche.- Dijo Teo.- En realidad fui yo quien lo descubrí, no lo olvides.&lt;br /&gt;-Sí, pero con la información que yo te di, pues fui yo quien te dije lo que tenías que buscar. Lo cierto es que el principal sospechoso, por lógica, por ocasión, por oportunidades, era y seguía siendo el cajero, así que le dije a Teo que repasara una y otra vez las grabaciones de la caja, sobre todo las entregas de fichas. Hasta que lo descubrió.&lt;br /&gt;-Vamos, que mientras tú estabas tirándote a la camarera yo me chupaba horas y horas de aburrida grabación,-se quejó Teo,- a cámara lenta, para observar entregas de dinero, entregas de fichas, así una y otra vez. Y de repente lo descubrí, allí estaba, allí había estado todo el tiempo. Llegaba la mujer, en hora de máxima afluencia, entregaba diez billetes de mil, y dos billetes de cinco mil, y decía: “diez y diez”, y el cajero, sin apenas mirarla, le entregaba diez fichas de mil, y, atención...diez fichas de diez mil.&lt;br /&gt;-El plan era casi perfecto.-Concluyó Blas.- Si alguien lo hubiera advertido, o si el control de ficha flotante lo hubiera detectado, el cajero siempre podría haber alegado que había sido un error, un simple error. Pero el control de ficha flotante, como yo ya había observado, nunca se hacía en horas de máxima afluencia de clientela, entre otras cosas porque eso habría supuesto interrumpir la venta de fichas, y en definitiva habría perjudicado el negocio más que aquel robo continuado.&lt;br /&gt;-¿Y quién era la mujer cómplice?&lt;br /&gt;-Pues ahí está lo bueno, y por eso no habíamos percibido nada sospechoso en el comportamiento del cajero a pesar de que le habíamos vigilado. Y es que esa mujer, “la mujer de las diez y diez” la bautizamos, era su amante, claro está, pero además era…su vecina. Por eso el honrado padre de familia no salía del edificio, del trabajo al edificio y del edificio al trabajo, a robar un poco para su amante y para la jubilación. Por cierto, el golpe no les salió mal, después de todo. Sólo conservábamos cinco grabaciones, todas las anteriores se habían ido borrando, como no se había encontrado nada…así que de momento están en libertad provisional bajo fianza. Y de los quince o veinte millones que habrán robado sólo se podrán demostrar unas quinientas mil pesetillas. Hay golpes que aunque te pillen merecen la pena, ¿no?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-221146143895370327?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/221146143895370327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=221146143895370327&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/221146143895370327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/221146143895370327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/12/el-tuerto-87-la-mujer-de-las-diez-y.html' title='El tuerto. 87: La mujer de las diez y diez.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6544907917986710329</id><published>2008-11-21T21:49:00.001+01:00</published><updated>2008-11-21T21:50:06.800+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 86: Just Moon</title><content type='html'>Es más de medianoche, Rosita está tumbada en la cama, sola, el tuerto se ha ido a Tenerife, a realizar otro de sus negocios, a comprar un nuevo terreno rústico y después a una entrevista con un concejal, para “impulsar” la correspondiente recalificación. A la entrevista irá acompañado de Mario, el sobrino de don Luis, y pertrechado con la grabadora. Eso le ha contado por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la luz de la mesilla encendida, mira el techo y repasa mentalmente lo sucedido. Esta tarde ha ido a la joyería, como casi todas las tardes. Yasmín estaba atendiendo a una clienta, una mujer alta, madura, elegante casi en exceso. Se ha llevado unos pendientes de oro y ha contemplado extasiada el collar de diamantes, pero no se ha decidido a comprarlo, vendrá otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita se ha puesto a clasificar una colección que ha llegado nueva. El trabajo es lento, a Rosita le gusta recrearse en la contemplación de perlas, zafiros, esmeraldas, todo un mundo de colores, brillos, un orden geométrico perfecto, sedante, seductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasan la tarde tranquilamente.  La clientela entra con cuentagotas. Ambas aplican estrictamente las medidas de seguridad instaladas por el tuerto. Un cartel en la puerta avisa a los clientes, les pide disculpas por las molestias, les explica que han sufrido muchos atracos violentos y es por la seguridad de todos, también de los clientes, agradece su colaboración y garantiza su confidencialidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entrar el cliente debe pulsar un timbre, en ese momento la cámara de seguridad exterior graba su imagen. Si les infunde total confianza le abren, si no, le piden que exhiba la documentación. Todos los cristales, interiores y exteriores, del escaparate,  de la puerta y del mostrador, son blindados. Dentro del establecimiento tampoco hay posibilidad de contacto entre empleada y cliente. En todo momento la exhibición del objeto se hace a través del cristal, y la compra y el pago se efectúa mediante una bandeja. Ni que decir tiene que hay una alarma conectada con la policía, y que basta pulsar un botoncito para hacerla saltar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero eso no disuadirá a muchos clientes de entrar siquiera? –A Rosa le parecen excesivas.&lt;br /&gt;-Si alguno protesta o pide explicaciones, se le dice que a menudo hay rehenes, incluso muertos entre los clientes. Pero no quiero que se relajen las medidas ni lo más mínimo. Es preferible vender menos, pero con seguridad. A largo plazo, la clientela fiel apreciará el poder mirar y comprar con absoluta tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi nunca se acumulan más de dos compradores. En ese caso Rosita acude a ayudar a Yasmín. Un señor de mediana edad, distinguido, educado, bien trajeado, ha adquirido un anillo de oro y diamantes. Traía la medida dibujada en un papel, y ha explicado con precisión el diseño que buscaba. Yasmín, cuando ha terminado de atender, se ha aproximado discretamente, observando la operación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es para mi prometida.- Ha explicado el hombre, sin que nadie le preguntara nada. Ha sacado un enorme fajo de billetes de cinco mil y ha pagado en efectivo el elevado precio, nada de tarjetas. Yasmín ha contado el dinero, y al tacto, con las yemas de los dedos, ha verificado su autenticidad.&lt;br /&gt;-Intuyo que es para su amante.- Ha aventurado Rosa cuando se han quedado las dos solas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A última hora han bajado los cierres metálicos y se han puesto a verificar la caja, la contabilidad, las facturas, los libros de registro. De repente Yasmín, que de vez en cuando echaba un vistazo al monitor conectado con la cámara exterior, ha dicho:&lt;br /&gt;-Yo creo  afuera  unos tipos  están esperandonos…&lt;br /&gt;-¿Queé? –Rosa ha tardado unos segundos en comprender el alcance de sus palabras.&lt;br /&gt;-Si, llevan veinte minutos calle arriba, calle abajo, y disimulan que se conocen entre sí, pero miran mucho a nuestra tienda. –Rosa observa el monitor unos minutos y comprueba que es cierto, es más, uno de ellos le suena su cara, como de haberle visto antes merodeando por allí, tal vez el día anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está Moon?&lt;br /&gt;-Ha ido entregar unas joyas, él regresa rápido.&lt;br /&gt;-Pues ya se está retrasando. Vamos a llamarle a su celular. –Moon tiene órdenes tajantes del tuerto de acompañarlas siempre al abrir y cerrar la joyería, justo los instantes  en que son más vulnerables. El tuerto sabe bien que si tuviera que atracar su propia joyería ese sería el momento que elegiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde te has metido?&lt;br /&gt;-Estoy en un atasco de tráfico, ya llego en cinco minutos.&lt;br /&gt;-Menos mal. Escucha, hay unos tipos afuera, creo que nos quieren atracar.&lt;br /&gt;-¿Qué aspecto tienen? –Rosa se los describe:&lt;br /&gt;-Uno joven, unos 25 años, de un metro setenta, con el pelo largo, pantalones tejanos y cazadora deportiva. El otro de unos cuarenta años, pelo corto gris, gafas oscuras, pantalón de tela y abrigo largo.&lt;br /&gt;-¿Veis algún coche que les esté esperando?&lt;br /&gt;-Por la cámara no se ve ninguno, tal vez lo tengan más arriba. Ya sabes que aquí no se puede aparcar.&lt;br /&gt;-Vale, tranquilas. ¿Estais preparadas?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Voy a subir el Jeep encima de la acera, en cuanto veais mi coche salís corriendo, os meteis en la parte trasera y os agachais bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os agachais bien, por si hay tiros, piensa Moon, pero no lo dice, para no asustarlas más. En la última esquina, antes de tomar la calle, se detiene un instante, saca su pistola Walther de la sobaquera, le coloca el silenciador, y la monta deslizando suavemente la corredera hacia atrás, hasta insertar un cartucho en la recámara. Después la deja sobre el asiento del copiloto. Arranca despacio, gira la esquina y observa la calle, ya está, ya los ha visto a los dos individuos, el joven y el viejo. Más arriba se ve un auto, un Opel Kadett con un conductor dentro, seguramente ése es el coche y el tercer hombre. En ese instante Moon se alegra especialmente de que el tuerto le haya comprado un Jeep para sus desplazamientos, y no por subirse encima de la acera, eso lo hacen todos los coches, sino porque si el kadett intenta cortarle el paso no tiene duda de que lo embestirá, lo arrollará, lo arrastrará, se lo llevará por delante, lo que haga falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sube con fuerza y se detiene con un frenazo. Las chicas ya han subido el cierre metálico y están saliendo. Moon baja el cristal de su ventanilla, empuña la pistola y apunta hacia los tipos. Ya se han dado cuenta de la maniobra, vienen hacia acá, están en mitad de la calzada, están sacando sus armas.&lt;br /&gt;-Quietos ahí, cabrones.&lt;br /&gt;Moon apunta a uno y a otro, alternativamente. Los dos se quedan clavados, la cabeza rapada y la fiera expresión de Moon les deja petrificados en medio de la calzada. Los tres se miran mutuamente. En otras circunstancias Moon sabe que los mataría a los dos, sin titubear, si estuviera solo, si no hubiera testigos, pero sabe que su deber es proteger a las chicas, y además el coche está a nombre del tuerto, le metería en un lío. Los atracadores titubean unos segundos, los suficientes, las chicas ya están dentro y agachadas. Pone la primera y pisa el acelerador.&lt;br /&gt;-Adios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita sigue tumbada, recordando. Al entrar en el Jeep le ha dado tiempo a ver fugazmente las armas de los atracadores. Le ha entrado un miedo, un temblor incontrolable. Lo suyo no son las armas, ni la violencia, lo suyo es el veneno y el engaño. Por un instante ha pensado: ya está aquí, éste es mi castigo, voy a morir. Se ha abrazado con Yasmín, jadeando de pánico durante unos instantes. Luego, cuando ha sentido que se alejaban de allí, y que nada ocurría, se ha ido poco a poco calmando, pero sin alcanzar la tranquilidad. Moon las ha llevado a casa, cerciorándose de que nadie les seguía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Anda, sube con nosotras, no nos dejes solas esta noche.&lt;br /&gt;-Por supuesto. –Moon se siente protector hacia ellas, le encanta su papel, y además le profesa cierta admiración a Rosita, la chica del jefe. Yasmín prepara una cena ligera estilo de su país, un arroz basmati con verduras. Después han tomado una infusión relajante, pero no le ha servido de mucho. Moon estaba dispuesto a dormir en el sofá del salón, pero Yasmín ha tenido una idea mejor, ha despejado el cuarto que utiliza para pintar, y ha sacado una colchoneta hinchable de los tiempos en que peregrinaba por pensiones de mala muerte y compartía el dormitorio con varias personas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora Rosa tiene a Moon en el cuarto de al lado, casi le oye respirar, y piensa que le gustaría tocar su cabeza rapada, palpar la musculatura de sus brazos, dejarse rodear por ellos.&lt;br /&gt;-A la porra. –Murmura, y se levanta sigilosamente, sale de su habitación y entra sin llamar en la de al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está clareando, anoche se les olvidó bajar la persiana. Rosita entreabre los ojos, a su lado en la colchoneta Moon duerme un sueño profundo, relajado. Se queda unos minutos escuchando su respiración acompasada. Luego le intenta despertar con ligeras caricias.&lt;br /&gt;-Buenos díiaas…-Pero Moon no responde. Le zarandea suavemente.- Oye, Moon, despierta, que te quiero hacer una pregunta.&lt;br /&gt;-¿Eh?&lt;br /&gt;-¿Tú cómo te llamas?&lt;br /&gt;-Moon.&lt;br /&gt;-No, tonto, tu nombre de pila.&lt;br /&gt;-Just Moon.- Sólo Moon.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6544907917986710329?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6544907917986710329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6544907917986710329&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6544907917986710329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6544907917986710329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/11/el-tuerto-86-just-moon.html' title='El tuerto. 86: Just Moon'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6456324627122295315</id><published>2008-11-14T20:31:00.001+01:00</published><updated>2008-11-14T20:32:59.432+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 85: Esparta, S.A.</title><content type='html'>En el baño, mientras me aliviaba, me di cuenta de que las dos copas de vino que había tomado se me habían subido a la cabeza, me encontraba en un estado de beatitud, de euforia. En ese momento me era indiferente la dieta, la hipertensión, la depresión.  Me imaginé diciéndole a mi médico:&lt;br /&gt;-Lo siento doctor, cuando mi sangre circula a presión normal me aburro, me deprimo, necesito estar activado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras regresaba a la mesa, caí en la cuenta que ya había transcurrido más de la mitad de la comida y, entre anécdotas y chistes, aún no habíamos entrado en materia. Al acercarme observé que Blas le decía cosas a Lucía, y ésta se ponía roja. Alcancé a oír las últimas palabras antes de que intentaran cambiar de conversación.&lt;br /&gt;-Es que con una abogada como tú no me importaría estar procesado todos los días. –Lucía guardaba silencio, tímida.&lt;br /&gt;-Pues te iba a salir caro en honorarios. –Tercié, mientras me sentaba.- Y por cierto, ¿te han pagado estos dos?&lt;br /&gt;-Le pagaremos en especie, o en servicios especiales.- Saltó Blas.- Eso me recuerda que tengo una cita con un cliente y todavía no te hemos comentado el negocio que te queríamos proponer.&lt;br /&gt;-¿Ah, sí? Pues cuenta. –La anécdota del casino quedó aparcada, en un segundo plano, para terminarla en otra ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Queremos crear una empresa de seguridad, de ámbito nacional. Ya sabes que tengo contactos en la policía, y nos darían la licencia. Yo estoy cualificado para ejercer de director de seguridad y Teo puede conseguir contratos de vigilancia con algunos bancos y cadenas de supermercados, él conoce el sector.&lt;br /&gt;-¿Cuáles son los requisitos?&lt;br /&gt;-Verás, tenemos que tener un plantilla mínima de 25 vigilantes. Los primeros meses, hasta que se firmen contratos, no sé si tendríamos trabajo para todos, pero el salario base hay que pagárselo.&lt;br /&gt;-Creo que no hace falta, -intervino Lucía-, con unos precontratos sería suficiente para  conseguir la licencia. Cuando tienen que estar ya trabajando es para la primera inspección que efectúe la policía, que suele ser a los seis meses. Lo que puedes hacer, ya que tienes contactos, es que te avisen antes de la inspección, para en todo caso tenerlos contratados, haya servicios que prestar o no, esperemos que sí.&lt;br /&gt;-Ah, vale, estupendo. –continuó Blas-, pues también necesitamos una oficina adecuada, con un armero y unas medidas de seguridad para custodiar las armas de los vigilantes; hay que darles unos cursillos de formación permanente, gestionarles las prácticas de tiro para que mantengan la licencia de armas, y un largo etcétera. Por otro lado, la sociedad tiene que ser anónima, con un capital mínimo de diez millones, un seguro de responsabilidad civil, y un aval bancario de veinte millones depositado en el Ministerio del Interior. &lt;br /&gt;-Vale, y de todo eso, ¿qué es lo que os falta?&lt;br /&gt;-Hemos reunido siete millones, para eso nos metimos en lo de la deuda de mi primo.- Intervino Teo.- Nos falta el resto del dinero, y sobre todo el aval bancario…&lt;br /&gt;-Ya veo.- Me mostré un poco reticente, intenté aparentar indiferencia, pero por dentro ardía de interés. Armas, e información, dos de mis debilidades. Sobre todo información, el verdadero poder.- ¿Y qué pasaría con “Teo y Blas C.B.”? ¿Se integraría en la nueva sociedad como un departamento de investigación, o se quedaría aparte?&lt;br /&gt;-Pues no lo hemos pensado mucho. La verdad es que no queremos estar toda la vida investigando a maridos cornudos…&lt;br /&gt;-Es que no me refiero a eso, sino a tener otro tipo de investigación, comercial, industrial, ya sabéis.&lt;br /&gt;-Ah, por supuesto que sí, eso nos interesa.&lt;br /&gt;-Creo que jurídicamente habría que mantenerlo en una empresa aparte,- Intervino Lucía- podríamos transformarla en una S.L., -añadió, como si me hubiera leído el pensamiento, ya que esa era la fórmula de que yo pudiera entrar. Y me gustó ese “podríamos”, en primera persona del plural, desliz o indicio de que Lucía también estaba interesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y cuál es la propuesta que me haríais?&lt;br /&gt;-A cambio de los tres millones que nos faltan, y del aval bancario, te daríamos una participación del cuarenta por ciento.&lt;br /&gt;-No hago inversiones en porcentajes minoritarios, sólo me interesa si hay un equilibrio en el control de la sociedad. No quiero ser el convidado de piedra.&lt;br /&gt;-Vaya, tú apuestas fuerte.- Dijo Teo.- ¿Cuál es tu oferta?&lt;br /&gt;-Yo aportaría la mitad del capital social, que podemos fijarlo en ese diez mínimo, o en catorce, para tener más liquidez los primeros meses hasta que se firmen contratos. Además aporto el aval bancario sin ningún problema. A cambio…-Hice una pausa y les miré a todos uno por uno.- A cambio quiero el cincuenta por ciento de las acciones, un consejo de administración en el que estemos los tres, Blas, Teo y yo; además, si ella acepta, porque no me habéis dejado tiempo para consultárselo, Lucía sería la consejera delegada, -yo sabía que aceptaría, no era casualidad que me hubiera insistido para que acudiera al almuerzo, pero había que mantener la intriga-; Blas el director de seguridad, y Teo el jefe de personal. Y por último, eso mismo respecto de la  nueva “Teo y Blas, S.L.”, especializada en investigación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos, que quieres ser el jefe.-Protestó Blas.&lt;br /&gt;-No, yo no quiero entrometerme para nada en vuestro trabajo, no es mi estilo, la jefa sería Lucía, si es que acepta. ¿No has dicho que con una abogada como ella no te importaría estar procesado? –Le restregué sus propias palabras.&lt;br /&gt;-Qué cabrón.- Dijo Teo por lo bajo, mitad sorprendido, mitad divertido por mi audacia. Saqué la impresión de que Teo estaba de mi parte, en cambio Blas se levantó, creo que un poco molesto.&lt;br /&gt;-Me tengo que ir, -dijo- ya  seguiremos hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estrechó la mano. A Lucía le dio dos besos. Estaba convencido de que aceptarían, sobre todo porque cualquiera que les consiguiera un aval de veinte millones les iba a pedir lo mismo que yo, y encima no disfrutarían de la eficaz abogada y tímida mujer, Lucía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Bueno, y qué hacemos con el Sebas? –Me preguntó Teo cuando nos quedamos los tres solos.&lt;br /&gt;-Vosotros quiero que investiguéis a fondo con los bancos a los que les debe dinero. Quiero una relación completa, cuantía de la deuda, y sobre todo qué documentación ha presentado en cada uno de los bancos para conseguir que le concedan el crédito. Sospecho que algún dato ha debido falsear, los bancos no suelen prestar dinero alegremente. También quiero saber si la esposa, Ester, ha firmado alguno de esos créditos, o aparece su firma como avalista. Aunque me consta que tienen régimen de separación de bienes. A partir de ahí actuaré yo, soy cliente importante de algunos de esos bancos estafados. Hablaré con sus servicios jurídicos para que presenten querellas criminales contra él, necesitamos demostrar que ha habido estafa, y si además se ha cometido falsedad documental. No son delitos muy graves, pero lo suficiente para tenerle entretenido con las querellas una larga temporada, y tal vez unas vacaciones a la sombra, para reponerse de tanto sol de Ibiza. -Teo soltó una carcajada, la idea le pareció estupenda. Nos quedamos unos segundos en silencio. Y de paso que deje en paz a Ester, pensé, atendiendo al pedido de ésta. Luego, una vez que esté en la cárcel, aunque sea por poco tiempo, ya veremos la manera de acabar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por cierto, volviendo a lo anterior, ¿Habéis pensado qué nombre ponerle a la empresa de seguridad? –Teo se quedó callado.&lt;br /&gt;-Pues no.&lt;br /&gt;-¿Qué os parece  un nombre clásico de resonancia heróica, como por ejemplo Bizancio, Siracusa, Esparta? –Propuso Lucía.&lt;br /&gt;-Esparta, ese me gusta. -Dijo Teo.&lt;br /&gt;-Perfecto, -añadí- así puedes decirle a los clientes: “tranquilo, está usted protegido por Esparta”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6456324627122295315?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6456324627122295315/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6456324627122295315&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6456324627122295315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6456324627122295315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/11/el-tuerto-85-esparta-sa.html' title='El tuerto. 85: Esparta, S.A.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-7105697491416878845</id><published>2008-11-08T18:58:00.001+01:00</published><updated>2008-11-08T19:02:18.738+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 84: Los detectives silvestres.</title><content type='html'>Ester me dejó allí sentado, preguntándome quién había manipulado a quién; si toda la conversación no habría sido una estrategia para hacer que yo mismo me convenciera de lo inútil de mi postura y viera las ventajas de aceptar el acuerdo, liquidar el fideicomiso y finiquitar así ese parentesco que Don Fede nos había impuesto post mortem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me quedé dudando qué haría con el tal Sebastián. Lucía, la abogada, ya me estaba representando como acusación particular contra él. En la duda opté por algo que ya se estaba convirtiendo en rutinario: contratar un detective para investigar y vigilar al Sebas. Si encontraba una oportunidad,  tal vez le aplastaría de forma legal, y si no ya veríamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la cafetería. “No voy a hacer nada más, no tengo fuerzas, necesito descansar, esperaré”. La dieta, la hipertensión, la depresión, qué se yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, no fue posible descansar mucho tiempo. Si yo no buscaba los negocios, parecía que los negocios me buscaban a mí.&lt;br /&gt;El encargo al detective se lo encomendé a Lucía. No tenía ganas ni de ocuparme de eso. Ella escogió una agencia de una oscura oficina de la calle Gran Vía de Madrid. “Teo y Blas C.B.”, así se llamaba la agencia, en atención a los dos  socios y únicos detectives que componían la plantilla. Teo era un antiguo vigilante jurado de un banco, que a base de cursillos se había reconvertido a labores de investigación hasta conseguir el título. Poca cultura, mediana inteligencia, pero mucha constancia, tesón, y fortaleza. Era de un pueblo de Toledo y tenía a gala sus orígenes campesinos. De vez en cuando hacía ostentación de rusticidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro, Blas, era un ex policía, expulsado del cuerpo debido a razones que nunca conseguimos averiguar con detalle. Unas veces daba a entender que fue por saltarse procedimientos y utilizar métodos expeditivos con los delincuentes.  Otras dejaba entrever la sombra de la corrupción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un primer momento le hicieron varias vigilancias y seguimientos para saber a qué se dedicaba en la actualidad. En pocos días el Sebas asistió a fiestas, conciertos, discotecas y restaurantes. A pesar de lo cual parece que se aburría, ya que al cabo de una semana se marchó con destino a Ibiza, que era su principal residencia. Al mismo tiempo investigaron su situación financiera y fiscal. Accedieron, a través de un hacker, a la base de datos de la seguridad social, con el resultado de que en toda su vida sólo había cotizado 45 días, en su juventud, un exceso que no volvió a repetir. En Hacienda tampoco tenían noticias de su existencia. En compensación, los bancos sí que le conocían sobradamente, como cliente moroso que había obtenido múltiples créditos en distintas sucursales, ninguno de los cuales había satisfecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacemos, nos desplazamos a Ibiza para seguirle los pasos, o lo dejamos en este punto? –Le preguntó Teo a Lucía, al entregarle el informe preliminar.- La verdad,  les va a salir caro, y si lo que buscan es cobrarle alguna deuda me parece que lo tienen ustedes muy negro. Aunque hay otros métodos…-Insinuó.&lt;br /&gt;-No, no se trata de ninguna deuda. Lo que desea mi cliente es información de este sujeto, para ver cuál es su punto débil.&lt;br /&gt;-¿Su punto débil para qué?&lt;br /&gt;-No lo sabemos aún, eso lo decidirá mi cliente.&lt;br /&gt;-Si su cliente quiere darle un escarmiento, le podemos pegar una buena paliza…Y a propósito de palizas, aprovechando que es usted abogada, le quería comentar que mi socio y yo tenemos un juicio de faltas dentro de poco.&lt;br /&gt;-¿Tiene aquí la citación? –Teo se la entregó.- Ya sabe usted, además aquí se lo pone, que no es necesario acudir con abogado… &lt;br /&gt;-Ya, pero a Blas y a mí nos gustaría llevar una buena defensa, ya me entiende.&lt;br /&gt;-Bueno, veo que es por una falta de lesiones y amenazas. Antes de aceptar  el caso tendría que consultarlo con mi cliente, ya que tengo un contrato en exclusiva con él, para sus muchos asuntos, y es en realidad mi jefe. Pero podría contarme de qué se trata y así mientras lo voy pensando.&lt;br /&gt;-Pues mi primo  traspasó un restaurante que tenía, a este tipo, el que nos ha denunciado. El precio del traspaso eran diez millones, le pagó tres en efectivo, y los otros siete en letras de cambio. Y bueno, de esas letras no le ha pagado ninguna, todas han sido devueltas por el banco.&lt;br /&gt;-¿Y qué hicieron ustedes?&lt;br /&gt;-Pues le compramos las letras de cambio a mi primo, por el cuarenta por ciento.&lt;br /&gt;-¿Le compraron la deuda?&lt;br /&gt;-Sí, en realidad fue mi primo el que me lo propuso con mucha insistencia, estaba apurado de dinero. Así que Blas y yo pedimos un crédito al banco y se la compramos.&lt;br /&gt;-¿Y después?&lt;br /&gt;-Intentamos cobrarle, claro. Primero por las buenas, haciéndole visitas para recordarle su deuda. Unas veces nos daba veinte mil pesetas, otros días quince mil, lo que tenía en la caja en ese momento. Últimamente casi nunca nos daba nada, solía tener la caja vacía. Nos dimos cuenta que a ese paso no íbamos a terminar de cobrar en la vida, nos estaba tomando el pelo. Así que una noche que estábamos cabreados mi socio y yo, nos habíamos tomados unas copas, y fuimos a por él a su restaurante. Le dimos una buena somanta de hostias, y le dijimos que si no nos pagaba en veinticuatro horas le íbamos a matar.  Al día siguiente el tipo estaba asustado y nos pagó todo lo que debía, la verdad, no sé de dónde sacaría el dinero, nos quedamos asombrados. Sin embargo, después se ha debido de arrepentir, o se le ha pasado el miedo, o alguien le ha aconsejado, porque el caso es que nos ha denunciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso fue lo que me contó Lucía, preguntándome si me parecía bien que les defendiera.&lt;br /&gt;-¿Por qué no? Un simple juicio de faltas no te va a robar mucho tiempo…&lt;br /&gt;-Claro que no, y siempre viene bien tener unos clientes que a la vez son nuestros detectives.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía realizó una defensa eficaz, basándose en que el denunciante no había acudido de inmediato al centro médico, sino varios días después de los supuestos hechos, por lo que el informe de las lesiones no podía considerarse probatorio. Anulado este documento como prueba, lo único que había era la versión contradictoria entre el denunciante y los denunciados. Se acreditaba además que había un conflicto de intereses entre ambas partes, debido a los impagados, que cuestionaba la veracidad del denunciante. Los detectives fueron absueltos. Para celebrarlo, invitaron a Lucía a una comida. Esta les preguntó si podía acudir acompañada por su cliente, o sea yo, dado que había percibido la posibilidad de establecer una colaboración más estrecha, incluso permanente, entre nosotros, yo como cliente habitual, ellos como detectives. Teo Y Blas aceptaron encantados, de hecho les picaba la curiosidad por conocerme. Lucía casi me arrastró a esa comida, yo me resistía, instalado en mi pereza, en mi apatía. O tal vez quería saber hasta dónde llegaba su interés por incluirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que de esa comida puede salir algo interesante…Si tú estás. –Dijo Lucía.&lt;br /&gt;-No sé a qué te refieres.&lt;br /&gt;-Pues que si voy yo sola intentarán vacilar un poquito conmigo, ni siquiera ligarme, y eso será todo, no se hablará de nada más, aquí paz y después gloria.&lt;br /&gt;-¿Y si voy qué puede pasar? Que no intentarán ligarte. Ya entiendo, quieres que te proteja de sus galanterías, eso es que temes no resistir…-Intenté bromear, pero me cortó. Sin embargo, vi para mi sorpresa que se había ruborizado, lo que me llevó a considerar que de algún modo había dado en el blanco.&lt;br /&gt;-Mira jefe, a ti te interesa esto de los detectives, te encanta, lo sé. Tal vez no ocurra nada, pero no puedes perder la oportunidad de conocer a estos dos personajes, créeme, son atípicos.&lt;br /&gt;-Está bien, tú ganas. –Creo que eso fue lo que me convenció, que mi abogada los calificara de atípicos. Sinceramente fui con la intención de divertirme un poco, al menos distraerme de mis obsesiones.&lt;br /&gt;Lo primero que me llamó la atención, nada más verlos, era la aparente total disparidad entre ellos. Teo iba vestido como él era, rústico, un pantalón vaquero, una camisa y un jersey gastado  algo arrugado. De estatura media, fuerte, robusto, y una incipiente barriga. Por el contrario, Blas Cuerda, así se me presentó mientras me estrechaba la mano, era guapo como un actor americano a punto de recibir el oscar. Alto,  de más de un metro noventa, esbelto, ataviado con un elegante traje de Armani, perfumado, estirado. Al punto comprendí aquel rubor de Lucía, y el hecho de que apenas me hubiera contado de Blas. Los silencios y las omisiones también son significativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos hablaban mucho, sobre todo Teo, y al mismo tiempo atacaban el jamón de bellota, la cecina, los pimientos. Era un almuerzo rústico, al estilo de Teo, pero muy sustancioso. Yo mismo comencé picando lentamente, probando una pizca de cada plato, y terminé cogiéndole el gustillo, olvidando mi dieta, mi salud y mi apatía.  Escuchaba con interés y de vez en cuando hacía preguntas. Me contaban sus aventuras como investigadores. Enseguida me di cuenta que  disfrutaban de su trabajo. Para ellos representaba la libertad casi total. Intuí cuál era el punto de encuentro entre un vigilante de banco que a fuerza de voluntad había conseguido el título de investigador, y un policía cuyos gustos y maneras difícilmente podían casar con la burocracia de los cuerpos de seguridad del estado. Teo era el encargado de las tareas de paciente vigilancia y seguimiento. Blas en cambio asumía los encargos más difíciles, arriesgados incluso, que requerían su inventiva, su capacidad para el disfraz, el engaño, para sonsacar la verdad a través de la mentira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Acabo de terminar un caso que me ha divertido mucho.- Se arrancó Blas, mediado ya el almuerzo.- En un casino llevaban tiempo sospechando que alguno de los empleados estaba robando parte del dinero. Simplemente los ingresos no se correspondían con el número de clientes que entraban. No sabían quién, ni cómo lo conseguía, pero alguien robaba. Colocamos cámaras  ocultas de filmación, sin embargo el estudio de las grabaciones no proporcionó ninguna pista. Todos los movimientos y gestos de empleados y clientes eran aparentemente normales. Intentaron, por consejo mío, aprobar una norma que permitiera los registros a los empleados, pero el comité sindical se negó,  amenazando con ir a los tribunales, porque atentaba contra la dignidad del trabajador. Así que sólo quedaba un camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espera un momento,  tengo que ir al baño, -le interrumpí a mi pesar, pero tanta agua que bebía últimamente, por orden de mi dietista, me obligaba a hacer constantes excursiones a los inodoros, que por cierto la mayoría no hacen honor a su nombre-  no cuentes nada hasta que regrese, no quiero perderme ningún detalle.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-7105697491416878845?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/7105697491416878845/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=7105697491416878845&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7105697491416878845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7105697491416878845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/11/el-tuerto-84-los-detectives-silvestres.html' title='El tuerto. 84: Los detectives silvestres.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2285570971024621236</id><published>2008-10-30T17:52:00.003+01:00</published><updated>2008-10-30T17:57:59.436+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 83: Carta blanca</title><content type='html'>Me citó en el Irish Tavern del paseo de la castellana, a las cinco de la tarde. Yo me desplacé en taxi, últimamente ni siquiera tenía ganas de conducir, me daba pereza. Tampoco quería llevar a Moon de chofer, para que fuera testigo de mis andanzas. Y menos aún andar buscando el taxi por la calle, así que normalmente lo pedía por el teléfono celular, que últimamente se había convertido en mi herramienta imprescindible para todo, y estaba a punto de igualarse en importancia y afecto a la navaja que siempre llevaba conmigo, unas veces en el bolsillo y otras en el calcetín, dependiendo de las circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó puntual, cosa que me satisfizo, no me gusta la informalidad, y menos aún la gente que en la primera cita llega tarde, me parece un muy mal comienzo, sea cual sea la índole del encuentro. Yo acababa de pedir mi zumo de naranja. Me saludó con un familiar beso en la mejilla, rechazando la mano que yo le tendía, cortés pero prudente.&lt;br /&gt;-Hola, Ester. ¿Qué quieres tomar?&lt;br /&gt;-Un Chivas con hielo. Pero lo primero que quiero es saber cómo estás, y pedirte perdón por lo del juzgado.&lt;br /&gt;-Pues estoy bien, gracias. Y tú no tienes la culpa del comportamiento de otros, aunque sea tu esposo.&lt;br /&gt;-No debí dejar que Sebastián me acompañara, en realidad hay tantas cosa que no debí dejar que sucedieran…Pero no importa, ya pronto va a dejar de ser mi esposo, he pedido el divorcio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento le sirvieron el Chivas, lo cual me ahorró tener que decir algo, porque en realidad no sabía qué decir. Guardamos silencio mientras ella paladeaba su whisky, dio varios tragos hasta tomar más de la mitad de la consumición. Sólo se me ocurría decir aquello de “todos cometemos errores, lo que importa es aprender a no repetirlos”, pero me sonó una tontería, preferí callar. En su lugar opté por un toque de humor, que tampoco sé si fue de muy buen gusto, pero lo dije.&lt;br /&gt;-Veo que en el aprecio por el whisky sí que te pareces a tu padre. –Por un instante le cambió la expresión, me arrepentí de haberlo dicho. Pero luego recuperó la compostura y decidió tomárselo a broma.&lt;br /&gt;-Sí, es cierto.- Sonrió.- Y también en la capacidad para conocer a las personas. En cambio nunca coincidimos en el afán por el dinero.&lt;br /&gt;-Comprendo.- Yo también sonreí, me estaba devolviendo el golpe, lo cual interpreté como una buena señal, un signo de que nos estábamos entendiendo. Ester apuró su whisky e hizo un gesto al camarero de que le sirviera otro. Yo aproveché para pedir un segundo zumo, éste de melocotón, para que no me diera tanta acidez en el estómago. A estas alturas yo ni siquiera me preguntaba qué era lo que pretendía de mí. La calma con la que se lo tomaba todo, su aparente indiferencia, se me había contagiado. Yo tampoco tenía ninguna prisa por ir al grano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sabes que me he retirado de la impugnación del testamento.&lt;br /&gt;-Sí, me lo dijo el albacea.&lt;br /&gt;-Os dejo a mi hermanita y a ti para que os peleéis.&lt;br /&gt;-Gracias.&lt;br /&gt;-No me des las gracias, no te arriendo la ganancia. En realidad me ha costado mucho entender todo esto…Entenderte a ti. –Noté que se estaba acercando a una zona caliente de la conversación. Tomó un largo trago de su segundo whisky, se demoró unos instantes contemplándome con una media sonrisa, mitad burlona, mitad cómplice. Yo me puse un poco tenso, la verdad, intuí que se avecinaba una revelación, algo importante. Por primera vez en mucho tiempo eché de menos mis pastillas tranquilizantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuántos años tienes? –Caray, era la segunda vez en poco tiempo que me hacían la misma pregunta.&lt;br /&gt;-Voy a cumplir veinticinco. –Le dije, como al enfermero, la edad que figura en mi pasaporte falso y en mi tarjeta de residencia. En realidad tengo uno más, voy a cumplir veintiséis, pero eso únicamente yo lo sé, ni siquiera Rosita. No por nada, sino para no crear confusiones inútiles. Al fin y al cabo, ¿Qué importa un año más o menos? La historia del pasaporte nunca llegué a conocerla del todo, pienso que utilizaron los datos y el pasaporte auténtico de alguien, y cambiaron sólo la foto y la huella, por eso la discordancia en la fecha de nacimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desde el primer momento me pregunté qué pudo ver mi padre en ti para nombrarte su fideicomisario. En realidad, querido Peter, merced a ese testamento, ahora somos prácticamente parientes…De por vida.&lt;br /&gt;-Creo que mi edad fue un factor que tuvo en cuenta, se supone que…&lt;br /&gt;-Perdona, -me interrumpió en mi evasiva- pero no creo que fuera eso, no te eligió por tu edad, sino a pesar de ella. Te voy a ser sincera. –Hizo una pausa, que aprovechó para ingerir más whisky-. Hace unos meses contraté un detective para que te investigara. –Y al ver mi sorpresa intentó calmarme-. Tranquilo, no tengo ninguna intención de ir contra ti.&lt;br /&gt;-Tampoco creo que pudieras hacer nada, Ester, simplemente confieso que me has sorprendido.- Esto último era cierto. Vaya, me dije, la última persona de quien hubiera imaginado esa estrategia. Yo poniendo detectives a unos y otros, atesorando dossieres, y resulta que la indolente Ester, la mujer instalada en un sueño de juventud, la niña mimada de su papá, que succionaba el whisky como si fuera biberón, había tenido la misma idea. Nunca subestimes al enemigo, menos aún si es enemiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira, Peter, la diferencia entre mi hermana y yo, y lo aplico a mi cuñado y a Sebastián, es que a ellos les gusta creerse sus propias mentiras. Se inventan una teoría para culpar a los demás de sus contrariedades y terminan por convencerse de ella. En cambio a mi no, a mi me gusta saber la realidad. – El camarero le llenó el vaso por tercera vez y dejó la botella en la mesa.&lt;br /&gt;-¿Y cuál es tu conclusión? -Adopté un tono desenfadado, volvimos a relajarnos.&lt;br /&gt;-Lo primero que intuía es que si tú tenías negocios con mi padre, entonces te tiene que gustar mucho el dinero, hasta el punto de no reparar en medios ni en métodos para conseguirlo.&lt;br /&gt;-¿Conocías mucho a tu padre en ese aspecto? –Quise desviar un poco la conversación. La verdad es que no me estaba gustando descubrir que alguien pudiera conocerme más de lo conveniente, sobre todo alguien a quien apenas había visto un par de veces y aquella era nuestra primera conversación.&lt;br /&gt;-Mira, si he averiguado de ti, te puedes imaginar que de mi padre lo sé casi todo. Si te refieres a sus negocios sucios, vuestros negocios sucios –subrayó la palabra vuestros- si, los conozco, y no me interesan. Ni te preocupes, no pienso remover nada de eso. Pero a lo que iba, que me estás apartando del tema. Además de vuestra común ansia por el dinero, mi padre vio algo más en ti, algo que le inspiró seguridad, hasta el punto de confiarte nuestro futuro. Si, eres valiente, de eso no hay duda, y no te ibas a amedrentar por presiones ni amenazas. Pero la verdad es que la última oferta que se te hizo a través de tu abogada era muy generosa. ¿Por qué la rechazaste? Si sólo te interesase el dinero no tenía sentido, era mucho más práctico para ti coger tu parte y liquidar el fideicomiso, que no tener una mera propiedad futura que no te da más que gastos y dolor de cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dolor de nariz, para ser más exactos.- Bromeé de nuevo. Ester se rió, esta vez de buena gana. Pero tampoco así logré apartarla de su idea.&lt;br /&gt;-Bueno, ya que no me respondes tú, lo haré yo por ti. Lo que mi padre percibió es que a ti, por encima de todo, lo que te gusta es hacer lo que te da la gana, o sea, tu santa voluntad.&lt;br /&gt;-No lo había pensado en esos términos.&lt;br /&gt;-Mi padre te consultó su idea antes de nombrarte, ¿no?&lt;br /&gt;-Claro.&lt;br /&gt;-Te convenció, ¿verdad?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Pues ahí lo tienes. Mi padre sabía que una vez que te hubiera convencido, que hubiera logrado que te gustara la idea, ya nada ni nadie te apartaría de ella, ni siquiera una oferta económica ventajosa, y mucho menos presiones o amenazas.&lt;br /&gt;-Ya. –Dije escuetamente. No me gustaba nada el giro de la conversación. Ester parecía descubrir facetas de mi de las que yo mismo no era consciente.&lt;br /&gt;Me quedé pensativo algunos instantes. Ella guardó silencio, como para dejarme que asimilara todas las implicaciones, y se sirvió nuevamente de la botella. Volví a preguntarme qué era lo que pretendía. Esta vez formulé la cuestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué pretendes, que yo mismo me convenza de que he sido manipulado por tu difunto padre, y cambie de opinión y os libere del fideicomiso? Muy sutil…&lt;br /&gt;-Pues créeme que si la idea se me hubiera ocurrido antes de saber lo que sé de ti, lo hubiera intentado.&lt;br /&gt;-¿Ah, si, y ahora ya no?&lt;br /&gt;-Ahora sé que mi padre tenía razón. –Hizo otra pausa para beber un poco más; a estas alturas lo que me sorprendía era su resistencia al alcohol.- Tú tienes veinticuatro años, yo tengo cuarenta, pero tú has vivido el doble que yo. Conozco los negocios de joyas que hiciste con mi padre, sí, he hablado con algunos antiguos empleados, con su secretaria. Algo sé también del fraude fiscal que os traíais entre manos. Y por supuesto que se de tus actividades inmobiliarias. Tú pista se me pierde en Londres, no sé a qué te dedicabas antes de aterrizar en las Canarias…¿Por dónde iba? –Vaya, por fin se le empezaban a notar los efectos del whisky.&lt;br /&gt;-Que tu padre tenía razón.&lt;br /&gt;-Ah, sí. Mi padre nos educó para ser unas princesas. Esa fue su equivocación, nos protegió demasiado de un mundo duro y cruel. Cuando llegó la hora de la verdad, descubrió que no había príncipes para nosotras. Que ya no quedan príncipes en esta época que nos ha tocado vivir…Mira, a mi me gusta la vida contemplativa. A tu edad yo estaba en Katmandú, practicando el budismo, el amor libre y viviendo paraísos artificiales. –Ahora sí, por fin se le había subido todo el whisky a la cabeza, su voz se arrastraba, le costaba mover la lengua, su relato se hacía más lento, más delirante. Yo guardaba silencio, que hablara ella, que se descubriera.- A mi no me importa el dinero, -continuó- mientras no me falte. No quiero grandes lujos. Dentro de unos días me marcho a Irlanda, con una amiga.&lt;br /&gt;-Encontrarás buen whisky.&lt;br /&gt;-Ja, ja. Ya sé que me desprecias, pero no te lo reprocho. En el fondo me envidias, algún día lo descubrirás. Mientras tanto, lo que te quería decir, la conclusión de todo, es que me interesa que te quedes con el fideicomiso. Recibir todos los meses una renta y no preocuparme de nada.&lt;br /&gt;-¿Entonces qué quieres que haga con…Sebastián?&lt;br /&gt;-Haz lo que tengas que hacer, me da igual. Cuando me canse de estar en Irlanda, de beber buen Whisky como dices, me iré una temporadita a la India, a purificarme. ¿Sabes? En el fondo tú y yo tenemos algo en común.&lt;br /&gt;-¿Si?&lt;br /&gt;-Si, los dos despreciamos este sistema de valores. Tú lo demuestras delinquiendo, y yo marchándome a la India, a buscar otras ideas, otras formas de vida.&lt;br /&gt;-No se me había ocurrido.&lt;br /&gt;-Algún día tal vez quieras viajar a la India.&lt;br /&gt;-Tal vez.&lt;br /&gt;-Bueno, me marcho. Ya sabes, ocúpate de todo. -Me dio dos besos de despedida.- Ah, paga tú la cuenta, apúntaselo al fideicomiso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me dejó allí sentado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2285570971024621236?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2285570971024621236/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2285570971024621236&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2285570971024621236'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2285570971024621236'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-83-carta-blanca.html' title='El tuerto. 83: Carta blanca'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6556297157708644868</id><published>2008-10-25T12:34:00.001+02:00</published><updated>2008-10-25T12:35:52.996+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 82: Sensación de marioneta.</title><content type='html'>Tumbado en la ambulancia iba todavía recreándome en la escena final de mi salida. Mientras el enfermero me tomaba la tensión, en mi cabeza se habían quedado grabados los rostros de todos los intervinientes. La mirada de preocupación de Ester, la cara de solicitud de Lucía, la expresión dura del juez. A quien no vi por ninguna parte fue a Josefina, la hermana de Ester, seguramente aprovechó la confusión para ir al servicio a empolvarse la nariz, estos barullos de verduleras no le interesarían lo más mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué edad tiene usted?&lt;br /&gt;-Veinticuatro.&lt;br /&gt;-Pues tiene usted la tensión demasiado alta, 10 y media, dieciséis. Es un poco raro a su edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maldita sea, pensé, no tenía que haberme dejado llevar al hospital. Nunca vayas al médico, me decía un viejo conocido, seguro que te encuentran algo. Se me ocurrió la idea de escaparme, pero ya era tarde, la ambulancia estaba entrando en el túnel de acceso a urgencias. Me sentaron en una silla de ruedas.&lt;br /&gt;-No es para tanto- dije- un simple puñetazo en la nariz. &lt;br /&gt;-Son las normas, por si acaso se vuelve a desmayar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasearon por distintas salas y cuartos, en una me sacaron sangre,  me pesaron y midieron, en otra me hicieron una radiografía de la nariz, por si tenía algo roto, y en la última un electrocardiograma. Por último, me hicieron esperar un rato en una consulta, hasta que apareció un doctor de mediana edad, muy cordial, campechano, y charlatán.&lt;br /&gt;-Hola, Peter, soy el doctor Galio ¿cómo te encuentras?&lt;br /&gt;-Bien, doctor, ¿y usted?&lt;br /&gt;-Muy cansado de tener que atender a lesionados, agredidos, y gente que no se cuida, como tú. Vamos a ver, tienes la tensión muy alta para tu edad, estás bajo de peso y masa muscular, y encima tienes el colesterol alto.&lt;br /&gt;-Vamos, que estoy hecho una piltrafa.- Concluí, entristecido.&lt;br /&gt;-Bueno, te vamos a poner una dieta y volverás dentro de un mes, a la consulta de tu médico de cabecera, con éste informe. Si no has mejorado tendrás que tomar medicación.&lt;br /&gt;-¿Medicación? Si yo me encuentro bien.&lt;br /&gt;- Pues muy sencillo, si no te cuidas, dentro de algunos años puedes tener un derrame cerebral, y morirte…O perder el otro ojo y quedarte ciego, ¿es eso lo que quieres?&lt;br /&gt;-No, claro.&lt;br /&gt;-¿Tomas frutas y verduras?&lt;br /&gt;-Muy poco.&lt;br /&gt;-¿Ensaladas?&lt;br /&gt;-Eh, no.&lt;br /&gt;-¿Pescado?...¿Pero tú qué es lo que comes?&lt;br /&gt;-Sandwiches de jamón y queso.&lt;br /&gt;-¿Haces deporte?&lt;br /&gt;-Muy poco. –Sólo lanzamiento de cuchillo de vez en cuando, pensé.&lt;br /&gt;-Pues tendrás que caminar todos los días una hora, y hacer todo el ejercicio que puedas…Incluido féminas. Alimentarte bien, nada de sal, ni de alcohol, ni  café, ni  grasas.¿fumas?&lt;br /&gt;-No, doctor. –Contesté abatido.&lt;br /&gt;-Menos mal. Una cosa que haces correctamente. Y levanta ese ánimo, muchacho, esto es sólo un aviso, para que cambies de vida. Pero un aviso serio. Ya te puedes ir, y espero no verte más, salvo que nos encontremos en un bar, yo tomando una cerveza y tú un zumo, ah, nada de coca-cola. Venga, lárgate, que tengo mucho trabajo.&lt;br /&gt;-Adiós, doctor. –Me despedí dócilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me lo podía creer. Toda la diversión, el regocijo, la pantomima, todo eso había desaparecido; en su lugar el desánimo y la autocompasión  se habían enseñoreado de mi. Lucía me estaba esperando, solícita. Me preguntó si necesitaba algo. Sólo quería irme a casa y tumbarme, no hacer nada, intentar asimilar lo que me había pasado y lo que significaba. En cuanto me vio entrar por la puerta Rosita se percató de mi rostro cariacontecido.&lt;br /&gt;-¿Qué ha pasado?&lt;br /&gt;-Nada, que estoy lleno de achaques de viejo. –Y le expliqué todo.&lt;br /&gt;-Entonces no querrás la pizza. ¿Te preparo una ensalada de lechuga y tomate?&lt;br /&gt;-El médico no me ha dicho nada de pizza.&lt;br /&gt;-Ya, pero eso se deduce, tienes colesterol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tuve que resignar a esa nueva vida insípida. Caminar me aburría, nunca me gustó el ejercicio físico. Me desentendí de la rutina de los negocios. ¿Para qué preocuparme, para qué tanto afán? Lo delegué todo. En Jesús, en los toscos, en Lucía, en Rosa. Yo me limitaba a hablar por teléfono con unos y con otros –excepto Rosa, claro, con quien vivía-, darles algunas instrucciones, y a veces enviar a Charlie de un lugar a otro. Por aquel entonces ya comenzaron a comercializarse los teléfonos celulares, así que me compré un aparato y daba mis paseos mientras hablaba. Al cabo de un mes volví al médico. Algo había mejorado, muy poco.&lt;br /&gt;-Tendrá que continuar con el mismo programa. Me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Definitivamente dejé de tomar tranquilizantes, ya no los necesitaba, estaba muy tranquilo, demasiado. ¿Para qué?, me preguntaba una y otra vez. ¿Qué sentido tiene todo esto? Dormía lo que nunca, ocho y diez horas diarias, incluso me entraba sueño después de comer y me tumbaba la siesta. Leía novelas todo el día, horas y horas. Me dio por la novela sudamericana, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Mújica Láinez, y un largo etcétera. Todo lo que me transportara a otro mundo, otro ambiente, otros problemas que fueran bien distintos a los míos. Leía por puro placer de evadirme, sin intentar razonar ni extraer nada. Aunque a la larga supongo que todos esos sentimientos, esas ideas de los personajes fueron calando poco a poco dentro de mi, creando un caldo de cultivo que me permitió tener otra visión de la realidad. Tomé conciencia de hasta qué punto yo había sido un personaje más, una marioneta en manos del destino. Acabé pensando que el tipo me había hecho un gran favor al darme aquel puñetazo, esa cadena de causas y efectos me había conducido a cambiar de vida, a pararme a pensar, a no dejarme llevar ciegamente –y nunca mejor dicho- por un camino que me abocaba de forma inexorable al desastre. Decidí que tenía que tomar las riendas de mi propio destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas estaba cuando recibí una llamada del albacea de Federico. Me comunicaba que Ester se había retirado de la impugnación del testamento, y solicitaba una entrevista personal conmigo, ella y yo, sin abogados; me preguntaba si podía darle mi teléfono para que nosotros mismos fijáramos el encuentro. Lo pensé unos instantes, si se hubiera tratado de una reunión con abogados, para seguir discutiendo y negociando, hubiera escurrido el bulto enviando a Lucía para lidiar. Pero aquello daba la impresión de tratarse de algo más personal, distinto de la rutina.&lt;br /&gt;-De acuerdo, dele mi número de celular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperaba la llamada, que tardó varios días en producirse, hacía cábalas sobre cuál sería su objetivo. Desconfía, me dije. Seguramente, ya que se ha apartado de la impugnación, me sugerirá que yo a mi vez retire la denuncia contra su marido. Vale, estoy dispuesto a hacerlo, se librará de pagar por mis lesiones, pero aún así le quedará la acusación por resistencia a la autoridad, y esa esta en manos del fiscal. Además, todavía está la otra hermanita, Josefina, tendrá que proponerme alguna táctica para hacerla regresar al redil de la cordura. Todo eso, y más, pensaba mientras se demoraba la llamada de Ester.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6556297157708644868?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6556297157708644868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6556297157708644868&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6556297157708644868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6556297157708644868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-82-sensacin-de-marioneta.html' title='El tuerto. 82: Sensación de marioneta.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-9175744318226864526</id><published>2008-10-19T13:38:00.001+02:00</published><updated>2008-10-19T13:39:24.883+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 81: Confesión judicial.</title><content type='html'>-El juez te ha citado a prestar confesión judicial bajo juramento indecisorio.- Me espetó Lucía, la abogada que me lleva todos los asuntos del difunto Federico.&lt;br /&gt;-¿Quee? –En un primer momento me sobresalté. Tenía tantas cosas en la cabeza últimamente que no sabía de lo que me estaba hablando.&lt;br /&gt;-Tranquilo, no tiene importancia, es sobre la impugnación del testamento, un simple trámite. –Y me puso al corriente de las últimas incidencias de ese procedimiento. Las hijas de Don Fede, instigadas por su abogada, Carmen, habían impugnado el testamento de su padre en lo que me nombraba fideicomisario y por tanto les impedía disponer de los bienes de la herencia, que pasarían a mi dominio cuando ellas fallecieran. Sus argumentos eran un tanto peregrinos y en absoluto me habían inquietado. Insinuaban de forma vaga que Don Fede no estaba en pleno uso de sus facultades cuando me nombró a mí, incluso en estado de embriaguez. Aludían a que ese último testamento había sido redactado poco antes de fallecer, cuando ya su estado de salud era muy delicado. Y sobre todo cargaban las tintas en mi condición de completo desconocido para el entorno familiar, aderezándolo con toda clase de conjeturas sobre amenazas o presiones que yo habría ejercido sobre el difunto para obligarle a modificar su última voluntad. Pero nada de lo que decían tenía ni el más mínimo sustento probatorio. Para empezar, pasaban por alto un hecho fundamental, y es que el Notario había autorizado el testamento, lo cual nunca hubiera hecho de haber albergado la más mínima duda sobre su sano juicio. ¿Le estaban llamando imbécil? Más aún, era el notario que habitualmente protocolizaba todos los documentos y escrituras de Don Fede, luego le conocía bien. La demanda   era en realidad -como me dijo Lucía y yo mismo así lo pensaba- temeraria, una jugada desesperada, y una manipulación descarada por parte de la abogada contraria para alimentar vanas ilusiones de sus clientas y de paso cobrar jugosos honorarios. Pretendieron llamar a declarar al notario,  pero el juez les pidió previamente informes médicos o psiquiátricos que justificasen su petición. Como no los tenían, el juez les rechazó esa prueba. Así las cosas, lo único que les quedaba era llamarme a mí a declarar, para ver si yo de pura estupidez reconocía alguna de sus disparatadas alegaciones. Y el juez les admitió la prueba porque a esta sí que tenían derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero no te preocupes. –Añadió.-  No les va a servir para nada. Basta con que te limites a negar lo que te planteen. Ellos tienen derecho a llamarte, y tú tienes derecho a contestar simplemente que no a todo.&lt;br /&gt;-Pues si no va a servir para nada, ¿por qué la acepta el juez?&lt;br /&gt;-Para cubrirse las espaldas ante una futura apelación. No quiere que la audiencia le mande repetir el juicio por haber denegado indebidamente una prueba.&lt;br /&gt;-O sea, para guardar las apariencias.&lt;br /&gt;-Exactamente. Y no te olvides que estás en un procedimiento civil, no penal, así que tranquilo. –En realidad yo estaba tranquilo, mis preguntas eran más que nada para confirmar lo que imaginaba, y también para valorar el grado de conocimiento de mi abogada.&lt;br /&gt;-¿Y lo de juramento indecisorio?&lt;br /&gt;-Que tus respuestas sólo se considerarán probatorias en aquello que te perjudique a ti.&lt;br /&gt;-Ah, me parece muy justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juzgado estaba en la Plaza de Castilla, en un edificio nuevo colindante al de los juzgados penales. En el control de acceso me pasaron por el detector de metales, nada encontraron porque yo en previsión ya había dejado mi habitual navaja en la guantera del coche. Me había vestido para el evento con un traje nuevo y una reluciente corbata, quería causar buena impresión en sede judicial. Rosa no podía acompañarme, porque tenía que dar sus clases, pero había insistido en que lo hiciera Moon. Yo rehusé porque el aspecto de Moon era demasiado matonil, y no quería dar imagen de mafioso. Así que sólo estábamos mi abogada y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la otra parte, en cambio, además de la abogada peleona   estaban las dos hijas de Don Fede, Josefina y Ester, y el que deduje era marido de esta última. Josefina se había vuelto a teñir el pelo, ahora iba de morena clara, e igual de elegante que siempre, con su traje de falda y chaqueta. A su marido no se le veía por ninguna parte, era el más inteligente de todos nosotros y no había querido perder el tiempo. Ester seguía vistiendo pantalones vaqueros, pero había cambiado la camiseta por una elegante blusa de seda, y la cazadora por una chaqueta con hombreras, supongo que también quería causar buena impresión al juez. El marido de Ester, vaya pinta de pijo trasnochado y venido a menos. Con el pelito engominado, pantalones de pinzas, polo y americana. La tez curtida por el sol de la playa, el viento del mar, o tal vez de esquiar. Tenía cara de haber llevado buena vida. Confieso que se cruzaron nuestras miradas y se me escapó una sonrisa  burlona, lo cual le hizo fruncir el ceño. Al entrar en la sala y pasar a su lado me susurró entre dientes.&lt;br /&gt;-Ten cuidado con lo que dices que te vamos a arruinar la vida. -Ostras, me sorprendió su atrevimiento. Me paré en seco y le miré de arriba abajo. Me quedé dudando unos segundos si responderle allí mismo o hacerlo más tarde. Entonces Lucía tiró de mi brazo y me condujo delante del juez. Yo me dejé llevar, la verdad, cuando no estoy en mi medio prefiero comportarme. Y de todas maneras ya tendría tiempo de divertirme. Habló el juez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señores, vamos a celebrar esta prueba en audiencia pública, a petición expresa de la abogada de la parte demandante.&lt;br /&gt;Creo que Lucía se había quedado corta en lo de guardar las apariencias. El juez ni siquiera disimulaba su irritación. Golpeó con el mazo y nos obsequió con una mueca de hastío. Lo habitual es que este mero trámite se hiciera en la secretaría, y llevado a cabo por un simple oficial del juzgado, y no por el magistrado en persona y con toda la solemnidad. Entonces comenzó la diversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Diga ser cierto que usted conocía el delicado estado de salud de Don Federico.&lt;br /&gt;-Yo no soy médico. ¿A qué se refiere?&lt;br /&gt;-Sea más concreta, señora Letrada. –Terció el juez.&lt;br /&gt;-¿Sabía que había sufrido varios infartos?&lt;br /&gt;-¿Varios, cuantos? Creí que había que ser concretos.&lt;br /&gt;-Límitese a contestar.-Trató de imponerse la abogada, con soberbia.&lt;br /&gt;-Negativo.&lt;br /&gt;-¿Cómo que negativo, se niega a contestar?&lt;br /&gt;-Que mi respuesta a su pregunta es negativa, por favor preste más atención.-La abogada enrojeció de ira. Se oyeron murmullos en los bancos del público, una voz masculina, así que sólo podía ser el marido de Ester.&lt;br /&gt;-Eh, oiga usted, aquí las reconvenciones las hago yo. –De nuevo habló el juez.&lt;br /&gt;-Sí, señoría.&lt;br /&gt;-¿Le constaba que Don Federico abusaba del alcohol?&lt;br /&gt;-¿Qué es abusar, a qué llama usted abusar?&lt;br /&gt;-Señoría, está tratando de eludir la respuesta.- Se quejó la abogadita.&lt;br /&gt;-Vamos a ver, señora letrada, no quiero que esto se convierta en un circo. A partir de ahora las preguntas las voy a hacer yo. –Silencio absoluto en la sala.- ¿Se emborrachaba delante de usted?&lt;br /&gt;-No, señoría.&lt;br /&gt;-¿Consumía drogas estupefacientes delante de usted?&lt;br /&gt;-No, señoría, don Federico era una persona de sanas costumbres.&lt;br /&gt;-¿Alguna vez le vio alterado?&lt;br /&gt;-Nunca, señoría.&lt;br /&gt;-¿O fuera de su estado normal?&lt;br /&gt;-Siempre de buen humor y con la mente bien clara.&lt;br /&gt;-¿Cuál era la índole de su relación con él?&lt;br /&gt;-Inicialmente negocios, después amistad.&lt;br /&gt;-¿Qué clase de negocios?&lt;br /&gt;-Yo le suministraba productos informáticos,  y a veces hacía de subcontratista en proyectos de construcción e inmobiliarios.&lt;br /&gt;-¿Le comunicó su intención de nombrarle fideicomisario en el testamento?&lt;br /&gt;-Por supuesto, señoría.&lt;br /&gt;-Luego entonces sabía de su delicado estado de salud.&lt;br /&gt;-Sí, señoría, pero la letrada habló de varios infartos, y yo sólo supe de uno.&lt;br /&gt;-¿Y qué motivo le dio para querer nombrarle fideicomisario?&lt;br /&gt;-Señoría, si me permite explicarme, Don Federico no quería que sus dos yernos pudieran disponer de los bienes de la herencia, porque según me dijo son dos golfos que nunca han trabajado y les gusta vivir la vida regalada.&lt;br /&gt;-¡Eres un mentiroso, cabrón! –Estalló el marido de Ester.&lt;br /&gt;-¡Silencio! –Le cortó el juez.- No permito insultos en mi sala. Le impongo una multa de veinte mil pesetas. Salga ahora mismo. Oficial, tómele los datos. Se ha terminado el acto. Despejen la sala. Señora letrada, acérquese. –Y entonces se oyó, en voz baja, pero se oyó, porque todos habíamos enmudecido.- Señora letrada, usted ha montado esto y se le ha ido de las manos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba cruzando el umbral de la sala, cuando el marido de Ester, que estaba fuera esperando, se me abalanzó y no pude oír el resto de la reprimenda. Me sacudió un puñetazo que intenté esquivar, pero no lo conseguí del todo, me rozó en la nariz y yo aproveché para dejarme caer al suelo. Se me doblaron las rodillas y me desplomé de lado como si fuera un muñeco. El resto es un tanto confuso porque yo tenía los ojos cerrados y los demás se pusieron todos histéricos. Sé que escuché varios gritos de “socorro, una ambulancia” y era la voz de mi abogada. Ella me contó después que entre el juez, el oficial, y el secretario judicial consiguieron reducir al energúmeno. Rápidamente subieron varios policías y vigilantes jurados que estaban en el control de acceso y le esposaron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llévenselo detenido a comisaría, por agresión, desacato y resistencia a la autoridad. Que se pase cuarenta y ocho horas en el calabozo, hasta que se le bajen los humos y después se lo llevan al juez de guardia.&lt;br /&gt;-A la orden, señoría.&lt;br /&gt;-Secretario, haga constar en el acta todo lo que ha ocurrido y le entrega copia a los policías, para que sirva de prueba.&lt;br /&gt;-Sí, señoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nariz seguía sangrando abundantemente. Yo sabía que no era nada, tengo tendencia a sangrar por la nariz, a veces por un simple estornudo se desencadena la hemorragia. No se si por mi alta presión sanguínea, o porque mis capilares nasales son frágiles. La noche anterior, sin ir más lejos, me había sangrado un poco. Pero la sangre es muy aparatosa y espectacular, mi traje nuevo estaba completamente arruinado, la camisa blanca totalmente enrojecida, y hasta el suelo del juzgado caían gotas y más gotas, hasta formar un reguero. Lucía, inclinada hacía mí, trataba de contener la hemorragia con su pañuelo. Y en esto llegó el médico de urgencia y los enfermeros. Yo fingí despertar del desmayo. Me hicieron inhalar algo, me taponaron las fosas nasales y me llevaron al hospital, para hacerme las pruebas oportunas. Salí de los juzgados por mi propio pie, un tanto inseguro, escoltado por los enfermeros, con mi traje nuevo empapado de sangre, bajo la mirada ansiosa de Ester, y por dentro riéndome del espectáculo, y de la que le iba a caer al imbécil desgraciado de su marido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-9175744318226864526?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/9175744318226864526/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=9175744318226864526&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9175744318226864526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9175744318226864526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-81-confesin-judicial.html' title='El tuerto. 81: Confesión judicial.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3802479650102319741</id><published>2008-10-13T19:03:00.001+02:00</published><updated>2008-10-13T19:20:48.669+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 80: Yasmín.</title><content type='html'>Hubo un corto periodo de tranquilidad, casi de normalidad. Rosita volvió a su trabajo de profesora en Leganés, y a ocuparse a tiempo parcial de la joyería, en la que contratamos a Yasmín, la novia de Charlie, como empleada permanente, y a mister Moon en tareas de protección, transporte de joyas y de dinero. Yasmín, como estudiante de bellas artes que había sido, tenía una fina sensibilidad para apreciar la calidad de las joyas,  por ende su valor, y transmitírselo a la clientela, mayormente femenina, en el todavía reducido pero correcto español que ya estaba aprendiendo. Además, era una persona de absoluta honradez y confianza, sobre todo  por sus principios idealistas, más que por la precariedad de su situación en el país. Finalmente le habían denegado su petición de asilo político, y ahora se encontraba tramitando un permiso de residencia ordinario. En cierto modo yo me sentía solidario con ella,  también tuve que huir de mi país, aunque por motivos bien diferentes, y estuve meses pendiente del hilo de un permiso de residencia. Yasmín tenía el obstáculo añadido de que no era ciudadana europea, por lo que su permiso corría el riesgo de ser rechazado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La honestidad de Yasmín la había comprobado al poco de su llegada a España. En cierta ocasión, hablando casualmente, y conociendo sus habilidades pictóricas, la tanteé sobre si estaría dispuesta a copiar un cuadro, por encargo de un cliente mío que pagaría muy generosamente. No me dejó ni terminar la frase, ni decir siquiera cuál era el cuadro que el cliente deseaba. A decir verdad, el cliente era yo, y estaba pensando en falsificar alguno de los valiosos lienzos de la mansión de Federico, con la traviesa intención de….darles el cambiazo a las herederas.  Me interrumpió indignada, asegurando que ella jamás haría algo ilegal.&lt;br /&gt;-Antes prefiero que me deporten a mi país, pero con la cabeza bien alta. –Y estábamos hablando del Irán post Jomeini.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después Charlie me echó la bronca por dejar entrever siquiera un asomo de ilegalidad. Yasmín no sabía nada de las actividades delictivas de Charlie. Pobre Yasmín, si se hubiera imaginado de qué clase de asesinos y ladrones estaba rodeada, habría salido corriendo espantada a pedir asilo…en la embajada de Irán. Su ingenuidad me resultaba conmovedora. No sé si mis deseos de ayudarla eran por hacer algo bueno en la vida, algo noble al menos una vez. O si por el contrario lo que buscaba era tenerla cerca para averiguar si algún día Yasmín caería en la tentación y se saltaría sus propios principios. El caso de Rosita no era muy significativo al respecto, pues nunca estuvo claro que tuviera principios. Mas bien pienso lo contrario, que nunca los tuvo, ni la madre ni los huéspedes de la pensión fueron muy buena imagen. Lo que le faltaba a Rosita era el coraje  para saltarse las normas, hasta que fue cogiendo seguridad en sí misma y terminó siendo audaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso de Yasmín era muy diferente, nunca le faltó la valentía para oponerse a la sociedad islamizada iraní, se negó a llevar el velo, a someterse a la dominación masculina. Ni tampoco ahora le faltaba la firmeza para negarse a seguir el camino fácil que yo le insinuaba. Su sentido de la libertad, la dignidad y la ética parecía innato. Charlie estaba completamente enamorado de ella -y no me extrañaba, yo mismo estaba un tanto fascinado-. Le había propuesto casarse, para de ese modo, como esposa de ciudadano británico, tener automáticamente la residencia. Y también lo había rechazado ofendida. Ella sólo se casaría por amor, nunca cometería un matrimonio falso, de conveniencia.&lt;br /&gt;-Pero yo te quiero.- Intentó convencerla Charlie.&lt;br /&gt;-No lo sé si me quieres de verdad, pero yo no estoy preparada para el matrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y no será que sospecha algo? –Le pregunté yo a Charlie, cuando me contó sus confidencias, algunas de las cuales me llevaron a pensar que el noviazgo entre ambos no había rebasado la fase platónica, y no por falta de ganas de Charlie.&lt;br /&gt;-No lo creo, si sospechara algo ya no estaría aquí.&lt;br /&gt;-Tienes razón.&lt;br /&gt;En realidad mi pregunta no iba en serio, era más bien por inquietarle un poco, lo que en realidad me preguntaba es qué podía haber visto Yasmín en un traficante de drogas, ladrón y asesino como Charlie, para darle siquiera esperanzas. Es decir,  me sorprendía que se hubiera venido con él desde Londres. Se me ocurrió que tal vez hubiera algún otro motivo, pero esto no se lo dije a Charlie. Lo que sí hice fue aprovechar la primera oportunidad para hablar discretamente con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En Londres hay muchos compatriotas tuyos, ¿no tenías amigos allí?&lt;br /&gt;-Sí, algunos conocidos. – Noté que se ponía un poco tensa, lo cual me confirmó que estaba dando en el clavo.&lt;br /&gt;-¿Y nadie especial?&lt;br /&gt;-¿Qué quieres decir con especial?&lt;br /&gt;-No sé, supongo que lo normal es que os ayudéis unos a otros, ¿no?&lt;br /&gt;-Bah, no te creas, todo el mundo tiene miedo. –Al instante percibí que se había arrepentido de sus palabras.&lt;br /&gt;-¿Miedo de qué?...Vamos, Yasmín, confía en mí, lo que hablemos tú y yo será un secreto, aquí estamos en España y no te va a pasar nada. Sólo quiero ayudarte.&lt;br /&gt;-¿A mi, por qué?&lt;br /&gt;-¿Prometes guardar secreto de lo que voy a decirte?&lt;br /&gt;-Sí, lo juro. –Dijo con toda solemnidad. En ese momento supe que podía confiar en ella.&lt;br /&gt;-Yo también estoy huido de mi país, y he vivido mucho tiempo en una pensión, sin papeles, igual que tú. Por eso me daría una alegría poder ayudarte en algo. Y ahora dime, ¿Miedo por qué?&lt;br /&gt;-Muchos son espías de los guardianes.&lt;br /&gt;-¿Quée? ¿Los guardianes?&lt;br /&gt;-Sí, los guardianes de la revolución, los esbirros de Jomeini, ahora de Ali Jamenei.&lt;br /&gt;-Explícame eso.&lt;br /&gt;-Pues está muy claro. En Londres tienen espías por todas partes, fingen ser amigos tuyos, puede ser tu colega en la universidad, tu compañera de cuarto, y en realidad son espías que le pasan la información a los guardianes, para que tomen represalias.&lt;br /&gt;-¿Qué represalias?&lt;br /&gt;-A veces persiguen a tu familia en Irán, los detienen bajo acusación de contrarrevolucionarios. Otras veces te atacan directamente en Londres, de repente recibes una paliza de unos desconocidos encapuchados. O incluso…&lt;br /&gt;-¿O incluso qué?&lt;br /&gt;-Incluso ha desaparecido gente.&lt;br /&gt;-No te preocupes Yasmín, con nosotros estás totalmente segura, te puedo garantizar que no somos chivatos, ni de esos guardianes ni de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de vivir algún tiempo en una modesta pensión cercana a la joyería,     finalmente accedió a instalarse en nuestro amplio apartamento de la calle Velázquez. No resultó fácil convencerla, Yasmín no era alguien a quien le gustara recibir favores. Aparentemente fue Rosita quien logró vencer su resistencia con el argumento de que así le haría compañía en los periodos en que yo me encontraba en Tenerife. Pero yo quiero pensar que también influyó aquella conversación privada que sostuvimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, que también las cosas en la isla volvieron a funcionar. Reanudamos la construcción del hotel, esta vez a cargo de una empresa un poco más cara, pero de reconocida calidad y solvencia. Al tiempo, para evitar en el futuro problemas similares al del Guti, y abrir un nuevo frente de negocio, fui planeando la creación de una sociedad constructora, que ejecutaría nuestras promociones y también competiría en el mercado.  Tanteé la posibilidad de utilizar la sociedad “Caribbean”, que ya estaba formalmente constituida y vacía de contenido, a la espera de que el juez resolviese definitivamente el pleito. Jesús, el abogado me hizo desistir. Podíamos pedir al juez que nos concediese la administración provisional única, y saltarnos así la administración mancomunada que le habíamos puesto al Guti como cebo, pero en ese caso habríamos tenido que rendir cuentas periódicamente al juez, y no nos interesaba que la justicia metiera la nariz en nuestras cuentas, ni siquiera de manera rutinaria y burocrática. Así pues, lo mejor era constituir una nueva sociedad y dotarla de su propio capital. Mi problema no era de liquidez, sino al contrario, tenía demasiado dinero negro, fruto de mi antiguo negocio de las facturas falsas, pero no podía sacarlo a la luz a un ritmo demasiado rápido, ya que eso sí que habría llamado la atención del fisco. Por otro lado, me interesaba seguir integrando a la familia de “los toscos” en la nueva sociedad, por sus contactos con las autoridades urbanísticas locales, y por su larga experiencia en el aledaño sector inmobiliario. Pero el problema es que ellos sí que carecían de liquidez, hasta el punto que no podían suscribir el capital social necesario para tener una participación significativa y estar suficientemente motivados. Un asunto nuevo para el que buscar la solución. Y es que yo nunca descansaba, no podía simplemente disfrutar de lo mucho que ya había conseguido, necesitaba tener siempre un reto al que enfrentarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso me gustaba volver a Madrid,  a lo más parecido a un hogar que nunca tuve, abrazar a Rosa y encontrarme a Yasmín pintando en el salón, o en la terraza, dependiendo del tiempo que hiciera, sus paisajes y retratos de precisos trazos y elegantes colores que nunca lograba vender.  Pobre Yasmín, exiliada de su país, rechazada por las autoridades británicas, huyendo de sus propios compatriotas exiliados. Todo para acabar encontrando refugio y ayuda en el seno de un grupo de delincuentes comunes. Casi me hacía sentir bien, después de todo tal vez no éramos tan malos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3802479650102319741?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3802479650102319741/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3802479650102319741&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3802479650102319741'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3802479650102319741'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-80-yasmn.html' title='El tuerto. 80: Yasmín.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2639118522023019638</id><published>2008-10-10T18:33:00.002+02:00</published><updated>2008-10-10T19:04:28.380+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 79: Gaby.</title><content type='html'>El tuerto está cabreado. Por la angustia que ha vivido como mero espectador, presenciando desde las sombras del aparcamiento cómo se iba Rosa acompañada por la policía, temiendo: “ya no la vuelvo a ver”. Tras las horas de incertidumbre, de miedo, de arrepentimiento por haber dejado que se llevara a cabo el plan de Rosa: “teníamos que haberlo hecho a mi manera, un rápido tiroteo y a escapar”. Luego vino el alivio profundo cuando las vio a las dos regresar al hotel, a ella y a la otra mujer. Al menos no se ha quedado detenida, pensó. Aún así, no respiró tranquilo hasta que no vio salir de nuevo al policía con una bolsa de plástico (los efectos del muerto, dedujo),  montar en su vehículo oficial y marcharse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin salió de nuevo Rosita, con su maleta, después de abonar la cuenta en el hotel.&lt;br /&gt;-¿Ya se marcha?, le preguntó el director con gran interés.&lt;br /&gt;-Sí, después de lo que ha pasado la verdad es que prefiero cambiar un poco de ambiente, como comprenderá no tengo buenas sensaciones.&lt;br /&gt;-Lo sentimos mucho y esperamos que vuelva a visitarnos en mejores circunstancias.&lt;br /&gt;-Oh, sí, claro que volveré, el hotel ha sido muy de mi agrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sube al Mercedes de Charlie. Detrás va el tuerto, en su Renault Clío. Conducen hasta el hotel Don Benito, en la Calle Pérez Galdós, donde se hospedan, en habitaciones contiguas. Allí, en la  del tuerto, a solas, se abrazan él y Rosa. El abrazo parece una reedición del que poco antes se han dado ella y Laura. Aquel abrazo fue de despedida, este de reencuentro, pero los dos parecen fundirse en uno sólo, solaparse en la mente de Rosa. Decimos hola porque antes hemos dicho adiós a alguien, o a algo. Decimos adiós para ir con otra persona, o para volver con nosotros mismos. Cuántas veces encubrimos la realidad con una apariencia de signo opuesto. El abrazo de antes entre las dos mujeres, que parecía de despedida, es en realidad un abrazo que sella y rubrica la complicidad que ha nacido entre ambas. El abrazo de ahora, entierra el miedo que los mantenía cohesionados, y abre la puerta a la individualidad, a la discrepancia, a la división, a la lucha por el poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después de la angustia y después del alivio surge la ira, la indignación.&lt;br /&gt;-Ahora que estás a salvo, y nadie lo celebra tanto como yo, permíteme que te diga que has sido una gran imprudente.&lt;br /&gt;-¿Pero qué dices?&lt;br /&gt;-Lo de menos es que nos hayas relegado al papel de comparsas.- Dice el tuerto. Pero no es verdad, no está siendo sincero, el y Charlie se sienten disminuidos, casi humillados por el protagonismo acaparador de Rosa.- Lo que no puedo ignorar es que te la hayas jugado tú, y de paso puesto en riesgo toda la operación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más pronunciar las palabras, se arrepiente. Su lado cerebral sabe que hay mucho de cierto en lo que dice, pero al mismo tiempo siente admiración por la audacia de Rosa. El no hubiera sido capaz de hacerlo, ¿o si?&lt;br /&gt;Rosa en cambio está exultante. Hay una extraña belleza que irradia de ella y que el tuerto percibe. El brillo de sus ojos, la firmeza de su mirada, la barbilla que se levanta un centímetro más de lo habitual. El orgullo. Esa belleza maligna y a la vez fascinadora de una mujer que ha administrado la muerte. Sigue un intercambio de argumentos.&lt;br /&gt;-No sabía que tuvieras miedo.&lt;br /&gt;-Más que si hubiera estado allí, en plena acción.&lt;br /&gt;-¿Pero qué querías que hiciera? La mujer apareció de repente en la piscina, si hubiera huido eso habría levantado más sospechas.&lt;br /&gt;-Ya, pero ¿Y si te hubieran tomado las huellas? ¿Y si después de todo el análisis de laboratorio detecta esas sustancias que le diste? Entonces hubieras estado sentenciada. Métete en la cabeza que has rozado el desastre.&lt;br /&gt;-Esas sustancias no las van a detectar.&lt;br /&gt;-¿Por qué estás tan segura?&lt;br /&gt;-Pues porque no las van ni siquiera a buscar. Sólo van a buscar signos de violencia, venenos, drogas y alcohol. Ya está. A menos, claro, que haya otros indicios y entonces, en lugar de las pruebas y marcadores habituales hagan un repaso exhaustivo a todas y cada una de las sustancias químicas. Además, esas medicinas no significan nada por sí solas, no son letales, puede haberlas tomado por prescripción médica, o incluso por su cuenta. Hay gente que toma betabloqueadores como si fueran tranquilizantes.&lt;br /&gt;-¿Eso te dijo tu amiga?&lt;br /&gt;-¿Qué amiga? –Por un momento Rosa no sabe a quién se refiere, cree que a Laura porque es la única amiga que tiene en la mente.&lt;br /&gt;-Tú amiga la enfermera, la que te dio las medicinas. ¿Qué otra amiga tienes?&lt;br /&gt;-Ah, pues sí, eso fue lo que me dijo. ¿Quieres que te cuente la historia de mi amiga? –En ese momento Rosa, para no tener que hablar de Laura, para darle al tuerto algo en qué pensar y evitar que le pregunte por la mujer de la piscina, prefiere contar una historia del pasado. Un pequeño secreto que ahora ya es inocuo, al menos comparado con otras cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soy todo oídos.&lt;br /&gt;-Mi amiga se llama Gabriela, Gaby. Fuimos compañeras del colegio. Mi madre ya sabes que no me dejaba tener amigas, ni que vinieran a la pensión, ni me permitía ir a su casa. Así que Gabriela y yo nos veíamos a escondidas de mi madre. Cuando teníamos quince años mi madre cogió unas fiebres y la tuvieron que llevar al hospital, estuvo una semana ingresada. Entonces aprovechamos para estar juntas, Gaby pidió permiso a sus padres para venir a dormir conmigo en la pensión. Yo les dije que tenía miedo de quedarme sola por las noches.&lt;br /&gt;-Pero están los huéspedes.- Dijo la madre, un tanto suspicaz.&lt;br /&gt;-Si, pero algunos no son muy de fiar. –Contesté. Finalmente el padre sentenció a nuestro favor, no se si por generosidad, o por quitarse un posible cargo de conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa semana que dormimos juntas, bueno, la verdad es que dormimos poco, nos quedábamos hablando hasta la madrugada, de nuestros planes en la vida, de nuestros sueños de adolescentes. Nos juramos amistad eterna, ayuda mutua ante cualquier adversidad, pasara lo que pasara. Después, cuando regresó mi madre, tuvimos que volver a los encuentros furtivos. A los diecisiete años nuestros caminos se bifurcaron. Yo entré a estudiar magisterio y ella enfermería, quiso estudiar medicina pero sorprendentemente no le alcanzó la nota, tuvo que conformarse con enfermería. Eso la dejó resentida y amargada con la sociedad, fue una injusticia. Todos estos años nos hemos seguido escribiendo y manteniendo el contacto. Ese pacto de ayuda mutua es el que invoqué hace poco, cuando me dio las medicinas y me explicó lo que necesitaba.&lt;br /&gt;-¿Ella sabe para lo que era?&lt;br /&gt;-Sí, por supuesto. Pero tranquilo, no dirá nada.&lt;br /&gt;-Ya lo creo que no, sobre todo porque ella ha sido cooperadora necesaria, o sea, coautora. Pero dime otra cosa, ¿Qué es lo que has sentido al darle pasaporte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En qué momento? Porque ha habido muchos momentos diferentes. Por ejemplo, mientras estábamos cenando sentí asco al verle engullir e imaginar que toda esa comida se pudriría junto con él. Después, cuando le estaba dando el champán con las medicinas, estaba disociando el acto de sus posibles consecuencias, o sea, pensaba, simplemente le estás dando un betabloqueante que por sí mismo no es letal, todavía puedes dar marcha atrás y dejarle dormir la borrachera. Y por último, en la piscina…Me venía la imagen de mi madre, supongo que de algún modo estaba matando a mi madre, estaba vengando todas las humillaciones. Por otro lado, para tranquilizarme, me decía a mí misma: es un juego, como cuando le estás haciendo una ahogadilla a alguien. Y el hecho de que el Guti no opusiera resistencia lo interpretaba como una confirmación de que se trataba de un simple juego sin importancia…Hasta que apareció la mujer, la testigo, ahí me di cuenta de que no era un juego, tuve un instante de pánico, pero rápidamente se me pasó. Y ahora, en este momento, me siento eufórica, victoriosa, con ganas de celebrarlo. ¿Quieres dormir un poco antes?&lt;br /&gt;-No, mejor después.&lt;br /&gt;Y lo celebran, y en esa celebración flotan en el aire las imágenes de dos adolescentes durmiendo juntas, sintiendo mutuamente el calor de sus cuerpos. Flota desde luego la imagen de dos mujeres jóvenes en una piscina, una de ellas completamente desnuda, mojada. Y lo que verdaderamente flota es un cadáver .&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2639118522023019638?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2639118522023019638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2639118522023019638&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2639118522023019638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2639118522023019638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-79-gaby.html' title='El tuerto. 79: Gaby.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-4632028803216476895</id><published>2008-10-06T18:36:00.005+02:00</published><updated>2008-10-06T18:50:33.877+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 78: Laura.</title><content type='html'>-Me llamo Laura. –Dijo, e introduciéndose en el agua, ayudó a empujar el cuerpo inerte hasta el borde de la pileta. Entre ambas lograron ponerlo en seco.&lt;br /&gt;-Yo Flor. – Dijo Rosa, y al salir del agua se percató de que Laura miraba atenta su desnudez, por lo que repentinamente pudorosa se cubrió con su albornoz y echó el otro por encima del cuerpo de Guti.&lt;br /&gt;-¿Es su esposo? –Preguntó Laura.&lt;br /&gt;-No, es mi socio. Ha debido ser por el alcohol.- Intentó justificarse.&lt;br /&gt;-Pues claro, Flor, tomó demasiado trago, ya yo lo vi durante la cena. Será mejor que llamemos una ambulancia. Deje, yo voy a recepción.&lt;br /&gt;-Gracias. –Rosa suspiró. Lo que más temía es que Laura se pusiera a practicar la respiración artificial y que Guti no estuviera muerto del todo. Un boca a boca de aquella mujer de rostro celestial y labios de terciopelo podría revivir incluso a un cadáver. Pasó a preguntarse si Laura habría detectado algo anómalo al entrar, llegando a la conclusión de que no pudo ver nada, si acaso le habría extrañado la tranquilidad que mostró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápidamente analizó todas las posibilidades para buscar la salida adecuada. No se le ocultaban los riesgos que existían. En primer lugar, tenía que subir de nuevo a la suite y deshacerse de la botella de “Dom Pérignon”, y las copas con los rastros de betabloqueador y vasodilatadores periféricos. Eso fue lo que hizo de inmediato, mientras seguía pensando. Tampoco ignoraba que unas pruebas exhaustivas del laboratorio toxicológico revelarían la presencia de dichas sustancias en la sangre y órganos del Guti. Lo bueno es que esas sustancias no eran por sí solas venenosas ni letales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una opción -continuó sopesando- era dejar a Guti en la piscina y tras recoger sus cosas, incluida la botella y las copas, bajar al aparcamiento, montar en el Mercedes con Charlie al volante y desaparecer. Por la mañana, estaría tomando el avión a Madrid, habría recobrado su identidad de Rosa, y borrado todo nexo de relación con Flor Izaguirre. Sus acciones en “Caribbean” ya habían sido vendidas a “Paradise”, por lo que nunca más tendría que reaparecer. El inconveniente era que ese comportamiento levantaría sospechas, tal vez hiciera que el examen forense y las pruebas de laboratorio fueran más exhaustivas y terminaran dictaminando que la muerte fue provocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en la suite, recogió todo, se vistió y se puso a limpiar las huellas dactilares de todas las agarraderas, de puertas y cajones, de los grifos del baño, de los vasos. De todo lo que recordaba haber tocado. Si la policía científica tomaba sus huellas, éstas quedarían registradas, y quién sabe, algún día en el futuro podrían descubrir su verdadera identidad, cotejándolas con la base de datos del Documento Nacional de Identidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda opción era permanecer, aguantar el tipo, hacer su declaración ante la policía, y confiar en que no le retuviesen el pasaporte y, sobre todo, que no le tomaran las dichosas huellas. Mientras no hubiera un dictamen médico no se la podría considerar sospechosa de nada. A ello se sumaba que la carita angelical de Laura y su declaración como testigo, haciendo énfasis en el abuso de alcohol de Guti, eran una baza inmejorable. En esto llamaron a la puerta. Era Laura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya están llegando. Tuve que buscar al mozo, que dormitaba en un cuartito. Ha telefoneado al director del hotel.-Continuó Laura.- También está para acá. Ha dicho que intentemos no alarmar a los clientes.&lt;br /&gt;-Perfecto. - Pensó Rosa en voz alta. Se le escapó decirlo porque en realidad seguía pensando, intentando decidir cuál era la salida adecuada.&lt;br /&gt;-Voy a cambiarme yo también, -dijo Laura- y bajamos. – Esa extraña confianza que le infundía la joven mamá inclinó la balanza a favor de la segunda opción. Asumir un poco de riesgo ahora, si todo salía bien, significaba dejar casi resuelto el asunto, mientras que huir implicaría que el caso siempre estaría abierto. Prefirió afrontar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que allí estaba, en compañía de una hermosa mujer, cuando entraron los de la ambulancia, corriendo pero discretamente, para no alarmar a los distinguidos huéspedes. Tres personas: una mujer bajita, la doctora, y dos jóvenes robustos con un desfibrilador y un pequeño monitor.&lt;br /&gt;-Le aplicamos el desfibrilador. –Dijo la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que Rosa pudo ver, le dieron hasta tres descargas, y tras cada una comprobaban en el monitor si había alguna actividad cardiaca. También le pusieron una inyección de lidocaína y adrenalina y le sacaron una muestra de sangre para valorar el pH y el oxígeno.&lt;br /&gt;En ese momento llegó el director del hotel y habló en un aparte con la doctora. Finalmente se acercaron.&lt;br /&gt;-¿Son ustedes familiares? Siento decirles que está muerto.&lt;br /&gt;-No, es mi socio. Arriba tengo el teléfono de su esposa.&lt;br /&gt;-Nos lo vamos a llevar en la ambulancia, lo pasaremos por urgencias y de allí al tanatorio. El director nos ha pedido ese favor porque sino tendríamos que dejarlo aquí hasta que viniese el juez a levantar el cadáver. De todas maneras ya hemos avisado a la policía, que está al llegar, y al médico forense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó la policía Rosa perdió toda capacidad de pensar, de elaborar nada. Es como si su cerebro, al haber asumido que ya no podía escoger, que ya todo estaba decidido, se hubiera colocado en una especie de piloto automático. Se movía y respondía con lenta regularidad. Fueron a comisaría para prestar una declaración formal. Por suerte, les interrogaron a ella y a Laura conjuntamente, y fue Laura, muy habladora, quien llevó la voz cantante en todo momento. Fue una testigo inmejorable, describió la cena con todo detalle, la cantidad de botellas de champán que ingirió el finado, los síntomas de embriaguez que iba mostrando progresivamente, el enrojecimiento de sus pupilas (Rosa se preguntó cómo podía haber percibido eso, a la distancia que se hallaba), su conversación cada vez más pastosa y a la vez vociferante. Relató cómo se tambaleaba cuando se levantó para ir al cuarto de baño, cómo les llamó la atención ese detalle a su marido y a ella. Laura era una magnífica fabuladora.&lt;br /&gt;-Ahora está cuidando al bebé, pero si quieren avisarle, mi marido puede confirmarlo todo.&lt;br /&gt;-No se preocupe, no será necesario, ya hemos llamado a los empleados del hotel, que nos explicarán eso.&lt;br /&gt;Luego relató una versión perfecta, inventada y sublimada, de la escena en la piscina. Cómo estaban los tres tranquilamente, ellas dos hablando en una esquina de la pileta, y él se tiró a hacer un largo…Y cuando se dieron cuenta flotaba inerte. Nada pudieron hacer por él excepto sacarle de la piscina y llamar la ambulancia. Omitió detalles irrelevantes, como la desnudez de Flor. Y cargó las tintas en la borrachera. Sólo hubo un momento de tensión, cuando el policía le preguntó directamente a Rosa/Flor, cuál era la relación que tenía con el difunto.&lt;br /&gt;-Pues mire, estábamos para crear una empresa constructora entre los dos, pero ni siquiera habíamos comenzado, y ya me temo que nunca comenzaremos. Mire, yo traía un aval de un banco de Panamá, que si quiere le puedo mostrar, por un millón de dólares, pero no he llegado a hacerlo efectivo, así que todavía lo conservo. –Diciendo lo cual, sacó de su bolso el meritado aval y se lo mostró al policía, que lo contempló con interés. El policía debió llegar a la conclusión de que una mujer que posee un millón de dólares para invertir en España no puede ser sospechosa de nada, por lo que se lo devolvió, tomando nota en el acta de declaración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas firmaron al pie de la misma. Primero Laura Cabrera, 1437 Brickell Ave., Miami, Florida, Estados Unidos. Después Flor, que leyó atentamente la declaración, aunque sólo consiguió memorizar la dirección de Laura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muchas gracias, pueden marcharse. Pero les ruego que me avisen antes de abandonar el país, por si tenemos alguna pregunta más. Ah, uno de mis agentes las acompañará para recoger los efectos personales del difunto. –El policía se puso de pie y se despidió con un apretón de manos.&lt;br /&gt;Y ya está. Ni retención de pasaporte, ni huellas, ni siquiera tuvo que llamar a la esposa de Guti, la policía se encargó de tan desagradable tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresaron las dos al hotel en el coche de la policía. Rosa iba pensativa, calculando la forma y momento de desaparecer. Laura seguía tan locuaz.&lt;br /&gt;-Mi marido y yo estamos pasando unos días de vacaciones.&lt;br /&gt;-Ah, es magnífico. Por cierto, les felicito, tienen un bebé muy lindo.&lt;br /&gt;-Gracias. Pasado mañana iremos a visitar a unos amigos en Lanzarote, si quiere acompañarnos… -Oh, me encantaría hacerlo, pero no es posible. Esta misma noche vuelo a la península para realizar otros negocios.&lt;br /&gt;-Qué lástima. Pero entonces tal vez quiera almorzar con nosotros…&lt;br /&gt;-Pues la verdad es que me caigo de sueño y no se siquiera si me despertaré a la hora del almuerzo.&lt;br /&gt;-Pero claro, qué distraída soy. Como yo últimamente, por los biberones de mi hijito, apenas duermo dos horas seguidas…Por cierto, espero que su papi le haya dado el que le toca, porque sino mi pobrecito estará hambriento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subieron los tres a la suite de Rosa. Esta le entregó al policía una bolsa con las ropas y pertenencias del Guti, incluyendo la cartera con el casi millón de pesetas que había ganado en el casino. El agente le dio una copia del acta de entrega y se marchó en el ascensor. Rosa y Laura se miraron a los ojos.&lt;br /&gt;-Gracias por todo, Laura, me has ayudado muchísimo.&lt;br /&gt;-Por nada, Flor, era mi deber. –Se abrazaron.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-4632028803216476895?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/4632028803216476895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=4632028803216476895&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4632028803216476895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4632028803216476895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-78-laura.html' title='El tuerto. 78: Laura.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-310747302920109706</id><published>2008-10-01T18:38:00.003+02:00</published><updated>2008-10-01T18:40:56.070+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 77: La botella de “Dom Pérignon”.</title><content type='html'>-Dejadme hacer a mí, -dijo Rosa- los hombres matáis violentamente y se os ve el plumero. Las mujeres matamos mejor.&lt;br /&gt;Charlie y yo tuvimos que callarnos y obedecer, especialmente porque no disponíamos de ningún plan alternativo. El Guti había vuelto a ir a todas partes acompañado de su guardaespaldas; Rosa era la única que tenía acceso a él.&lt;br /&gt;-Si, te dejamos, pero tiene que ser pronto, antes de que se anote el embargo en el Registro Mercantil, y sobre todo antes de que llegue al banco el bloqueo del dinero.&lt;br /&gt;-Ya lo se, tranquilos. Dile al abogado que retenga la orden un par de días. Mañana vuelo a Tenerife para hablar con una vieja amiga de la infancia. Pasado mañana bien temprano estaré de vuelta y esa misma noche caerá.&lt;br /&gt;-¿Una vieja amiga? ¿Quieres que te acompañe?&lt;br /&gt;-No, es mejor que vaya sola para que tenga plena confianza en mí y me de lo que necesito.&lt;br /&gt;-¿Y qué necesitas?&lt;br /&gt;-Cierta información…y unos pequeños medicamentos. Mi amiga es enfermera, pero sabe más que muchos médicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiso desvelar nada más, a pesar que insistimos. Se cerró en que por ahora cuanto menos supiéramos mejor, y que ya nos lo contaría en su momento. Lo que sí estaba esa noche era muy alterada, nerviosa, y como consecuencia su habitual apetito sexual se había incrementado. Suerte que no me había tomado mis tranquilizantes, aún así tuve que hacer un sobreesfuerzo, y ya al final de la noche Rosita hubo de emplearse a fondo, haciendo uso de técnicas para estimularme que nunca antes había empleado. Llegué a pensar que era la idea de matar al Guti lo que la excitaba y la volvía violenta.&lt;br /&gt;-¿Por qué no regresas mañana por la noche? –Pregunté.&lt;br /&gt;-Cuando termine de hablar con mi amiga ya no habrá vuelo.&lt;br /&gt;-¿Dormirás en su casa?&lt;br /&gt;-Tal vez.&lt;br /&gt;-¿Erais muy amigas?&lt;br /&gt;-Era mi única amiga.&lt;br /&gt;-¿Y qué pasó?&lt;br /&gt;-¿Por qué crees que pasó algo?&lt;br /&gt;-No sé, tengo la sensación…&lt;br /&gt;-Pues te equivocas.&lt;br /&gt;Sus palabras no consiguieron disipar mi sospecha de que tras ese velo de misterio algo me ocultaba. Como no soy dado a especulaciones, decidí que ya me lo contaría cuando quisiera. Sin embargo, ese día y medio que estuvo fuera no pude resistir la tentación de registrar sus cosas, mas no encontré nada. Noté que se había llevado consigo el libro que estaba leyendo últimamente, que –ahora caí en la cuenta- trataba de medicina farmacológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma mañana de su regreso telefoneó al Guti y le invitó a cenar en el hotel Catilina. Hablaban del terreno cuya compra iban a formalizar en breve, y de las gestiones posteriores para impulsar su recalificación. Por alguna casualidad ambos tomaban mariscos, gambas, langosta, canapés de salmón, un poquito de caviar y champán francés. No querían alimentarse sino dar gusto al paladar. Si bien sus razones probablemente diferían, los dos querían hacer de aquella noche algo memorable, y a fe que lo consiguieron.&lt;br /&gt;-Esta noche la quiero especial, mi socio, mañana regreso a Caracas.&lt;br /&gt;-¿Y eso?&lt;br /&gt;-Mis inversores me reclaman, y tengo que dar satisfacción a mi señor marido antes que me abandone por una tacarigua o me mande buscar con el ejército.&lt;br /&gt;-Hace bien, yo no la dejaría ir así, libremente por el mundo.&lt;br /&gt;-¿Pues que se cree, que sólo ustedes los varones pueden tener sus querindangas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Guti se levantó de la mesa para ir al baño y Rosa paseó la vista por el salón hasta recaer sobre una pareja con un bebé de meses. El papá lo tenía recostado sobre su pecho, y la mamá decía unas palabras (no escuchó si eran dirigidas al bebé o al marido) mientras observaba a Rosa. Sus miradas se cruzaron. Era una chica joven, de rostro angelical, con suaves rasgos redondeados, tez clara, cabello moreno. Abiertamente sonreía y Rosa le devolvió la sonrisa. La chica terminó de tomar su café y la pareja se levantó de la mesa. En ese momento volvió el Guti, Rosa se percató de que la chica también le miraba. Como si se estuviera preguntando qué estarían haciendo juntos, qué relación tendrían. Pensó que la chica probablemente les habría estado observando durante la cena. El Guti ni reparó en el detalle, se sentó y continuaron cenando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conversación languidecía, ya habían agotado todos los temas que podían tener en común. En realidad el peso del diálogo recaía en Rosita, porque Guti lo que hacía era masticar, tragar y beber, y de vez en cuando soltar alguna estupidez. De hecho estaba empezando a sentir antipatía hacia él. O tal vez fuese que se estaba preparando psicológicamente para lo que tendría que hacer más tarde. Pero el caso es que su forma de comer le repelía, su conversación era insulsa, y su actitud arrogante. “Menuda joya de socio”, pensó, “menos mal que le voy a tener que aguantar muy poco”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aún era demasiado temprano. Así que propuso que subieran al casino a jugar esos “bolívares” que tenían pendientes. De ese modo se distraerían y no tendrían que hablar. El Guti apostó a la ruleta y ganó. Siguió apostando y la suerte le era favorable la mayoría de las veces. “Si encima morirá contento este cabrón”, pensaba Rosa. Continuaron tomando champán hasta la última tirada. Cuando cambió sus fichas el patán había ganado casi un millón de pesetas.&lt;br /&gt;-¿Quiere un cheque o efectivo?&lt;br /&gt;-Nada de cheques, je, je, billetes de diez mil. –Su embriaguez era ostensible.&lt;br /&gt;-Vamos a mi suite, a tomar la última copa.- Sugirió Rosa. Y cuando pronunció esa frase, “la última copa”, le sonó como si estuviese dictando la sentencia.&lt;br /&gt;-¿A tu suite? Pues sí que hoy es mi día de suerte…&lt;br /&gt;-No lo sabes tú bien.&lt;br /&gt;-Ah, ¿Sí? ¿Qué me tienes preparado?&lt;br /&gt;-Una sorpresita que espero te guste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nevera de la suite estaba muy bien abastecida, para beber o comer a cualquier hora.&lt;br /&gt;-Tengo aquí un “Dom Pérignon Gran Reserva” del 78, que nos lo vamos a beber usted y yo ahorita.&lt;br /&gt;Si el Guti se hubiera acercado por detrás en ese momento, hubiera visto que el precinto de la botella estaba quitado, la caperuza sobrepuesta, y el tapón no era el original. Pero como estaba recostado en el sofá, muy borracho, ni siquiera le preocupó que fuera ella la que le sirviera a él y no al revés. En ese instante consideraba que todo le era debido, le parecía natural que una joven y bella mujer le invitase a su habitación. El era el importante socio que dentro de poco, aprovechando los viajes de ella, empezaría a meter la mano en la caja de la sociedad. Y si se terciaba, en los próximos minutos metería la mano entre las piernas de su socia. En esos pensamientos se hallaba y por eso ni se percató del poco ruido que hizo el tapón al saltar.&lt;br /&gt;-Por los negocios.&lt;br /&gt;-Hum, sí que está bueno. –El paladar todavía lo conservaba. Se hallaban sentados en el sofá, más cerca que nunca. Se acercaba el momento de la verdad. El Guti acarició el brazo de Rosa, intentó besarla en los labios, pero ella apartó la cara en el último instante, permitió que hocicase un poco en su cuello y mientras aprovechó para vaciar su copa intacta en el jarrón de la mesita.&lt;br /&gt;-Déjese de besos, que los besos los guardo para mi marido. Esto sólo es un desahogo para el cuerpo. Y bebamos, que las burbujas se pierden. – Sirvió dos nuevas copas. Guti apuró la suya, Rosa le colocó de repente su mano en la entrepierna.&lt;br /&gt;-¿Pero qué le pasa mi hijito, que no se le para? ¿Es que no le gusto?&lt;br /&gt;-Es el alcohol…-Murmuró el Guti.&lt;br /&gt;-Pues tómese la última –y esa palabra le repicaba en la mente- que ahorita vamos a darnos un baño en la piscina para que se despierte, concho.&lt;br /&gt;-¿En la piscina? Pero no tengo bañador.&lt;br /&gt;-Qué bañador, en cueros vivos mi socio, que a esta hora no hay nadie. –Eran las tres y cuarto de la madrugada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La propuesta era tan turbadora que Guti sacó fuerzas para incorporarse, abotargado como estaba, y dejó que Rosa le desnudara y cubriese con un albornoz para bajar a la piscina. Tomaron el ascensor y entraron, abrazados por la cintura, en el recinto acristalado. En ese momento, calculó Rosa, estaban empezando a surtir efecto las sustancias disueltas en el champán. Rememoró las explicaciones que le había dado su amiga la enfermera. Un bloqueador B-adrenérgico y un vasodilatador periférico, medicamentos muy sencillos, ninguno letal por sí sólo, recetados habitualmente para cualquier tipo de arritmia cardiaca o problema circulatorio. El vasodilatador periférico haría que el flujo sanguíneo se distribuyese hacia el cuerpo, en detrimento del riego cerebral. El efecto vasoconstrictor del champán reforzaría dicho efecto, impidiendo casi totalmente el flujo. De hecho, antes incluso de entrar en la piscina ya estaba semiinconsciente. En el instante de sumergirse en el agua a 26 grados la diferencia de temperatura incrementó la dilatación periférica. Como consecuencia, el Guti sufrió un leve síncope, una pérdida súbita de conciencia causada por fuerte disminución de flujo sanguíneo cerebral. En condiciones normales la inconsciencia sería breve, pero ese fue el momento que Rosa aprovechó para hundirle suavemente la cabeza en el agua y contar los segundos. El bloqueador B-adrenérgico actuaba impidiendo una descarga de adrenalina que hubiera hecho bombear a toda máquina el corazón, provocando una reacción defensiva inmediata. Guti trataba de sacar la cabeza, pero muy débilmente, sin fuerza. Treinta segundos. Y lo importante es que tenía la boca abierta y respiraba agua, no inhalaría mucha debido a su inconsciencia pero la suficiente para certificar su muerte por ahogamiento. Salían burbujas de su boca y no eran las del champán. Un minuto. El Guti estaba totalmente inmóvil en la piscina. En ese momento una figura entró en el recinto. Era la mamá del bebé. Rosa sufrió un instante de pánico, hasta que sus miradas se cruzaron. La mamá esbozó una leve sonrisa tranquilizadora.&lt;br /&gt;-Acabo de amamantar a mi bebé y como no conseguía dormir me vine a dar un baño…-Tenía una voz suave, como de seda, y un acento cubano muy cálido.&lt;br /&gt;-Creo que se ha desmayado, ayúdeme a sacarlo del agua.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-310747302920109706?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/310747302920109706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=310747302920109706&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/310747302920109706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/310747302920109706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/10/el-tuerto-77-la-botella-de-dom-prignon.html' title='El tuerto. 77: La botella de “Dom Pérignon”.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-7183967854457637557</id><published>2008-09-29T02:21:00.002+02:00</published><updated>2008-09-29T02:22:26.981+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 76: Caribbean Investments, S.A.</title><content type='html'>-Bueno, el caso es que hay otro problema.- Por fin arrancó Basilio, que se había aireado en la terraza hasta el punto de animarse a “enjuagar” el oxígeno sobrante con un whisky escocés de primera marca. &lt;br /&gt;-¿Qué problema? Cuénteme,  seguro lo resolvemos.&lt;br /&gt;-Pues…Por unas deudas tributarias que tengo…Ese capital social no puede estar a mi nombre, porque Hacienda lo embargaría. –Ajá, pensó Rosita, ya hemos llegado a la encrucijada. &lt;br /&gt;Ese fue el momento crítico, decisivo en el curso que tomarían los acontecimientos posteriores. Hasta aquí, todo había resultado según lo previsible. La ambición desmedida de Gutiérrez le había llevado a escuchar la propuesta con agrado. Incluso había revelado la cantidad de dinero de que disponía (la mitad del cual era nuestro, por cierto). Pero, ¿cómo conseguir que aflorase, de forma que pudiéramos embargarle mediante el procedimiento civil que ya estaba iniciado? Ni que decir tiene que en este punto Rosita seguiría su instinto, lo que habíamos hablado y debatido con anterioridad sólo servía ya como bagaje de conocimientos que ella dosificaría para improvisar los quiebros tácticos de la negociación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ay, mi amor, pues ese sí que es un problema. –Rosa hizo ademán de retirarse. Tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia el Guti, mirándole a la cara, y entonces fue cuando se recostó en el sillón y se puso a mirar el mar, y los veleros, con gesto de estar perdiendo el tiempo y pensando en otra cosa. Y dejó pasar los minutos. En silencio. Que pensara y propusiera él. No había que demostrar ningún interés. Ni mucho menos dejar entrever que existía una idea preconcebida.&lt;br /&gt;-Bueno…Las acciones podrían estar a nombre de mi esposa. En realidad el dinero saldría de una cuenta en que ella es titular, yo sólo estoy autorizado.&lt;br /&gt;-Ah, tú estás autorizado. ¿Pero tu esposa tiene experiencia en ser administradora? –Inconscientemente Rosa había pasado a tutearle, pero en el clímax de la negociación el Guti no pareció percatarse.&lt;br /&gt;-No, mi esposa es ama de casa, el administrador sería yo, por supuesto.&lt;br /&gt;-Sí,  pero entonces ya seríamos tres personas a tener en cuenta, y no dos. Mis socios no aceptarían eso porque rompe el equilibrio de la sociedad. Además, las esposas siempre terminan dando complicaciones…-Hizo una pausa para crear un poco de expectación en Guti, y para evaluar su grado de ansiedad.- A menos que…&lt;br /&gt;-¿Sii?&lt;br /&gt;-A menos que tu esposa firme un documento privado…En el que reconozca que te ha vendido a ti las acciones y que tú eres el único titular…-Rosa hablaba muy lentamente, para que la idea calara en la mente del Guti, pero también como si lo estuviera pensando en ese momento, cuando en realidad ya lo tenía muy pensado.- En el Registro Mercantil figurando tu esposa, en eso no tenemos problema y por supuesto Hacienda nunca se enterará. Ese papel será sólo para tranquilizar a mis socios, y de paso asegurarte a ti, cariño, para que tu linda esposa no te de problemas en el futuro.&lt;br /&gt;-Si, no es mala idea…¿Y tú me garantizas que ese papel no irá a ninguna parte, será sólo entre nosotros?&lt;br /&gt;-¡Pero claro, mi amor! Ese papel no saldrá de mis manos; ¿Qué interés voy a tener yo en que venga Hacienda a jodernos la sociedad?&lt;br /&gt;-Si, es cierto.&lt;br /&gt;-Pues entonces todo arreglado. –Rosa dejó escapar un ligero suspiro de alivio. Estaba claro que el Guti ni por un instante había sospechado de ella. ¿Y es que quién iba a sospechar de Flor, esa joven delicada y elegante que todavía conservaba la imagen de su pasada ingenuidad? Ni por lo más remoto de la astuta mente del Guti había pasado la sombra de lo que podía estar cocinándose detrás, y mucho menos que esa criatura hubiese venido de Venezuela para tenderle una trampa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flor cambió de conversación. No había que darle más vueltas al asunto. Se puso a hablarle de su amada ciudad, Caracas, a contarle historias inventadas o leídas en novelas de Rómulo Gallegos, o de Uslar Pietri, daba igual porque el tipo no había leído un libro en su vida. Incluso le invitó a viajar con él, donde le presentaría a su esposo –un militar de la más antigua escuela de América latina, las armas y las finanzas debían trabajar unidas-, a sus socios,  visitarían un barrio, La Candelaria, donde había buenos restaurantes especializados en, qué te parece, comida canaria, pasearían por la avenida de Los Próceres, subirían en el teleférico.&lt;br /&gt;-Y si vienes sin tu esposa te presentaré a unas muchachas muy lindas. El administrador de una empresa llamada “Caribbean Investments” tiene que conocer la cultura venezolana en todas sus facetas…-Sentenció Rosa, y se detuvo analizando la expresión de Basilio, preguntándose si se habría excedido. Pero no, el Guti estaba fascinado por el torrente de seductoras promesas.&lt;br /&gt;-¿Caribian invesmes?&lt;br /&gt;-Sí, así se llamará nuestra sociedad, ya tengo reservado el nombre en el Registro Mercantil.&lt;br /&gt;-Me gusta, suena bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras divagar un rato más en la terraza del casino, y pasada ya la medianoche, la caraqueña de guía turística dio por concluida la velada.&lt;br /&gt;-Tengo que llamar a mis socios para comunicarles que está cerrado el trato, pero en Caracas apenas son las seis y media de la tarde, así que mi chofer y yo podemos acompañarte hasta tu casa.&lt;br /&gt;-No te molestes, pediré un taxi.&lt;br /&gt;-Molestia ninguna, de camino conversamos un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, para Rosa no era ninguna molestia, estaba disfrutando con el papel, máxime, después de la tensión inicial, cuando se persuadió de que el Guti se había tragado el anzuelo. No, la molestia era para nosotros, para Charlie y yo, que llevábamos esperando toda la tarde y noche, con apenas un bocadillo comido en el asiento del auto, y un par de ansiolíticos para relajarme, porque sino hubiera tirado de pistola sin más dilación, y al traste con nuestro magnífico plan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte no vivía lejos de allí, sólo tuvimos que subir, atravesando los muelles, continuar subiendo por Princesa Guayamina,  sexta a la izquierda, y hasta el fondo. En la calle Timagán vivía, en un edificio que daba directamente a una playa semicircular, de arena negra y rocas, muy batida por el oleaje del norte.&lt;br /&gt;-Mañana os recojo a ti y a tu esposa, vamos a tu banco y depositamos el capital social a nombre de “Caribbean”, ¿Ok? Después vamos al notario y firmamos las escrituras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto fue coser y cantar. La esposa, como bien dijo el Guti, no tenía ni idea de negocios, no hizo ninguna pregunta, se limitó a firmar el cheque por los sesenta millones. Tampoco puso ningún reparo al documento por el que vendía sus acciones al  marido, en régimen de separación de bienes. Firmó las dos copias, una para el Guti, y la otra Rosa la guardó como oro en paño en su pequeño maletín. Ese papelito era el que nos abría las puertas al embargo de bienes.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Curiosamente, hubo un problema de última hora y nunca mejor dicho, en el banco, pero fue por culpa nuestra. El director, amigo de Gutiérrez,  intentó pedir conformidad telefónica al traspaso desde mi cuenta de Panamá, y claro que a esas horas estaba cerrado. Rosa llamó en un aparte a Charlie, éste a su vez me lo explicó a mi, y yo me fui directo a otra oficina bancaria en la que tenía una jugosa cuenta a la vista, con el producto de las facturas falsas.  Saqué un cheque bancario al portador por la cifra requerida, y se lo hice llegar a Rosa por el mismo conducto. En total apenas nos retrasó tres cuartos de hora. Ventajas de tener exceso de liquidez. El director del banco sonrió al recibir el cheque a manos de Doña Flor, como si los millones fueran para él.&lt;br /&gt;-Todo correcto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma tarde le entregué al abogado el documento firmado por Gutiérrez y su esposa.  El abogado lo presentó en el juzgado y solicitó el embargo preventivo. El juez, días después, lo despachó previa fianza para asegurar responsabilidades, que presentamos de inmediato. Habíamos cruzado el rubicón. Antes  de recuperar lo nuestro con engaño no hubiera tenido gracia matarle. Ahora, dejarle vivo hubiera sido una peligrosa imprudencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-7183967854457637557?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/7183967854457637557/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=7183967854457637557&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7183967854457637557'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7183967854457637557'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/09/el-tuerto-76-caribbean-investments-sa.html' title='El tuerto. 76: Caribbean Investments, S.A.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2800753288914857937</id><published>2008-09-25T19:04:00.002+02:00</published><updated>2008-09-25T19:04:51.285+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 75: Hotel Catilina</title><content type='html'>-Nuestro proyecto –continuó Rosita, alias Doña Flor- es invertir de forma estable en el sector turístico de Canarias. No descartamos alguna operación a corto plazo que pueda ser lucrativa, pero en el fondo lo que nos interesa, a mí y a mis inversores, es permanecer. Estamos seguros que a largo plazo las islas se beneficiarán de una gran expansión económica, y queremos ir tomando posiciones. Para ello nuestra fórmula inicial será crear empresas mixtas, en las que el cincuenta por ciento de capital sea español, y el otro cincuenta   de nuestros inversores, representados por mí. Como usted sabe –y si no lo sabe se lo digo yo, pensó Rosita- podríamos prescindir en este momento de dicha fórmula, pues recientemente se ha aprobado una nueva ley de liberalización de inversiones extranjeras en España. Pero la verdad sea dicha, tenemos información extraoficial de fuentes cercanas al gobierno, y no estaría bien visto crear empresas al cien por cien venezolanas o colombianas, al menos por el momento. En realidad la liberalización vino impuesta por una Directiva de la Unión Europea, no porque el gobierno esté convencido.- Rosa detuvo su discurso para dar tiempo a que el Guti lo asimilase.&lt;br /&gt;-¿Y porqué han pensado ustedes en mi como su socio español?&lt;br /&gt;-Bueno, usted sería nuestro socio en las islas porque usted preside una empresa constructora, y nosotros queremos construir hoteles, apartamentos, y también participar en los concursos de obras del Estado y de la Comunidad Autónoma Canaria. Tenemos buenos contactos en las instituciones…¿Quiere que le cuente cuál va a ser nuestra primera operación?&lt;br /&gt;-Si, claro. Pero tal vez podríamos ir a un sitio más relajado…&lt;br /&gt;-Eso mismo estaba pensando yo, ¿no le apetece tomar un martíni?  Conozco un lugar donde los sirven inmejorables.&lt;br /&gt;-Oh, qué buena idea.&lt;br /&gt;-Perfecto, señor Gutiérrez. Permítame que le tome del brazo, y a cambio iremos en mi carro, ya que lo he dejado esperando a la puerta.&lt;br /&gt;-Con mucho gusto, doña Flor. Si no le importa, mi chofer nos seguirá en el mío, para traerme de vuelta.&lt;br /&gt;-De ninguna manera, ya le traeré yo mismita de vuelta, si es que le dejo regresar…-Y diciendo esto le guiñó un ojo. Y el Guti no se imaginó hasta qué punto estaba en duda si volvería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caraqueña impostada salió con aire majestuoso, del brazo del Guti. Charlie le abrió la puerta a la dama y dejó que el patán se abriera la suya&lt;br /&gt;-Llévanos…al Hotel Catilina. –La orden sonó como si fuera algo improvisado, y como si hubiera pasado toda la vida tomando martínis en la cafetería de ese hotel. Pero lo cierto es que todo estaba planificado con anterioridad, y el sitio elegido, localizado y estudiado con todo detalle. Entre otras cosas porque Charlie, que apenas conocía las calles de Las Palmas, había exigido que no hubiera itinerarios improvisados ni complicados. Este era muy sencillo: salir a la calle León y Castillo y seguir todo recto hasta el número 227. Allí, en los escalones que daban al pórtico de entrada al hotel, se detuvo el flamante mercedes 500, y esta vez no tuvo que bajar el Charlie para abrir la puerta, lo hizo el botones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un hotel de cinco estrellas, por supuesto, de estilo colonial inglés, construido en 1890 y totalmente renovado. Declarado monumento histórico artístico. Estaba enfrente del puerto deportivo,  rodeado de un jardín tropical.  Contaba con todas las prestaciones para cerrar un buen negocio: Sauna, masajista, baño turco, gimnasio, piscina cubierta y al aire libre, pista de tenis, sala de reuniones…incluso un casino en la última planta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entraron en la cafetería, un enorme salón con suelo de mármol, amplios butacones, iluminado por dos inmensas lámparas de araña. Allí, mientras paladeaban las bebidas, Rosa le fue desgranando el plan.&lt;br /&gt;-Pues mire, señor Gutiérrez…&lt;br /&gt;-Llámeme Basilio.&lt;br /&gt;-Gracias. Le decía que vamos a comprar un buen lote de terreno en Puerto de la Aldea.&lt;br /&gt;-Ah, sí, lo conozco, ¿En qué zona?&lt;br /&gt;-Al final de la calle de la Gabarra.&lt;br /&gt;-¿Donde desemboca el río?&lt;br /&gt;-Exacto.&lt;br /&gt;-Pero esa zona no es urbanizable…&lt;br /&gt;-Pronto lo será. Claro, usted no lo sabe…Ese río, la mayor parte se va a soterrar, y en el tramo final se hará una piscina.&lt;br /&gt;-Qué buena idea.&lt;br /&gt;-Y lo mejor es que toda, toda la zona, será urbanizada. Viviendas, hoteles, centros comerciales…Imagínese.&lt;br /&gt;-¿Y el terreno ya está comprado.&lt;br /&gt;-Yo tengo una reserva, en un documento privado, con derecho de cesión a terceros. Y la escritura pública se hará a favor de la sociedad anónima que usted y yo constituiremos. ¿Quiere que le hable de los términos de esa sociedad?&lt;br /&gt;-Ya le digo que la idea me parece buena…&lt;br /&gt;-Pues pasemos al restaurante, Don Basilio,  y enjuguemos los martínis antes de que se me suban todito a la cabeza.&lt;br /&gt;-De acuerdo, señorita, “enjuaguemos” los martínis. –Respondió el zafio. Y es que una de las tácticas de Rosa, alias Flor era precisamente soltar de vez en cuando alguna palabra que el tipo no comprendiese, para hacerle sentir su inferioridad. Y el zopenco indefectiblemente mordía el anzuelo.&lt;br /&gt;-Señora, si no le importa.- Le corrigió, por puro afán de corregirle.- Que soy casada. Pero para usted simplemente Flor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco era cierto lo de que se le subieran a la cabeza, porque de los tres martínis sólo había bebido la mitad del primero y un sorbito del segundo. El último ni lo había tocado. En cambio Basilio había sorbido hasta la última gota, y aún se quedó mirando el hielo con ganas de chuparlo pero, queriendo dar la mejor imagen, se reprimió en el último instante. Eso sí, en compensación, trasegó una botella y después otra de vino blanco para “enjuagar” una deliciosa merluza a la cazuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que lo justo es que la sociedad sea al cincuenta por ciento del capital, y que los dos seamos administradores mancomunados, para que así ninguno pueda realizar ningún acto que perjudique al otro, y tanto mis socios como usted tengáis la garantía y la tranquilidad de que el dinero sólo se destina a los fines previstos.-Y al decir esto Rosa probó un poco de su ensalada de marisco. &lt;br /&gt;-¿Qué cantidad habéis calculado?&lt;br /&gt;-Pues habíamos pensado comenzar con un capital social de dos millones de dólares. Perdone, ahora mismo no sé cuánto es en pesetas. –Sí que lo sabía, pero hablar en dólares era otra técnica más.&lt;br /&gt;-Unos doscientos. Pero ahora mismo yo no tengo ese dinero. –Dijo el zoquete.&lt;br /&gt;-¿Ah, no? ¿Y de cuánto dispondría entonces?&lt;br /&gt;-Pues…-Ahí fue cuando Basilio comenzó a dudar- Unos cincuenta millones, tal vez sesenta.&lt;br /&gt;-Bueno, supongo que no hace falta desembolsar todo el capital ahora. Podemos comenzar con esa cifra, y darnos un plazo para depositar el restante, o bien…Podemos cubrirlo en forma de préstamos externos que harían mis socios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le veía pensativo y abotargado, el efecto del alcohol, sin duda, pero había algo más que le preocupaba.&lt;br /&gt;-¿Quiere que subamos a la terraza del casino, a contemplar el mar y los veleros? ¿O prefiere una sauna y un masaje?&lt;br /&gt;-Creo que mejor subimos a que me de un poco el aire.&lt;br /&gt;-También podemos jugar unos bolívares en el casino.&lt;br /&gt;-¿Unos qué?&lt;br /&gt;-Ay, perdone, siempre me trasnocha la moneda de mi país.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2800753288914857937?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2800753288914857937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2800753288914857937&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2800753288914857937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2800753288914857937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/09/el-tuerto-75-hotel-catilina.html' title='El tuerto. 75: Hotel Catilina'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3054718703924119432</id><published>2008-09-14T19:31:00.003+02:00</published><updated>2008-09-14T19:37:09.506+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 74: Operación Sanahan.</title><content type='html'>La oficina de Guticonsa estaba en un edificio sobrio de la Plaza del Doctor O´Sanahan, esquina León y Castillo. Dos calles antes había visto la Clínica Nuestra Señora del Carmen,  me acuerdo que pensé: del doctor a la clínica, ahí te vamos a mandar, puerco. Rosa iba en una limusina alquilada para la ocasión, un Mercedes 500 conducido por…Charlie, que había venido desde Tenerife a prestarnos apoyo logístico y lucía un impecable uniforme de chofer. Yo iba detrás, en un discreto Renault Clío. El Mercedes entró en la plaza y yo observé desde la esquina cómo se detenía a la entrada del edificio. Rosa no se bajaba del coche. Pasaron algunos segundos, por fin salió Charlie y le abrió la portezuela, como debe ser. Yo le rebasé, salí al otro lado de la plaza y aparqué bajo unos árboles. Cuando el Mercedes reemprendiese la marcha pasaría por fuerza delante de mi. Charlie tenía instrucciones de esperar a la puerta, pese a que estaba prohibido aparcar.   Si aparecía algún policía daría la vuelta a la manzana y regresaría. Por si  acaso a alguno de nosotros –especialmente a Rosa, que se iba a meter en la boca del lobo- le surgía algún imprevisto, llevábamos un aparatito que se llamaba “busca”, y que mediante una llamada de teléfono enviaba una señal y un mensaje al usuario del busca en cuestión. En concreto, si Rosa decidía que teníamos que entrar de inmediato en acción, nos enviaría un mensaje a los dos que diría: “urge cirujano”. En tal hipótesis, ambos echaríamos mano a la pistola y nos cargaríamos yo al Guti y Charlie a su guardaespaldas. Pero no era ese el plan inicial, era un poco más sutil y sofisticado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La secretaria, una señora madura vestida de marrón, tenía pinta de ser esa empleada de toda la vida, que sin duda conoce bien los trapicheos de su jefe. Miró a Rosa con interés, dedicándole una especial atención al collar de perlas que había tomado prestado de nuestra joyería de la calle Arenal.&lt;br /&gt;-Buenas tardes, venía ver al señor Gutiérrez.&lt;br /&gt;-Está reunido con el arquitecto ¿Tenía cita?&lt;br /&gt;-Si es tan amable entréguele mi tarjeta de visita y esperaré a que pueda recibirme. –Y Rosa le tendió una elegante cartulina, con su nombre, su dirección en Caracas, y un escueto pero sugerente título, “investments”. Una palabra sencilla, para que un paleto como el Guti pueda entenderla y provoque en él atrayentes asociaciones de ideas. Pero la secretaria todavía no estaba leyendo la tarjetita, sino que su mirada se había posado en la muñeca de Rosa, en la que brillaba una pulsera de oro y diamantes, o tal vez se había detenido en el anillo de platino que decoraba su anular. Por fin leyó la tarjeta.&lt;br /&gt;-Siéntese, por favor.&lt;br /&gt;-Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La empleada recorrió el pasillo y entró sin llamar en el cuarto del fondo. En otra habitación, tras una mampara de cristal, se veía a un señor con aspecto de contable, rodeado de archivadores y afanándose con una pila de papeles (probablemente facturas impagadas, pensó Rosa). Tenía el rostro gordo y amarillento, con la cabeza gacha la papada le caía sobre la camisa, y hasta el pelo encanecido amarilleaba,  enfermo de las preocupaciones infinitas que le causaba la tarea de cuadrar las cuentas de la empresa. Seguramente el contable no ganaba para sustos ni para medicamentos contra la ictericia. Dentro de poco tendría que acogerse a la incapacidad laboral transitoria y no llegaría ni a la jubilación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosa observó el resto de la sala de espera: planos enmarcados colgando de la pared, a modo de cuadros a modo de cuadros de abstracción geométrico-futurista. Maquetas de edificios de diseño vanguardista. En fin, una horterada de pésimo gusto, pensó, lo cual, por asociación de ideas le hizo percatarse de que por ningún lado se veía al chofer-guardaespaldas. Rosa se lo imaginó asistiendo a la reunión de su jefe con el arquitecto, para protegerle de las amenazas de éste último.&lt;br /&gt;-Mire, señor Gutiérrez, si no echa usted más cemento y menos arena no podré firmar el certificado de finalización de la obra.&lt;br /&gt;-Pues me buscaré otro arquitecto que sea menos melindroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de los tacones la sacó de su ensoñación.&lt;br /&gt;-Puede pasar.&lt;br /&gt;-Gracias. -¿Pero no estaba reunido con el arquitecto? Pues no le he visto salir…Rosa caminó con elegancia, acompañando sus pisadas de un leve balanceo de brazos cuyo efecto óptico disimulaba ya por completo su cojera. En ese instante de entrar en el despacho del Guti experimentó una nueva clase de confianza en sí misma, que por primera vez iba más allá de la inteligencia o de su capacidad de seducción, era una confianza física, en su identidad corporal. Por primera vez se sintió dueña de su cuerpo, y eso en aquella tesitura le proporcionó la extraña convicción de que todo saldría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Guti, un paleto cincuentón con barriga, de rostro bien parecido, de facciones regulares, que sin duda había sido atractivo en su juventud, lo cual le hacía creer que aún lo era, esbozó una sonrisa melosa cuando contempló a aquella mujer joven, elegante y de exótica belleza. La curiosidad inicial que mostraban sus ojos, se transformó en abierta atracción. Sus pupilas se dilataron, por un instante recobraron el fulgor de antaño. Rosa le ofreció la mano con la palma hacia abajo, para que se la besara, pero el tipo no se percató a tiempo del gesto, porque no miraba la mano, y simplemente se la estrechó. Tomaron asiento frente a frente.&lt;br /&gt;-Dígame en qué puedo servirla. –Dijo el tipo, todo obsequioso.&lt;br /&gt;-Pues verá, señor Gutiérrez, yo represento a un grupo de inversores de mi país, Venezuela, y también algunos de la vecina Colombia. Traigo cartas de presentación y de crédito de diversos bancos que ahora mismo le estoy mostrando para corroborar lo que le digo. –Y así diciendo le entregó documentos de un banco de Panamá, uno de Gibraltar, otro de Suiza y finalmente uno de Holanda. Los documentos de Panamá eran los únicos auténticos, me los había proporcionado su director, como titular que yo era de la cuenta del difunto Federico. Era el único que estaba escrito en español y desde luego el único que a esas horas de la tarde podría comprobar el Guti, porque los otros bancos, todos europeos, ya estaban cerrados. Los había redactado la propia Rosa, en inglés, francés y nada menos que holandés. Los sellos y membretes nos los había proporcionado nuestra imprenta habitual de Tenerife. Lo que sí entendería el zafio Guti son las cifras consignadas: un millón de dólares, dos millones de libras esterlinas, ocho millones de francos, doce millones de florines.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3054718703924119432?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3054718703924119432/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3054718703924119432&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3054718703924119432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3054718703924119432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/09/el-tuerto.html' title='El tuerto. 74: Operación Sanahan.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5385954814674655240</id><published>2008-09-07T19:44:00.001+02:00</published><updated>2008-09-07T19:45:17.868+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 73: La caraqueña.</title><content type='html'>El tipo era imprevisible y escurridizo, difícil de abordar y más difícil aún diseñar un plan de ataque. Como de costumbre, le habíamos puesto un detective privado que le siguiera los pasos y nos tuviera al tanto de sus andanzas. No parecía tener costumbres fijas, ni hábitos, ni rutinas, ni horarios.  Lo mismo podía entrar en su oficina y pasarse doce horas seguidas sin salir de allí, (aparentemente trabajando, aunque eso el detective no lo podía asegurar, tal vez estuviese fornicando con alguna empleada, o durmiendo en el sofá de su despacho), como estar una semana sin pisar la sede social de la empresa. Cuando el detective llamaba por teléfono desde la cabina más cercana (todavía no se habían popularizado los teléfonos móviles o celulares, los pocos que había en manos de algún ejecutivo parecían transmisores de radio de la segunda guerra mundial), llamaba simplemente para asegurarse de que el informado –así se le designaba en los datos escritos que periódicamente me iban llegando- seguía dentro de su oficina, en esos casos la secretaria siempre respondía que su jefe estaba reunido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El informado tenía una amante, leí en una de las noticias que nos iba dando el investigador. Eureka, me dije, tal vez podamos chantajearle. Pero la ilusión se desvaneció poco después, porque de los detalles se desprendía que la esposa debía de ser harto conocedora de las andanzas del marido,     no sólo pernoctaba con su querida día sí día no, (en realidad habría que preguntarse quién de las dos era la amante y quién la engañada, o si más bien ambas eran engañadas por igual), sino que muchas de las noches salía de diversión por su cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ese lado, de su vida crapulosa, creí ver un resquicio por el que asaltarle, pero para colmo siempre iba acompañado de una especie de matón, mezcla de chofer y guardaespaldas, hermano gemelo – a juzgar por las fotografías- del señor Moon, el amigo de Charlie, salvo que no tenía la cabeza rapada, pero sí un bulto en la sobaquera que a un pistolón debía corresponder. Nunca iba solo, como si tuviera miedo. Qué tontería, claro que tenía miedo, cómo no iba a tenerlo, si tenía las Islas Canarias sembradas de enemigos, engañados, defraudados, perjudicados y estafados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez empecé a tomar conciencia de que a veces cargarte a un tipo no es tan fácil, sobre todo si quieres hacerlo bien y sin riesgos. En las ocasiones anteriores, o bien había surgido por casualidad, sin premeditación, como  le ocurrió a aquel drogadicto; o alguien se había encargado de hacerlo por mí, como en el caso de Plácido; o bien las circunstancias me lo habían puesto en bandeja, tal fue con Philip. Pero ahora no sólo había que elaborar un plan, había que crear las circunstancias que lo permitieran, o como dijo Rosa:&lt;br /&gt;-Si Mahoma no viene a la montaña, la montaña tendrá que ir a Mahoma. (¿o era al revés?).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No importa, lo que Rosa quería decir es que si nosotros no podíamos acceder a Gutiérrez, habría que hacer que Gutiérrez viniese a nosotros. O para ser más exactos, a ella. O sea, que Rosa quería ponerle un cebo…un cebo que sería en parte ella misma, y en parte la propia ambición de Gutiérrez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También fue Rosa la que dijo:&lt;br /&gt;-Si todas las opciones están abiertas, entonces hay que utilizarlas todas ellas, unas no excluyen las otras.&lt;br /&gt;Traducido: había que poner el pleito. Pero ¿Para qué?, le pregunté yo, si las posibilidades de cobrar van a ser mínimas (ya estaba demostrado que el tipo y su empresa eran insolventes, por eso le resbalaba todo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca se sabe, -me respondió-, pero el pleito será nuestra coartada, la prueba de que nosotros hemos actuado por la vía legal, confiando en la justicia, sí, no te rías. Es más, cuando ya esté presentada la demanda, es conveniente que el abogado le mande una carta comunicándoselo y ofreciéndole negociar para llegar a un acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se hizo todo ello, siguiendo el plan de Rosa, sobre todo porque ya me estaba impacientando y no tenía mejor alternativa que ir directamente  por Gutiérrez, de frente y a pecho descubierto, pistola en mano. Y eso no resultaba muy prudente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el siguiente paso volamos por separado a Las Palmas, donde se movía el tipo, sacando los billetes con pasaporte falso y registrándonos en hoteles diferentes.  Rescaté para la ocasión mi antiguo pasaporte de Ralph,  y Rosa se agenció un bonito pasaporte de la República de Venezuela, a nombre de Flor Izaguirre, con domicilio en Caracas, Avenida del Libertador, 615. Lo de Flor era como una sugerencia genérica de su verdadero nombre de pila. Y el apellido vasco facilitaba su historia de hija de emigrantes de la posguerra civil española. A Flor, digo a Rosa, se le daba muy bien imitar el acento venezolano (tampoco muy diferente del canario, al menos para mí, un foráneo), pero no dejaba de ser eso, una buena imitación que a oídos de un experto nunca pasaría por auténtico. Por ahí venían muy bien los ancestros españoles, para justificar la impureza de sus expresiones caribeñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa falsa venezolana tenía que aprender también a disimular lo mejor posible su cojera, para evitar cualquier identificación o asociación posterior. Rosa era una maestra de la puesta en escena, llegar siempre antes que su interlocutor, presentarse ya sentada, marcharse la última, y sobre todo beber muy poco líquido para no tener que ir al baño en mitad de una cena. Recuerdo que a mi me costó muchos meses descubrir cuál era su secreto. A eso había añadido el hallazgo de unos zapatos de suela mullida, con los que más que andar se deslizaba. Por último, había comenzado a usar unos pantalones largos y anchos de fino tejido, mezcla diría entre falda y pantalón, que disfrazaban muy bien las oscilaciones de su pierna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, la caraqueña hizo su presentación en sociedad, o para ser más exactos,  en las oficinas de Gutiérrez, aprovechando un aviso del detective de que el informado, o sea el pájaro, estaba dentro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5385954814674655240?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5385954814674655240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5385954814674655240&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5385954814674655240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5385954814674655240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/09/el-tuerto-73-la-caraquea.html' title='El tuerto. 73: La caraqueña.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-1728214029208440343</id><published>2008-08-31T19:54:00.001+02:00</published><updated>2008-08-31T19:55:20.532+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 72: Gutiérrez</title><content type='html'>Yo intentaba ser honrado pero las circunstancias no me lo permitían. Ya casi me había vuelto un ciudadano corriente y normal. No cometía atracos, no asesinaba (salvo casos de extrema necesidad), y ni siquiera vendía facturas falsas. Incluso pagaba discretamente mis propios impuestos. Sólo me faltaba ir a la iglesia los domingos y donar mi dinero a instituciones benéficas, y mi biografía estaría completa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no me dejaban, que conste. Me obligaban a saltarme la ley. Porque cuando empiezas a cumplir la ley a rajatabla, entonces son los demás los que se empeñan en darte por el culo. Y todo tiene un límite.  Digo yo: ¿Qué necesidad tenía el tipo de la constructora de complicarse la vida conmigo? O si lo prefieren: ¿Cómo pudo equivocarse tanto? Sí, es cierto que también nos equivocamos nosotros, “Paradise Real State”, al contratarle a él, al señor Gutiérrez, para que nos ejecutara la construcción de nuestro magnífico proyecto, primeramente un hotel de cien habitaciones y después vendría un edificio de ochenta apartamentos en Puerto Mogán. “Gutiérrez y Construcciones, S.A.”, se llamaba su empresa. “Guticonsa” La verdad es que su presupuesto era el más barato de todos los que recibimos, casi cincuenta millones menos. Eso debió mosquearnos. Pero ay, la falta de experiencia. Y eso que Jesús, el abogado, hizo averiguaciones en el Registro Mercantil: estaba todo correcto (aparentemente), con sus cuentas depositadas y todo. E incluso consultó en los Juzgados y no tenía reclamaciones ni denuncias. Las trampas las tenía bien ocultas el pájaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Confieso que me equivoqué, sí, yo personalmente, porque después de la última ampliación de capital era yo quien tenía el control efectivo de “Paradise Real State, S.A.” A través de Rosita había suscrito un quince por ciento adicional, lo que sumado al cuarenta que ya teníamos entre Charlie y yo significaba que poseíamos el 55 por ciento de las acciones. “Los toscos” se habían tenido que conformar con pasar a ser socios minoritarios. Así que la responsabilidad última era mía. Me falló el olfato. “Los toscos” se venían ocupando de la parte rutinaria del negocio, pero se suponía que las decisiones trascendentales eran de cuenta mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que cuando Jesús me llamó para comunicarme el problema, la emergencia más bien, no pude sino tranquilizarle y descargarle de toda responsabilidad. Yo estaba tan ricamente en Madrid, además, disfrutando de mi vida con Rosa y todo me iba viento en popa. Habíamos comprado la joyería y estábamos a punto de ponerla en marcha, tras instalar algunas medidas de seguridad: cámaras de vigilancia, cristales blindados, y alarma conectada con la policía. Nos faltaba elegir al empleado que se ocuparía del negocio, bajo la supervisión de Rosa, para poder inaugurar el cambio de  dueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los negocios del banco privado del difunto Federico también estaban siendo gestionados satisfactoriamente. En este caso era la abogada Sofía la que se encargaba, siguiendo mis instrucciones, de todos los detalles, reclamando deudas atrasadas, cobrando intereses, y ejecutando cédulas hipotecarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo iba tan bien, que en realidad me daba por pensar si no me estaría ablandando a causa de la vida fácil y cómoda. Lo peor es que no me entiendo ni yo mismo. Cuando estoy sumergido en la aventura, en el riesgo, anhelo la tranquilidad superficial, y cuando la consigo me aburro, añoro la emoción del riesgo. De forma que cuando le conté a Rosita el problema, con un ligero toque de preocupación, en realidad pensaba: ¡Qué hipócrita eres! Si en el fondo necesitabas un poco de acción…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero cuál era el problema?, me dirán. Muy sencillo, tras recibir un primer pago anticipado, “Guticonsa” había levantado la estructura del hotel, hasta aquí todo correcto, pero después de pagarles el segundo plazo, y al comenzar a levantar paredes exteriores, Don Luis Tosco, mi socio, detectó de inmediato que la calidad de los materiales era muy inferior a la contratada. Ordenó parar de inmediato y rectificar la chapuza. Y ahí   comenzaron los conflictos. Se negaron a modificar nada y dejaron paralizada la obra. Intervino Jesús, el abogado, enviando un requerimiento notarial y amenazando con demandarles judicialmente. Y lo que ocurrió fue…que el tal Gutiérrez hizo caso omiso. Ahí fue cuando mis socios acudieron a mí. La vía legal no parecía causarle ningún temor. Había recibido un anticipo de treinta millones y se negaba a todo, a continuar la obra correctamente, y a devolver el dinero. La paralización ya nos estaba causando un perjuicio considerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por si fuera poco, cuando le llamé por teléfono ni me atendió, ni me devolvió la llamada. Así que tengo que ir personalmente a resolver esta situación, le dije a Rosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué piensas hacer?&lt;br /&gt;-Ya veremos, todas las opciones están abiertas, la vía del acuerdo, la vía judicial…y la vía de la fuerza.&lt;br /&gt;-Voy contigo.- Dijo, afirmó. No me preguntó como otras veces: ¿Quieres que te acompañe? Qué bueno, tuve la certeza de que a Rosa también le apetecía un poco de acción.&lt;br /&gt;-No, cariño, puede ser peligroso, tú quédate aquí, ocúpate de la joyería, ¿vale? –Su gesto de rechazo me lo confirmó.&lt;br /&gt;-La joyería puede esperar, ¿no? ¿O crees que no soy capaz de ayudarte?&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, quieres participar? ¿Y tu trabajo en el colegio?&lt;br /&gt;-Bah, el colegio…puedo cogerme unos días de baja. Y por supuesto que quiero participar, es más, creo que tengo tanto derecho como tú. ¿No se supone que tengo el quince por ciento? Pues si el tipo te está jodiendo a ti, me está jodiendo a mí.&lt;br /&gt;-Oh, desde luego que tienes todo el derecho; simplemente pensaba que era responsabilidad mía.&lt;br /&gt;-Pues olvídate.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-1728214029208440343?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/1728214029208440343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=1728214029208440343&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/1728214029208440343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/1728214029208440343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/08/el-tuerto-72-gutirrez.html' title='El tuerto. 72: Gutiérrez'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2675678331417754014</id><published>2008-07-23T00:36:00.007+02:00</published><updated>2008-07-23T00:47:32.751+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 71: pequeño inconveniente.</title><content type='html'>Mi vida discurría en un equilibrio físico y mental inestable, precario. Me daba cuenta porque cualquier pequeño cambio afectaba al resto de mi existencia, diría más: una ligera modificación de la rutina ponía en peligro el conjunto de mi estructura vital, hasta el punto de que me obligaba desesperadamente a buscar y encontrar un nuevo reajuste. Digo esto, y pondré un ejemplo. Otra vez lleno de ironía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi viaje a Madrid y mi estancia con Rosa, esa época que al principio pintaba con rasgos de armonía ypara después ensombrecer con sorprendentes manchas de envidia. Aparece un elemento más, y ahora el trazo se vuelve tembloroso. ¿Cómo decirlo? Estando con Rosa tuve que dejar de tomar mis pastillitas, tranquilizantes y somníferos. No por capricho ni por una pura decisión de la voluntad, sino por una necesidad perentoria. Me explico, esas dichosas, benditas pastillitas, entre sus muchos efectos benéficos que para mí tenían, presentaban un pequeño inconveniente, -vamos a decirlo con claridad- y es que suprimían mi apetito sexual. Eso era inadmisible, impensable, de todo punto descartable mientras estuviera en compañía de Rosa. Ya he dejado entrever que la antaño Rosita había perdido su timidez y se mostraba cada vez más…libidinosa. No, en modo alguno podía dejar de satisfacer las necesidades de mi querida profesora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que no me quedó más remedio que tirar las pastillitas por el retrete y aguantar lo mejor que pude. Durante el día en un estado de tensión, mental, física, muscular. Hubo una tarde que practicando los placeres de Eros con mi querida profesora y futura joyera, la cual, para estimularme visualmente se había puesto la tobillera que le regalé, esa tarde, digo, me dio una contractura en el muslo y no pude continuar. Tuvimos que intercambiar los papeles y que fuera ella la que adoptara el papel activo mientras yo yacía tendido e inmóvil. Parece que a ella le resultó positivo el intercambio, pues a partir de entonces siempre quería montar encima de mi, y manejar por completo el ritmo y la melodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche sobrellevando el insomnio gracias a la lectura mientras Rosa dormía plácidamente. He de confesar que me vino bien para profundizar en el estudio de leyes, criminología, e incluso intrigado por la curiosidad de conocer un poco mi propia mente me compré -un poco al azar- varios manuales de psicología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor no era el insomnio, ya digo, sino que cuando por fin conseguía conciliar el sueño, agotado, me asaltaban las pesadillas. Bien es verdad que a veces, después de una sesión de erotismo placentero, conseguía enlazar ese estado de relajación que me sobrevenía, con el sueño. Entonces disfrutaba de un par de horas de algo parecido al auténtico descanso. Pero siempre al final me despertaba sobresaltado, en medio de imágenes cuando menos preocupantes, si no angustiosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo curioso es que mis sueños, o pesadillas, lejos de repetirse, presentaban cada vez un contenido más variado, y al mismo tiempo eso las hacía más inaprensibles, más escurridizas. Muchas de ellas se desvanecían nada más despertar, dejando sólo una vaga sensación. Era como si a medida que yo intentaba ensanchar el campo de mi conciencia mi mundo onírico se alejaba más y más de mí, como queriendo arrastrarme, como intentando llevarme…¿a dónde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo, sí, algunos de estos sueños: “Se estaba celebrando una competición de lanzamiento de cuchillos. Cada uno tenía tres lanzamientos y el reto era que había que clavarlo en el mango del cuchillo anterior. Hice un primer intento y…fallé. Sorprendido, me dije a mi mismo: no te preocupes, ten calma, no pasa nada. Aunque por dentro sonaba otra voz susurrando: -ya no eres el de antes, estás perdiendo facultades. Segundo lanzamiento…de nuevo fallé. Esto sí que ya es preocupante. Bueno, hay que tener en cuenta que es una difícil diana. Pero ahora, por favor, concéntrate. Por fin, al tercer intento, conseguí ensartar el mango del anterior. Fue un lanzamiento limpio, seguro, preciso, contundente.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me preguntaba por el significado. Tal vez el sueño te indica que estás volviendo hacia atrás, a una etapa o situación similar a otra del pasado. ¿Cuál puede ser esa situación, en qué consiste? Pero por más que me devanaba los sesos no conseguía encontrar la respuesta. El sueño sólo me dejaba entrever la pregunta. Caray, a veces la solución no se encuentra en un único sueño, sino que hay que mirar el conjunto de un grupo de sueños. El inconsciente se vuelve complicado. Y en éstas me llamó la atención un segundo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me encontraba en lo más alto de un rascacielos, en el último piso. Había más gente. Era como si todos fuésemos visitantes. Yo iba acompañado de una mujer, puede que fuese Rosa. El lugar era una atracción pero no sabía cuál era. De pronto la descubrí, era el ascensor. Estaba con la puerta abierta, esperando que Rosa y yo entráramos. Y de repente lo supe, ese ascensor bajaba en caída libre. Simplemente alguien soltaba los frenos y cincuenta pisos hacia abajo, acelerando a ¿cuánto era, diez metros por segundo? La ley de la gravedad. Sentir el vacío en el estómago. Y la incógnita: ¿frenaría en el último instante? ¿O nos estrellaríamos contra el suelo, abrazados Rosa y yo en ese último suspiro?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté mucho antes de saber siquiera si entraría o no entraría en ese ascensor acompañado de Rosa. Lo que sí supe muy bien al despertar es lo que sentí: miedo. Miedo a caer, miedo al vacío. Miedo sobre todo por mi querida Rosa, a la que yo estaba arrastrando injustamente a mi forma de vida. Miedo, sensación de peligro. Pensé. ¿Qué es lo más peligroso en lo que estás metido en éste preciso momento? Las facturas falsas, los drogadictos de testaferros. Algo puede salir mal si no paras de inmediato ese negocio. Esa es la situación similar al pasado, que están a punto de pillarte. Aparecerá un inspector de hacienda, o alguno de los drogadictos hablará más de la cuenta. ¿Y entonces qué harás, cargarte al inspector de hacienda? Es absurdo que sigas metido en eso. En realidad ya hace tiempo que no necesitas esa fuente de ingresos. Tienes liquidez suficiente, sobrada incluso. Además, Rosita es lo único bueno que hay en tu vida (en momentos de mi propia fragilidad seguía pensando en ella como Rosita, seguía sintiéndome protector hacia ella). Rosita es tu mujer, pero también es toda tu familia, es tu padre, tu madre, tu tía, tus hermanos. Así que se prudente. Ya, acábalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso fue lo que hice, quitarme al menos una fuente de preocupación, de ansiedad. No vendí ninguna factura más, le dije a todos los clientes que se terminaba el negocio. Y no sólo eso, encargué la disolución y liquidación de las sociedades pantalla. Debo añadir, para mi orgullo, que cosa de un año después llegó una orden de inspección de hacienda a una de aquellas sociedades. Para entonces, el drogadicto que figuraba como dueño…se había muerto de…sida, sobredosis, no lo sé exactamente. Parada cardiorrespiratoria decía el certificado de defunción, que fue el documento que le enviamos a Hacienda, a través de la gestoría, junto con la escritura de liquidación de la sociedad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2675678331417754014?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2675678331417754014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2675678331417754014&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2675678331417754014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2675678331417754014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/07/el-tuerto-71-pequeo-inconveniente.html' title='El tuerto. 71: pequeño inconveniente.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5900386447197934132</id><published>2008-07-11T00:00:00.003+02:00</published><updated>2008-07-11T00:01:47.877+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 70: Las comparaciones son odiosas.</title><content type='html'>Creo que debido a esa época de armonía que atravesaba me resultó mucho más extraña e incomprensible para mí mismo la reacción que me provocó la noticia de la libertad de Luke, y sobre todo el saber de su vida. Fue Charlie quien me trajo las novedades. A su regreso a España, pasó por Madrid un par de días, tenía que arreglar papeles en la Embajada. Venía, para mi sorpresa, doblemente acompañado, uno era mister Moon, amigo de gimnasio de Charlie. La otra era Yasmín, la reciente novia de Charlie. Pero de ellos hablaré después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digo que me extrañó mi propia reacción, porque sentí…envidia. Eso es, cuesta decirlo, casi me avergüenza. ¿Pero cómo puedo sentir envidia, yo,-me preguntaba- un tipo que consiguió escapar de la policía, de uno que fue capturado y se ha pasado casi cuatro años entre rejas? ¿Cómo puedo sentir envidia yo, un tipo que está forrado de dinero, de un pobre tipejo que ahora mismo no tiene dónde caerse muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, eso es lo que sentía. Todo mi asombro no podía ocultar lo que en el fondo pensaba: “Mira, ahí le tienes, ahora Luke está en libertad, condicional, sí, pero con pleno derecho, sin temor alguno, ha cumplido su parte de castigo y ahora va por la vida con la cabeza bien alta. En cambio yo, sí, escapé, pero aquí me tienes, en busca y captura, viviendo con una identidad falsa. Siempre con el miedo en el cuerpo a que la policía británica me encuentre.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que las noticias de Luke eran sorprendentes. “No me lo esperaba en absoluto. Ha estado estudiando en la cárcel y se ha sacado el título de analista informático, brillantemente además. Qué callado se lo tenía. Yo no he sido capaz de terminar mis estudios de derecho. Pero tampoco lo necesito, puedo contratar a los abogados que quiera. Me jode que como un gilipollas he estado mandándole dinerito mes a mes, pensando que estaría pasándolas moradas. Al menos ha sabido tener la boca cerrada. Y mírale. Encima tuvo suerte con la apelación, le redujeron la condena. Le ofrecieron un trabajo de informático y… a la calle. Libertad condicional. Yo en cambio en busca y captura.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más me ha cabreado ha sido que no quisiera saber nada de nosotros, ni de Charlie ni de mí. Qué ingratitud. Charlie se tuvo que enterar a través del abogado. Y nosotros preocupándonos por él. Le llamó a su nuevo trabajo, en esa empresa informática, y va y le dice que por favor no vuelva a llamarle, que es mejor que cada uno siga su camino. Está bien. Ya veremos las vueltas que da la vida. Podía haber trabajado con nosotros, de informático, por supuesto, y todo legal, sin ensuciarse las manos, que para ensuciárselas ya estoy yo. Pero no, el niño ya no se relaciona con delincuentes. Pues no te preocupes, chaval, que en cuanto regrese a Tenerife lo primero que voy a hacer es contratar un informático, para que nos informatice bien toda la gestión de la empresa. Lo quiero todo en ordenador, fuera los viejos ficheros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero porqué te empeñas en compararte con él? Mira que las comparaciones siempre son odiosas. Y además: cada uno es como es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es mejor que hables de mister Moon. Se habían encontrado casualmente en Londres, viejos amigos de gimnasio.&lt;br /&gt;-¿Cómo te va la vida?&lt;br /&gt;-Pues no muy bien, la verdad, he estado en la cárcel,&lt;br /&gt;-¿Y eso?&lt;br /&gt;-Bueno, una pelea. –Moon tiene el físico de un levantador de pesas, una auténtica mole. Además se gasta muy mala leche.&lt;br /&gt;-¿Qué le hiciste al otro?&lt;br /&gt;-Le rompí la cara y varias costillas. Ahora no tengo trabajo.&lt;br /&gt;-¿Pues por qué no te vienes conmigo a España? -Le dijo Charlie-. Seguro que encontramos algo para ti. – Y vaya si se lo encontré, en ese instante ya me lo estaba imaginando como empleado vigilante de la futura joyería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la chica, Yasmín, la conoció en la plaza de Trafalgar, donde vendía sus dibujos y hacía caricaturas. Es iraní, refugiada política, pero las autoridades británicas aún no le han reconocido su estatus. Tiene unas ideas que en su país no son bien vistas, es totalmente prooccidental. La habían arrestado varias veces, por negarse a llevar el velo, por hacer protestas en la universidad. Al tercer arresto le advirtieron que la próxima vez le caerían veinte años, por activista contrarrevolucionaria. Consiguió salir de su país, con un visado de turista. Tiene veintidós años y no ha podido terminar sus estudios de bellas artes en la universidad. En eso está como yo. En lo demás está mucho peor. Está convencida de que le van a denegar la condición de asilada política, el abogado que la defiende ya se lo ha advertido: no puede demostrar claramente su militancia, y en cualquier caso no pesa sobre ella ningún cargo grave, ni siquiera leve en realidad. Lo único que puede alegar es la posibilidad de ser arrestada nuevamente, pero eso no es más que una hipótesis. Así es la justicia, quiere hechos, pruebas, no especulaciones ni futuribles. En esas circunstancias, no hizo falta que Charlie se lo repitiera dos veces cuando la invitó a venir con él, en principio de vacaciones, hasta tener la resolución de su petición de asilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te preocupes, Yasmín, si hace falta ya encontraremos algo también para ti. Dice Charlie que pintas muy bien…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5900386447197934132?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5900386447197934132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5900386447197934132&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5900386447197934132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5900386447197934132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/07/el-tuerto-70-las-comparaciones-son.html' title='El tuerto. 70: Las comparaciones son odiosas.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3729776590944876985</id><published>2008-07-04T10:53:00.002+02:00</published><updated>2008-07-04T10:54:16.479+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 69: El poder de Rosa.</title><content type='html'>Se trata de una pequeña joyería en la calle Postas, el local es reducido y necesita una buena reforma, pero la zona es muy comercial. Ha sido una casualidad que Rosa viera el cartel de “Se vende”, de hecho en ese momento no iba pensando en joyas, simplemente caminaba al azar,  mirando tiendas en busca de algo de ropa, unos vaqueros, una blusa. Al ir despacio, renqueaba muy ligeramente, apenas perceptible. Se queda mirando el cartel, medio absorta,   tropieza con el bordillo de la acera y casi cae al suelo; suerte que al perder el equilibrio ha chocado con un caballero de mediana edad que gentilmente la sujeta del brazo.&lt;br /&gt;-¿Se encuentra bien?&lt;br /&gt;-Sí, gracias.&lt;br /&gt;-De nada. Si me permite la acompaño un trecho.- El caballero no pierde oportunidad. Va bien trajeado, casi excesivo, de esos dandis que llevan un pañuelito asomando del bolsillo superior de la chaqueta.&lt;br /&gt;-No, gracias, voy a esta joyería.&lt;br /&gt;-Usted no es de aquí, ¿verdad?, lo digo por el acento…&lt;br /&gt;-No señor, soy canaria.- Rosa le contesta educada pero fría, pensando que ya ha pagado su cuota de amabilidad, y se dirige directa a la puerta de la joyería, sin mirar atrás.&lt;br /&gt;-Ah, canaria. –El señor se la queda mirando. Ella siente la mirada del hombre en su nuca. Finalmente desaparece tras la puerta de la joyería y el caballero, con una media sonrisa prosigue su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, hija ¿qué querías?&lt;br /&gt;-Buenas tardes, he visto el cartel de “Se vende” y lo cierto es que tengo pensado dedicarme al negocio. ¿Es usted la dueña?&lt;br /&gt;-Mi marido y yo somos los dueños, hija. Llevamos toda la vida en esta joyería y nos vamos a jubilar. Mi marido está enfermo.&lt;br /&gt;-Cuánto lo siento. ¿Y usted me podría informar del local?&lt;br /&gt;-Claro, hija, últimamente soy yo quien se ocupa de todo. No hay más que lo que ves, y ésta pequeña trastienda. Todo está en regla, la escritura de propiedad, la licencia del negocio, los libros, todo. ¿Así que tú entiendes de joyería?&lt;br /&gt;-Sí, señora, mi mamá tenía una. ¿Y el precio?&lt;br /&gt;-Bueno, pedimos cuarenta millones.&lt;br /&gt;-No sé, el local es pequeño y necesita muchos arreglos…&lt;br /&gt;-Ya lo sé hija, pero ese tema mejor que lo hables con mi marido, él es quien tiene la última palabra.&lt;br /&gt;-La verdad es que yo también tendría que consultar con mi compañero. ¿Cuándo podríamos verle?&lt;br /&gt;-Toma nuestra tarjeta, llámanos por teléfono, y venís a casa un día, mi marido casi no sale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Rosa me tendió la tarjeta, al tiempo que terminaba de contarme su entrevista, ambos sabíamos que yo no sería capaz de negarme. A lo sumo le haría ver los inconvenientes reales que presentaba su plan.&lt;br /&gt;-La idea es buena –tuve que reconocer- pero ¿quién se hará cargo de atender el negocio? Tú trabajas…&lt;br /&gt;-Sólo por las mañanas. Podría contratar a alguien media jornada. ¿Has calculado lo que podríamos ganar con las joyas si las vendemos bien, poco a poco, en lugar de dárselas a menos de la mitad de su precio a un comerciante abusivo? Yo te lo diré: para comprar dos o tres locales como ése.&lt;br /&gt;-No es eso lo que me preocupa, pero, ¿y cuándo tendrías tiempo libre para estar conmigo? –Me puse en plan egoísta.&lt;br /&gt;-Por las noches…-Me susurró, insinuando su arma secreta. Y esa era otra de las facetas en las que Rosa mostraba una creciente seguridad: el sexo y el consiguiente poder que a través de él ejercía sobre mí. Dentro de casa había perdido por completo no ya cualquier complejo, sino la timidez e incluso el pudor. Con cualquier pretexto –salir de la ducha, cambiar de ropa- se paseaba desnuda por la casa, de un cuarto a otro. Se regodeaba en exhibir su desnudez ante mí, en llamar mi atención,  provocar mi estímulo Más aún, había alcanzado una notable habilidad, que acaso poseyera innata,  en manejar esa rueda del destino que empieza en el deseo y termina en la satisfacción y la calma. Se había convertido en una especie de diosa doméstica que regulaba los ciclos de mis mareas&lt;br /&gt;-Está bien, me has convencido, mañana hablaremos con ese joyero. –Concluí, mientras la abrazaba…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Fui a ver la joyería con Rosa, a última hora de la tarde, casi en hora de cerrar. La mujer nos enseñó la documentación, yo examiné la escritura y la licencia. Después, mientras Rosa terminaba de ver los libros y la mujer parloteaba, comprobé que no tenía ninguna medida de seguridad, ni tan siquiera una alarma. Después la señora echó el cierre, simple cierre metálico, y fuimos caminando a la casa, quedaba cerca. El hombre nos recibió sentado en su butaca, nos tendió la mano, pero no se movió ni hizo ademán de levantarse para saludarnos. Mientras Rosa charlaba con la dueña yo eché un vistazo por la habitación. Vi una foto.&lt;br /&gt;-¿Son sus hijos? –La mujer asintió-Y dígame, señor, -me dirigí a él- ¿cuántos atracos han sufrido últimamente? Porque usted está así por un atraco, ¿verdad? Fue herido, ¿no es eso? –El hombre guardaba silencio, con la mirada perdida en el infinito; la señora se había echado una mano a la cabeza en señal de pesadumbre; yo continué presionando- Díganos la verdad. ¿Quiere que arriesgue la vida de mi mujer? Rosa, será mejor que nos vayamos, déjales una tarjeta nuestra, si alguna vez quieren ser honestos que nos llamen y seguiremos hablando. Pero creo que éste es un negocio peligroso. Buenas tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la calle, Rosita (por unos minutos la sentí pequeña de nuevo) me preguntó:&lt;br /&gt;-¿Cómo sabías lo de los atracos?&lt;br /&gt;-Cariño, fue una intuición. Te confieso que al ver el local lo primero que pensé fue en lo fácil que resultaría atracarlo, llámalo deformación profesional si quieres. Luego, en la foto estaba el matrimonio y cuatro hijos. ¿Porqué razón iban a vender un negocio potencialmente tan bueno, si podían dejárselo a cualquiera de ellos? Fue lo que pensé. Y después, mientras miraba al hombre en la butaca me vino a la mente, no está enfermo, se ha quedado paralizado por un disparo que le alcanzó la columna. No sé, tal vez leí la noticia en algún periódico, hace tiempo, y se quedó grabado en mi subconsciente, y de súbito lo relacioné todo.&lt;br /&gt;-Vaya subconsciente que tienes. Pues lamento haberte hecho perder el tiempo.&lt;br /&gt;-Qué va, cielo, no lo hemos perdido en absoluto, creo que al final nos llamarán y compraremos la joyería, pero eso sí, por menos precio y tendremos que solucionar el problema de la seguridad, ya pensaré algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita se cogió de mi brazo y seguimos caminando en silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3729776590944876985?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3729776590944876985/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3729776590944876985&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3729776590944876985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3729776590944876985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/07/el-tuerto-69-el-poder-de-rosa.html' title='El tuerto. 69: El poder de Rosa.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-4004052893070986762</id><published>2008-06-29T17:11:00.003+02:00</published><updated>2008-06-30T01:01:57.599+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 68: La seguridad de Rosa.</title><content type='html'>Viajé a Madrid, era tiempo de ocuparme en gestionar las maletas de Federico, y sobre todo lo era de atender a Rosita como merecía. Fue una época de placer y armonía en la que atracción y necesidad mutua se fue transformando en esa cosa que llaman amor y que no puedo decir que fuese idílico, ni romántico, ya que nuestra relación no estaba sustentada en ninguna idealización. Partiendo del hecho de que yo no era ningún príncipe, sino un delincuente feo y tuerto; Rosa –curiosamente empezó a perder el diminutivo para mí- no tenía necesidad de aparentar lo que no era, ni de ocultar su condición de profesora coja, tímida y todavía cargada de complejos por una madre tiránica, si bien cada vez más lejana. En este reencuentro sentí que Rosa había crecido para mí. Percibí que ya no se avergonzaba, la lejanía de su madre le permitía tomar conciencia y aceptarse a sí misma. Más aún, habían surgido varios campos en los que Rosa mostraba una creciente seguridad en sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su trabajo de profesora desde luego, siempre fue una buena profesora, doy fe. Es más, su presencia me estimuló a retomar mis estudios. Por las mañanas, cuando se marchaba a Leganés, a dar sus clases, yo me quedaba en casa estudiando, aunque como siempre terminara haciéndolo de una forma dispersa: picoteaba un poco en materias de derecho (al hilo de lo que en cada momento me interesara), otro poco de literatura, y al final el deseo de interrogarme por el sentido de todo me llevó a tocar la filosofía. A veces al salir de la ducha me miraba en el espejo y me preguntaba quién era yo. Llegué a cuestionarme por qué hacía lo que hacía, e incluso intuí que tal vez la respuesta a ambas preguntas pudiera ser la misma. Pero estoy desvariando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablaba de las facetas en las que Rosa mostraba una pujante seguridad, y una de ellas era la venta de las joyas. Fue pensando en su buen ojo para el arte, a propósito de los cuadros de Federico y sus visitas a galerías y casas de subastas, que se me ocurrió mostrarle la maleta con las joyas y sugerirle que quizá quisiera ocuparse de venderlas poco a poco. Se mostró muy satisfecha con el encargo, casi entusiasmada. Comenzó a documentarse con libros y catálogos sobre todos los aspectos del negocio de joyería, desde los procesos de diseño y fabricación, pasando por los talleres, hasta especialmente la valoración, los entresijos del comercio, y las ferias internacionales. Aprendió a discernir la calidad de la excepcionalidad, la materia prima del trabajo, la marca del contenido. Poco después inició visitas -sólo de tanteo, llevando fotografías de las joyas, nunca las joyas mismas- a importantes tiendas de la capital, siempre con la explicación adecuada, con la palabra justa, hablando de tú a tú con los profesionales. Inventó una madre dedicada al ramo en el pasado, ya fallecida, de la cual habría heredado joyas, conocimientos y contactos. Y al tiempo que contaba su historia exhibía un poco de las tres cosas, las dos primeras bien reales, por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a un punto en el que tropezó con el obstáculo más importante: para rematar la venta en buenas condiciones necesitaba las facturas de compra o al menos algún tipo de certificado emitido por algún establecimiento del ramo, que acreditase el origen legítimo. Se sumió en el estudio algunos días más, y al cabo me contó su plan: me presentó una lista de antiguas casas comerciales, de Ámsterdam, Bruselas, Belo Horizonte, Sao Paulo, Bombay. Todas ellas eran establecimientos internacionalmente reconocidos, pero que por alguna razón habían cerrado, desaparecido, o sus libros de registro se habían extraviado, quemado o destruido. En silencio, intuí su idea antes de que terminara de contármela, confeccionar una serie de facturas y certificados –falsos, claro, pero a los que daría apariencia de antiguos, imitando el formato y la apariencia de los auténticos- de los cuales muy difícilmente podría comprobarse ni su autenticidad ni su falsedad, al no existir ni el representante que lo acreditase, ni documentos con los que cotejar. Me quedé maravillado de la audacia e ingenio de su estratagema, y también sorprendido de hasta qué punto se adaptaba a mi propio estilo de crear efectos que resultasen tan creíbles como la realidad, a veces más. Aún así, le pedí tiempo y prudencia para madurar y concretar los detalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sobre todo ni se te ocurra elaborarlos ni firmarlos de tu propia mano.- Le dije, pensando vagamente en hacer uso de alguno de los drogadictos que utilizaba para las facturas falsas.&lt;br /&gt;-No te preocupes, ya lo tengo pensado, no se necesitan firmas, todo se hace a máquina y con sellos y tampones. – Y a los pocos días apareció en casa con una máquina de escribir antigua, una “Sterling continental”, a la cual siguieron otras, una “Remington”, una “Imperial”, y la famosa “Underwood”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más difícil vino después, y era lograr el papel adecuado. Por breves jornadas la vi empequeñecer bajo el peso de las dudas hasta retroceder a ser Rosita, pero nuevamente se esforzó en documentarse. Consiguió libros y revistas sobre papel antiguo, contactó con varios coleccionistas e incluso un restaurador. Me asombraba el empeño que ponía en lo que ya indiscutiblemente era su proyecto. Finalmente, a través de un coleccionista, adquirió una remesa de varias clases de papel antiguo. Era perfecto, ese papel pasaría cualquier prueba de datación radiológica. Contrató los servicios de una imprenta, que bajo sus instrucciones le fabricó los sellos y los tampones de firmas. Elaboró un primer documento, a modo de prueba. Faltaba envejecer no ya el papel, sino la tinta. Por último, una tarde me presentó el primer certificado de origen, procedía de de una joyería de Bombay, escrito en inglés, databa de casi treinta años antes, 1964, contenía una descripción de las joyas, y al pie sellado y firmado. Lo más asombroso es que parecía antiguo, la tinta había perdido brillo, se veía opaca y desvaída, y el papel amarilleaba y lucía leves arrugas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo has conseguido un envejecimiento tan rápido y equilibrado?&lt;br /&gt;-Muy fácil, lo he dejado al sol dentro del coche. Con éste sol de España y el efecto lente del cristal literalmente se ha cocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así estaban las cosas cuando llegó un día más excitada de lo normal, a contarme el resultado de su última visita a una joyería.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-4004052893070986762?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/4004052893070986762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=4004052893070986762&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4004052893070986762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4004052893070986762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/06/el-tuerto-68-la-seguridad-de-rosa.html' title='El tuerto. 68: La seguridad de Rosa.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5896142623512006205</id><published>2008-06-15T12:03:00.001+02:00</published><updated>2008-06-15T12:04:33.208+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 67: El informe Philip</title><content type='html'>Charlie entró en el piso en Londres del fallecido  con la facilidad esperada, no hubo sorpresas. Para quien estaba acostumbrado a trepar hasta un tejado y deslizarse por la ventana de una buhardilla, abrir la puerta con las propias llaves del muerto carecía de emoción y hasta de mérito alguno, por más que Charlie se empeñara en buscar peligros inexistentes. ¿Quién iba a estar esperándole dentro? ¿Scotland Yard? No, a ese respecto estaba yo bien tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encontró en un apartamento silencioso, al primer vistazo se notaba que su dueño estaba ausente. Y tan ausente. Las persianas a media altura, el zumbido del refrigerador como único sonido, todo limpio, recogido.&lt;br /&gt;¿Qué era entonces lo que me preocupaba? No hubo sorpresa, pero sí decepción: el registro no reveló nada interesante.  Y considero a Charlie suficientemente capacitado para hacer un registro en condiciones. Encontró las llaves del Ferrari Testarossa en un cajón del vestíbulo, el auto estaba aparcado en el garaje. Documentación, menos de la habitual, apenas un resguardo de haber entregado su pistola en el depósito de la policía, justo antes de viajar. Y varias facturas y recibos sin valor alguno. Nada más, ni caja fuerte, ni dinero en metálico, ni joyas, ni dossier. Los únicos objetos de relativo valor, un equipo de música de alta fidelidad, y una inmensa colección de discos. Valor para un coleccionista o un aficionado al menos, para mí ninguno. ¿Pero cuándo tendría tiempo el Philip de escuchar tanta música? ¿O simplemente la coleccionaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguna carta de interés en el buzón. Bajó hasta el garaje para inspeccionar el auto, por si acaso. Una vez sentado al volante del deportivo, le acometió un impulso irresistible y contraviniendo mis instrucciones, no pudo resistir la tentación, arrancó el motor y se lo llevó de allí. Dios, qué bajito es, al salir del garaje la chapa de los bajos rozó en el suelo. En un principio sólo pretendía darse una vuelta, pero después, al salir a la carretera, se acordó de un tipo que tiene un garaje un tanto peculiar, hace trabajos especiales como borrar el número de bastidor, cambiar las placas de matrícula, gestionar una nueva documentación falsificada y pintarlo de otro color. Era una pena desperdiciar un cochazo así, que vale cien mil libras, motor de doce cilindros, carrocería diseñada por Pininfarina, al fin y al cabo se producen tantos robos de vehículos que nunca se recuperan… Cientos cada día, decenas de miles al cabo del año sin resolver. Tal vez a Luke algún día le  gustaría darse una vuelta en el flamante deportivo del tipo que le traicionó y por cuya culpa lleva ya casi tres años en la cárcel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me preocupaba vino a hacerse consciente al transmitirme Charlie el informe los detectives, el “Informe Philip”. Era un buen informe, todo lo exhaustivo que puede ser, pero sobre todo concreto, preciso, sin ambigüedades ni vaguedades. Sólo hechos, la interpretación compete al lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su familia provenía de Northumberland, norte de Inglaterra, donde aún poseían tierras. El padre había sido militar, se había graduado varios años después de la segunda guerra mundial; en la actualidad estaba jubilado con el rango de coronel, divorciado y enfermo de cáncer, vivía sólo en su casa de Northumberland. La madre vivía en Londres con la hija Claire, hermana de Philip. Un tercer hijo, David, al parecer luchaba desde hacía años como mercenario en diferentes guerras de Africa. La hermana iba por su cuarto divorcio y quinto marido. Philip no estaba casado, ni lo había estado nunca, ni tenía hijos. Tuvo una novia eterna y hacía un par de años que habían terminado la relación; ella se había casado recientemente con un arquitecto. El tío paterno había sido Juez, también se había jubilado, estaba bien relacionado en la alta magistratura, e incluso en la política. La madre, el padre y los hermanos mantenían entre sí un largo y embrollado pleito a cuenta de las tierras en Northumberland. Un pleito en el que se mezclaban la herencia del abuelo, la disputa por los bienes matrimoniales, conflicto de lindes, la disputa por la propiedad de un yacimiento de silicio, amén de un largo rosario de divergencias sobre obras comunes de mantenimiento de un camino vecinal, tendidos eléctricos y derechos de paso. Lo cierto era que en esa pelea familiar habían acabado por formarse dos bandos, en una Philip y su padre, en el otro Claire y la madre. David simplemente no estaba. En cuanto a las actividades de Philip, había pasado por la academia militar, sin llegar a graduarse; había estado en Israel realizando cursos de terrorismo y espionaje. Era cinturón negro de judo y de kárate. Sus actividades concretas no se conocían, ni sus fuentes de ingresos, pero sí que estaba encausado en media docena de sumarios, además de condenado  en el asunto de la falsificación de billetes por evasión de impuestos. Esos eran los datos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí fue, al entrar en las especulaciones, cuando me di cuenta de lo que me preocupaba: eran mis propias dudas sobre si realmente Philip sería el chivato. Realmente no había encontrado ninguna prueba de que lo fuera. Sus contactos con la policía y los jueces y la descarada ayuda que le prestaron en el juicio podían ser fruto de sus relaciones familiares. Sus actividades delictivas acaso eran la expresión de su descarrío personal. Me daba cuenta de que los tres hermanos manifestaban síntomas de un carácter atípico: David mercenario, Claire con cinco maridos, y Philip…¿Qué era Philip? ¿Un agente doble o un simple delincuente? Faltaba el eslabón definitivo y me di cuenta de que tal vez nunca sabría la verdad. Era mejor echarle tierra al asunto, cerrar el expediente, olvidarlo, superar las dudas y la culpa -¿era el chivato, era necesaria su muerte?- soportando las pesadillas o enterrándolas a base de tranquilizantes y somníferos. A veces no es bueno saber demasiado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5896142623512006205?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5896142623512006205/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5896142623512006205&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5896142623512006205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5896142623512006205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/06/el-tuerto-67-el-informe-philip.html' title='El tuerto. 67: El informe Philip'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-8711722538872627285</id><published>2008-06-07T16:35:00.002+02:00</published><updated>2008-06-07T16:41:41.149+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 66: Sofía y Jesús.</title><content type='html'>No me costó mucho esfuerzo seleccionar al abogado. Puse un anuncio en la prensa Canaria y se presentaron media docena. Dos mujeres, una bajita con pinta de autoritaria, y otra gorda que hablaba por los codos, casi ni respiraba en su afán de impresionarme con sus innumerables cualidades y especialidades. A ambas las descarté de inmediato. Un chulito muy estirado y trajeado pero que con vistazo a su expediente (todo aprobado por los pelos) y tres preguntas, me di cuenta que no tenía ni idea de leyes. También se presentó un señor de mediana edad, tardíamente licenciado; había compaginado sus estudios con un trabajo de funcionario administrativo, sacando poco a poco las asignaturas. Parecía de fiar, de hecho estuve dudando, pero en esto se presentó Jesús Almeida, un joven recién licenciado, tímido, modesto. No alardeaba de sí mismo, pero tenía brillantes calificaciones en las materias que más necesitaba: derecho civil, mercantil, administrativo general y urbanístico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrevistarle, me confesó que había preparado las oposiciones de Técnico del Estado, pero poco antes de los exámenes se había sentido mal, con taquicardia, insomnio, y al ir al médico le descubrieron una pequeña lesión cardiaca. Le aconsejaron que no se presentase y que se buscase un trabajo tranquilo, sin nervios ni sobresaltos.&lt;br /&gt;-Pues aquí tendrás un trabajo tranquilo, Jesús, preparar contratos, licencias, escrituras, convenios urbanísticos. Todo papeleo muy sosegado. –Le guiñé mi único ojo para infundirle ánimo-. No te preocupes -añadí-, la parte judicial o conflictiva se la encargaremos a otro letrado&lt;br /&gt;-¿Cuándo empiezo?&lt;br /&gt;-Esta misma tarde si quieres. Puedes comenzar por estudiar los documentos de Puerto de Mogán, necesitamos un arquitecto que nos elabore el proyecto, lógicamente nos interesa la máxima edificabilidad y rentabilidad, tú ocúpate de buscarlo, pero el encargo tengo que firmarlo yo como consejero delegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo descubriría que Jesús Almeida fue una gran elección. Era un trabajador de ritmo pausado pero constante, metódico, eficaz, muy ordenado, y sobre todo honesto y fiel a mi persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dije media docena y eso fue; al día siguiente se presentó una última candidata, Sofía, una rubia alta, esbelta y con cara de modelo, a pesar de lo cual no era nada tonta, se la veía muy despierta y segura de sí misma, sin caer en la arrogancia. Le dije que ya habíamos cubierto el puesto en la inmobiliaria, pero que tal vez pudiera ser mi abogada personal para asuntos judiciales diversos, tanto en las islas como en la península. Imaginé que sería buena para pelearse con la abogada de Ester y Josefina -tanto en el inventario judicial de la herencia, como en la impugnación del testamento- y para reclamar sin contemplaciones las numerosas deudas por el “banco privado” de Federico-. Se mostró tan bien dispuesta, a viajar, a negociar y lo que fuera menester, que la contraté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto me llegó el informe del detective sobre Mario Tosco, “el sobrino” de Don Luis. La investigación había sido fácil y rápida, yo mismo habría podido hacerla si hubiera tenido tiempo. Bastó peinar algunas de las ventas aparentemente frustradas para comprobar que en realidad se habían efectuado y cobrado, sólo que en vez de por la Sociedad lo habían sido personalmente por Mario. Era un buen dossier: los encargos de venta, las escrituras, los partes de visita, y hasta copia de las facturas de honorarios emitidas por Mario. Toda su estafa continuada estaba documentalmente probada. Ahora faltaba ajustarle las cuentas: decidí que el momento idóneo sería coincidiendo con la próxima Junta de accionistas de “Paradise Real State, S.A.” Hasta entonces el dossier quedaría guardado en mi caja de seguridad en el Banco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no tenía noticias de Charlie, y estaba en ascuas, llamé al otro detective, al que investigaba las andanzas de Philip en Tenerife. Este asunto era mucho más complicado, no había nada claro. De los dos tipos con los que se había reunido pocos días antes de su “desaparición”, poco había podido averiguar, uno era un libanés afrancesado, un tal Pierre. Curiosamente, a los pocos días también se había esfumado. El otro, en cambio, era un irlandés sospechoso de simpatizar con el IRA, y seguía viviendo en un edificio habitado mayoritariamente por irlandeses. ¿Cuál era la índole del negocio que se traían entre manos? El detective, ante mi insistencia, se atrevió a insinuar una hipótesis: tal vez el irlandés, llamado Terence, estaba intentando comprar armas para el IRA en el mercado negro, tal vez Pierre fuese el traficante, y acaso Philip era el mediador que facilitó el contacto. Quizás por eso Pierre, al detectar la ausencia de Philip, olfateando el peligro, se había desvanecido en el aire. Conociendo las antiguas costumbres de Philip, pude imaginar que estaba trabajando de agente provocador al servicio de la inteligencia británica, con la finalidad de detener a todos en el momento de la entrega de las hipotéticas armas. Pero tuvo la mala suerte de toparse conmigo…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-8711722538872627285?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/8711722538872627285/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=8711722538872627285&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8711722538872627285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8711722538872627285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/06/el-tuerto-66-sofa-y-jess.html' title='El tuerto. 66: Sofía y Jesús.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5209808634583935655</id><published>2008-05-28T16:15:00.003+02:00</published><updated>2008-05-28T16:16:31.311+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 65: Charlie de vacaciones.</title><content type='html'>Esa mañana no pude evitar seguir pensando en el salto cualitativo que había dado en mi carrera como asesino. Empecé dándole unos navajazos a Larry, en una pelea colectiva, cosas de chavales, quedó malherido pero se salvó. Luego fue lo de aquel puto drogadicto atracador, le maté a cuchilladas, si bien fue en al acaloramiento y casi en legítima defensa. Después, ya de forma fría y premeditada, decidimos la eliminación de Plácido; sin embargo no fui yo quien lo llevó a cabo, no tuve ni que mancharme las manos, me limité a pagar por el trabajo, un dinero por cierto que le vino muy bien a la familia del ejecutor, casi una obra social. Y por último, esto de Philip, planeado y efectuado con toda sangre fría, y cuánta sangre. No sentía remordimientos, el Philip se lo merecía, mierda de chivato. Al contrario, sentía una gran satisfacción por haberme vengado y haber vengado a Luke. Pero también…sentía asco, repugnancia física, era algo muy desagradable mancharse de sangre, tocar un cadáver desnudo, una masa inerte de carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me duché concienzudamente y salí, sin ganas de desayunar, para encontrarme con Charlie.&lt;br /&gt;-¿Por qué no te tomas unas vacaciones? –Le dije, nada más verle.&lt;br /&gt;-La verdad es que llevo tiempo con ganas de ir a Londres unos días.- Me respondió pensativo.&lt;br /&gt;-Pues ésta es la ocasión, pide tu mes de vacaciones en el Hotel, déjame las facturas del próximo trimestre firmadas por tus drogadictos, y saca el billete de avión.&lt;br /&gt;-Sí, creo que lo voy a hacer, es un buen momento. Veré a mi familia y…¿Quieres que le diga algo a Libby de tu parte?&lt;br /&gt;-Ni se te ocurra mencionarle que me has visto, y no sabes nada de mi paradero.- Le respondí muy tajantemente.&lt;br /&gt;-Bueno, bueno, sólo era una idea.&lt;br /&gt;-Lo que sí puedes hacer son tres cosas. Una, ir a ver a Luke a la cárcel, enterarte de cómo está, qué posibilidades tiene de salir y ayudarle en lo que necesite. La segunda hacerme un poder para representarte en la junta de accionistas de la sociedad.&lt;br /&gt;-¿Y la tercera?&lt;br /&gt;-Llevarte las llaves del piso de Philip en Londres y entrar a registrarlo.&lt;br /&gt;-¿No será arriesgado? ¿Qué esperas encontrar?&lt;br /&gt;-¿Arriesgado? Hemos hecho cosas mucho más arriesgadas. Sólo tienes que entrar cómodamente con tu llave, al menor contratiempo te esfumas. Y encontrar no lo sé exactamente pero debes buscar cualquier documentación, papeles, dosieres, me gustaría averiguar lo que hacía en Tenerife, estoy seguro que andaba metido en algo. De hecho voy a encargar a otro detective de aquí una investigación sobre los tipos con los que se había reunido. Además, nos vendría bien saber algo más de su vida en Inglaterra, si tiene familiares que le puedan echar en falta y denunciar su desaparición; quiero que tú también encargues un informe a una buena agencia de detectives de Londres. Necesito saber lo que hay detrás de Philip&lt;br /&gt;-Le estás cogiendo el gustillo a los detectives…&lt;br /&gt;-Ay, Charlie, ¿no sabes que información es poder? Además, ¿quién te asegura que nosotros mismos, en éste momento, no estamos siendo investigados o vigilados por alguien? –Me daba cuenta que mi razonamiento podía parecer que rozaba lo paranoico. Sin embargo, cuanto más lo pensaba, más plausible me resultaba esa posibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que aparcar esas preocupaciones para ocuparme de los negocios inmobiliarios, un tanto descuidados últimamente. Al final se había aprobado la recalificación de nuestro terreno en Puerto de Mogán, Alfredo Fuertes había cumplido formalmente lo acordado. Sin embargo, en cierto modo también nos había ocultado la verdad, ya que al mismo tiempo se habían recalificado otros terrenos colindantes dentro de un planeamiento mucho más amplio. A Luis Tosco le parecía, con su visión pesimista, que eso nos traería complicaciones, al tener más competencia. Yo en cambio sabía que eso a la larga nos beneficiaría, ya que la zona cobraría más vida, sería más atractiva turísticamente al tener más variedad, más servicios. En cualquier caso, ahora había que contratar un arquitecto, elaborar y presentar el proyecto de edificación, solicitar la licencia de obra, y contratar una empresa constructora que la llevase a cabo, ya que nosotros sólo éramos los dueños y promotores. Ello a su vez implicaba necesidad de financiación. La alternativa era: ampliación de capital social, o préstamos. Convoqué una junta de accionistas en la que expuse las ventajas e inconvenientes de las dos opciones. Ampliar capital supondría, si no podíamos cubrirlo nosotros mismos, dar entrada a nuevos socios y en cierto modo perder el control de la sociedad. No les dije cuál era mi propósito en éste caso: reforzar mi propia posición dando entrada a Rosita en la suscripción de nuevas acciones. La otra opción, pedir un préstamo, implicaba aumentar el riesgo de la operación, y reducir los beneficios por el pago de intereses. Don Luis prefería la ampliación de capital, no quería riesgos. En cambio Mario, el hijo de Don Antonino, quería pedir prestado y no tocar el equilibrio accionarial. La intervención de Mario me recordó mis sospechas de que estaba realizando ventas por su cuenta con clientes de la inmobiliaria, y apropiándose de las comisiones, claro. Mentalmente decidí ponerle también un detective para comprobarlo, ya le ajustaría las cuentas. Me pregunté qué pensaría Charlie si supiera lo de éste otro detective. Finalmente yo abogué por una solución mixta, al cincuenta por ciento, que fue a la postre la aceptada: presupuestar las necesidades de financiación y conseguir el capital por las dos vías. También se aprobó una propuesta mía de contratar un abogado, a sueldo de la sociedad, para gestionar todos los trámites que se avecinaban. Yo mismo me encargaría de seleccionar al candidato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablé por teléfono con Rosita. Sentí que la echaba mucho de menos. Me contó que ya había tomado posesión de su plaza de profesora en Leganés. También me comentó que había visitado varias galerías de arte y casas de subastas, y les había llevado las fotos de los cuadros de Federico. La conclusión es que eran inequívocamente auténticos todos ellos. Decidí que los incluiría en el inventario de la herencia. Yo, por mi parte, le pedí que hiciese un poder notarial a mi favor, con la facultad de suscribir en su nombre las acciones de “Paradise Real State, S.A.”, a lo cual ni me preguntó ni objetó nada.&lt;br /&gt;-¿Cuándo vas a venir? -Fue lo que dijo.&lt;br /&gt;-Pronto, muy pronto. –Ese era mi deseo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5209808634583935655?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5209808634583935655/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5209808634583935655&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5209808634583935655'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5209808634583935655'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/05/el-tuerto-65-charlie-de-vacaciones.html' title='El tuerto. 65: Charlie de vacaciones.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5816066861444870072</id><published>2008-05-21T13:09:00.001+02:00</published><updated>2008-05-21T13:10:42.323+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 64: Actos posteriores.</title><content type='html'>Al dar la vuelta la embarcación para emprender el regreso, de repente me sentí mareado. No se si fue el viento en contra, o el sol, que ya se alzaba, en los ojos; o que de pronto el mar se puso revuelto. O tal vez que se me estaba pasando el efecto de los dos trankimazines que me había tomado antes de emprender la tarea. O que no había desayunado y apenas cenado la noche anterior. O que la barca estaba toda manchada de sangre, yo mismo manchado de sangre. El caso es que me tuve que tumbar en la barca porque sentí que me desmayaba, que me abandonaban la consciencia, las fuerzas, todo. Apenas podía respirar. El Charlie vino hasta mi, alarmado.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;-Nada…un mareo…sigue pilotando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez tumbado, el riego sanguíneo volvió poco a poco a mi cerebro. Entonces lo que sentí fue asco, un asco profundo, inmenso de haber estado tocando un muerto, un cadáver, y encima desnudo. Mientras lo manipulábamos había pensado en él como un cuerpo, pero ahora se abría paso con fuerza la idea de que había tocado un muerto, un trozo de carne desangrándose. Vomité por la borda. Más comida para los peces, pensé.&lt;br /&gt;Poco a poco me fui recuperando.&lt;br /&gt;-Llévame hasta el coche, y tú vete a devolver la barca. Pero no, así no podemos volver. Acércate un poco a la orilla, tenemos que asearnos un poco.&lt;br /&gt;Nos metimos  en las frías aguas del Atlántico para limpiarnos la sangre. Después, con ellas llenamos el  bidón vacío de la gasolina  y  lavamos la barca lo mejor que pudimos.&lt;br /&gt;-No te preocupes, -me dijo Charlie,- en la dársena hay una manguera de agua a presión, allí termino de limpiarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Charlie se fue pilotando la barca y yo caminando por la arena hacia el coche de Philip,  para hacerme cargo. Ahí se me presentó un problema, el coche estaba cerrado. ¿Dónde estaría la llave? No se nos había ocurrido registrar su bañador, un fallo. No podíamos dejar el coche allí, llamaría demasiado la atención…A ver, piensa. En la playa empieza a haber gente paseando, una pareja de ancianos. Un joven haciendo footing. Tal vez no estuviera en el bañador…Recordé que estos coches van equipados con alarma, que se desactiva con un mando a distancia, la cual no conviene mojar. ¿dónde dejarías una llave? Súbitamente recordé que mientras le vigilaba con los prismáticos, al salir del coche, me pareció que se agachaba…Ya está, debajo de la rueda. Eureka, en la parte interior de la rueda delantera derecha, la del piloto en mi país, pero aquí la del pasajero, estaban la llave y el mando. Entré en el coche y me alejé de allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un sitio más discreto, sin testigos, detuve el auto, paré el motor y registré sus pertenencias. En la guantera el contrato de alquiler del vehículo. Vi que vencía cuatro días después. Ostras pensé, ¿pensaría renovarlo, o será que estuvo a punto de escapárseme? También había un recibo que justificaba el pago por anticipado.&lt;br /&gt;En sus ropas, un permiso de conducir británico y unas llaves que sólo podían ser de la casa.&lt;br /&gt;Me reuní con Charlie en su apartamento, como habíamos acordado.&lt;br /&gt;-Lo mejor es que vayamos cuanto antes a la vivienda y nos llevemos todas sus cosas, como si se hubiera marchado.&lt;br /&gt;Así lo hicimos, entramos tranquilamente, con sus propias llaves. Sus pertenencias no eran muchas, las ropas cabían en una maleta.&lt;br /&gt;-Toma, tírala al contenedor de basura de tu hotel.&lt;br /&gt;Aparte, encontramos una agenda con nombres, teléfonos y alguna dirección, su pasaporte, un permiso de armas de la policía británica, lo que confirmaba sus vínculos con la pasma,  otras llaves que deduje serían de su apartamento de Londres,  algo de dinero, libras esterlinas y pesetas, un talonario de cheques y una tarjeta de crédito, ambos de un banco londinense. En un cajón estaba el contrato de alquiler de la casa, válido hasta final de mes, para lo cual faltaba una semana. Lo guardé todo en una bolsa y me lo llevé. Hasta decidir lo que haríamos con ello lo depositaría en mi caja de seguridad del banco.&lt;br /&gt;Abandonamos la vivienda, dejando las llaves en el buzón. Esa misma tarde aparqué el vehículo a la puerta de la agencia de alquiler, y coloqué las llaves en el buzón, minutos antes de que abrieran. Después llamé por teléfono, sin identificarme.&lt;br /&gt;-Mire, le hemos dejado el coche alquilado por el señor Philip y las llaves en el buzón.&lt;br /&gt;-Sí, si, las acabo de recoger. ¿Qué ha pasado, se ha tenido que marchar?&lt;br /&gt;-En efecto, así ha sido. ¿Está todo en orden, pues?&lt;br /&gt;-Sí, no se preocupe, no hay ningún problema. Lo único que los días que le faltaban por disfrutar no le podemos devolver el importe.&lt;br /&gt;-Por supuesto, el señor Philip lo comprende,  y no tiene ninguna intención de reclamar nada.&lt;br /&gt;-En ese caso todo correcto.&lt;br /&gt;-Pues muchas gracias.&lt;br /&gt;-Gracias a usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después, con el dueño de la vivienda repetí el mismo esquema, con idéntico resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, borradas todas las huellas de Philip en Tenerife, me fui a mi refugio y me tumbé agotado en la cama. Aún así, tuve que tomarme un Valium, porque no conseguía dormir. Cuando lo hice, tuve un sueño cargado de pesadillas confusas. Perseguíamos una ballena, Moby Dick, la arponeábamos una y otra vez, a pesar de lo cual se nos escapaba, y volvía a reaparecer. Esta ballena es inmortal, pensaba, acabará tragándome como a Jonás. Y en efecto, la ballena se convertía en un tiburón asesino que se abalanzaba sobre nosotros…Me desperté con la imagen de sus fauces gigantescas abatiéndose sobre mi cabeza.&lt;br /&gt;Me quedé pensando en el significado. ¿Qué significa el sueño? Algo se me escapa. ¿Qué estaba haciendo Philip aquí? ¿Con quién se reunía? En estas dudas y preocupaciones vi clarear el día.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5816066861444870072?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5816066861444870072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5816066861444870072&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5816066861444870072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5816066861444870072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/05/el-tuerto-64-actos-posteriores.html' title='El tuerto. 64: Actos posteriores.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6268247069314148223</id><published>2008-05-15T08:17:00.003+02:00</published><updated>2008-05-15T08:19:18.854+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 63: Venganza.</title><content type='html'>El resto del viaje mi pensamiento se fue dispersando, entre la decepción por el escaso contenido hallado y la inquietud por la decisión a tomar respecto a Philip y cómo darle su merecido por chivato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La Guardia lo único que encontramos fue una docena de cuadros, que según Rosita sólo podían ser falsos. Un Manet cuyo original se hallaba en el Museo del Louvre, en París, un Madox Brown que debía estar en Manchester, un Rossetti que se encontraba en Londres, un Esquivel que se ubicaba en el Museo del Prado, y así sucesivamente. Me preguntaba cómo habrían ido a parar allí, quién se los habría vendido a Federico, si éste sabría que eran falsos y para qué los tendría, si con el propósito de deleitarse con su vista, y con la finalidad práctica de darles salida de alguna forma. En todo caso, el hallazgo me sugirió algo.&lt;br /&gt;-Recuérdame que cuando estemos en Madrid vayamos a echar un vistazo a unos cuadros que hay en la mansión de La Moraleja, a ver qué te parecen.- Le dije a Rosita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de mirar falsas pinturas, también comimos auténtico marisco de la ría gallega, y bebimos vino blanco de albariño. Y por cierto, el pazo no estaba rayando literalmente con la frontera, pero tampoco distaba mucho, un par de kilómetros. Deduje que ambos lugares habían sido elegidos como estratégico retiro en los momentos que amenazaba la tormenta policial, bien a la espera de que se calmaran las aguas, o bien para ponerse a recaudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensándolo con lógica, era normal que no hubiéramos encontrado gran cosa en ninguno de los dos lugares de recreo, habida cuenta que Federico los utilizaba tan sólo de forma eventual. Ello me dejó el resto del camino de regreso para meditar en plan de venganza contra Philip, en caso de que se confirmara su localización. La primera de mis dudas era si merecía realmente la pena correr el riesgo, el tipo era peligroso y ejecutarle no sería tarea fácil, amén de la posibilidad de ser perseguido por la justicia. Ahora que mi vida parecía asentarse en el terreno sentimental con Rosita, y en el de los negocios por cauces de relativa legalidad con la inmobiliaria, ¿iba a jugármela por un mero ajuste de cuentas? Por otro lado, pensaba, este cabrón de Philip se ha venido demasiado cerca de mi, e igual que yo le he localizado a él, también él podría localizarme a mi, o incluso toparse conmigo casualmente y denunciarme a la policía. Su mera presencia ponía en riesgo todos los fundamentos de mi vida actual. En un instante, mientras conducía, con mi único ojo clavado en el horizonte de la autopista, tuve la visión clara de que debía eliminarle. Era mejor correr ahora el riesgo y a cambio tener una tranquilidad en el futuro. Por el contrario, eludir ahora el desafío supondría correr toda la vida con la incertidumbre. Paré en la primera estación de servicio, reposté combustible y fui a la cabina de teléfonos. A juzgar por la hora, el charlie debía estar en el hotel.&lt;br /&gt;-¿Sabes algo del detective?&lt;br /&gt;-Si, tuerto, me ha confirmado su dirección, no vive donde decía en el testimonio notarial, sino en un chalet en las afueras de San Andrés. ¿Qué hacemos?&lt;br /&gt;-Que le tengan vigilado muuy discretamente las veinticuatro horas, no quiero perderle de vista. Que se turnen varios detectives para no llamar la atención, y que te informen de cualquier movimiento que haga. ¿Se ha traído el Ferrari?&lt;br /&gt;-¿Ferrari? No, me ha dicho que se desplaza en un Mercedes de alquiler.&lt;br /&gt;-Entonces es que va a estar poco tiempo. Escucha, ¿te acuerdas de las medicinas que usamos para calmar a aquella vieja? – Me refería a las pistolas que utilizamos en el golpe que dimos con Plácido.&lt;br /&gt;-¿Qué medicinas? Ah, sí, ya se. Pues creo que puedo conseguir otras parecidas. ¿Cuántas quieres? ¿Dos?&lt;br /&gt;-Sí, dos. Ténlas preparadas, mañana estaré allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en Madrid, y con las prisas y preocupación, casi se me olvida lo de echar un vistazo a los cuadros de La Moraleja. Fue Rosita quien me lo recordó. Esta vez, además, hicimos fotos de todos ellos. Había un angustioso cuadro de Francis Bacon, un enigmático lienzo de Fernando Zóbel, una escena naturalista de Renato Gatusso, una tela surrealista de llanura insondable de Yves Tanguy, una pintura metafísica de Carlo Carrá, un grabado de Max Klinger, un pequeño paisaje de Giorgio Morando, otro de José Frau, y un largo etcétera que incluía pintores como Romero de Torres, Anglada Camarasa, Gustav Klimt, Karl Kaufmann…&lt;br /&gt;-Un gusto muy ecléctico tenía este hombre.-Sentenció Rosita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente volé yo sólo, de vuelta a Tenerife, Rosita se quedó en Madrid para tomar posesión de su plaza de profesora en Leganés, lo cual me vino de maravilla para dejarla totalmente al margen del feo asunto que se me avecinaba. Charlie fue a esperarme al aeropuerto, como en aquella primera ocasión, dos años atrás, que aterricé procedente de Londres. Como siempre, miré por la ventanilla cuando el avión se aproximaba a la isla. Me seguía impresionando la vista del inmenso volcán.&lt;br /&gt;-Cuéntame, ¿cuáles son sus movimientos?&lt;br /&gt;-Como te dije, vive en un Chalet en San Andrés, al norte de Santa Cruz. Se mueve poco, a veces sale a comer, o a cenar, donde se reúne con gente, no tiene horas fijas. Por la vestimenta que usa, podría ir armado. A veces da un paseo por el jardín o toma el sol en la terraza. Ya te digo, sale poco.&lt;br /&gt;-¿Y no va al gimnasio? – Recordé que Philip tenía es costumbre.&lt;br /&gt;-No, pero ahora que lo dices, sale a nadar todos los días casi de noche, a eso de las siete de la mañana.&lt;br /&gt;-Joder, Charlie, eso es importante. A ver, dime qué hace exactamente.&lt;br /&gt;-Déjame recordar lo que me contó el detective. Sí, pues conduce hasta la playa, se mete en el agua justo cuando está saliendo el sol, vaya huevos el tío, con lo fría que a esas horas debe estar el agua, nada mar adentro un buen rato y vuelve a la orilla, se viste, se mete en el coche y vuelve a su casa.&lt;br /&gt;-¿A qué playa va a nadar?&lt;br /&gt;-A Las Teresitas.&lt;br /&gt;-Perfecto. Consigue una lancha con motor fuera borda, un par de fusiles de pesca submarina, y un par de trajes de buceo con su equipo completo. También bastante cuerda, y ah, un ancla y unos prismáticos.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, vamos a ir de pesca?&lt;br /&gt;-Mas o menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Todavía de noche, salimos en una lancha de la dársena pesquera y navegamos hasta la parte exterior del dique de la playa de Las Teresitas, junto a la boca de salida, y allí permanecimos esperando la salida del sol y la llegada de Philip, con el motor parado. No tardó en aparecer, desde la lancha, mirando por encima del dique con los prismáticos, le ví llegar en su coche, caminar por la playa, e introducirse en el agua con las gafas de nadar puestas. Vimos que venía nadando hacia la salida del dique, con intención de seguir mar adentro. El solito se metió en la boca del lobo. Salió al mar exterior, sin apercibirse de nuestra presencia. Dejamos que continuase nadando varios cientos de metros más, vigilándole con los prismáticos. Por fin, cuando dio la vuelta para regresar, arrancamos el motor y fuimos a toda velocidad hasta él, cortándole el paso. Al oír el ruido de nuestro motor, levantó la cabeza y miró varias veces hacia nosotros. Charlie dirigía la embarcación y yo empuñaba el fusil de pesca submarina. A unos cinco metros de distancia le apunté, cuando ya alarmado intentaba inútilmente escapar, y disparé. El arpón salió catapultado con una fuerza increíble y se clavó en el centro de su espalda, lo atravesó como si fuera un pescado. Cogí el otro fusil, y ya desde cerca e inmovilizado, a escasos dos metros, le disparé en el cuello causándole una herida mortal de necesidad.&lt;br /&gt;-Recuerdos de parte de Luke.- Le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afianzando los fusiles, le acercamos hasta la barca y le izamos. Nos dirigimos primero mar adentro, alejándonos de la vista de la costa y después en dirección al norte de la isla. Pasamos la Punta del Roquete, la de Antequera, y por último la de Anaga. Giramos a la izquierda, dejamos atrás el faro, y abandonamos por completo la isla. En esa zona la marea era fuerte. Le abrochamos los dos cinturones de bucear, con las pesas de ocho kilos cada uno, en total dieciséis kilos, para que se hundiera bien en las frías aguas del Atlántico. Para mayor seguridad, le atamos con múltiples vueltas el ancla. Le extrajimos los dos arpones y le arrojamos al mar, donde se hundió plácidamente, sin protesta alguna. Calculé que permanecería en el fondo bastante tiempo, hasta que se descompusiera. Después, tras servir de alimento para los peces, la corriente cálida de superficie conduciría sus huesos en dirección a Centroamérica, al Caribe, donde disfrutarían de aguas más cálidas, y gozarían del merecido reposo, lejos de la fatigosa vida de chivato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6268247069314148223?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6268247069314148223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6268247069314148223&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6268247069314148223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6268247069314148223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/05/el-tuerto-63-venganza.html' title='El tuerto. 63: Venganza.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6768665478322272935</id><published>2008-05-08T21:26:00.006+02:00</published><updated>2008-05-15T08:21:10.327+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 62: “El tunante”.</title><content type='html'>-Ayer me llegó carta del Ministerio, me han concedido la plaza en un colegio de Leganés.-Me dijo Rosita tras los besos y abrazos de rigor.&lt;br /&gt;-Vaya, enhorabuena. Pues qué casualidad que precisamente ayer alquilé un apartamento. Así que nos podemos instalar cuando quieras.&lt;br /&gt;-¿De verdad? Estupendo. Ah, otra cosa: que llames a Charlie, es urgente. ¿Cómo ha ido tu reunión?&lt;br /&gt;-Bueno, creo que las herederas van a impugnar el testamento, pero no me preocupa. Eso sí, necesitaré un abogado. Lo que había pensado es que podíamos visitar el pazo y la finca de los que soy fideicomisario. Quiero registrar la caja fuerte, y de paso hacemos un poco de turismo. ¿Tú conoces la península?&lt;br /&gt;-Yo no. ¿Y éste coche?&lt;br /&gt;-También es alquilado. ¿Quieres descansar, o nos vamos de viaje?&lt;br /&gt;-Quiero que vayamos al hotel, o al apartamento, pero no a descansar…&lt;br /&gt;-Humm…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del efusivo reencuentro, todavía en la cama, le entregué la tobillera, en un estuche. Al principio se mostró sorprendida, casi ofendida.&lt;br /&gt;-¿Porqué, si yo no puedo lucirla, no ves que siempre llevo pantalón?&lt;br /&gt;-Quiero que la luzcas para mí, como algo privado entre los dos.- No quise añadir que esa joya no convenía exhibirla demasiado. Tampoco quise entrar en detalles del contenido de las cuatro maletas, más que nada para no preocuparla.&lt;br /&gt;-Bueno, en ese caso gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a Charlie a su hotel, intrigado por ese aviso urgente.&lt;br /&gt;-Verás, he hablado con el abogado de Luke, ya sabes, para informarme de la situación y hacerle llegar algún dinero. El caso es que me ha comentado, todo extraoficial, que casi por azar ha tenido conocimiento del paradero del tal Philip.&lt;br /&gt;-¿Ese chivato?…¿Y dónde está?&lt;br /&gt;-Espera. Resulta que este abogado es defensor en otro procedimiento penal, en el cual a su vez Philip figura como testigo. El Juez le llama a declarar, y Philip, en lugar de comparecer personalmente, envía un testimonio legalizado ante Notario, diciendo que se encuentra fuera del Reino Unido, y que está enfermo y no puede viajar. ¿Y a que no sabes de dónde es el Notario?&lt;br /&gt;-Fuera del Reino Unido…¿No me digas que es vecino nuestro?&lt;br /&gt;-Como que cualquier día te lo encuentras por la calle, colega.&lt;br /&gt;-¿En Tenerife?&lt;br /&gt;-Exactamente. Parece que se siente muy seguro, ni se imagina que sospechamos de él. Y con Luke en la cárcel, no habrá ni pensado que tú puedas estar interesado en sus pasos.&lt;br /&gt;-Hazme un favor, contrata un detective para que nos confirme que realmente vive donde dice, y también para que nos informe de sus entradas y salidas, de sus movimientos.&lt;br /&gt;-¿Porqué no lo hago yo personalmente? A mi no me conoce.&lt;br /&gt;-¿Estás loco? Es un tipo muy peligroso, y suele ir armado. Y otra cosa, cuando contrates al detective, no le des tu verdadera identidad, por si las moscas. Dentro de un par de días hablamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente salimos de ruta. Fuimos primero a la finca de caza, en Valencia de Alcántara, Cáceres. En toda la provincia abundaban los latifundios. A un lado y otro de la carretera inmensas fincas de olivares se sucedían, algunas de varios kilómetros de extensión. Al llegar al pueblo tuvimos que preguntar por la nuestra, que por cierto se llamaba “El tunante”, imagino que el nombre se lo pondría el propio Federico en honor a sí mismo. Nos indicaron un camino de tierra, a la salida de la localidad, que recorrimos durante un par de kilómetros más, y al final del mismo, tras una curva, nos topamos con la verja y un cartel indicador. Abrí con mi llave de fideicomisario y nos adentramos unos cientos de metros, hasta desembocar en una casa tipo rural.&lt;br /&gt;-Espero que no tenga alarma.- Dije, abriendo la puerta con cautela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exploramos la vivienda, de estilo totalmente rústico. Mesas y sillas de madera de nogal, aperos de labranza como elementos decorativos, camas con cabeceros de madera, baño con grifería antigua. En una vitrina cerrada con llave se veían dos escopetas de caza. Pero ni rastro de caja fuerte ni objetos de valor.&lt;br /&gt;-Subamos al desván.- Propuso Rosita. Allí, tras un montón de cachivaches, junto a una pared, encontramos un falso baúl y al levantar la tapa estaba la caja fuerte. El contenido fue decepcionante, amén de escaso: algo de dinero, seguramente para imprevistos, y documentación de la finca. Lo dejamos todo tal y como estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dimos una vuelta por el terreno, por si había algo más, un cobertizo, algo. Pisoteamos la hierba, saltamos algunos charcos de la última lluvia. Descubrimos una alberca, alimentada por un arroyuelo, y llegamos hasta la valla; unos metros más allá se erigía un mojón que tenía tallada la palabra “Portugal”.&lt;br /&gt;-Ostras, esta finca hace frontera con Portugal, saltas la tapia y estás en el exilio.&lt;br /&gt;-Sí, señora profesora, supongo que Federico quería tener fácil una posible huida de la justicia.&lt;br /&gt;-El otro sitio, el pazo, ¿dónde dijiste que estaba?&lt;br /&gt;- En La Guardia, Pontevedra.&lt;br /&gt;-Qué casualidad, -dijo Rosita con ironía- también limita con Portugal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6768665478322272935?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6768665478322272935/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6768665478322272935&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6768665478322272935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6768665478322272935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/05/el-tuerto-62-el-tunante.html' title='El tuerto. 62: “El tunante”.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-672058175687947733</id><published>2008-04-30T09:43:00.001+02:00</published><updated>2008-04-30T09:44:31.049+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 61: La tobillera.</title><content type='html'>Lo más urgente era decidir qué hacer con las maletas. En el portaequipajes del coche no se podrían quedar mucho tiempo, a lo sumo pasar la noche confiando en la vigilancia del parking del hotel y en la alarma del vehículo. A la habitación no me pareció adecuado ni siquiera subirlas, llamarían demasiado la atención. Por otro lado, estaba deseoso de examinar su contenido con la atención que merecía. No tenía más remedio que repetir el expediente ensayado con el último botín: alquilar un apartamento lo más rápidamente posible; la tarde estaba cayendo. Pasé por un kiosco y compré un periódico inmobiliario y un callejero. Me puse a ojear los anuncios, pero ¿cómo decidirme?   No conocía las zonas de Madrid,  e ignoraba  cuáles podrían ser peligrosas, así que opté por un piso en barrio aparentemente noble,  calle Velázquez, muy cerca de la Embajada de los  Estados Unidos. Llamé por teléfono a la propietaria y conseguí cita para verlo una hora más tarde. Era un hermoso y amplio apartamento amueblado con todas las comodidades.&lt;br /&gt;-¿Cuál es el precio?&lt;br /&gt;-Ciento setenta y cinco mil al mes. Dos meses de fianza y uno de renta por anticipado. –Fingí pensarlo un poco, aunque en realidad no tenía nada que pensar.&lt;br /&gt;-De acuerdo, me interesa.- Al aceptar a la primera estaba violando todas las reglas del comercio, del regateo, mis propias normas. Por un instante me sentí fatal, como si me estuviera traicionando a mí mismo. Después, razonando, me di cuenta que lo que no podía permitirme era perder tiempo. Era oro para mí, y nunca mejor dicho.- Quisiera firmar ahora, y recibir las llaves, si no le importa…&lt;br /&gt;-¿Ahora?...No se, tendríamos que ir al abogado.&lt;br /&gt;-Tengo aquí el dinero.- Saqué un fajo de billetes, conté medio millón y añadí veinticinco mil.- Y también tengo un modelo de contrato, trabajo en inmobiliaria, ¿sabe? Si es usted la dueña no hay ningún problema.&lt;br /&gt;-Sí, sí, claro que lo soy.&lt;br /&gt;-Entonces no se preocupe y firme aquí. No hace falta ir al abogado. Y cuente el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez instalado gracias a mis dotes de persuasión, y al dinero contante y sonante, llamé a un cerrajero de urgencia, subí las maletas, e hice cambiar la cerradura. Cuando terminó, era demasiado tarde, no tenía ganas de regresar al hotel. Lo que me apetecía era pasar la noche revisando el contenido de las maletas. De repente me di cuenta de que no había comido nada en todo el día. Bajé a un restaurante cercano y tomé una sopa y un pescado; estaba harto de sándwiches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin me incliné sobre la maleta de los documentos. Su cantidad y variedad era impresionante. Una parte de los mismos estaba referida a su negocio de las facturas falsas: listas de clientes, direcciones, teléfonos. Nombres de empresas tapadera, escrituras, poderes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra parte, sorprendente para mí, estaba formada por contratos privados de préstamo. Algunos, los más antiguos, eran nominativos y Federico figuraba como prestamista. En los  más recientes sólo figuraba el nombre y firma del prestatario, la cantidad, el plazo y el tipo de interés (bastante elevado, por cierto, en torno al veinte por ciento anual), pero la casilla del prestamista estaba en blanco, como si estuviera pendiente de ser rellenada. En la práctica, estos documentos convertían al tenedor de los mismos en el acreedor de hecho, mediante el simple trámite de poner su nombre y firmar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También había escrituras de hipoteca, con cédulas hipotecarias al portador. Aquí el tipo de interés rondaba el quince por ciento. Aparte había cheques al portador postdatados, letras de cambio endosadas en blanco, pagarés. En resumen, un auténtico banco privado en el que Federico invertía parte de su dinero negro. Ahora bien, para cobrar todas aquellas deudas harían falta abogados,  tal vez incluso la pistola, que por algo la tendría Don Federico en esa maleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé a examinar las joyas. Deduje que de todo lo que circulaba por sus manos el fallecido seleccionaba lo más exquisito para su colección secreta. Perlas, zafiros, esmeraldas, diamantes, todo tallado por las más reputadas firmas en forma de los más diversos adornos, collares, pulseras, pendientes, sortijas. Hasta tobilleras. No pude resistir la tentación y elegí una de estas últimas para regalar a Rosita. Oro y diamantes para embellecer su pierna injustamente castigada por la polio. Con ese regalo en la mano me dormí aquella noche, sonriendo por mi atrevimiento de obsequiar algo sin duda robado, imaginando la cara que pondría Rosita, y cavilando si me preguntaría por la procedencia o la daría por supuesta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-672058175687947733?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/672058175687947733/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=672058175687947733&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/672058175687947733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/672058175687947733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/04/el-tuerto-61-la-tobillera.html' title='El tuerto. 61: La tobillera.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6160274955152584867</id><published>2008-04-20T23:12:00.001+02:00</published><updated>2008-04-20T23:13:22.535+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 60: Las cuatro maletas.</title><content type='html'>Salí del despacho de Don Baltasar con toda la documentación, copia del testamento, inventario de los bienes, y los tres juegos de llaves, no sin antes preguntarle si las hijas de Federico también tenían las llaves.&lt;br /&gt;-Pues no. Me las pidieron, pero no quisieron firmar el recibo, supongo que por consejo de su abogada, para no realizar ningún acto posesorio antes de tener presentada la petición judicial de beneficio de inventario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después hice varias cosas, en primer lugar llamé por teléfono a Rosita. Hasta ahora la había tenido al margen del asunto, ya que en principio sólo se iba a tratar de una entrevista, pero dado que mi estancia en la península se prolongaría varios días, e incluiría visitas a Galicia y Cáceres, me apetecía contar con su presencia, su compañía, y tal vez su ayuda. Quedamos en que tomaría el próximo vuelo y se reuniría conmigo en mi hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé por una famosa gran superficie y compré una cámara fotográfica, la de más sencillo manejo. Nunca había estado interesado en esos cacharros, no soy precisamente fotogénico, y hasta el presente me había sobrado con mi memoria selectiva para dejar grabado cuanto me impresionó en la vida. Pero en aquel momento se me ocurrió que no sabía lo que me iba a encontrar, y acaso me conviniera tener una prueba de lo que había en la mansión de Federico. En el inventario no había ninguna lista de muebles, ni cuadros, ni objetos que yo había visto en la mansión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí mismo gestioné el alquiler de un vehículo. No me querían dar uno de alta gama, me decían que se necesitaba una solicitud especial, que tenían que comprobar mi solvencia, etc, hasta que le mostré un extracto bancario de uno de mis depósitos, suficiente para comprar media docena de vehículos como el que pretendía alquilar. Llame, si lo desea, al banco, para comprobar mi solvencia, le dije. No hizo falta, al cuarto de hora me estaba entregando las llaves de un flamante BMW, muy parecido al que tenía Charlie. Que lo disfrute, me deseó el empleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acto seguido me dirigí a La Moraleja. La mansión de Federico presentaba el mismo aspecto de siempre, no había ninguna persona ni vehículo a la vista. Antes de introducir la llave en la cerradura me asaltó una duda, ¿estaría la alarma conectada y empezaría a sonar? Después pensé, caso de que empiece a sonar, rápidamente estaré dentro de la casa, iré al cuadro de interruptores, -recordé que estaba nada más entrar-  y cortaré el suministro eléctrico. Como aún era de día, levantando las persianas podría inspeccionar la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giré la llave con cuidado, abrí la puerta rápidamente, y al tercer aullido tiré de la palanca más grande hacia abajo y se hizo el silencio. Si acudían los vigilantes de la urbanización tendría que dar explicaciones y mostrar mis  documentos para demostrar la legitimidad de mi presencia. Hice votos para que fueran tan poco diligentes como los de cierta urbanización…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La búsqueda de la caja fuerte resultó sencilla. Cuando le vendía las joyas y decía que “iban a buscar el dinero”, yo siempre había sospechado que el dinero en realidad estaba en la casa, en una caja fuerte, pero él no quería que nadie extraño (entonces yo era un extraño) lo supiera. Me puse en la mente de Federico, y recordé que siempre al cabo de un rato salía del salón y…Subía las escaleras, eso es, la caja estaba arriba, en el dormitorio principal. No había muchos sitios donde esconder una caja fuerte que yo imaginaba de buenas dimensiones, para acoger los secretos y tesoros de Federico. Tras los cuadros no había nada, excepto la blanca pared. Así que tocando el fondo de los armarios descubrí un panel ligeramente distinto, que se deslizaba presionando ligeramente hacia arriba, para librar el resalte. Y, eureka, ahí estaba. Lo demás fue coser y cantar, es decir, introducir la combinación y abrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caja sería de metro y medio de alto, por uno de ancho y uno de fondo, y  estaba dividida en cuatro compartimentos. Uno contenía una gran maleta llena de billetes nuevecitos de diez mil pesetas. El segundo y el tercero sendas maletas con joyas de todo tipo, entre las que creí reconocer algunas de las que yo mismo le vendí. Y el cuarto una inevitable maleta repleta de documentos en sus archivadores, que llevaría tiempo estudiar, así por encima parecían contratos privados de operaciones con testaferro, documentos bancarios, listas de nombres, direcciones, teléfonos. Y en el fondo de esta última…Una pistola, una Star del nueve largo, un pistolón, para ser exactos, y varias cajas de municiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquello, no había tiempo que perder, para hacer fotos a los cuadros, estatuillas, porcelanas y demás, ya habría ocasión. Saqué las cuatro maletas, cerré la caja fuerte, coloqué de nuevo el panel, metí las maletas en mi coche, cerré la casa y me fui de allí. Los vigilantes no habían aparecido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6160274955152584867?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6160274955152584867/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6160274955152584867&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6160274955152584867'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6160274955152584867'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/04/el-tuerto-60-las-cuatro-maletas.html' title='El tuerto. 60: Las cuatro maletas.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-9217527758474324958</id><published>2008-04-08T11:37:00.004+02:00</published><updated>2008-04-08T11:45:04.376+02:00</updated><title type='text'>El tuerto. 59: La comprensión de Ester.</title><content type='html'>Esa mañana llegué con antelación, con la idea de pedirle a don Baltasar una relación de los bienes de la herencia, y comentarlo sin la presencia de la otra parte.&lt;br /&gt;-Antes de hablar de los bienes tengo que entregarle una carta póstuma de don Federico. –Y me tendió el sobre. Lo abrí; apenas unas líneas: “Cuanta menos gente sepa de esto mejor, este es el número de la cuenta en Panamá que te dije, la he puesto a tu nombre, y ésta la clave de mis cajas fuertes, las llaves las tiene Balti. Cuida de mis hijas. Federico”. La carta estaba sacada por ordenador, confié que hubiera borrado el archivo. Sólo el visé de Federico atestiguaba su autenticidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias. Y ahora hábleme de los bienes.&lt;br /&gt;-En cuanto a inmuebles, tenemos dos mansiones en las que viven las hijas, y por supuesto la mansión en que vivía Federico. Un chalet en la costa brava que utiliza Josefina, un chalet en Menorca que usa Ester, y un pazo en Galicia donde se refugiaba Federico. Aparte hay media docena de pisos y apartamentos en distintas zonas de Madrid, la castellana, Arturo Soria, y Argüelles, todos ellos alquilados. Como ve, Federico además de ganar dinero lo supo invertir bastante bien. Por último tenemos una finca rústica en Cáceres, de sesenta hectáreas, a la que de vez en cuando iba a cazar.&lt;br /&gt;-Un buen patrimonio, pero ¿Y liquidez?&lt;br /&gt;-Una cartera de valores, unos cien millones. Y varios depósitos a diferentes plazos, más o menos otro tanto.&lt;br /&gt;-¿Alguna caja fuerte, o de seguridad, dinero metálico, joyas?&lt;br /&gt;-Hay una caja fuerte en su mansión, pero nadie sabe la clave, habrá que llamar a un cerrajero. En el pazo y en la finca también hay cajas fuertes. En cuanto a los bancos, lo estamos investigando.&lt;br /&gt;-Déme las llaves de la mansión, del pazo y de la finca.&lt;br /&gt;-¿Las llaves? –Pareció sorprendido.&lt;br /&gt;-Sí, las llaves, usted como albacea debe tenerlas, y yo soy un llamado a la herencia y por tanto tengo derecho al menos a una copia, ya que no hay ningún poseedor previo de dichos bienes, como en el caso de las viviendas de las hijas.&lt;br /&gt;-Debo advertirle que si oculta usted algún bien de la herencia perdería el beneficio de inventario.&lt;br /&gt;-No se preocupe, no pienso ocultar nada.&lt;br /&gt;-Pues entonces fírmeme la entrega de llaves.- Y redactó unas líneas en un folio, y me lo tendió en la mano derecha, para que leyera y firmara, mientras que en la izquierda me depositaba tres manojos de llaves. Firmé el recibo. En ese momento la secretaria avisó de que llegaban Ester, Josefina y la abogada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo dos minutos más, don Baltasar, dígame ¿de qué viven ellas y sus maridos?&lt;br /&gt;-Josefina es una pija, una esnob, dirían ustedes, y su marido Edgar un aprendiz de empresario arruinado, todos los negocios que ha intentado han sido un completo fracaso. Ester, en cambio es una hippie desfasada y su marido, Carlos, un pintor tan sumamente exquisito que no ha vendido un cuadro en su vida, ni siquiera a los turistas de Menorca; es que eso tendría muy poca clase para él. Y ahora recibamos a las damas, no está bien hacerlas esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Baltasar nos presentó. Josefina, rubia de bote, vestía un traje oscuro de falda ceñida, blusa y chaqueta cruzada, zapato negro cerrado. Transmitía la idea de que iba de luto. Aparentaba unos cuarenta y cinco años. Ester llevaba un traje compuesto de vaqueros y cazadora desteñidos, casi blancos, dando la falsa impresión de estar desgastados. Una camiseta de escote redondeado esbozaba sus pequeñas protuberancias, y un pañuelo fulard completaba su atuendo. Su rostro aparentaba unos cuarenta años, pero su vestimenta y sus gestos indicaban que no asumía su edad real. Por último, la abogada –Carmen, nos la presentó Don Baltasar- era la más joven de las tres, delgada hasta el extremo, vestía un traje pantalón de tenues rayas, y llevaba el pelo muy corto, semejando casi un varoncito; sin embargo sus movimientos eran muy femeninos, contoneantes. De repente me di cuenta de que ninguna de las tres aceptaba parte de su propia esencia. Josefina fingía un luto que estaba lejos de sentir, en el fondo estaba ávida de libertad y de tomar posesión de los bienes materiales. Ester no reconocía su edad y trataba de vivir instalada en una eterna juventud. Y Carmen quería afanosamente ocultar su exuberante feminidad, quizá como mecanismo de defensa para luchar en un mundo hostil y masculino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las acompaño en el sentimiento.- Dije.- Federico era un buen amigo mío.&lt;br /&gt;-Gracias.-Musitaron.&lt;br /&gt;-Pues sí, debían de ser ustedes muy buenos amigos, todavía estamos sorprendidas, vamos, que no damos crédito a su nombramiento. Pero a juzgar por la edad de usted, no acabo de entender de dónde venía esa amistad y qué es lo que tenían ustedes en común, porque estamos pensando en impugnar su nombramiento. –La abogada soltó la parrafada sin respirar.&lt;br /&gt;-Lo que teníamos en común era nuestra valentía para tomar decisiones y llevarlas a cabo. No sé si usted conoció a Don Federico…-Le di tiempo a negar con la cabeza.- Pues sus hijas le podrán corroborar que era un hombre extraordinariamente valiente.&lt;br /&gt;-Así es.- Confirmó Ester, y creí ver un destello de simpatía.- Pero comprenda que es la primera noticia que tenemos de su existencia.&lt;br /&gt;-Por supuesto, Ester, ¿Me permite que la llame Ester? –Ella asintió.- Su padre me encargó…&lt;br /&gt;-Mi padre era un loco y un viva la virgen.- Me interrumpió la otra, Josefina, con rabia.- Que no sabía lo que hacía…&lt;br /&gt;-…Y estamos en condiciones de demostrar que no estaba en posesión de sus facultades mentales cuando le nombró a usted fideicomisario.- Continuó la abogada agresiva.- Tengo aquí un informe psiquiátrico que demuestra que padecía un trastorno bipolar, lo cual le llevaba a tomar decisiones disparatadas, temerarias, y excéntricas.&lt;br /&gt;-Pues para ser un loco a ustedes no les ha ido nada mal.- Me dirigí a Josefina, mirándola de frente, con mi único ojo. Y un trastorno bipolar no anula, y usted lo sabe, abogada, su capacidad de juicio. Más aún, nombrarme a mí fue una prueba objetiva de prudencia y de protección hacia sus hijas, y no me obligue a decir aquí el porqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En todo caso, como prueba de buena voluntad, -la abogada cambió de táctica- estamos dispuestas a ofrecerle un acuerdo.&lt;br /&gt;-¿Consistente en..?&lt;br /&gt;-En abonarle a usted en metálico el valor de su derecho hereditario, computándolo como si fuera una nuda propiedad. Hemos calculado que asciende, según las normas de valoración aplicables, y teniendo en cuenta la edad de Josefina y Ester, es decir, el tiempo que usted hipotéticamente tardaría en recibir los bienes…A un veinte por ciento del valor total de la herencia.&lt;br /&gt;-Nada me gustaría más que complacerlas, créame, pero eso supondría traicionar la última voluntad de Federico, que no fue el que yo recibiera un dinero, que por otra parte yo no estoy interesado en recibir, sino que yo fuera el protector, el garante de que la herencia no se dilapide en unos pocos años de opulencia y despilfarro, ¿Y después qué? ¿Tienen unos ingresos, unos medios de vida estables? Me temo que no. Así que lo que yo les propondré, teniendo en cuenta el inventario de bienes de la herencia, es un plan para que puedan vivir desahogadamente con las rentas que produzca el patrimonio, sin necesidad de liquidarlo.- La abogada se puso en pie, y casi de inmediato Josefina.&lt;br /&gt;-Pues entonces nos veremos en los tribunales, aténgase a las consecuencias.-Y salieron ambas del despacho, muy dignas. Ester permaneció sentada, en silencio, algunos segundos, y después se incorporó también, lentamente, nos tendió la mano a mí y al albacea, con gesto pensativo, yo me puse en pie para estrechársela, me dedicó una mirada plena de comprensión, y abandonó la estancia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-9217527758474324958?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/9217527758474324958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=9217527758474324958&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9217527758474324958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/9217527758474324958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/04/el-tuerto-59-la-comprensin-de-ester.html' title='El tuerto. 59: La comprensión de Ester.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-8374569270267086075</id><published>2008-03-27T12:22:00.002+01:00</published><updated>2008-03-27T12:23:39.069+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 58: beneficio de inventario.</title><content type='html'>Yo escuchaba en silencio, impresionado por el relato, pero sin saber a dónde quería ir a parar. Hasta que no pude evitar el comentario que me rondaba la cabeza.&lt;br /&gt;-De cualquier manera el problema ya no es la vía judicial, su fallecimiento extingue la responsabilidad penal.&lt;br /&gt;-En efecto, amigo Peter, el problema es el posible procedimiento tributario que pueda iniciar la administración de hacienda. Y ese es el motivo de la urgencia. Ya sabe usted que si se acepta una herencia el heredero se hace responsable de todas las cargas, y no sólo con los bienes de la herencia, sino con los suyos propios. Pues he ahí la cuestión, que no sabemos a cuanto podría ascender esa hipotética deuda tributaria, mas la sanción y los intereses de demora. Podría ser incluso superior al valor de la herencia.&lt;br /&gt;-Pero seguro que ya se le ha ocurrido una solución, señor letrado.&lt;br /&gt;-Por supuesto, siempre hay una solución para todo. Y en este caso  es aceptar la herencia a beneficio de inventario. ¿Conoce la figura jurídica?&lt;br /&gt;-La verdad, me suena esa expresión, pero no se en qué consiste exactamente.&lt;br /&gt;-Pues que el heredero no queda obligado a pagar las deudas sino hasta donde alcancen los bienes de la herencia, previo inventario. Pero para ello hay que acudir al juez dentro del plazo de diez días para manifestarlo, de ahí la urgencia que le comentaba. Después, una vez iniciado el trámite judicial, usted será parte interesada en el procedimiento. No se podrá vender nada, e incluso la administración de los bienes quedará bajo control judicial. Finalmente, a los cinco años habrán prescrito las posibles deudas tributarias&lt;br /&gt;-Sí ahora ya recuerdo la expresión, aunque la verdad es que yo la había oído  en otro contexto y no la entendí muy bien.&lt;br /&gt;-Tal vez iba aplicada a la vida misma, lo cual está muy de acuerdo con mi propia filosofía.  Creo que así es como deberíamos tomarnos la vida, a beneficio de inventario. No aceptar las herencias entre comillas, ni familiares ni sociales, sino después de saber a dónde nos conducen. Y lo mismo respecto de las relaciones personales de todo tipo, incluso las sentimentales. Entablamos una relación, creemos que nos va a reportar un bien, la aceptamos, y después resulta que era una carga y que no podemos desprendernos de ella.&lt;br /&gt;-Deduzco de sus palabras que usted no se ha casado, Don Baltasar.&lt;br /&gt;-He visto demasiados divorcios, demasiado odio en parejas donde alguna vez hubo amor, como para cometer yo ese error. Pero nos estamos apartando del tema, tal vez en otra ocasión estaré encantado de charlar con usted, Peter. Ahora quería abordar otro asunto, la cuestión de las hijas de Don Federico. Debo decirle que están planteándose impugnar el testamento. He pensado que sería bueno para usted tener una reunión con ellas. Tal vez para ellas también sería bueno, se han buscado una abogada que parece muy peleona y dispuesta a embarcar en pleitos a sus clientas, y de paso sacarles el dinero. A fin de agilizar, y para no prolongar su estancia en Madrid más de lo necesario, me he permitido mencionarles su visita y de paso concertar una reunión para mañana a primera hora, si usted está conforme.&lt;br /&gt;-Totalmente, ya sabe que estoy a su disposición, cuando y donde diga.&lt;br /&gt;-Será aquí, en mi despacho, y acudirá también la abogada de ellas. Yo, como albacea, no puedo representar a ninguna de las partes,  pero puedo sugerirle que se busque un abogado, por si acaso.&lt;br /&gt;-Tres mujeres y una de ellas abogada, hmm, sí, tal vez necesite un buen abogado. Hasta mañana, don Baltasar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-8374569270267086075?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/8374569270267086075/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=8374569270267086075&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8374569270267086075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8374569270267086075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/03/el-tuerto-58-beneficio-de-inventario.html' title='El tuerto. 58: beneficio de inventario.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-4433026321469466712</id><published>2008-03-17T23:04:00.001+01:00</published><updated>2008-03-17T23:06:05.872+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 57: R.I.P.</title><content type='html'>Me encontraba una tarde en la inmobiliaria, echando la bronca a uno de los vendedores. Se había dejado escapar un cliente con dinero y ganas de comprar, simplemente porque no teníamos exactamente lo que él buscaba.&lt;br /&gt;-Pero vamos a ver, que no estamos en una pescadería, para decirle a un cliente “no tenemos”. Esa frase no existe en nuestro vocabulario. Podemos decir: “tenemos uno casi igual”, o preferiblemente “tenemos uno mejor aún”. ¿Qué hago contigo? Dímelo tú, ¿te despido por inútil, o te doy otra oportunidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento sonó el teléfono. Era Rosita desde la pensión, había ido a ver a su madre.&lt;br /&gt;-Oye,  tienes aquí una carta de un abogado de Madrid, un tal Baltasar Gaceta.&lt;br /&gt;-Ábrela y  léeme lo que pone.&lt;br /&gt;-De acuerdo, va dirigida a ti, Don Peter R., pensión “Las tapias”, calle tal…”Muy señor mío, por la presente le comunico el fallecimiento de mi cliente Don Federico tal y tal, y siguiendo sus últimas voluntades le hago saber que ha sido usted llamado a la herencia del finado, en calidad de sustituto fideicomisario. Así mismo le participo que este abogado ha sido designado albacea para la ejecución del testamento. Por todo lo cual  le ruego se ponga en contacto con conmigo, a la mayor brevedad posible, en la dirección o teléfonos arriba indicados, para llevar a cabo las formalidades de aceptación de la herencia, así como en su caso llegar a un acuerdo con las hijas de don Federico y herederas universales, doña Ester y doña Josefina, tal y tal. En espera de sus noticias, le saluda atentamente”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso de “la mayor brevedad posible” sonaba urgente, así que llamé de inmediato al abogado.&lt;br /&gt;-Está con un cliente, ¿de parte de quién?- Me dijo su secretaria. Le di mi nombre y le expliqué la aparente urgencia que indicaba su carta. La secretaria debía estar advertida, porque dijo: -Ah, si, voy a intentar pasarle la llamada, espere un momento. Al cabo de un minuto escuché la voz del abogado. Me saludó muy amablemente y me repitió el contenido de la carta.&lt;br /&gt;-¿Cómo ha muerto? –Pregunté.&lt;br /&gt;-Sufrió un ataque al corazón en mitad de la noche. Por la mañana le encontró la empleada doméstica, cuando fue a llevarle el desayuno. Supongo que Don Federico le habría enterado de su intención de nombrarle fideicomisario…&lt;br /&gt;-Sí, me lo dijo, y también me dijo que usted sabía las razones…&lt;br /&gt;-En efecto, pero sucede que necesito hablar con usted personalmente. Hemos de tomar algunas decisiones sobre la herencia con la mayor celeridad, y no puedo darle más detalles por teléfono. Si usted pudiera venir a verme cuanto antes yo se lo agradecería muchísimo.&lt;br /&gt;-Claro que sí, Don Baltasar, cuente conmigo para lo que haga falta. Mañana mismo cojo el avión.&lt;br /&gt;-Gracias. Por supuesto, los gastos irán a cargo de un fondo que Don Federico dejó expresamente. ¿Le importa que nos reunamos en mi despacho en cuanto llegue usted a Madrid? Simplemente avise a mi secretaria cuando sepa la hora aproximada, yo estaré esperándole.&lt;br /&gt;-Así lo haré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abogado  me pareció muy sensato, inteligente y calmado. Creo que a él le sorprendió mi juventud. De inmediato empezamos a tutearnos y se estableció un clima de confianza, casi camaradería, especialmente cuando le dije que conocía el derecho hereditario español.&lt;br /&gt;-Debo decirle, amigo Peter, que no sé exactamente cuales son sus méritos, pero deben ser muchos cuando Don Federico confió precisamente en usted, a pesar de su juventud, para esta llamada, un tanto intempestiva la verdad, a la herencia.&lt;br /&gt;-Tal vez precisamente esa juventud, que usted considera un inconveniente, él la juzgó mi principal ventaja. Quiero decir que tal vez pretendía que pueda estar vivo no ahora, sino dentro de muchos años, para proteger a sus hijas.&lt;br /&gt;-Si, eso es cierto. Pues bien, le explicaré cuál es la situación, y porqué tenemos cierta urgencia para actuar. Ocurre que la tarde antes de su fallecimiento, Don Federico había recibido una citación judicial, para declarar en calidad de imputado, por delitos de falsedad documental y contra la hacienda pública. Un asunto en apariencia grave, pero en realidad no alarmante desde el punto de vista penal, dado que no podía haber pruebas contra él, y lo más probable es que nunca hubiera sido llevado a juicio: más tarde o más temprano ese caso habría sido archivado.&lt;br /&gt;-¿A cuál se refiere, al de Plácido y las facturas?&lt;br /&gt;-Ah, veo que está informado, sí a ese me refiero. Como le digo, intenté tranquilizar a Federico, pero claro, es más fácil hablar cuando los toros se ven desde la barrera. Lo cierto es que según la empleada esa noche se tomó una botella de whisky, los informes preliminares de la autopsia hablan de una alta tasa de alcoholemia, en modo alguno letal para una persona sana, pero sí para Federico, que como usted sabe tenía una lesión cardiaca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-4433026321469466712?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/4433026321469466712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=4433026321469466712&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4433026321469466712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4433026321469466712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/03/el-tuerto-57-rip.html' title='El tuerto. 57: R.I.P.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2970874452816219737</id><published>2008-03-10T18:22:00.002+01:00</published><updated>2008-03-10T18:27:35.123+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 56: La grabadora</title><content type='html'>Me desperté agitado, confuso. Mientras se desvanecía la pesadilla de mi mente logré retener una imagen en la memoria. Había perdido mi navaja, necesitaba encontrarla, buscaba afanosamente, me venía la sensación de que estaba cerca, pero nada.&lt;br /&gt;Miré el reloj, las tres y media, no había dormido ni dos horas. Llevaba unos días sin tomar las pastillas de dormir, ni los tranquilizantes. Mi pijama estaba empapado en sudor. Me lo quité y me puse otro limpio. Salí a la terraza a pensar, escuchar el rumor del mar y contemplar las estrellas. Momentos después oí a Rosita levantarse, salió detrás de mí, se abrazó a mi cintura y apoyó su cabeza en mi espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te preocupa?&lt;br /&gt;-Pues…supongo que la reunión que tengo mañana para sobornar al Teniente de Alcalde de Puerto de Mogán. Vamos a entregarle diez millones de pesetas en efectivo para que presente en el pleno del Ayuntamiento la recalificación de nuestro terreno. Pero, ¿Y si no se aprueba? ¿Nos devolverá el dinero? No lo creo. ¿Y si todo es un cuento para estafarnos? ¿Y si alguien se va de la lengua y nos acusan de cohecho? No me fío de los políticos…&lt;br /&gt;-Y-si, easy, take it easy, ¿entiendes? No te preocupes lo más mínimo. Lo que tienes que hacer es ir a la entrevista con una mini-grabadora en el bolsillo.&lt;br /&gt;Rosita volvió de nuevo al dormitorio y estuvo rebuscando entre sus cosas. Reapareció con un aparatito no mayor que un paquete de tabaco. Rebobinó la microcinta y me lo colocó en el bolsillo de la chaqueta del pijama.&lt;br /&gt;-¿Lo ves? Esta es la que he usado yo para grabar los temas de mis oposiciones. Cuando empiece la entrevista sólo tienes que apretar discretamente este botoncito, ¿ves? Y se encenderá la luz roja, indicadora de que está grabando.&lt;br /&gt;-Vale, ¿y después?&lt;br /&gt;-Pues muy sencillo: te guardas la cinta como prueba, por si acaso, en alguna de tus cajas de seguridad. ¿Qué no lo aprueban y no te quiere devolver el dinero? Le mandas una copia de la cinta, ya verás como se lo replantea. Y tranquilo, que nadie se va a ir de la lengua. ¿Quieres que te acompañe?&lt;br /&gt;-¿Al aeropuerto?&lt;br /&gt;-Si quieres vuelo contigo a Gran Canaria y te espero en algún sitio mientras tú vas a la reunión.&lt;br /&gt;-Voy a ir acompañado de Don Antonino Tosco y su hijo Mario. Pero no sabemos si habrá plaza para ti en el avión.&lt;br /&gt;-Pues hacemos lo siguiente: te acompaño al aeropuerto, si hay plaza vuelo contigo, si no, me vuelvo a casa en tu coche. Y ahora vamos a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo hicimos. La verdad es que yo mismo no entendía porqué me preocupaba tanto. Teniendo en cuenta los asuntos a los que estaba acostumbrado esto era fácil para mí. Repasando en mi mente, descubrí que lo que de verdad me fastidiaba era darle dinero, así a lo tonto, a un político, por hacer algo que de todas maneras, tarde o temprano, tendrían que hacer, urbanizar ese suelo. Me sentía como un imbécil y eso era lo que disparaba mi adrenalina hacia todos los posibles motivos de temor. Así las cosas, la tranquilidad de Rosita despejó mi indecisión y me insufló nueva confianza. Si ella, que era novata en esto de la delincuencia, lo veía tan claro, no sería yo quien me arrugase. Dormí de un tirón el resto de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosita voló con nosotros. Don Antonino apenas prestó atención cuando la presenté como mi novia, sin duda tenía otras preocupaciones en su cabeza. Mario se la quedó mirando con algo de insistente descaro, pero no hizo ningún comentario. De todas formas les aclaré que ella haría unas gestiones en Las Palmas, y que nos reuniríamos después de nuestra cita.&lt;br /&gt;Por supuesto la reunión no era en el Ayuntamiento, sino en un discreto restaurante de Maspalomas. Antes de traspasar la puerta apreté el botón de la grabadora en el bolsillo de mi camisa.&lt;br /&gt;-Hemos quedado con Alfredo Fuertes. -dijo don Antonino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maitre nos condujo al reservado. Y allí estábamos los tres, como tres gilipollas, delante del tipo aquel, un gordo enorme y sudoroso, que nos estrechó una mano húmeda y empezó a hablar por los codos al tiempo que bebía grandes sorbos de una jarra de medio litro de cerveza y pinchaba de un plato de papas con mojo picón, de aperitivo. Don Antonino, que era el único que le conocía personalmente, apenas podía meter baza. Mario y yo callados. El individuo pasaba de un tema a otro sin transición, tan pronto hablaba de grandes proyectos que haríamos juntos, un puerto deportivo, hoteles, restaurantes, como de pronto pasaba a quejarse de las dificultades de la política, la ruindad de los concejales de la oposición, cuya envidia no les permitía reconocer su talento, su iniciativa y su esfuerzo por impulsar el progreso de su ciudad. En mitad de su discurso se paró bruscamente y espetó:&lt;br /&gt;-¿Habéis traído lo convenido? –Yo instintivamente miré a mi bolsillo y comprobé que la lucecita de grabación estaba encendida.&lt;br /&gt;-¿Te refieres al dinero que nos pediste? –Dije. Don Antonino me hizo un gesto con la mano, intentando que me callara. El gordo me miró frunciendo el ceño, pero yo continué.- Sí, hemos traído los diez millones de pesetas.&lt;br /&gt;-Pero bueno…-Protestó Alfredito, (así comencé a llamarle en mi mente) lanzando la servilleta.-…Esto no se hace así.&lt;br /&gt;-Tranquilo. – Terció don Antonino.- Mi socio es nuevo en estas cosas…Aquí está el dinero.- Dijo, entregándole el maletín, que el gordinflón se apresuró a agarrar.&lt;br /&gt;-Cuéntalo. –Continué.- Supongo que nos darás garantía de que la recalificación se va a aprobar…-Freddy se puso en pie, ya claramente furioso.&lt;br /&gt;-Está claro, este tío es tonto.&lt;br /&gt;-Discúlpame, no te ofendas, no era mi intención, hombre, toma otra cervecita, que están a punto de traerte el solomillo que has pedido.-Dije para aplacarle. Le tendí la mano y él, tras un ligero titubeo, me la estrechó.&lt;br /&gt;-De acuerdo, voy al baño. – Y se fue con el maletín, no se si a mear, o a contar los diez millones. Y en ese momento paré la grabadora.&lt;br /&gt;-Has estado a punto de cagarla.- Me dijo don Antonino.&lt;br /&gt;-¿Pero cómo se te ocurre? –Intentó sermonearme Mario.&lt;br /&gt;-Tú cierra el pico.- Le silencié.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2970874452816219737?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2970874452816219737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2970874452816219737&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2970874452816219737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2970874452816219737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/03/el-tuerto-56-la-grabadora.html' title='El tuerto. 56: La grabadora'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2318871929370593501</id><published>2008-03-06T21:09:00.003+01:00</published><updated>2008-03-06T21:10:46.754+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 55: Bye, bye, pensión.</title><content type='html'>-¿Quieres desayunar?&lt;br /&gt;-No tengo ganas, ¿Y tú?&lt;br /&gt;-Yo tampoco.&lt;br /&gt;-Rosita, ¿Te gusta este apartamento?&lt;br /&gt;-Si, es tranquilo…&lt;br /&gt;-Podemos instalarnos aquí, hasta que te den el destino.&lt;br /&gt;-Vale, pero ¿y después? Si me acostumbro a ti no voy a querer marcharme…&lt;br /&gt;-Yo estoy dispuesto a irme contigo, si tú quieres.&lt;br /&gt;-¿De veras? La idea me gusta. Pero de momento vayamos a recoger nuestras cosas. A ver qué escándalo monta mi madre.&lt;br /&gt;-No te preocupes, de tu madre me ocupo yo. No hace falta que vengas, puedes esperarme aquí, que yo te traeré todo lo tuyo.&lt;br /&gt;-Esta noche contigo me ha dado fuerzas, tengo que empezar a perderle el miedo a mi madre. En realidad necesito decirle adiós a la cara, para sentirme bien, por mi propia autoestima.&lt;br /&gt;-¿Tienes muchas cosas, pido una furgoneta de mudanza o cabrán en el “Golf”?&lt;br /&gt;-Bah, no tengo tanto que de verdad quiera llevar. Los libros más importantes y una parte de las ropas, el resto lo dejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estábamos llegando a la pensión me asaltaron las dudas. ¿Y si ante la presión de su madre Rosita se echaba atrás?&lt;br /&gt;-¿Estás segura de que quieres enfrentarte a tu madre? Mira, en realidad no es necesario, podemos comprar todo lo que necesites. A mi no me preocupa tu madre, pero tengo miedo de que te eches atrás.&lt;br /&gt;-Si, ya lo sé, pero esta vez no va a suceder, y quiero demostrármelo a mi misma.&lt;br /&gt;-De acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A doña Rosa, la madre, no le gustaban los escándalos, así que la hora de la comida, con el salón lleno de huéspedes era el momento ideal para la operación salida. Rosita se fue derecha a su habitación, a hacer sus maletas, mientras yo entretuve a la vieja en el mostrador de recepción.&lt;br /&gt;-Por favor, doña Rosa, me prepara la cuenta. –Dije en voz alta, para que lo oyeran todos. Me miró entrecerrando los ojos, con rabia. Dudó si atenderme o salir detrás de su hija. –Tengo prisa. –Añadí para reforzar mi petición.&lt;br /&gt;-Esto no va a quedar así.- Murmuró entre dientes.- Hablaré con la policía, sé que eres un delincuente.&lt;br /&gt;-Mire, doña Rosa, si su hija me acepta me casaré con ella. Tiene usted dos opciones, ganar un yerno, o perder una hija, si quiere esto último llame ahora mismo a la policía, por mi encantado. –Le señalé el teléfono con tranquilidad. La bruja titubeó, no estaba acostumbrada a que sus chantajes cayeran en el vacío.- En cambio, por el bien de su hija estoy dispuesto incluso a llevarme bien con usted.&lt;br /&gt;Súbitamente doña Rosa retomó la compostura y me sorprendió con su capacidad de reflejos. Salió del mostrador, se dirigió a mí, e hizo lo último que hubiera esperado: me abrazó con ternura.&lt;br /&gt;-Hijo mío, porque no he ganado un yerno, he ganado un hijo.&lt;br /&gt;Bueno, casi me hace llorar, la vieja astuta. Por un momento me lo creí, después, pensándolo fríamente, deduje que no era sino una muestra más de su capacidad camaleónica de sobrevivir a todas las adversidades. La puerta del comedor estaba abierta, y una parte de los comensales habían dirigido su atención a nosotros. Doña Rosa, en su papel de patrona, se dirigió a ellos en voz alta.&lt;br /&gt;-Se va a casar con mi hija.- Les anunció.&lt;br /&gt;-Oh, enhorabuena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese instante bajó Rosita con una maleta en cada mano y se paró atónita. Le había dado tiempo a escuchar la última frase de su madre. Yo rápidamente me acerqué a ella, le cogí las maletas, la besé en la mejilla, le susurré “sígueme la corriente”, y le guiñé mi único ojo. La vieja se abrazó a su hija llorando y gimoteando.&lt;br /&gt;-Hija mía…&lt;br /&gt;-Mamá, ya hablaremos.&lt;br /&gt;Salimos de allí como pudimos, prometiendo visitarla a menudo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2318871929370593501?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2318871929370593501/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2318871929370593501&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2318871929370593501'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2318871929370593501'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/03/el-tuerto-55-bye-bye-pensin.html' title='El tuerto. 55: Bye, bye, pensión.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-7618311866062331632</id><published>2008-03-02T19:37:00.001+01:00</published><updated>2008-03-02T19:42:37.392+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 54: El refugio.</title><content type='html'>Esa tarde, en la inmobiliaria, me dediqué a mirar fichas de pisos y apartamentos. Pero no encontré lo que buscaba, así que llamé por teléfono a varias inmobiliarias conocidas. Tuve la satisfacción de identificarme por mi nuevo cargo:  Peter, el consejero de “Paradise”.&lt;br /&gt;-Oye, ¿Tenéis algún apartamento en Costa del Silencio?&lt;br /&gt;-Nosotros no, pero conozco una agencia en Las Galletas que seguro que tienen para elegir. ¿Qué es lo que buscas?&lt;br /&gt;-Un apartamento para alquilar un mes o dos, que esté listo para entrar hoy mismo,  y si es posible con vistas al mar. ¿Crees que habrá?&lt;br /&gt;-Seguro que sí. ¿Quieres que me ocupe?&lt;br /&gt;-Sí, por favor, luego me pasas tu comisión. –Al rato me llamó de vuelta.&lt;br /&gt;-Ya está, Peter, es el edificio “Atlantic View”, apartamento 303, la llave estará debajo del felpudo. Mañana te pasas por la agencia para firmar el contrato, cuesta setenta mil pesetas al mes.&lt;br /&gt;-Gracias, te debo una.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conduje con agilidad por la autopista hasta Icod, allí, como estaban en obras me desvié por la comarcal. Eso nos demoró un poquito, pero aún así llegamos a Los Gigantes a tiempo de presenciar el crepúsculo desde los acantilados, justo en el instante en que el sol emitía su último rayo antes de hundirse en el océano. Sentados en el auto, con el motor parado, nos dejamos seducir por la paleta de colores, azul del mar, naranja, rosa, violeta. Esa perspectiva gigantesca parecía simbolizar el paso que los dos estábamos a punto de dar. De repente sentí frío.  Busqué la mano de Rosita, la encontré extendida hacia mí, junto a la palanca de cambios, la estreché. Los dos seguimos mirando el horizonte infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Restaurante del “Park Hotel Troya”. Una mesa al borde del paseo marítimo, con vistas a la Playa de las Américas, el rumor del mar llegando a nosotros a través de la ventana abierta. Una mesa con velas, blanco mantel, un jarrón con flores, una lubina al horno y una botella de vino blanco, un Riestling bien frío, música de boleros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también tengo que contarte algo. –Dije, animado por el vino.- Quiero pasar la noche contigo, me refiero a esta noche y todas las que vendrán después, la larga noche de la vida. He alquilado un apartamento aquí cerca, en la Costa del Silencio. Pero antes de llegar allí quiero que sepas quién soy en realidad…-Inspiré, bebí otro trago. Noté que me faltaba la respiración, me sentía muy nervioso. En ese momento me di cuenta que…¡Se me había olvidado tomar las pastillas! Ya no tenía remedio, había que continuar. Con la voz entrecortada por la emoción, proseguí mi discurso.&lt;br /&gt;-No hace falta que me cuentes nada, no me importa lo que hayas hecho.&lt;br /&gt;-Pero yo quiero contártelo. He cometido delitos en Inglaterra, vine aquí huyendo de la policía.   –Le hice un resumen de mis británicas fechorías, el atraco a la empresa del tío de Luke, la distribución de billetes falsos, el drogadicto que maté. - Y lo peor es que también he cometido delitos aquí, en Tenerife y en la península…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me cuentes más por hoy. ¿Te crees que me sorprende? Pues no. Yo ya sospechaba que tenías un oscuro pasado. Mira, en la pensión estoy acostumbrada a ver gente de toda calaña, era muy evidente que tú te escondías de algo o de alguien. La verdad, no necesitaba que me contaras nada…Pero te agradezco la confianza que me demuestras al haberlo hecho.&lt;br /&gt;-¿Y a pesar de lo que te he contado querrás pasar la noche conmigo?&lt;br /&gt;-Anda, pide la cuenta y vamos a ese apartamento al que me vas a raptar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llave estaba debajo del felpudo, como me había indicado la colega de la inmobiliaria. El apartamento era espacioso, amueblado de forma sencilla y funcional, tenía una terraza orientada al sur, directamente sobre la Costa del Silencio. Salimos a contemplar la luna menguante,  a respirar la brisa del Atlántico, y a calmar un poco nuestra emoción.&lt;br /&gt;-¿Sabes, Peter? En el fondo tú me inspiras seguridad, contigo me siento protegida. - ¿Qué podía decir? Nada, sólo rodearla con mis brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos al dormitorio. Rosita se empezó a desnudar ella sola, con gestos rápidos y precisos se despojó de los zapatos, la blusa, el pantalón vaquero. Yo todavía estaba completamente vestido y absorto mirándola cuando me ofreció la espalda para que le desabrochase el sujetador. Lo hice mientras besaba su hombro. Rápidamente  se sumergió bajo las sábanas, pude ver fugazmente sus braguitas rosa pálido con encajes. Me senté al borde de la cama y me desvestí lentamente, colocando la ropa sobre una silla. También me dejé puesta la prenda interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica temblaba y su respiración era rápida y agitada, trataba de tomar aire profundamente para relajarse. La abracé larga y suavemente,  acaricié su espalda. Toda ella estaba tensa, rígida. Fue una noche de abrazos, besos y caricias sin fin. En algún momento, antes del amanecer, nos dormimos. Ya con el sol naciente, bañando de claridad nuestro cuarto, las piernas de Rosita se aflojaron, se abrieron para un nuevo día de placer compartido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-7618311866062331632?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/7618311866062331632/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=7618311866062331632&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7618311866062331632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/7618311866062331632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/03/el-tuerto-54-el-refugio.html' title='El tuerto. 54: El refugio.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3449329389538933639</id><published>2008-02-29T14:09:00.001+01:00</published><updated>2008-02-29T14:11:30.018+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 53: La profesora.</title><content type='html'>Se celebró la exposición universal de Sevilla. La gente me preguntaba si no tenía intención de visitarla.&lt;br /&gt;-¿Qué, no vas a la expo? –Era la pregunta típica.&lt;br /&gt;-No me gustan las multitudes, odio hacer cola. – Mi respuesta invariable. No entiendo ese espíritu gregario, esa necesidad de ver todos lo mismo y al mismo tiempo, hacer los mismos comentarios. De vez en cuando veía imágenes en la televisión, generalmente a la hora de comer, en la pensión. Gente deshidratada por el calor, agotada por las caminatas, exhausta, con los pies doloridos, magullados. Y a pesar de todo estaban satisfechos de su hazaña, lo contaban para la cámara con orgullo. Jamás haría yo tal cosa, si cayera en la tentación de dejarme arrastrar por las masas me avergonzaría de mi debilidad, lo último sería contarlo y encima delante de una cámara y un micrófono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dediqué con ahínco al trabajo, en la inmobiliaria organizando mejor el equipo de captadores y vendedores, y en la promotora introduciéndome en los vericuetos urbanísticos para impulsar la recalificación. De la mano de don Antonino y a veces de Mario, visité en sus despachos a los técnicos de planeamiento urbanístico. Su informe favorable era preceptivo para que la concejalía hiciera la propuesta. Nos dijeron que sí, que nuestro terreno reunía los requisitos para ser urbanizable, pero la propuesta la tendría que presentar el concejal en el pleno del Ayuntamiento, tendría que ser aprobado, y por último ratificado por la consejería del Gobierno Autónomo. Toda una odisea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas preocupaciones andaba cuando un mediodía se presentó Rosita en el comedor, mientras estaba yo almorzando.&lt;br /&gt;-He aprobado las oposiciones, ya soy profesora de EGB.&lt;br /&gt;-Enhorabuena, Rosita. ¿Quieres que vayamos a tomar algo y me lo cuentas?- Desde aquella cita cancelada tan sólo nos habíamos visto fugazmente y apenas intercambiado breves palabras. Nunca le pregunté la razón por la que había cancelado la cita, ni ella lo mencionó. Tampoco se reanudaron mis clases de portugués, me limité a estudiar la gramática por mi cuenta y leer una novela de Jorge Amado, “Dona flor e seus dois maridos”.&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;-Pues vamos hasta la playa de San Telmo y nos tomamos una leche merengada en alguna terraza.&lt;br /&gt;Bajamos en el coche, no era cuestión de caminar, y nos sentamos contemplando el mar, que por momentos se estaba encrespando, azuzado por un viento racheado del oeste. Pequeñas nubes ocultaban el sol de forma intermitente. Nos quedamos en silencio algunos minutos.&lt;br /&gt;-Bueno, ¿cómo ha sido? –finalmente pregunté, notaba que a Rosita le costaba arrancar, después del primer momento de acercamiento.&lt;br /&gt;-Pues…Me presenté a unas plazas reservadas para personas con minusvalía, había veinticinco y he sacado el número catorce. –Me resultaba extraño ver a Rosita indecisa por primera vez; ella, que siempre aparentaba tanta seguridad cuando actuaba de maestra conmigo, ahora que se había convertido en auténtica profesora se mostraba dubitativa. Me dio que pensar que había algo más.&lt;br /&gt;-Eso está muy bien, teniendo en cuenta que has estado poco tiempo preparándolas.&lt;br /&gt;-Sí, menos de un año, ocho meses y medio en realidad.&lt;br /&gt;-Es fantástico. – Rosita volvió a guardar silencio algunos minutos más. Esta vez lo rompió por sí misma.&lt;br /&gt;-El caso es que seguramente me voy a la península.&lt;br /&gt;-Ah, ¿si? ¿A dónde?&lt;br /&gt;-Aún no lo se con seguridad, he pedido varios destinos, todos ellos en la provincia de Madrid. Quiero vivir en una gran ciudad, o cerca de ella, donde nadie me conozca, poder ir al cine, al teatro, a conciertos, exposiciones…Pero sobre todo lo que quiero es…&lt;br /&gt;-Alejarte de tu madre, ¿no?&lt;br /&gt;-Sí, tú me comprendes…&lt;br /&gt;-Claro que te comprendo, Rosita. ¿Se lo has dicho a ella?&lt;br /&gt;-Le he dicho que he aprobado, pero de mis planes de irme a la península no pienso decirle una palabra hasta tener las maletas preparadas.&lt;br /&gt;-Me parece muy bien.&lt;br /&gt;-Por cierto, nunca me preguntaste porqué no acudí a aquella cita.&lt;br /&gt;-No hacía falta.&lt;br /&gt;-Mi madre me montó un escándalo, me amenazó, me insultó. Llegó a decirme que si salía contigo que no volviese más.&lt;br /&gt;-Ah, ¿Sí, eso dijo? Interesante…¿Y cuándo te irás?&lt;br /&gt;-Pues aún tienen que comunicarme el destino, dentro de unos quince días, calculo, y después tengo un plazo de otros treinta días para tomar posesión de mi plaza.&lt;br /&gt;-Es decir, un mes o mes y medio. Y tendrás que buscarte un alojamiento, llevarte tus cosas…-De repente me vi pensando en voz alta sobre cuestiones prácticas. – Oye, Rosita, ¿aceptarías cenar conmigo esta noche?&lt;br /&gt;-Pues sabes qué te digo, que acepto, si mi madre me echa de casa tanto mejor.&lt;br /&gt;-Estupendo. Ahora tengo que volver a la inmobiliaria. ¿Tú qué vas a hacer?&lt;br /&gt;-Voy a estar en la biblioteca, no quiero aparecer por la pensión en toda la tarde, por si acaso.&lt;br /&gt;-Buena idea, te recojo a las siete y vamos a cenar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3449329389538933639?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3449329389538933639/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3449329389538933639&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3449329389538933639'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3449329389538933639'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-53-la-profesora.html' title='El tuerto. 53: La profesora.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5118714866991287313</id><published>2008-02-25T21:19:00.002+01:00</published><updated>2008-02-25T21:20:45.874+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 52: sustituto fideicomisario.</title><content type='html'>El restaurante se encontraba cerca de la plaza de Castilla. Cruzamos por delante del edificio de los Juzgados de Instrucción. Federico me cogió del codo y me lo señaló.&lt;br /&gt;-Aquí he estado yo varias veces, declarando como imputado. Siempre tuve suerte y me archivaron los procesos. Nunca pudieron probarme nada. –Yo escuchaba en silencio-. Te lo digo para que lo tengas muy en cuenta, procura no dejar pruebas, y si alguna vez te acusan tienes que negarlo todo hasta el final. Bueno, ya se que has estudiado leyes.&lt;br /&gt;-Yo también he estado procesado en Inglaterra. –Era el momento de sincerarme un poco.&lt;br /&gt;-Ah, ¿si? ¿Y qué pasó?&lt;br /&gt;-Igual que a ti, me lo archivaron por falta de pruebas.- Sincerarme, pero no del todo.&lt;br /&gt;Entramos en el restaurante, nos acomodaron en un amplio reservado para los dos solos.&lt;br /&gt;-Por ejemplo –continuó- este restaurante lo conocí de casualidad, precisamente un día que tuve que venir a ser interrogado. Después lo estuvimos celebrando aquí, mi abogado y yo. Bueno, a ti ¿qué te gusta, la carne o el pescado?&lt;br /&gt;-Pues…No sé, me da igual. –En esos temas afloraba mi indecisión, pero a Federico no pareció importarle.&lt;br /&gt;-Entonces elegiré yo por los dos. Cordero asado y…Una botellita de “Vega Sicilia”.&lt;br /&gt;En el transcurso del día, el anciano se había ido animando un poco, supongo que con la emoción de la actividad. Ahora, tras la primera copa de tinto, un reserva de 1979, afloraron los colores a su rostro y se volvió casi locuaz.&lt;br /&gt;-Quiero que seas tú quien continúe con mi negocio. Mira, tengo dos hijas, Ester y Josefina, si los gilipollas de mis yernos fueran la mitad de despiertos que tú, tal vez ahora no estaríamos aquí, hablando. Quiero redactar un nuevo testamento. Mis propiedades inmobiliarias se las dejo a mis hijas, por supuesto, pero con un fideicomiso, para que no puedan disponer, ni mis yernos puedan tocar nada. Quiero que el sustituto fideicomisario, en el caso de que falten mis dos hijas, seas tú. Necesito tu nombre verdadero, al menos con el que actúas en España, para ponerte en el testamento. –Titubeé unos instantes, ¿No sería una estratagema para denunciarme y librarse de mí? Pero en ese caso, ¿para qué me hubiera presentado a sus clientes? Federico percibió mis dudas. Nos habían servido el cordero, y durante un rato los dos comimos en silencio.&lt;br /&gt;–Tranquilo, no es nada raro, confía en mí. Sé que no te llamas Ralph, eso lo he comprobado.&lt;br /&gt;-¿Pero no tienes otros parientes a los que nombrar? Tus hijas te pueden dar nietos. No se, la verdad, me resulta extraño que quieras poner en tu testamento, ni siquiera como sustituto, a un tipo del que ni siquiera sabes su verdadera identidad.&lt;br /&gt;-Hay varias cosas más. Primero, no tengo más parientes que valgan la pena. Mi hermana es soltera y por lógica morirá antes que mis hijas. Ester no puede tener descendencia, Josefina no quiere, y dudo mucho que alguien la convenza de lo contrario, y menos que nadie el imbécil de su marido. Además, necesito que alguien las proteja de la avaricia de sus consortes, que no son más que unos golfos derrochadores, deseosos de que yo muera para abalanzarse sobre la herencia. Quiero que seas tú su protector.&lt;br /&gt;-Pero si no las conozco.&lt;br /&gt;-Eso no importa. De momento no hace falta. Cuando se abra mi testamento te llamará mi abogado. Legalmente no podrán hacer nada sin tu firma. Es sólo que con el tiempo es posible que intenten presionar a mis hijas, o incluso al sustituto para que renuncie a la sustitución y poder disponer de los bienes. ¿Comprendes? Por eso necesito alguien que no ceda ante ninguna clase de presión, y ese alguien eres tú.&lt;br /&gt;-De acuerdo, acepto. Aquí tienes mi permiso de residencia. –Se lo entregué.&lt;br /&gt;-Muy bien…Peter, amigo Peter. Te lo agradezco mucho. En ese caso te contaré algo más. Tengo una cuenta secreta en Panamá, con una importante cantidad de dinero, ciento cincuenta millones. Quiero que seas tú el administrador de esa cuenta, y la uses únicamente en caso de verdadera necesidad, tuya o de ellas&lt;br /&gt;-Pues ahora soy yo quien te lo agradece a ti, Federico. Y por cierto, este cordero está buenísimo.&lt;br /&gt;-Vamos a brindar.- Levantamos las copas, llenas de oscuro vino rojo.-Por el protector de mis hijas.&lt;br /&gt;-Por el padre de Ester y Josefina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5118714866991287313?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5118714866991287313/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5118714866991287313&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5118714866991287313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5118714866991287313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-52-sustituto-fideicomisario.html' title='El tuerto. 52: sustituto fideicomisario.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5541392752072273966</id><published>2008-02-21T11:03:00.003+01:00</published><updated>2008-02-21T11:04:53.784+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 51: Heredero.</title><content type='html'>Tuve que viajar a la península para entregar una remesa de facturas a Federico, y por supuesto recibir mi dinero. Esta vez, en contra de lo habitual, me citó por la mañana temprano, a las ocho. Cogí el último vuelo del día anterior y pasé la noche en mi acostumbrado hotel “Cuzco”. A la hora fijada estaba llamando a la puerta de su mansión. Pensaba preguntarle a qué se debía tanto madrugar, pero no me dio tiempo. Me quedé sorprendido algunos instantes, porque le vi muy desmejorado, ojeroso, pálido, demacrado, así que cambié mi pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, Federico, ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt;-Hola, Ralph, quiero que me acompañes al banco y a visitar a mis clientes. Después te invito a comer en un buen restaurante, ya he reservado mesa.- Su voz era apenas audible. Cuando le estreché la mano, la sentí sin fuerza, inerte y fría. La verdad, me quedé impresionado y en silencio. Montamos en su coche, un flamante Mercedes, conducido por su chófer, que manejaba con suavidad y destreza.&lt;br /&gt;-He tenido un infarto. –Me susurró.- Por eso quiero que me acompañes. No voy a durar mucho, según dicen los médicos.&lt;br /&gt;-Eso nunca se sabe…&lt;br /&gt;-No nos engañemos, tú mismo te has asustado al verme.&lt;br /&gt;No quise responder, porque la verdad, las mentiras piadosas no son mi fuerte. El anciano se recostó junto a la ventanilla y cerró los ojos. Comenzaba a despuntar el sol y ese ligero calor que entraba por el cristal supongo que le reanimaba un poco. Sus mejillas perdieron un poco de palidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero recorrimos varias sucursales bancarias, de las cuales sacó importantes cantidades de dinero en efectivo. En todas, el empleado nos pasaba directamente al despacho del director. Federico me explicó que el día anterior había telefoneado para que tuvieran preparado el dinero. Me hizo contarlo a mi, no se si porque no se fiaba del Banco, o porque pretendía que yo me acostumbrara. Como si no estuviera yo suficientemente habituado a contar billetes, falsos y auténticos. Al salir, el chófer estaba esperando a la puerta, dentro del auto, con el motor en marcha. Yo intentaba adivinar para qué sería tanto dinero, no quise preguntarle directamente, ya me lo contaría él, llegado el caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardó en desvelarse el misterio. Terminado el periplo bancario, pasamos a visitar a los clientes. Empresas filiales de multinacionales informáticas, subcontratistas de obras del estado, corporaciones locales de telecomunicaciones. Edificios lujosos de oficinas, guardias de seguridad en la entrada, mullidas moquetas, secretarias despampanantes cuyo perfume de marca se expandía a su paso dejando como una estela.&lt;br /&gt;-Hola, Federico.&lt;br /&gt;-Buenos días, Manolo, te presento a Ralph, mi socio.&lt;br /&gt;-Mucho gusto, Ralph.&lt;br /&gt;-El gusto es mío.&lt;br /&gt;-Es probable que él se encargue de todo a partir del próximo trimestre. – Cuando le escuché decir esto, me sentí como si me hubiera designado heredero de su “negocio”.&lt;br /&gt;-Ningún problema, Federico. ¿Me has traído las facturas que te pedí?&lt;br /&gt;-Aquí las tienes.- Las revisó superficialmente.&lt;br /&gt;-¿Y el dinero?&lt;br /&gt;-Como siempre, contante y sonante.&lt;br /&gt;-Muy bien, pues aquí tienes tus cheques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo al principio no entendía nada. Para qué tanto intercambio de dinero y de cheques. Después me lo explicó Federico.&lt;br /&gt;-Algunas empresas no quieren pagar en efectivo, sino en cheque. De ese modo, en el caso de que tengan una inspección fiscal, con el movimiento bancario pueden acreditar que el pago ha sido real y no les pueden sancionar. En estos casos, a mi me entregan un cheque por el importe total y exacto de cada factura, y yo se lo devuelvo en efectivo descontando nuestra comisión, que es del dieciséis por ciento.&lt;br /&gt;-Fascinante.&lt;br /&gt;Repetimos la operación en media docena de empresas, en todas me quedé con una tarjeta del cliente, para el futuro contacto.&lt;br /&gt;-Ahora nos vamos a comer. ¿A ti cómo quieres que te pague, en cheque o efectivo?&lt;br /&gt;-A mí en cheque, por favor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5541392752072273966?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5541392752072273966/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5541392752072273966&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5541392752072273966'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5541392752072273966'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-51-heredero.html' title='El tuerto. 51: Heredero.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5703447924897491020</id><published>2008-02-20T11:20:00.003+01:00</published><updated>2008-02-20T17:59:56.080+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 50: Paradise Real State S.A.</title><content type='html'>Devueltos ya los cuadros, sólo quedaba del botín la maravillosa colección de Rolex, la mayoría eran piezas únicas, de todas las épocas y modelos. Desde el más antiguo, que databa de 1940, y su número de referencia sólo tenía cinco dígitos, un auténtico ejemplar de museo, hasta los más modernos, fabricados en 1987, con letra y seis dígitos. Los había de línea clásica, deportiva, con caja de platino, con brazalete de diamantes, de oro de 18 y hasta de 24 kilates.&lt;br /&gt;Cada reloj tenía su nombre y apellidos y su número de identificación. En aquel momento, y así en conjunto, serían tan difíciles de vender como los cuadros. Demasiado llamativos, demasiado característicos. Había, sin embargo, varias diferencias. Primera, ocupaban mucho menos espacio para ser escondidos. Segunda: pasado el tiempo, mínimo varios años, tal vez cuando prescribiera el delito, se podían vender poquito a poco, uno a uno quizá. De ese modo, si capturaban al vendedor o al poseedor, siempre podría fingir que no sabía nada, perdería la pieza, pero no arriesgaría la cárcel. Y tercera: aquellos relojes me fascinaban, mi idea era quedarme varios de ellos para mi uso personal, tal vez incluso la colección entera. Sesenta y tres relojes, todos con su logotipo auténtico y su contraste. Convertirme en poseedor de toda aquella precisión, belleza, armonía. Alquilé dos cajas de seguridad en diferentes bancos y repartí la colección, dispuesto a esperar largos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resuelto lo cual, pasé a encargarme activamente de la inmobiliaria. Hablé con el Charlie para incorporarle a mis proyectos, yo también necesitaba un socio de confianza para equilibrar la junta de accionistas en la futura “Paradise Real State S.A.” (ya tenía reservado el nombre en el Registro Mercantil). Fuimos a ver el terreno rústico de Puerto Mogán, y en efecto había un cartel de “se vende”. Hablamos con los dueños, un matrimonio ya mayor, de Las Palmas. Antiguos ricos venidos a menos, su casa denotaba que había sido lujosa, pero en la actualidad pedía a gritos una reforma. El suelo, las ventanas, la instalación eléctrica, todo expresaba decadencia. Nos enseñaron las escrituras, los recibos de contribución, estaba todo en orden.&lt;br /&gt;-¿Cuánto piden?&lt;br /&gt;-Queremos diez millones.&lt;br /&gt;-Es mucho, señora. De momento no vale más que para tierra de labor, y nosotros no somos agricultores.&lt;br /&gt;-Pronto se podrá construir y entonces valdrá muchísimo más.&lt;br /&gt;-Pronto pueden pasar años…-Y ustedes pueden estar muertos, pensé, pero no lo dije, claro. También me llamó la atención que la idea de la urbanización ya estuviera en su mente.- Mientras tanto hay que pagar la contribución.&lt;br /&gt;-¿Cuánto ofrecen?&lt;br /&gt;-Cinco millones en efectivo mañana mismo.- Pronuncié despacio la cifra, para que calara más en su mente.&lt;br /&gt;-Lo tenemos que pensar.&lt;br /&gt;-Es una pena, mi socio y yo regresamos mañana a Tenerife, vamos a ver otros terrenos y si nos gustan quizá después ya no podamos comprar el de ustedes…&lt;br /&gt;-¿Ha dicho en efectivo?&lt;br /&gt;-En efectivo o en un cheque garantizado, como ustedes prefieran. –Los viejos intercambiaron una mirada. Charlie permanecía en un segundo plano, a pesar de que oficialmente sería el comprador.- De hecho traigo aquí medio millón de pesetas como señal y un documento privado si quieren que cerremos la operación ahora mismo. Mañana firmamos en el notario y pagamos el resto.&lt;br /&gt;Saqué el fajo de billetes y se lo enseñé, incluso los desplegué como si fuera un mazo de naipes. Yo sabía por experiencia que a los ancianos les gustan los billetes, mucho más que la idea del cheque; tienen una ancestral desconfianza hacia los bancos. A veces incluso utilizan el colchón o el escondrijo bajo el ladrillo como cuenta bancaria. Para darles el empujón definitivo añadí:&lt;br /&gt;-Si quieren podemos declarar en la escritura menos precio, para que no tengan que pagar impuestos a Hacienda. Digamos…Un millón.&lt;br /&gt;-Ah…Sí, si.&lt;br /&gt;El viejo leyó el contrato por encima y ambos firmaron. La mujer cogió el dinero y se lo guardó en el bolsillo de su bata.&lt;br /&gt;-Me llevo las escrituras para la notaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después, le pedí una reunión a Don Luis, con su hermano y su sobrino, a la cual asistiría Charlie como dueño (aparente) del terreno. Mi propuesta fue, cinco socios a partes iguales, veinte por ciento de las acciones para cada uno. Capital social veinticinco millones, todos aportaríamos nuestra parte en efectivo, excepto Charlie que aportaría el terreno. Les presenté un borrador de los estatutos de la sociedad. Por último, previamente pactado con don Luis, yo sería el consejero delegado. Don Luis últimamente me decía que sí a todo. En esa reunión, don Antonino y Mario fingieron pensarlo, pero en realidad no tenían nada que pensar, era eso o se quedaban fuera, al menos de esta operación. Nosotros teníamos el suelo y podíamos esperar, aunque nos vendría bien ese contacto de don Antonino con el concejal, para la agilizar la recalificación. Al día siguiente nos comunicaron que aceptaban. Fuimos al banco, hicimos los depósitos en una cuenta provisional, y seguidamente a la notaría, donde Esteban, ese oficial tan competente al cual me estaba haciendo asiduo, ya tenía preparada la escritura de constitución de sociedad anónima, con nombramiento de consejero. “Paradise Real State S.A.” había nacido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5703447924897491020?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5703447924897491020/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5703447924897491020&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5703447924897491020'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5703447924897491020'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-50-paradise-real-state-sa.html' title='El tuerto. 50: Paradise Real State S.A.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-62992345502595751</id><published>2008-02-18T02:02:00.001+01:00</published><updated>2008-02-18T02:03:54.036+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 49: Devolución</title><content type='html'>-Escucha atentamente lo que dice el periódico, Charlie: “La policía recupera los famosos cuadros robados hace un año. Fruto del paciente trabajo de investigación, y a su infiltración en las redes de contrabando de obras de arte…bla, bla, bla…La policía obtuvo información decisiva del lugar donde se encontraban escondidos (en el sótano de un barrio marginal de Santa Cruz) los valiosos cuadros de pintores como Kandinsky, Miró, etc, y consiguió recuperarlos intactos. Estoy feliz y agradecida a la policía, ha declarado la dueña de los cuadros, que después de más de un año transcurrido comienza a recuperarse de las graves secuelas psicológicas que le causó el trauma de ser asaltada, atada, amordazada y robada en su propia vivienda, cuando se encontraba durmiendo plácidamente…Bla, bla, bla…Creo que sí, que los volveré a colgar en las paredes de mi casa, pero esta vez con muchas alarmas y sensores de esos. Ahora tengo dos perros de protección y he puesto rejas en todas las ventanas, bla, bla, bla”…&lt;br /&gt;-Joder, dan ganas de volver a robárselos.&lt;br /&gt;-Déjalo, nos viene bien que la policía venda su imagen de eficacia, así se dedican a otra cosa; los ciudadanos tranquilos, sintiéndose protegidos, y nosotros a lo nuestro. Si hasta la vieja está feliz, ¿qué más quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué fue lo que en realidad ocurrió? ¿Cómo hicimos para devolver los cuadros? Muy sencillo, devolver es más fácil que robar. Los sacamos del apartamento alquilado donde los tenía escondidos. Recuerdo que les eché un último vistazo y tuve un asomo de duda. Sobre todo el Kandinsky me gustaba, me daban tentaciones de quedármelo. Por un instante me imaginé, treinta años más viejo, envuelto en mi bata a cuadros y enfundado en mis zapatillas, contemplándolo con satisfacción, en la sala de mi casa al borde del mar. Esos colores tan vivos, los contrastes que nada significaban y por eso mismo podían significar todo, lo que uno quisiera…Luego volví a la realidad, al riesgo que implicaba y descarté la idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de abatir los asientos traseros, los metimos en mi coche y conduje hasta el barrio de los drogadictos. Charlie, previamente había localizado un trastero y me guió hasta allí. Los bajamos discretamente, uno a uno, por supuesto iban envueltos, cada cual en su funda de tela. Era un sótano húmedo y mugriento, pero eso no importaba porque los cuadros no iban a tener más que una corta estancia. Cerramos la puerta y le pusimos un candado nuevo, por si acaso. Acto seguido llamé a la policía desde una cabina telefónica. Marqué directamente el número del grupo de investigación de la policía judicial que llevaba el caso (me había informado a través de Don Manuel Pablo, nuestro brillante abogado).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Policía judicial, dígame.&lt;br /&gt;-¿El inspector Robledo?&lt;br /&gt;-Al habla, ¿Quién llama?&lt;br /&gt;-Un ciudadano que quiere colaborar con la policía.&lt;br /&gt;-Dígame su nombre.&lt;br /&gt;-Sé dónde están los cuadros del robo en “Beverly Hills”, trastero “H” de la calle “Zeta”, número “equis”. ¿Lo ha anotado?&lt;br /&gt;-Oiga, ¿Quién es usted?&lt;br /&gt;-¿Lo ha anotado?&lt;br /&gt;-Si…&lt;br /&gt;-Buena suerte. –Y colgué.&lt;br /&gt;Por si acaso, nos quedamos vigilando la entrada del edificio a prudente distancia, hasta que, al cabo de una media hora, vimos llegar varios coches de la policía. En ese momento abandonamos el lugar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-62992345502595751?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/62992345502595751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=62992345502595751&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/62992345502595751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/62992345502595751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-49-devolucin.html' title='El tuerto. 49: Devolución'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-743219865781633944</id><published>2008-02-14T17:11:00.004+01:00</published><updated>2008-02-14T17:28:32.014+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 48: Playa frustrada.</title><content type='html'>Una mañana de sábado había quedado con Rosita para ir a la playa. Era la primera vez que iríamos juntos. La noche anterior habíamos estado hablándolo, decidiendo a cuál playa ir. Finalmente nos inclinamos por la “Playa Jardín”, el entorno era agradable para una parejita iniciándose, como nosotros. La entrada al agua era difícil, por los guijarros, pero eso pasaba en casi todas las playas, y tampoco pensábamos estar mucho en el agua -ni ella ni yo sabíamos apenas nadar-, como mucho remojarnos las pantorrillas. Y eso sí, tomar el agradable sol de febrero. Ese año (era ya 1992) estaba haciendo un tiempo excelente, despejado y con brisa del sáhara. Cuando el sol nos quemase podríamos ponernos en las tumbonas con sombrilla y tomarnos un martíni antes de comer. Luego podíamos ir dando un paseo hasta el muelle pesquero, y tomar un delicioso pescado en alguna de las tascas de la zona.&lt;br /&gt;-De todas maneras –le dije a Rosita- no te preocupes, en caso de que amanezca nublado cogemos el coche y nos vamos al sur, a la “Playa de las Américas”, que allí seguro que hace un sol espléndido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontraba un poco más nervioso de lo habitual, de hecho me tomé doble ración de pastilla de dormir. Presentía que algo crucial podía suceder al día siguiente, un acercamiento especial entre nosotros, algo que acaso consolidase nuestra incipiente y aún indefinida relación. Imaginaba cómo sería contemplar el cuerpo de Rosita en bañador, cómo sería su piel en partes que aún no había visto, por ejemplo en sus piernas. Hasta ahora siempre la había visto con pantalones. Recostado en mi cama, dando vueltas, cerraba los ojos e imaginaba la misma suavidad de sus manos y de sus mejillas…en sus muslos. Después me veía a mi mismo conversando con ella, frente a frente, tomando un café ante los restos del pescado y diciéndole: “creo que me voy a comprar un piso para irme a vivir, ¿te vendrías conmigo?, claro que si quisieras antes nos podríamos casar, sólo por contentar a tu madre”. Y ahí se quedaba bloqueada mi fantasía, sin saber qué respondería, ni siquiera qué cara pondría ante mi atrevida propuesta.&lt;br /&gt;Ah, no es bueno planear tanto en los asuntos del corazón, nunca salen como uno quiere. Es mejor improvisar, dejarse llevar por lo que surja. Planificar sólo hay que hacerlo en los negocios.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente yo estaba desayunando en el comedor de la pensión. Me extrañó que Rosita no hubiera bajado. En esto se me acercó la madre y dueña de la pensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De parte de Rosita, que lo siente pero no puede ir a la playa.&lt;br /&gt;-¿Porqué, está enferma?&lt;br /&gt;-No, está bien, pero tiene mucho que estudiar.&lt;br /&gt;-Ah, bueno, lo comprendo. Otra vez será.&lt;br /&gt;La madre se dio la vuelta y no me contestó. Mentiría si dijera que no me sentí decepcionado. Me preguntaba qué habría ocurrido, qué clase de discusión o de batalla se habría celebrado entre Rosita y su madre, en la que evidentemente la madre había vencido. ¿O acaso era la propia Rosita la que se había echado atrás y ponía a su madre como escudo? Confuso, me levanté y me fui. Cogí el coche, me dirigí hacia el sur, hacia esa Playa de las Américas que había pasado de segunda opción a vía de escape. No tenía sentido ir yo sólo a Playa Jardín, hubiera sido recrearme en la ausencia de Rosita. Playa Jardín se convertiría en mi recuerdo en “playa frustrada”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conduje a alta velocidad, por esa carretera de suaves curvas, deseando alejarme cuanto antes. En menos de una hora alcancé e incluso pasé de largo la prevista Playa de las Américas. Llegué a la punta sur de la isla, “Punta de la Rasca”. Paré el coche cerca del faro y me quedé mirando el horizonte, el mar infinito. Intentando evadirme, consolarme, yo qué se. No se cuánto tiempo estuve contemplando el mar, hasta que me calmé. La serenidad me fue invadiendo.&lt;br /&gt;De nuevo conduje, esta vez retrocediendo hasta la dichosa Playa de las Américas. Aparqué el auto a la entrada de la ciudad y caminé. Había mucha gente por las calles, la mayoría compatriotas. De repente me sobrecogió una sensación extraña pero muy intensa, casi de euforia. Me sentí envuelto en el anonimato de la multitud, era como estar en Inglaterra pero fuera del alcance de la ley. En ese momento se me ocurrió la idea de que tal vez existiera un lugar en el que fuese capaz de vivir, con Rosita o sin Rosita, algo parecido a esto pero más tranquilo y no tan cerca de “Los cristianos” y de aquella urbanización “Beverly hills” cuyo recuerdo aún me causaba inquietud. Empecé a estudiar con atención el entorno, los edificios, todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en un local híbrido, mezcla de pub irlandés y restaurante de comidas rápidas, platos combinados y similares. Pedí cerveza negra, hacía tiempo que no saboreaba una. Las camareras eran inglesas, los parroquianos también. Luego me decanté por unos huevos fritos con beicon. Qué curioso, mi estómago se había desacostumbrado y ya no aceptaba tanta grasa, o puede que fuera por las pastillas, pensé. El caso es que sólo pude ingerir la mitad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé al buen tun-tun, después volví al coche y conduje también al azar. De repente vi un cartel que ponía “Costa del Silencio”, e instintivamente allí me dirigí. Entré en un pueblo que llaman “Las Galletas”, recorrí, esta vez muy despacio, la avenida del Atlántico, y desemboqué directamente en la Playa de la Ballena. Sentí un aguijoneo en el estómago y no era del huevo con beicon, sino de la emoción que me produjo el paraje. Este podría ser mi refugio, me dije, un pueblo pequeño, tranquilo, apartado de los recuerdos de todo tipo. Un poco lejos para ir a trabajar todos los días, pero buen lugar para retirarme los fines de semana. Así, en ese estado de indecisión, de duda, de esperanza, concluyó el día. Cuando regresé a la pensión no hallé ni el menor rastro de Rosita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-743219865781633944?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/743219865781633944/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=743219865781633944&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/743219865781633944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/743219865781633944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-48-playa-frustrada.html' title='El tuerto. 48: Playa frustrada.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-8973112871913003808</id><published>2008-02-12T06:34:00.001+01:00</published><updated>2008-02-18T02:39:25.263+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 47: …y sobredosis.</title><content type='html'>A la noche siguiente, cuando ya me disponía a dormir, se presentó de nuevo el Charlie a buscarme a la pensión.&lt;br /&gt;-Vístete, vamos a dar una vuelta.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, hay novedades?&lt;br /&gt;-Por el camino te cuento.&lt;br /&gt;Nos alejamos en silencio por la carretera del botánico, íbamos en su coche nuevo, un BMW 323 i. Al cabo de unos minutos ya no resistí más la tensión que me provocaba el silencio, y eso que me había tomado la pastilla de dormir.&lt;br /&gt;-Venga, habla ya.&lt;br /&gt;-Se trata de Plácido…&lt;br /&gt;-Si, ¿Qué ha ocurrido con él?&lt;br /&gt;-Le han dado el pasaporte.&lt;br /&gt;-¿De veras? Eso es fenomenal, problema resuelto. ¿Cómo ha sido?&lt;br /&gt;-Ha muerto de sobredosis.&lt;br /&gt;-Perfecto, así lo calificarán como muerte accidental y apenas habrá investigación.&lt;br /&gt;-Es que…Seguramente ha sido con la droga que yo les pasé. ¿Crees que por el grado de pureza podrán saber quién ha sido el proveedor?&lt;br /&gt;-Tío, ¿qué te pasa? ¿Te has comido uno de los “tripis” del “Pato”? Anda, déjate de paranoias, le habrán mezclado la droga con estricnina, con matarratas, yo qué se.&lt;br /&gt;-Joder, es que no me lo acabo de creer. Pensé que no me iba a afectar tanto cuando sucediera, pero estoy nervioso.&lt;br /&gt;-¿Quieres un trankimazin?&lt;br /&gt;-Sí, dame uno.&lt;br /&gt;-Y ahora, como excepción, me voy a ir contigo a la discoteca y nos tomamos unos “whiskies”, para celebrarlo, ¿qué te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Charlie le gustó la idea, fuimos a la discoteca donde él “trabajaba”. Nos sentamos en una mesa y contemplamos a la gente bailar. De vez en cuando se levantaba, hablaba con alguien, a veces desaparecían en dirección a la zona de reservados. Así en público no vi que hicieran intercambio de nada, lo harían en privado. Yo, mientras, reflexionaba sobre mi propia vida. Me decía a mi mismo: “qué pensarán de mi estos, que bailan despreocupadamente”. Bebía lentamente mi whisky con hielo, dejaba que fuera mezclándose en la sangre con las pastillas, envolviendo mi cerebro en una especie de niebla del pensamiento. “Esa rubia delgaducha, qué afán de protagonismo tiene, cómo le gusta llamar la atención, agitando su melena, con esos mini-shorts y esa blusa super-escotada, saberse-observada, incluso deseada”…&lt;br /&gt;-Parece que miras mucho a Vicky, si quieres te la presento.&lt;br /&gt;-No gracias. Estaba pensando en los cuadros…&lt;br /&gt;-¿Qué pasa con los cuadros? Te advierto que yo no estoy mucho para pensar.&lt;br /&gt;-No si no estoy tratando de pensar, sino dejando que la mente vaya donde quiera. Es que esta misma tarde he tenido una conversación por teléfono con nuestro comprador en Madrid, y todavía no lo he asimilado. Me ha dicho que lo mejor es que nos olvidemos del asunto. No lo ha dicho con estas palabras, pero es la conclusión. A ver tú qué opinas. Es muy difícil encontrar un comprador, ni siquiera internacional. A estas alturas todo el mundo sabe la procedencia de los cuadros. Una subasta está descartada. Y un coleccionista privado…suponiendo que alguno quisiera arriesgarse, nos pagaría un precio irrisorio. A los coleccionistas les gusta mirar sus cuadros, pero en el fondo les gusta más recrearse en su valor en el mercado. Estos cuadros nunca van a tener salida. Tal vez dentro de quince o veinte años, cuando prescriba todo. Creo que no merece la pena.&lt;br /&gt;-¿Qué es un precio irrisorio?&lt;br /&gt;-No lo se, tal vez diez, o veinte millones por cuadro. Ni la décima parte de su valor.&lt;br /&gt;-¿Y qué sugieres?&lt;br /&gt;-Pues…no me hagas mucho caso, Charlie, ya te digo que se me acaba de ocurrir la idea y estoy algo borracho…Entonces, o nos los repartimos tú y yo y nos los quedamos. Y para qué queremos tú y yo unos cuadros…O…&lt;br /&gt;-Venga, hombre, di lo que sea.&lt;br /&gt;-Se me ha ocurrido…Devolvérselos a la vieja. No se, de repente me ha gustado la idea.- El Charlie se empezó a reir. Yo le acompañé en las carcajadas. Al final, con la borrachera que nos invadía, no podíamos parar de reír.&lt;br /&gt;-Estás de coña.&lt;br /&gt;-No, en serio. Sería una jugada redonda. Desaparecido el Plácido, hemos cortado el hilo por el que la investigación podría llegar hasta nosotros. Si encima aparecen los cuadros, ya está, la poli se apunta un tanto y yo creo que cerrarían el caso. Nos quitaríamos una incertidumbre.&lt;br /&gt;-No, si visto así…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-8973112871913003808?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8973112871913003808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8973112871913003808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-47-y-sobredosis.html' title='El tuerto. 47: …y sobredosis.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3093791559123599098</id><published>2008-02-08T11:02:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T11:08:13.318+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 46: Dosis…</title><content type='html'>A la mañana siguiente fui a la notaría y encargué las escrituras de constitución de las cuatro sociedades limitadas que necesitaba para las facturas de Federico. Cuando estuvieron preparadas, días después –sólo faltaba saber quiénes serían los socios- fui a ver a Charlie.&lt;br /&gt;-Bueno, ¿Qué? ¿tienes ya los drogadictos que te pedí?&lt;br /&gt;-Drogadictos tengo todos los que quieras. Te he escogido a dos que creo te vendrán bien. Podemos ir ahora y los conoces.&lt;br /&gt;-Venga, vamos, y si cumplen los requisitos podemos firmar hoy mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el camino le pregunté.&lt;br /&gt;-¿Hay alguna novedad de lo de Plácido?&lt;br /&gt;-Está todo en marcha, les he pagado, y les he dado algo de droga; en cualquier momento tendremos noticias.&lt;br /&gt;Me llevó a Santa Cruz, a un suburbio por el barrio de Candelaria, entre calles sin nombre y bloques de pisos de cemento gris. Tuvimos que subir andando, el ascensor estaba estropeado. Las escaleras olían a comida, a repollo, a sofrito. Cuando Charlie ya estaba arriba, en el cuarto y último piso, yo aún iba por el segundo. Empecé a entender porqué Federico no quería ocuparse de estos pormenores y prefería compartir la ganancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira, este es “el Edu”. Este es mi amigo…&lt;br /&gt;-Ralph.-Dije rápidamente, antes de que Charlie diera mi identidad legal en España.&lt;br /&gt;-¿Eh? ¿Rafa?&lt;br /&gt;-Eso, Rafa.- El tipo no tenía mala pinta del todo, estaba muy delgado, consumido por la droga, pero iba más o menos limpio y decentemente vestido. Podía servir.&lt;br /&gt;-Esto…Edu, necesitamos tu carnet de identidad. –El tío me lo entregó. Estaba en vigor. Miré a mi amigo, le hice una seña de asentimiento.&lt;br /&gt;-Necesito llamar por teléfono, si me dan cita podemos ir ahora mismo y firmar los papeles; después Charlie te dará una gratificación – añadí mirando al Edu.&lt;br /&gt;-Si, si –asintió solícito- la vecina de enfrente tiene teléfono, y es muy maja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a la notaría, hablé con el oficial –Esteban- que había preparado la documentación. Ya le conocía de haber firmado compraventas de la inmobiliaria y la escritura de mi propio apartamento; tenía cierta confianza con él. Me dijo que no había ningún problema, que fuéramos dentro de un rato, él nos haría un hueco para otorgar las escrituras.&lt;br /&gt;-Nos vamos. –Anuncié. Me quedé mirando al Edu.-¿Tienes una corbata? –Puso cara de pena.&lt;br /&gt;-Corbata, eeh…&lt;br /&gt;-Es igual, toma, ponte la mía. –Yo mismo se la anudé al cuello.- Ya está, ahora sí que pareces un auténtico hombre de negocios. Le guiñé mi único ojo, pero no se si entendió la broma, su mente estaba en otra cosa.&lt;br /&gt;-Oye, Charlie, necesito ponerme algo ahora…-El Charlie le dio una papelina.&lt;br /&gt;-Ah, no –me opuse- tienes que estar totalmente sereno para firmar, amigo.&lt;br /&gt;-No se preocupe, señor Rafa, es sólo un chutecito para quitarme el nerviosismo. –Miré a Charlie, que asintió levemente.&lt;br /&gt;-Bueno, pero si no os importa yo espero abajo. No tardéis mucho que tenemos que recoger al otro socio.- Me desagradaba la escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro socio, apodado “El Pato” menudo pájaro, cuando llegamos a su alojamiento –un oscuro semisótano en el antiguo cuarto de la portería de un edificio viejo y desconchado- estaba totalmente drogado, borracho, no se, en calzoncillos tirado en un sofá desvencijado y balbuceando incoherencias, delirios persecutorios. Al vernos entrar creyó que éramos policías.&lt;br /&gt;-Qué queréis, maderos…no he hecho, nada…largo de aquí.&lt;br /&gt;-Tranquilo, “Pato”, que soy el Charlie ¿no me conoces?&lt;br /&gt;-¿El Charlie? ¿Y éste quién es? –Me señaló a mi- Este es un madero, fijo, tiene pinta de madero. –Me entró la risa, mira que confundirme con un policía…&lt;br /&gt;-Que no, “Pato”, que es un amigo, se llama Rafa, es con el que vamos a firmar esos papeles que te dije, ¿Te acuerdas? ¿Qué te has tomado?&lt;br /&gt;-Eh…Un “tripi”…&lt;br /&gt;-¿Sólo uno?&lt;br /&gt;-Bueno…dos.&lt;br /&gt;-¿Y qué más? –El charlie le conocía bien.&lt;br /&gt;-Eh…Unos cubatas, no se, tío, déjame en paz.&lt;br /&gt;Yo quería largarme de allí. Viendo a esa escoria me recordaba al drogadicto que apuñalé tiempo atrás, y la verdad, me daban ganas de repetirlo. Tuve que hacer un esfuerzo para controlarme.&lt;br /&gt;-Mira Charlie, este tío no está en condiciones de firmar nada en la notaría. Nos vamos.&lt;br /&gt;-Espera un poco a ver si con una ducha le reanimamos…&lt;br /&gt;-No quiero llegar tarde.&lt;br /&gt;-Tranquilo, se cómo ponerle en condiciones…¿Tienes aquí tus pastillitas?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Dame dos “trankimazines” para que se le quiten las paranoias. Y tú, Edu, a ver si consigues un café para este “Pato” que está más que mareado.&lt;br /&gt;-Toma, te espero abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente logró espabilarle. Tengo que reconocer la paciencia del Charlie. Además, sabía cómo tratar a esa chusma. Mentalmente decidí delegar en él todo lo posible. Llegamos a la notaría por los pelos, cuando ya el ilustre notario se disponía a irse a comer con su señora. Le retuvimos unos escasos minutos, los justos para que estamparan sus firmas en las cuatro sociedades. El oficial le convenció de que no hacía falta que se leyesen todos los estatutos, que los señores comparecientes ya los conocían. Mejor, así evitamos el riesgo de que el “Pato” se nos durmiese. Le estrechamos la mano agradecidos y salimos corriendo de allí. En las propias escaleras del edificio el Charlie les dio su gratificación, (unos cuantos billetes y varias papelinas de droga a cada uno) y les despidió con una palmadita en el hombro al Edu, y al “Pato” con un amable tirón de orejas.&lt;br /&gt;-No te coloques tanto, cabronazo.&lt;br /&gt;Después, el Charlie y yo nos fuimos al restaurante, a celebrarlo con una opípara comida. Ya tenía las sociedades, ahora, a emitir facturas a destajo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3093791559123599098?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3093791559123599098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3093791559123599098&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3093791559123599098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3093791559123599098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-46-dosis.html' title='El tuerto. 46: Dosis…'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6942032227467187712</id><published>2008-02-04T13:47:00.000+01:00</published><updated>2008-02-04T13:48:26.688+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 45: Confidencias en el auto.</title><content type='html'>-¿Quieres que nos acerquemos hasta la base del Teide?&lt;br /&gt;-No, es un poco tarde, mejor volvemos, sino mi madre empezará a darme la lata.&lt;br /&gt;-De acuerdo. – No insistí. Tomamos el camino de vuelta. Yo conducía callado, fue ella quien rompió el silencio.&lt;br /&gt;-La verdad, estoy deseando sacar las oposiciones para librarme de mi madre, es pesadísima.&lt;br /&gt;-Claro, sólo te tiene a ti…¿Te puedo hacer una pregunta?&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;-¿Qué sucedió con tu padre?&lt;br /&gt;-Es una historia complicada. Yo sólo le he visto en una foto que conserva mi madre. Era un hombre casado, mayor que mi madre, ella trabajaba en su casa como empleada doméstica. Se quedó embarazada, él le dio dinero para poner la pensión. Nunca más volvieron a verse. Algunos años después   murió. Ya te digo que nunca le conocí en persona.&lt;br /&gt;-¿Y qué sientes al respecto?&lt;br /&gt;-La verdad, no lo se. Mi madre siempre ha tratado de inculcarme odio y desconfianza hacia los hombres. Dice que él la sedujo, que la engañó con promesas de que iba a separarse de su mujer. Pero su versión no termina de encajarme. Digo yo que algo haría ella. A lo mejor fue la que le sedujo a él, sabiendo que era casado y con hijos. La observo a menudo, siempre se considera la víctima de todo, pero lo cierto es que le gusta mucho manipular a las personas. A mi ya te digo que me tiene agobiada. Que tenga cuidado con los hombres, que son todos unos cerdos, que con quién salgo, que con quién entro. ¿Pero quién se va a fijar en mí? Una coja…Nunca me ha permitido tener ni siquiera amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo la dejaba hablar, escuchaba e iba conduciendo de vuelta a la pensión.  Deseaba preguntar muchas cosas, pero no me atrevía a interrumpir el curso de sus pensamientos. Sin embargo, ahora hizo una pausa y yo aproveché.&lt;br /&gt;-Oye, ¿Te puedo hacer otra pregunta?&lt;br /&gt;-Claro, para eso estamos.&lt;br /&gt;-¿Cómo fue lo de tu pierna?&lt;br /&gt;-De pequeña tuve Poliomielitis. Hasta donde alcanza mi memoria siempre me he visto así. Bueno, antes era peor, llevaba unos zapatos ortopédicos y un aparato corrector en la pierna que me hacían parecer un monstruo. Era horrible.&lt;br /&gt;-Lo siento. Si quieres te cuento cómo fue lo de mi ojo.&lt;br /&gt;-Sí, me gustaría saberlo, llevo tiempo queriendo preguntarte.&lt;br /&gt;-También ocurrió de pequeño, jugaba a tirar una piedra al aire y cogerla al vuelo…Y me cayó en el ojo. A veces creo que me odio a mí mismo por eso, por imbécil…-Guardamos silencio un rato, sin saber qué decir. Al fin  reanudé la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, y a tus hermanos, los hijos de tu padre, ¿tampoco los has conocido?&lt;br /&gt;-Siempre he tenido mucha curiosidad, pero mi madre se ha negado, es más, me lo ha prohibido rotundamente.&lt;br /&gt;-¿Porqué? A mi me parece natural.&lt;br /&gt;-Dice que yo no tengo hermanos, que ellos no han querido saber nada de nosotras en todos estos años. Bueno, cada vez que le saco el tema se pone echa una furia.&lt;br /&gt;-Pero ¿ellos saben que tienen una hermana?&lt;br /&gt;-Creo que no. Además, no llevo el apellido de mi padre. Por lo visto el doctor no quería escándalos, así que no me reconoció.&lt;br /&gt;-Ah, era doctor.&lt;br /&gt;-Si, era médico. –Nuevo silencio. Estábamos cerca ya de Puerto de la Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y tú, ¿tienes familia?&lt;br /&gt;-Pues padres tengo pero como si no los tuviera. Nunca se han ocupado de mí, siempre andaban fuera de casa. Mi padre borracho, y mi madre trabajando. No tengo hermanos. La verdad, hace años que no se nada de ellos, ni si viven o han muerto. Tengo una tía, es la única a la que no me importaría volver a ver, pero no creo que lo haga, al menos por ahora. –Me callé un tanto bruscamente, con temor de hablar demasiado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro silencio aún más espeso, percibí que Rosita quería preguntar las razones, pero no se atrevía. Tal vez  intuía que estábamos rozando la zona escabrosa de mi vida. Ni yo mismo sabía hasta dónde estaba dispuesto a contar, a sincerarme. En esto llegamos a la pensión, y se desvaneció el clima de confidencia. Yo, la verdad,  me sentí aliviado de la tensión que me provocaba el deseo de contar en lucha con el miedo a hacerlo. La madre se asomó por la ventana en cuanto escuchó el sonido del motor, y Rosita salió de inmediato, despidiéndose con un “nos vemos”. No hubo beso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6942032227467187712?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6942032227467187712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6942032227467187712&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6942032227467187712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6942032227467187712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/02/el-tuerto-45-confidencias-en-el-auto.html' title='El tuerto. 45: Confidencias en el auto.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-4344068641511135191</id><published>2008-01-31T12:27:00.000+01:00</published><updated>2008-01-31T12:44:46.318+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 44: Paseo por el valle.</title><content type='html'>Cuando estaba terminando mi almuerzo en la pensión entró Rosita en el comedor y se sentó frente a mí. Sentí una oleada de emoción, de calor por todo el cuerpo.&lt;br /&gt;-Vaya, dichosos los ojos, mejor dicho: el ojo que te contempla.&lt;br /&gt;-He pensado que cuando acabes tu postre podíamos comenzar esas clases de portugués.&lt;br /&gt;-Ah, pues sí, me vendría de maravilla. Después tengo que ir a enseñar un piso, pero si me acompañas, será un momento, luego podemos ir a dar un paseo por el Valle de la Orotava, o incluso acercarnos al Teide.&lt;br /&gt;-Bueno, pero un rato sólo, ya sabes que no puedo descuidar mis oposiciones.&lt;br /&gt;-Ni yo quisiera entorpecer tu brillante carrera funcionarial.&lt;br /&gt;-Caray, cómo han mejorado tu dicción y tu gramática.&lt;br /&gt;-Bueno…La verdad es que esa frase ya la tenía pensada.&lt;br /&gt;-Qué tramposo eres…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dimos una hora de portugués, con unas primeras nociones de verbos y pronombres. Me hice el propósito de esa misma noche estudiar a fondo la gramática, para seguir siendo considerado como un buen alumno por Rosita, que viera que me tomaba en serio sus enseñanzas y no como un mero pretexto para estar cerca de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos en el coche a enseñar el piso, cerca de la estación de guaguas. Como el comprador aún no había llegado, y la oficina de Correos y Telégrafos me quedaba al lado, me acerqué a recoger la correspondencia de mi apartado de correos. Extractos bancarios y una inesperada carta del administrador de la comunidad de propietarios de la calle de La Palma de Santa Cruz, donde tenía mi flamante apartamento, aún sin ocupar. Me decía que un político, diputado autonómico, estaba buscando casa. Y dado que la mía se encontraba a sólo dos calles de la sede del parlamento de Canarias, me preguntaba si me interesaría alquilársela. El diputado estaba dispuesto a firmar un contrato por cuatro años (estaba al comienzo de su legislatura).&lt;br /&gt;Llevaba varias semanas pensando qué destino darle a mi enorme apartamento de ciento cuarenta metros cuadrados. No me sentía preparado para vivir en él, yo sólo. No estaba acostumbrado a tanto espacio, me abrumaría. Por otro lado, esa cercanía con los edificios oficiales, que al diputado le resultaba una ventaja, a mí casi me desagradaba para vivir. Sin embargo, eché una mirada de reojo a Rosita y por un instante pensé: “bueno, en vez de sólo, tal vez acompañado de una esposa no me desagradaría vivir allí, y hasta me daría un aire de respetabilidad”. Rápidamente aparté de mi mente ese fugaz pensamiento, como una ilusión inalcanzable, carente de realismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Va todo bien? –Me preguntó Rosita.&lt;br /&gt;-Oh, sí, todo bien.&lt;br /&gt;En ese momento llegó el candidato a comprador. Rosita nos acompañó, permaneciendo en un segundo plano. Estuve tentado de ensayar una pequeña exhibición de mis técnicas y trucos de vendedor, pero lo pensé mejor, el tipo había venido sin su novia, así que seguro que sería incapaz de tomar una decisión. Además, en realidad yo tenía prisa, estaba deseando largarme a pasear con Rosita. Le resumí las virtudes del piso, y sobre todo le insinué que volviera otro día con su pareja, que a ella le había de encantar. Cuando le despedí, me encontré con la mirada de Rosita, que se reía.&lt;br /&gt;-Ese no se ha dejado engatusar, ¿eh?&lt;br /&gt;-Anda, vamos a dar nuestro paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Montamos de nuevo y esta vez tomamos la carretera de ascenso hasta La Orotava. Fuimos comentando la hermosura del paisaje. Atravesamos el pueblo, prestando atención a sus casas con balcones de madera. En unos minutos, desde la zona turística del Puerto de la Cruz hasta La Orotava, fue como si nos hubiéramos trasladado en el tiempo, retrocediendo un siglo, siglo y medio. Continuamos viajando, dirección al Parque Nacional del Teide. De repente nos vimos por encima de las nubes, con la silueta del volcán a la altura de la vista. Paré el coche en un lateral de la carretera y nos bajamos extasiados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes? –me dijo-, al principio me producías un poco de recelo, me impresionabas con esas gafas ahumadas que te pones para ocultar lo de tu ojo.&lt;br /&gt;-Pero ya no me tienes miedo, ¿verdad? – Ambos estábamos mirando el Teide. Yo me coloqué a su espalda, me guardé las gafas en el bolsillo de la camisa y la abracé por detrás. Era la ocasión. Ahora o nunca. Ella no protestó ni hizo ademán de desasirse.&lt;br /&gt;-No, ahora ya me he acostumbrado, no me das miedo.&lt;br /&gt;-Yo también me he acostumbrado a ti y me gusta estar contigo, Rosita.&lt;br /&gt;-Sigues siendo muy misterioso, pero no me importa, me siento bien contigo.&lt;br /&gt;-Me irás conociendo poco a poco, hasta donde tú quieras conocerme. Dispuesto estoy. – De nuevo me desplacé, hasta colocarme frente a ella, sin dejar de abrazarla. Nos miramos, frente a frente, muy cerca. Nos besamos…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-4344068641511135191?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/4344068641511135191/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=4344068641511135191&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4344068641511135191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/4344068641511135191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-44-paseo-por-el-valle.html' title='El tuerto. 44: Paseo por el valle.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6956633963421311852</id><published>2008-01-27T11:31:00.000+01:00</published><updated>2008-01-27T11:33:46.831+01:00</updated><title type='text'>El Tuerto. 43: Consejero delegado.</title><content type='html'>Después de la conversación con Charlie me fui a la inmobiliaria, a hacer acto de presencia. El jefe, Don Luis Tosco (ya va siendo hora de que diga su nombre) estaba dándole instrucciones a la secretaria, me agarró del brazo y me llevó a su despacho.&lt;br /&gt;-Mire, Peter, aquí tengo su nuevo contrato, en el que se le nombra “jefe de ventas”. Necesito que ponga orden en la cuadrilla de vendedores. Yo no voy a poder ayudarle porque estamos metidos en otros proyectos, vamos a abrir una sucursal en Las Palmas. Mi hermano y mi sobrino se van a hacer cargo.&lt;br /&gt;-Pues enhorabuena, Don Luis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento recordé que, pese al rimbombante nombre que ostentaba, “Inmobiliaria Paradise” era en esencia un pequeño negocio familiar. En realidad eran conocidos en el ambiente como “Los Toscos”. Don Luis había sido muy bueno como vendedor, no tanto para dirigir un equipo. Don Antonino, su hermano, tenía buenos contactos en las constructoras y promotoras, por lo que siempre estaba llena la cartera de inmuebles. Los dos tenían fama de honrados, aunque algo lentos de reflejos para adaptarse a los nuevos tiempos. Mario Tosco, el sobrinito, era un joven presumido, fanfarrón, ambicioso y no muy competente. Tuve la sospecha de que él era el impulsor de la nueva sucursal. Seguramente quería volar un poquito por su cuenta, construirse su pequeña satrapía, más bien su corral. Las palabras posteriores de Don Luis me confirmaron la sospecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La verdad es que la cosa va más lejos aún, por eso necesito un socio, alguien como usted. Esto que le voy a contar es para que lo piense con calma y me de su opinión. Mi hermano y mi sobrino quieren hacerse promotores, comprar terrenos a bajo precio, construir y vender. Ya sabe usted que yo no soy muy amigo de cambios, ni de meterme en berenjenales. No estoy para esos trotes, y tampoco lo necesito, tengo lo suficiente para vivir bien, y no tengo hijos a los que dejar ninguna herencia. Para que se lo lleve mi sobrinito, pues que se lo trabaje él. Pero bueno, el caso es que se han empeñado, ya tienen ojeado un terreno en Gran Canaria, al sudoeste, cerca de Puerto de Mogán, primera linea de playa, en una zona de próximo desarrollo turístico. De momento es terreno rústico, y sería muy barato comnprarlo. Mi hermano tiene un contacto en ese ayuntamiento, un concejal, y dice que hay un plan para hacerlo urbanizable. No se...¿Y si nos quedamos con el terreno en las manos y sin poder construir? Además…Habría que sobornar a ese concejal para que impulse la recalificación, y no me gusta meterme en esos líos, si algo sale mal podemos acabar en la cárcel…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues a mi la idea me parece buena, pero ¿bajo qué forma jurídica pretenden operar? Porque, la verdad, “Paradise Comunidad de Bienes” no me parece la más adecuada, por no decir que ya está obsoleta.&lt;br /&gt;-Quieren constituir una sociedad limitada.&lt;br /&gt;-Pues también me parece que se queda pequeña. Piense que si sale adelante la recalificación, para construir habrá que pedir préstamos hipotecarios, o bien dar entrada a inversores de fuera que inyecten capital, y eso con una simple S.L. es difícil de hacer, porque las acciones no se pueden transmitir libremente, sino que hay que ofrecerlas primero a los socios actuales. Es mejor una Sociedad Anónima, eso facilita que pueda entrar un inversor. –Don Luis me escuchaba indeciso, pero atento. – Además, podríamos crear un consejo de administración de la sociedad, para equilibrar la toma de decisiones teniendo en cuenta todos los puntos de vista, sobre todo para que no le arrastren sus parientes por mayoría donde no quiera ir. Y en cuanto a esas negociaciones algo turbias, usted podría quedarse al margen, sin involucrarse. Podríamos designar un Consejero Delegado que sería el brazo ejecutor de las decisiones del Consejo. Ese consejero delegado podría ser…Yo mismo, don Luis. Mire, si le parecen bien estas ideas generales, lo voy a estudiar minuciosamente, y le haré un plan detallado.&lt;br /&gt;-A mi me parece muy bien todo lo que dices, pero a quienes hay que convencer es a mi hermano y mi sobrino.&lt;br /&gt;-Ah, no se preocupe por esos dos, de ellos me encargo yo. Les haremos una propuesta que no podrán rechazar…Ahora vamos a firmar este contrato de jefe de ventas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6956633963421311852?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6956633963421311852/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6956633963421311852&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6956633963421311852'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6956633963421311852'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-43-consejero-delegado.html' title='El Tuerto. 43: Consejero delegado.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-554762559087647863</id><published>2008-01-23T12:48:00.000+01:00</published><updated>2008-01-23T12:51:15.154+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 42: Roma no paga traidores.</title><content type='html'>-Ah, qué bien que has venido, porque tenemos que hablar sin pérdida de tiempo.- Me dijo Charlie nada más entrar en su apartamento, a la mañana siguiente.&lt;br /&gt;-¿Qué ocurre? Te he ingresado en la cuenta tu parte…&lt;br /&gt;-No se trata de eso, sino de Plácido. Hay que actuar con rapidez. Ayer me llamó Don Manuel Pablo, me ha dicho que el Juez le ha concedido la libertad provisional bajo fianza de veinte millones. Así que tenemos que decidir lo que hacemos. Yo le había explicado que en realidad preferíamos que siguiera un tiempo más en prisión, pero claro, él, como abogado no puede evitar su excarcelación. Ha hablado con el Fiscal, y parece que va a presentar recurso de apelación ante la Audiencia, pero mientras tanto, en cuanto se deposite la fianza, saldrá excarcelado.&lt;br /&gt;-Pues no me gusta nada la idea de Placido suelto por ahí.&lt;br /&gt;-A mi tampoco, pero eso no es lo peor. Parece ser que la policía le quiere interrogar a fondo sobre el robo. Ya han ido a verle a la cárcel, y le han estado preguntando que dónde estuvo ese día, y qué relación tenía con la vieja, cuantas veces había visitado la casa, que cuál era su situación económica, etc. No sabemos si piensan acusarle, o simplemente están dando palos de ciego, pero en cualquier caso es un riesgo.&lt;br /&gt;-Si, sabemos que Plácido tiene la lengua muy larga…&lt;br /&gt;-Eso ya lo sabe demasiada gente. Hasta Don Manuel conoce las orgías e indiscreciones de Plácido. Dice que tenemos un problema con ese hombre…&lt;br /&gt;-¿Y qué sugieres que hagamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Verás, el propio Don Manuel me ha comentado una posibilidad. El tiene otro cliente que también está en prisión. Por lo visto está condenado a treinta años y tiene el sida, así que sabe que no va a salir vivo de la cárcel. Además, conoce a Plácido, le ha dicho a Don Manuel que anda alardeando de que en cuanto salga le espera mucho dinero afuera.&lt;br /&gt;-Si, ya se, haciéndose el importante.&lt;br /&gt;-Bueno, este individuo en cambio tiene mujer y una hija de corta edad, las cuales están pasando necesidad. La mujer anda fregando escaleras para poder mantener a la cría…&lt;br /&gt;-¿Y?...&lt;br /&gt;-Don Manuel dice que este pájaro estaría dispuesto a librarnos de Plácido para siempre, a cambio de dinero para su mujer e hija. Total, él no tiene nada que perder. Pero eso sí, quiere dejar asegurado el futuro de su hija.&lt;br /&gt;-Ya…Comprendo, ¿qué cantidad sería esa?&lt;br /&gt;-Pues Don Manuel dice que veinte millones serán suficientes para convencerle.&lt;br /&gt;-Qué casualidad, la misma cifra que la fianza.&lt;br /&gt;-Si, eso mismo pensé yo. La mitad sería por anticipado, y la otra mitad cuando haga el trabajo. De ahí Don Manuel cobrará sus honorarios a la familia y sería el depositario y garante de toda la operación, es decir, que si no cumple con el trabajo nos devuelve el dinero, y él garantiza a la familia que pagaremos el resto. Eso sí, el dinero tiene que ser en efectivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo se llama el pájaro?&lt;br /&gt;-Le llaman “el rubio”.&lt;br /&gt;-¿Y te ha dicho cómo lo haría?&lt;br /&gt;-No, de eso nada, lo hará a su manera, y mejor no saberlo.&lt;br /&gt;-Si, claro.&lt;br /&gt;Nos quedamos un buen rato en silencio los dos, pensando en el asunto.&lt;br /&gt;-¿Qué opinas? –Finalmente me preguntó.&lt;br /&gt;-Que Roma no paga traidores...&lt;br /&gt;-¿Eh?&lt;br /&gt;-Nada, creo que sería una buena acción por partida triple. Míralo de este modo: ayudaríamos a la pobre mujer del “rubio” y a su hijita. También, de algún modo, sería un desagravio para la vieja, saber que el tipo que la traicionó ha pagado por su bellaquería. Y por último, nos haríamos un favor a nosotros mismos librándonos de un problema.&lt;br /&gt;-¿Entonces lo hacemos?&lt;br /&gt;-Por supuesto, es la mejor solución. Encárgate tú de pagar, que ya arreglaremos cuentas, y la parte de Plácido nos la repartiremos. –Y cuando ya me levantaba para irme, recordé-. Por cierto, necesito que me presentes un par de esos clientes tuyos drogadictos, que estén dispuestos a firmar lo que sea por un poco de tu droga.&lt;br /&gt;-Eso no hay problema, tuerto. ¿Pero firmar el qué? Si se puede saber…&lt;br /&gt;- Si, te lo puedo decir: Tienen que ser los titulares de unas cuantas sociedades que voy a manejar, pero a ellos no les des explicaciones.&lt;br /&gt;-Por supuesto.&lt;br /&gt;-Te pagaré bien por tu mediación.&lt;br /&gt;-Trato hecho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-554762559087647863?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/554762559087647863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=554762559087647863&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/554762559087647863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/554762559087647863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-42-roma-no-paga-traidores.html' title='El tuerto. 42: Roma no paga traidores.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-1333710399848172898</id><published>2008-01-20T14:00:00.000+01:00</published><updated>2008-01-20T14:08:50.065+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 41: Salida al cine</title><content type='html'>Cerré la venta de las joyas con Federico –al final en ciento veinte-, ingresé el dinero como la vez anterior, repartido en varias cuentas y cajas de seguridad, pura rutina.&lt;br /&gt;De regreso en Tenerife, llegué a la pensión poco antes de la hora de la comida. Con el periódico en la mano fui a ver a Rosita a su cuarto, como de costumbre estaba estudiando. Había terminado su carrera de Magisterio y preparaba unas oposiciones para ser profesora de Instituto. Tras algunos preámbulos la invité a ir al cine.&lt;br /&gt;-Hola, profesora.&lt;br /&gt;-Hombre, mi alumno aventajado vuelve de su viaje de negocios…&lt;br /&gt;-Y mi profesora como siempre clavando los codos.&lt;br /&gt;-A ver qué remedio, quiero sacar estas oposiciones cuanto antes y ganarme la vida.&lt;br /&gt;-Pero no os va tan mal con la pensión…&lt;br /&gt;-Esto no tiene futuro.&lt;br /&gt;-Ya…Oye, he pensado que te vendría bien desconectar un poco. Acaban de estrenar “El padrino tercera parte” y he visto que en el cine “Yermo” de Santa Cruz la pasan, ¿te apetece verla?&lt;br /&gt;-Bueno…¿cuándo iríamos?&lt;br /&gt;-Cuando tú quieras. Dan un pase a las cinco y media.&lt;br /&gt;-De acuerdo.&lt;br /&gt;-Salimos de aquí a las cuatro y media, ¿vale?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos en mi coche, un “Golf” que me había vendido el Charlie. Era de un cliente suyo que no pudo saldar sus deudas de cocaína y se lo había dado en pago.&lt;br /&gt;-Por cierto, Rosita, si tuvieras tiempo me podías dar unas lecciones de portugués. –La chica tenía facilidad para los idiomas, tiempo atrás descubrí que dominaba nada menos que seis lenguas, por este orden: español, inglés, francés, portugués, alemán e italiano.&lt;br /&gt;-Bueno, pero ¿Para qué quieres aprender portugués?&lt;br /&gt;-Pues…-Tuve que inventar una excusa. La verdadera razón es que al tiempo que el “Golf” me conseguí un permiso de conducir...portugués. En teoría podía pasar por bueno incluso ante la comprobación más exhaustiva, porque a través de un intermediario, a quien se lo había comprado era un corrupto funcionario luso y estaba registrado ante la policía portuguesa. Pero claro, por si acaso alguna vez tuviese que mostrarlo, se suponía que algo de portugués debía yo saber para haberlo obtenido en Lisboa...Todo esto obviamente no se lo podía contar a Rosita, ella era muy seria.-…La verdad es que me gustaría leer a Jorge Amado en su propio idioma.&lt;br /&gt;-Ah, ¿si? También podrías leer a Pessoa – Y se puso a recitar unos versos en portugués. No parecía muy difícil, se podía intuir el significado. Después los he reconstruido, estos eran los versos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"Da mais alta janela da minha casa&lt;br /&gt;Com um lenco branco digo adeus&lt;br /&gt;Aos meus versos que partem para a humanidade.&lt;br /&gt;Eu nao estou alegre nem triste.&lt;br /&gt;Esse é o destino dos versos.&lt;br /&gt;Escreví-os e devo mostrá-los a todos&lt;br /&gt;Porque nao posso fazer o contrário&lt;br /&gt;Como a flor nao pode esconder a cor,&lt;br /&gt;Nem o rio esconder que corre,&lt;br /&gt;Nem a árvore esconder que dá fruto".&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto, habíamos llegado al cine, y tras aparcar me preguntaba si la película escogida sería de su agrado. Incluso me vino a la mente la peregrina y paranoide ocurrencia de que quizá tomase mi elección como un indicio de mis actividades delictivas. Pero enseguida deseché la idea: en cuanto vi la cola que había para sacar entrada. Luego, una vez dentro, en la oscuridad de la sala, en los primeros instantes de la película, me acometió un extraño pensamiento: “Ah, si estos que están aquí supieran que a su lado se sienta un verdadero delincuente, de carne y hueso, no de celuloide, qué susto se llevarían”. Creo que nadie se para a pensar que los criminales también vamos al cine, que el espectador que se sienta en la butaca colindante puede ser un atracador, un asesino, un terrorista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película en sí me pareció más floja que la primera y la segunda parte, la contemplé con cierto distanciamiento, no así Rosita, que en los momentos de tensión me agarraba del brazo. Ese fue el primer contacto físico que tuvimos. Al salir, yo propuse ir a tomar algo, pero ella rehusó.&lt;br /&gt;-No, será mejor que volvamos o mi madre se empezará a poner pesada y a hacerme preguntas, que porqué hemos tardado tanto, que dónde hemos estado, que si estoy descuidando las oposiciones…&lt;br /&gt;-Bueno, como tú digas, no quiero causarte problemas.&lt;br /&gt;-No, si me lo ha pasado bien contigo, y la película me ha gustado, pero por no aguantarla…&lt;br /&gt;-Si, lo comprendo. Pero mañana podríamos ir a dar una vuelta por el Valle de la Orotava.&lt;br /&gt;-Ya veremos.&lt;br /&gt;Hicimos el trayecto de vuelta en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Supongo que haciendo balance de la tarde. Al llegar, antes de salir del coche, Rosita me sorprendió, puso su mano sobre la mía en el volante y dijo:&lt;br /&gt;-Gracias. – Me dio un beso en la mejilla y salió apresuradamente, a toda la velocidad que le permitía su pierna renqueante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-1333710399848172898?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/1333710399848172898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=1333710399848172898&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/1333710399848172898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/1333710399848172898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-41-salida-al-cine.html' title='El tuerto. 41: Salida al cine'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6244213612040876476</id><published>2008-01-17T13:17:00.000+01:00</published><updated>2008-01-17T13:21:59.506+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 40: Testaferros.</title><content type='html'>-¿Cuál es el problema? – Insistió Federico. En realidad yo quería darle largas, al menos hasta cerrar el otro negocio, el de las joyas. Yo sabía bien cuál era el problema, e incluso cuál era la solución.&lt;br /&gt;-Pues que si todo es tan sencillo, ¿Por qué está Plácido en la cárcel por este asunto? No nos engañemos, trabajaba para ti, y como él ha caído necesitas alguien que le sustituya. Tendrás que ser más claro conmigo si quieres que trabajemos juntos.&lt;br /&gt;-No te equivoques, Plácido ha caído por su exceso de ambición. ¿Quieres saber los detalles? De acuerdo, te lo diré. Primero, se puso a hacer operaciones por su cuenta, eso no me molestó, pero lo peor, las hizo con mis propios clientes, eso no lo acepto. Entiéndeme, si tú quieres aplicar mi negocio por tu cuenta, muy bien, no me opongo, pero búscate tus propios clientes, no me robes los míos. ¿Me comprendes?&lt;br /&gt;-Sí, en eso te doy toda la razón.&lt;br /&gt;-Bien. El caso es que si sólo hubiera sido eso tampoco estaría en la cárcel. Me habría limitado a retirarle de mi negocio y punto. Quiero decir que de cualquier manera le habría sustituido. Pero las cosas se precipitaron porque además de avaricioso se volvió descuidado e indiscreto. Comenzó a operar con sociedades sin testaferro, ¿entiendes? El mismo, personalmente, a pecho descubierto…Y eso sí que no podía consentirlo, había que pararle cuanto antes, de lo contrario yo mismo estaría en peligro. Se supone que él era mi barrera protectora, si él dejaba de serlo me colocaba a mi en primera línea de fuego.&lt;br /&gt;-Eso ya no lo tengo tan claro, creo más bien que tú ya le tenías sentenciado y él mismo te lo sirvió en bandeja.&lt;br /&gt;-Pues mira, te digo una cosa, por mí que se quede Plácido en la cárcel. Se lo puedes decir tal cuál, de mi parte. Bueno, él ya lo sabe. Es más, si aceptas un consejo te diré que no te interesa como socio. Ya no es de fiar, estaba gastando demasiado dinero en drogas, en orgías, llamando demasiado la atención en ciertos círculos, y se le ha descontrolado la cabeza, anda soltando la lengua más de la cuenta…¿Comprendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo guardaba silencio, sopesando todo lo que me había dicho. Me preocupaba lo que hacer con Plácido, y lo que Federico decía confirmaba y aumentaba mi preocupación. Por otro lado, lo que yo creía una idea genial mía, usar testaferros para protegerme, no era más que algo elemental, evidente, que no era preciso ni decirlo, se sobreentendía…Bueno, en cierto modo eso hacía que todo encajara. Sin embargo, Federico fue aún más explícito.&lt;br /&gt;-Mira, manejar sociedades no deja de ser un trabajo como cualquier otro, plantéatelo así. Tienes que estar en la calle para buscar y elegir bien a los testaferros, me da igual cómo lo hagas, mendigos, drogadictos, tú sabrás. Comprarles un buen traje, lavarlos, afeitarlos y llevarlos de la manita al notario a firmar las escrituras de constitución de sociedad. Darles un poco de droga o de dinero para contentarles. Son unos cabrones y si huelen el dinero cada vez te pedirán más. Luego tienes que estar detrás de ellos para que te firmen las remesas de facturas. Al final acabas cuidándolos como si fueran de tu familia. Te lo cuento por experiencia, porque todo eso yo ya lo hice en otras épocas, pero ya no estoy para esos trotes, ni tengo necesidad. Yo me muevo por arriba, con los clientes, y tú por debajo, en las cloacas. Ese es el trato y por eso recibirás tu dinero. Hazlo bien y no tendrás problemas, la justicia no podrá alcanzarte. No hay más que hablar, o lo tomas o lo dejas.&lt;br /&gt;-Vale, ahora ya me has convencido, lo tomo.&lt;br /&gt;-Estupendo. Creo que tú y yo nos entenderemos perfectamente. Por cierto, habla con tus socios, diles que bajen un poquito la cifra y mañana tendrás el dinero de las joyas.&lt;br /&gt;-Un poquito, no mucho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6244213612040876476?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6244213612040876476/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6244213612040876476&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6244213612040876476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6244213612040876476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-40-testaferros.html' title='El tuerto. 40: Testaferros.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-2463578954889565829</id><published>2008-01-14T14:19:00.001+01:00</published><updated>2008-01-14T18:18:15.462+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 39: Incinerado</title><content type='html'>Esa noche en el hotel tuve otro de esos sueños impactantes:&lt;br /&gt;“Estoy llevando a hombros el féretro de un amigo, a mi lado el charlie hace también de porteador, detrás van Plácido y Federico, no los veo, pero se que son ellos porque me pregunto, ¿cómo es posible que estén aquí en el sepelio? Si Plácido estaba en la cárcel…Le habrán dado un permiso. Y Federico, ¿Cómo puede sostener el ataúd, con lo viejo y achacoso que parecía?&lt;br /&gt;Llegamos a la sala de crematorio, un empleado con aire ausente abre la portezuela del horno, puedo entrever las llamas y sentir el calor que se desprende un instante, antes de introducir el cajón. Mientras esperamos que los restos de mi amigo se consuman, Federico se empeña en pronunciar unas solemnes palabras de adios definitivo.&lt;br /&gt;-Aquí estamos cumpliendo la última voluntad de nuestro amigo, ser incinerado, y que sus cenizas sean esparcidas en la cima del Teide, para que se mezclen con las lavas de la mismísima boca del infierno, y a fe que cumpliremos su último deseo.&lt;br /&gt;Hace una pausa teatral y nos miramos todos, extrañamente sonrientes. El empleado de la funeraria me entrega una pequeña urna con las cenizas de mi amigo. Nos ponemos en marcha, todos alegres, hacia la boca del infierno.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté lleno de extrañeza. En aquel momento no acerté a descifrar el significado, pero ahora, después de lo que ya he aprendido en las sesiones con el doctor Merchant, y de lo que he leído por mi cuenta, no me cabe duda de que ese amigo al que incineramos…soy yo mismo. Es mi antigua identidad de John H., es mi pasado en Inglaterra. Es incluso el hacha de mi deseo de venganza hacia Philip, el chivato. Por eso me están ayudando a incinerar mi pasado gentes como Charlie, Plácido.. y Federico oficiando de maestro de ceremonias. Claro, como que tiene mucho que ver, en ese deseo de incinerar mi pasado, el negocio que me propuso la tarde precedente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Verás, yo tengo muchos contactos con empresas medianas, incluso algunas grandes, de todo tipo, constructoras, hoteleras, de servicios, informáticas, etc. Lo que estas empresas quieren es pagar menos impuestos, como todo hijo de vecino, sólo que el impuesto sobre sociedades tributa al 35 por ciento del beneficio, y estamos hablando de cientos, miles de millones de pesetas al año. La manera de conseguirlo es declarar menos beneficios, claro, pero ¿cómo? Declarando más gastos. Ahí es donde intervienes tú. Verás, lo que necesito de ti –me dijo tras este preámbulo- es que constituyas una serie de sociedades, las cuales se dedicarán a emitir facturas que me venderás a mi. En realidad yo soy un mero intermediario, las facturas irán a cargo de una serie de empresas que yo te iré diciendo de antemano en su momento, así como el concepto y la cantidad. Por cada factura tú recibirás en metálico el ocho por ciento de su importe. ¿Qué opinas?&lt;br /&gt;-Pues que lo que para tus empresas es un gasto, para las mías será un beneficio que en teoría tendrán que declarar…&lt;br /&gt;-Exacto, ahora lo has dicho, en teoría. –Y recalcó la palabra.- En la práctica tus empresas serán insolventes, no tendrán patrimonio, ni bienes que embargar, así que no pagarán nada.&lt;br /&gt;-Comprendo. ¿Pero cúanto tardará el fisco en darse cuenta y denunciarme penalmente?&lt;br /&gt;-Pues eso depende, no se puede saber con exactitud. Lo mejor es cambiar de empresas cada cierto tiempo, consituir unas nuevas, y dejar inactivas las anteriores, para que no te localizen. ¿Qué me dices? ¿Te interesa?&lt;br /&gt;-No se...necesito pensarlo, estudiar los pros y los contras. Déjame consultarlo con la almohada -le dije- y mañana te doy una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No imaginaba yo que la contestación me iba a venir en forma de tan enigmático sueño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-2463578954889565829?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/2463578954889565829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=2463578954889565829&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2463578954889565829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/2463578954889565829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-39-incinerado.html' title='El tuerto. 39: Incinerado'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-5220724511824202265</id><published>2008-01-11T11:18:00.000+01:00</published><updated>2008-01-11T11:34:38.277+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 38: Tres mentiras y un farol</title><content type='html'>Llevé las joyas en un maletín de acero inoxidable reforzado y cerradura de combinación. Mis navajas como siempre, una en la tobillera y otra en la cintura.&lt;br /&gt;-Esta vez te quedas a comer, no hay discusión, ya está todo preparado –Me dijo a modo de bienvenida Don Federico, que había mudado un poco su imagen, sustituyendo la corbata por un pañuelo de seda en el cuello - Así tendremos tiempo de hablar de todo un poco.&lt;br /&gt;-Será un placer –Acepté; lo cierto es que tenía hambre, no me había parado a comer mi acostumbrado sandwich, fui directamente del aeropuerto a la mansión de Federico.- Pero antes podríamos resolver nuestro negocio.&lt;br /&gt;-Sí, claro, veamos lo que me has traído…Mientras, podemos tomar un aperitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí el maletín y fui desplegando con delicadeza los collares, las pulseras, las diademas, todo de oro y brillantes, ante la mirada complacida del anciano y de Don Javier, que había discretamente aparecido y se mantenía en un segundo plano. Al mismo tiempo, les hacía un resumen de las distintas colecciones de alhajas, y su valor individual.&lt;br /&gt;-No está mal, pero esto va a ser más difícil sacarlo, llevará su tiempo y es más arriesgado…&lt;br /&gt;-Sí, es cierto que la suma total de tasación asciende a trescientos diez millones de pesetas, pero teniendo en cuenta el volumen estaríamos dispuestos a negociar por el cuarenta y cinco por ciento, en vez del cincuenta de la otra vez.&lt;br /&gt;-Bueno, Don Javier, vaya usted echando un vistazo a todo…Pero de este lote no podemos pagar más del treinta por ciento, hay muchos gastos, muchos intermediarios, y todos cobran.&lt;br /&gt;-Si quieres podemos negociar sólo una parte, digamos los collares; tengo otro comprador interesado que podría encargarse del resto. –Era un farol, no existía tal otro comprador, pero eso no podía saberlo a ciencia cierta Federico, tal vez intuirlo con su olfato experto para las transacciones.&lt;br /&gt;-Ah, tienes otro comprador, así que me quieres ser infiel…&lt;br /&gt;-Nada de eso, tú estás el primero y tienes toda la prioridad, de hecho me gustaría negociarlo todo contigo, harías una buena compra, pero si te causa dificultades…&lt;br /&gt;-Bueno, bueno, ¿Qué opina don Javierito?&lt;br /&gt;Don Javierito, con su habitual parquedad, se limitó a hacer un gesto de asentimiento con la cabeza. El viejo se quedó pensativo, tomando sorbos de su martini. Por fin se arrancó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Digamos cien, pero no podría tener esa suma hasta mañana.&lt;br /&gt;-Mira, el cuarenta y cinco por ciento serían ciento treinta y nueve y medio. Estoy autorizado a una rebaja final dejándolo en ciento treinta y cinco. Más de eso tendría que consultar con mis socios…- Mentira, tampoco necesitaba consultar, el charlie me había dado carta blanca, y Plácido en la cárcel pocas objeciones podía plantear.- Si quieres hablamos esta noche por teléfono. –De repente, contagiado por el estilo del viejo, me veía hablando de cifras, cien, ciento treinta y cinco, con toda naturalidad, frivolidad casi. No hacía falta especificar que se trataba de millones de pesetas, ¿qué otra cosa podía ser? Es más, quedaba poco elegante especificarlo, como si fuera de mal gusto. Se trataba de hablar de dinero sin que pareciera que estabas hablando de dinero. “Cien”, una sílaba, así de simple, cuatro letras, podía ser la medida del sujetador de tu mujer, o el fruto de varias vidas de honrado trabajo asalariado. Al fin y al cabo todo venía a ser lo mismo. Cuanto más alta era la cifra más ahorrábamos en saliva. Qué relativo es el valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedes quedarte a dormir, hay habitaciones de sobra.&lt;br /&gt;-Muchas gracias, pero ya tengo reservado el hotel. -Nueva mentira, no me apetecía estar demasiado cerca de Federico mientras tuviéramos negocios pendientes.&lt;br /&gt;-Como prefieras. ¿En qué hotel te alojas? –De repente su voz se había tornado más seca, severa casi, como si le hubiera irritado mi resistencia. Tal vez no estaba acostumbrado a que se le resistieran.&lt;br /&gt;-En el hotel “Cuzco”.&lt;br /&gt;-Te llamaré esta noche.&lt;br /&gt;-Mejor te llamo yo cuando haya hablado con mis socios…¿Hasta qué hora te puedo llamar?&lt;br /&gt;-Ah, no te preocupes por eso, los viejos dormimos poco. – Y de nuevo se le aflojó la sonrisa. O se le había pasado el enfado, o sabía disimular muy bien, el viejo zorro. Brindamos con el martini, como si ya hubiéramos cerrado el trato, o como si supiéramos al menos que estábamos condenados a entendernos porque los intereses comunes superaban con creces cualquier diferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Verás –aproveché-, también te he traído fotografías de otra remesa, por si te puede interesar. Esta es aún mucho más valiosa. Por un lado una colección de relojes de oro marca “Rolex”, de distintos años de fabricación, los hay muy antiguos. Difícil de colocar, es sólo para un coleccionista muy entendido y rico. De hecho, si no hay buena salida no descarto quedármelos yo mismo –tercera mentira, o improvisación, como prefieran-. Por otro lado una colección de esmeraldas de rara perfección, también muy difícil de sacar. Y por último, el plato fuerte, una colección de cuadros, Miró, Kandinsky, etc, no se si don Javierito también entiende de cuadros o tendrás que buscar otro especialista para que te los tase –Ya me permitía ironizar y todo-. Si quisieras verlo todo personalmente, me complacerá recibirte en la maravillosa isla que es Tenerife. Podemos pasar unos días en las playas del sur, tal vez, si te gusta, quieras incluso comprarte una casa, las hay a muy buen precio. Evidentemente los cuadros no los voy a traer a la península sin haber cerrado previamente el trato…-Ese transporte no sabía de hecho cómo lo haría, obvio que no en vuelo de línea regular, pero no había decidido si alquilaría una avioneta particular, o un yate.&lt;br /&gt;-Si no te importa me quedo con las fotografías –me contestó-, lo estudiaré, ahora vamos a comer, y entre bocado y bocado te cuento el negocio que voy a proponerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-5220724511824202265?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/5220724511824202265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=5220724511824202265&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5220724511824202265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/5220724511824202265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-38-tres-mentiras-y-un-farol.html' title='El tuerto. 38: Tres mentiras y un farol'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-368999022138022752</id><published>2008-01-08T18:27:00.000+01:00</published><updated>2008-01-08T18:35:33.662+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 37: incógnita desvelada.</title><content type='html'>Antes de emprender aquel segundo viaje a la península me dio por llamar de nuevo a mi abogado de Londres. Me contó que se había celebrado el juicio contra los tres únicos procesados que estaban a disposición de la justicia. Mattew y Luke habían sido condenados a diez años de prisión cada uno. Philip, en cambio, había sido absuelto por falta de pruebas del delito de falsificación, y condenado únicamente por delito fiscal a una pena de un año con libertad condicional. Parrot y yo estábamos con orden internacional de búsqueda y captura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé apabullado por la noticia. Pobre Luke -pensé- diez años en la cárcel. Y al mismo tiempo sobrecogido por que esa condena podía haberme caído a mí. Peor aún –seguí pensando-, esa misma condena podía caerme a mí en cualquier momento, si me cogían. Me estremecí de…miedo, sí, porqué no decirlo. Todos mis temores, manías, obsesiones y angustias resucitaron, con más intensidad si cabe, reavivados por la no menor ansiedad de mi vida presente. Me di cuenta de que había cometido un error al llamar al abogado. Los tipos como yo es mejor que ignoren –si pueden- el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aún había una noticia no menos impactante.&lt;br /&gt;-Y por cierto –añadió el abogado- tú querías averiguar quién había sido el confidente, ¿verdad?&lt;br /&gt;-Claro, ¿porqué, sabes algo más?&lt;br /&gt;-Pues sí. Después de la celebración del juicio quedan pocas dudas, a mi ninguna en realidad, de que el confidente es…Philip. Viendo la saña con que los policías declararon contra Mattew y sobre todo Luke, detallando indicios incriminatorios, y en cambio cómo actuaban de defensores de Philip, argumentando que su cuantioso patrimonio no demostraba su implicación en este delito. Claro que tuvieron que condenarle por defraudación de impuestos a un añito en libertad condicional, supongo que ese era el pacto…Bueno, ¿qué opinas?&lt;br /&gt;-¿Hay alguna manera de ayudar a Luke?&lt;br /&gt;-Su abogado ya ha presentado apelación, pero no creo que consiga mucho, tal vez que le rebajen un par de años la condena. Eso, y con buen comportamiento, tal vez dentro de cinco años pueda salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche no tuve pesadillas, porque no pude pegar ojo. Me encontraba en un estado de tensión, con el cuello y los músculos agarrotados y el cerebro machacándome, intentando rumiar todas las ideas a la vez. Mal momento para emprender el viaje, justo cuando necesitaba toda mi serenidad y concentración. No, a la mañana siguiente pedí cita urgente con el psiquiatra que me había estado recetando. Me encontraba tan quebrantado que directamente le dije que estaba dispuesto a seguir esa terapia que me había recomendado tiempo atrás. Le conté todos los síntomas actuales. Me recetó, además de los tranquilizantes, un relajante muscular, llamó por teléfono a su colega, el Doctor Merchant, que era quien se encargaría de mi terapia, y directamente me concertó la primera cita para esa misma tarde. Así fue como empecé a ser paciente del doctor Merchant. En aquella primera entrevista le conté, bueno, ya saben, cosas de mi infancia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya bajo los efectos de la maravillosa medicación, pude pensar con claridad y organizar mis prioridades. Se me acumulaba el trabajo. Primero vender la segunda remesa de joyas a Don Federico. Tal vez tratar con él alguno de sus negocios. De regreso tendría que hablar con mi jefe de mi nuevo puesto en la inmobiliaria. Ocuparme del asunto de Plácido. Y…afrontar un viaje de incógnito a Inglaterra para ajustarle las cuentas al chivato de Philip. Sin olvidar que me había propuesto invitar al cine a Rosita. Esa idea me hizo recuperar el optimismo, tal vez fuese una ilusoria compensación, pero era lo más agradable que se me presentaba.&lt;br /&gt;Esta vez, antes de viajar, hablé con Charlie. Le pedí su número de cuenta bancaria para ingresarle directamente su parte desde la península. También le conté la desventura de Luke. Quedamos en que él le enviaría un poco de dinero a la cárcel, sin mencionar mi nombre para nada.&lt;br /&gt;Y así fue como emprendí mi segundo viaje de mercader de joyas…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-368999022138022752?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/368999022138022752/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=368999022138022752&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/368999022138022752'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/368999022138022752'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-37-incgnita-desvelada.html' title='El tuerto. 37: incógnita desvelada.'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-6820005138002044352</id><published>2008-01-05T14:12:00.000+01:00</published><updated>2008-01-05T14:20:40.673+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 36: Propietario y socio</title><content type='html'>Continué con mi trabajo de vender pisos en la agencia. El jefe no insistió en preguntar sobre los motivos de mi absentismo laboral, después de todo yo era un buen vendedor. Sólo que como ya tenía decidido trabajar para mí mismo, empecé por aprovechar una buena oportunidad que se presentó. Entre mi cartera de inmuebles a la venta figuraba un magnífico apartamento en una excelente zona de Santa Cruz de Tenerife, en la calle de La Palma. El dueño había fallecido y los herederos –cinco hijos mal avenidos- no se ponían de acuerdo. De hecho se odiaban unos a otros. Ya se habían malogrado dos oportunidades de vender porque siempre había uno que se negaba a firmar en el último instante, una vez por el precio, otra por la forma de reparto. Lo que hubiera sido fácil amenazaba eternizarse o incluso acabar en los tribunales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, dada mi reciente próspera situación financiera, diseñé una estrategia para adquirir yo el apartamento a la mitad de su valor. Fui reuniéndome por separado con cada uno de los herederos y les compré su cuota hereditaria. En realidad todos, excepto uno, estaban necesitados de dinero. Me bastó insinuar la posibilidad de que el asunto acabara en un pleito, totalmente creíble, dado que no se hablaban entre sí, y sobre todo sacar mi reluciente talonario de cheques, para que los cuatro, uno tras otro, firmaran el contrato de venta y los poderes notariales necesarios para otorgar la escritura pública.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me reuní entonces con el quinto y último, el más recalcitrante, y me presenté como el propietario de las otras cuatro quintas partes. Le mostré mis contratos y le dije que deseaba llegar a un acuerdo, pero que también podíamos dirimirlo a través de la justicia, yo no tenía prisa y sí dinero para pleitear. Para mi sorpresa, se mostró totalmente favorable a mi oferta.&lt;br /&gt;-Así que ha comprado usted poco a poco a los imbéciles de mis hermanos…Me parece bien, no tengo inconveniente en venderle a usted mi parte. Lo único que quería era fastidiar un poco a esos cabrones, pero ahora que ya ellos han vendido, a mí me da igual. Eso sí, págueme un poco más que a ellos, sólo para que pueda reirme a mis anchas. Digamos un diez por ciento más.&lt;br /&gt;-Pues ahora mismo.-Dije, y saqué el contrato y mi talonario de cheques. Y así fue como me estrené como propietario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que comunicárselo a mi jefe, ya que de todos modos se hubiera enterado. No sabía cuál sería su reacción. Tal vez le molestase que hubiera usado la información de la agencia para mis propios fines. No es que me preocupase mucho, estaba dispuesto a marcharme, si se terciaba, pero prefería llevarme bien. Es por eso que le conté todo el proceso negociador y concluí:&lt;br /&gt;-Evidentemente abonaré a la agencia su comisión…&lt;br /&gt;-Ah, no, la agencia no le va a cobrar a uno de sus mejores empleados, délo por zanjado. Y por cierto, le felicito, ha empleado usted una buena estrategia mercantil.&lt;br /&gt;-Gracias. Y a propósito, quería comentarle que nuevamente necesitaré algunos días libres, tengo que viajar a la península. Un asunto personal.&lt;br /&gt;-Si, no se preocupe. Tal vez a su regreso podamos hablar de su futura condición de socio en la agencia…&lt;br /&gt;-¿Socio? Vaya, gracias, me sorprende.&lt;br /&gt;-Bueno, de hecho es usted más que un simple vendedor, tiene iniciativa para buscar negocios, tiene conocimientos de leyes, en fin, que podríamos sacarle más partido a sus cualidades…En beneficio mutuo, por supuesto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-6820005138002044352?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/6820005138002044352/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=6820005138002044352&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6820005138002044352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/6820005138002044352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-36-propietario-y-socio.html' title='El tuerto. 36: Propietario y socio'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-8375654928458209363</id><published>2008-01-02T11:04:00.000+01:00</published><updated>2008-01-02T11:10:46.397+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 35: instintos protectores</title><content type='html'>De vuelta en Tenerife pasé varios días sin hacer nada, me sentía cansado, abatido, incluso triste. Lejos de la euforia que había esperado sentir, que...¿hubiera debido sentir?. Me preguntaba, “¿y ahora qué?” Me resultaba extraño, después de tanto desear el dinero, cuando por fin empezaba a llegar a mis manos no me reportaba la satisfacción que imaginé me daría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, afortunadamente, el mundo exterior comenzó a reclamarme, a llamar literalmente a mi puerta, y eso me hizo salir de nuevo a la vida. Primero fue la patrona –tan discreta ella- ; me preguntó, extrañada, si me pasaba algo, si estaba enfermo, ya que en contra de lo habitual en mi, dormía hasta muy tarde y pasaba muchas horas en la habitación. En realidad me alegré de seguir viviendo en aquella modesta pensión, y el detalle me hizo preguntarme si estaba preparado para vivir solo, para cuidar de mí mismo en todos los aspectos, no sólo materiales.&lt;br /&gt;Una tarde Rosita, la hija de la patrona, vino ¡personalmente! a mi habitación a preguntar qué tal estaba y ¡Oh, desdichado de mi! Descubrí su secreto, la razón de que siempre estuviera sentada cuando me daba aquellas clases de español. Rosita era…¡Coja! Renqueaba de la pierna derecha, ligera pero perceptiblemente. Eso no la hacía menos atractiva a mi ojo, sino…todo lo contrario. Creo que despertó mi enterrado instinto protector.&lt;br /&gt;-Que dice mi madre que si quieres que te preparen una sopa o algo especial…&lt;br /&gt;-No, Rosita, dale las gracias a tu madre. –Mientras por dentro me preguntaba, “¿viene sólo porque la envía su madre, o de algún modo se preocupa por mí?”.&lt;br /&gt;-¿No quieres un pescadito para cenar? Dice mi madre que han traído una corvina buenísima.&lt;br /&gt;-Vale, si, un pescadito.&lt;br /&gt;-Tu español ha mejorado mucho, ¿eh? Ya es casi perfecto.&lt;br /&gt;-He tenido una buena profesora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego me llamaron de la agencia inmobiliaria donde aún trabajaba, pidiéndome explicaciones por mi ausencia. Me había marchado precipitadamente a la península sin dar justificación y a mi regreso tampoco di señales de vida. Decidí ponerme en marcha y seguir con mi antigua rutina, más que nada para evitar complicaciones. Volví a la agencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último fue Charlie el que se puso en contacto conmigo, quería saber el resultado de mis gestiones de venta, y tratar conmigo el tema de Plácido. En esa conversación empezaron a surgir otros instintos protectores. Queríamos proteger el botín, por supuesto, y queríamos proteger a Plácido de sí mismo.&lt;br /&gt;-Ha ido todo bien, Charlie, no te preocupes. Es que he estado un poco enfermo. Creo que me sentó mal el viaje de regreso en avión…Mira te voy a dar dos cheques de cuatro y medio. En total me pagó veintisiete, ¿qué te parece? Así que tocamos a nueve.&lt;br /&gt;-¿Veintisiete?&lt;br /&gt;-Si, ¿quieres ver mis cuentas?&lt;br /&gt;-No, no, está bastante bien.&lt;br /&gt;-Bueno, yo quería sacarle treinta y cinco, pero el tipo era duro de pelar, me empezó a llorar que si los certificados, que si las facturas, ya sabes…&lt;br /&gt;-No te preocupes, está muy bien, de verdad, gracias tuerto. ¿Qué planes tienes para vender el resto?&lt;br /&gt;-Pues dentro de un mes organizaré otro viaje y me llevaré la colección de collares, creo, y así sucesivamente. También creo que contactaré con el otro nombre que nos dio Plácido, pero no se, intuyo que será menos rentable y más peligroso.&lt;br /&gt;-Y por cierto, ¿Qué hacemos con Plácido?&lt;br /&gt;-Creo que lo mejor sería que se quedase una temporadita más a la sombra, al menos mientras vendemos el resto del botín, después ya veremos.&lt;br /&gt;-Estoy de acuerdo, suelto lo único que haría es gastarse el dinero en orgías, y llamaría la atención. Sería peligroso. Pero el caso es que Don Manuel Pablo, el abogado, me ha llamado. Ha tenido que pedir la libertad provisional, Plácido, le insistía, y me ha dicho que es probable que el juez se la conceda…Bajo fianza.&lt;br /&gt;-Habla otra vez con el abogado, debe haber algún medio de que el juez se la deniegue. Que el abogado le entretenga con la apelación, para justificarse ante Plácido y así ganamos unos meses.&lt;br /&gt;-¿Crees que es prudente que el abogado sepa nuestras verdaderas intenciones?&lt;br /&gt;-Tú le conoces mejor que yo, pero lo que sí creo es que resulta más peligroso Plácido en la calle y con dinero abundante en el bolsillo.&lt;br /&gt;-Si, eso es cierto. Pero siempre podemos dejar sin pagar la fianza.&lt;br /&gt;-No, no podemos arriesgarnos a eso, podría hablar más de la cuenta si se siente traicionado. No, tiene que ser el juez el culpable de que esté en prisión, nunca nosotros.¿Prefieres que hable yo con Don Manuel Pablo?&lt;br /&gt;-Descuida lo haré yo, tú ocúpate de la venta del botín. Sólo quería estar seguro de que hacemos lo mejor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-8375654928458209363?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/8375654928458209363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=8375654928458209363&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8375654928458209363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/8375654928458209363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2008/01/el-tuerto-35-instintos-protectores.html' title='El tuerto. 35: instintos protectores'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-3656466419229806534</id><published>2007-12-29T11:21:00.000+01:00</published><updated>2007-12-29T11:34:58.551+01:00</updated><title type='text'>El tuerto. 34: La razón práctica</title><content type='html'>Salí de allí con los millones en el maletín, contento por el resultado de la operación, pero al mismo tiempo insatisfecho y dubitativo por haberme dejado tentar por Don Federico y sus oscuros negocios. Cuando iba en el taxi camino al hotel, maletín entre las piernas, me preguntaba: “¿Porqué? ¿Por qué te has comprometido a llamarle y hablar de sus negocios?” Me justificaba a mi mismo diciéndome que me interesaba su contacto y buena predisposición, para venderle el resto de las joyas y tal vez los cuadros. Pero en el fondo sabía que había algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué era ese algo más que me seducía, me fascinaba y me atraía como un imán? En aquel entonces no lo sabía exactamente. Sólo sabía que la imagen de don Federico venía a mi mente una y otra vez, viejo y achacoso pero con una viveza en la mirada, con una intensidad que me cautivaba, que me hacía pensar: “este tío ha sabido vivir la vida, ha sabido disfrutar cada momento, extraer el placer según le venía dado, y aún ahora sigue disfrutando, con el paladar, con el humor, con la emoción de sus negocios. No necesita el dinero, no necesita nada, sólo actúa para divertirse, para él es un juego”. Eso pensaba, y me reía yo solo en la habitación del hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedí que me subieran algo de cenar a la habitación. Mientras masticaba lentamente, contemplaba el maletín y meditaba qué hacer con el dinero, cómo ponerlo a buen recaudo. No podía llevármelo así, tal cual, en el avión. En cuanto lo pasaran por el escáner faltaría tiempo para que se personaran los policías a pedirme explicaciones. Pasé la noche en vela, dando vueltas sobre las suaves sábanas y el mullido colchón del hotel. Me recordaba aquella otra noche, después del golpe en la empresa del tío de Luke, también la pasé en blanco para finalmente esconderlo en la biblioteca, en las tapas de aquel libro de Kant, "Crítica de la razón pura". Esta vez no podía repetir lo mismo, tenía que inventarme algo diferente, pero análogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya de madrugada, en esa especie de duermevela que se instaura cuando ya tienes el cuerpo molido y después de acordarme de mi hija Cecil, tanto tiempo sin verla, de su madre Libby, ¿qué sería de ella?, tendría que preguntarle discretamente a Charlie. Después de repasar mentalmente toda mi vida, de preguntarme qué clase de destino me había llevado a encontrarme en aquel punto. Después de todo eso, cuando ya la luz del día se filtraba por las cortinas, y el ruido del tráfico, de los coches, los cláxon, me sacaron de mi ensimismamiento, ya por fin se hizo la luz también en mi cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salté de la cama como un resorte, me duché, me cambié de ropa, pedí la cuenta y abandoné el hotel sin acordarme de desayunar. A las ocho y cuarto se abrió el Banco.&lt;br /&gt;-Buenos días, quería abrir una cuenta.-Le dije al empleado mientras le mostraba mi flamante tarjeta de residencia.&lt;br /&gt;-¿Corriente o libreta de ahorro?&lt;br /&gt;-¿Cuál es la diferencia?&lt;br /&gt;-La libreta lleva menos comisiones, pero la corriente le permite usar cheques.&lt;br /&gt;-Con cheques.&lt;br /&gt;-¿Su domicilio actual es éste que figura de Tenerife, la pensión…?&lt;br /&gt;-Sólo provisionalmente, estoy a punto de cambiarlo.&lt;br /&gt;-¿Y la correspondencia a dónde se la enviamos?&lt;br /&gt;-Tengo un apartado de correos –mentira, aún no lo tenía, se me acababa de ocurrir-, mañana les llamo por teléfono y se lo digo.&lt;br /&gt;-De acuerdo, firme aquí. ¿Va a hacer algún depósito ahora?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Muy bien, ¿Qué cantidad?&lt;br /&gt;-Ocho millones de pesetas. –El tío se quedó un poco parado- Espere un momento.- Entró en un despacho que ponía “Director”. Me dije, “ya está, ahora van a llamar a la policía”. Pero no, salió el director, trajeado, encorbatado, muy sonriente. Me tendió la mano, me saludó por mi nombre.&lt;br /&gt;-¿Quiere pasar? Ya me encargo yo. –Le dijo al empleado.&lt;br /&gt;-¿Algún problema? -Pregunté.&lt;br /&gt;-No, ninguno, sólo quería informarle de los productos financieros que tenemos, para rentabilizar más su dinero.&lt;br /&gt;-Ah, muy bien. –Fingí escucharle, mientras por dentro pensaba: “conozco yo productos mucho más rentables que los tuyos, capullo”. Pero bueno, traté de pasar por un cliente normal, preocupado por la rentabilidad de sus ahorros. Le dije que lo pensaría y finalmente me marché. Al salir a la calle le eché un vistazo a mi resguardo del depósito, que hacía las veces de libro  de Kant, y pensé: “esta es la razón práctica".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma operación la repetí otras dos veces, en bancos diferentes, con idéntica cifra y resultado. En el último, ya envalentonado por las facilidades bancarias, pedí además una caja de seguridad, en la que deposité otra suma igual. Me sobraron tres millones, y esos sí, me los llevé en metálico, en los bolsillos de la chaqueta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/251018779258210543-3656466419229806534?l=josephseewool.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://josephseewool.blogspot.com/feeds/3656466419229806534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=251018779258210543&amp;postID=3656466419229806534&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3656466419229806534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/251018779258210543/posts/default/3656466419229806534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://josephseewool.blogspot.com/2007/12/el-tuerto-34-la-razn-prctica.html' title='El tuerto. 34: La razón práctica'/><author><name>Joseph Seewool</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12066556803111777659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://www.librodearena.com/myfiles/joseph-seewool/Joseph%20en%20casa.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-251018779258210543.post-1316846937985778752</id><published>2007-12-27T08:47:00.000+01
